La semana pasada por fin fui a las rebajas.
Pero no de escaparates, sino DE REBAJAS.
Vale, es posible que fuera de rebajas un pelín tarde, pero más vale tarde que nunca. Además, en mi defensa he de decir que cometí el error de ir a principios de mes a las rebajas, y aquello era un espectáculo dantesco. Las tiendas estaban hasta los topes de gente, el aire acondicionado estaba apagado (con lo cual era casi una tortura estar allí), y tú deambulabas entre estantes de ropa mal colocada, hecha un higo, desordenada... cuando no estaba por los suelos pisoteada (que algún caso se dió). Si te encontrabas una solitaria camiseta que te gustara pero necesitabas otra talla o la prefirieras en otro color, a saber dónde estaban las demás. Por no hablar de las perchas móviles procedentes de los probadores de prendas descartadas que algún empleado dejaba en medio de la tienda para alimentar el caos.
Además: no había nada. Toda la ropa era horrible y very disgusting. ¿Cómo es que no había NADA ponible en las más de diez tiendas que visité antes de que me hartara? Increíble. Pero cierto. Sólo acabé el día con una camiseta, para evitar el S.B.V. (Síndrome de los Brazos Vacíos). Así que eso no contó.
Pero la semana pasada ya las cosas fueron distintas. Las tiendas estaban ordenaditas y pude encontrar sin dificultad "algunas cosillas". Con dificultad se me veía a mí debajo del montón de ropa que preseleccioné en la tienda antes de entrar en los probadores...
Pero bueno, al final la cordura volvió a mí y sólo me compré una cuarta parte de lo que me apetecía (para tranquilidad de mi desastrosa economía). En cuanto salí de la tienda con un par de bolsas me sentí muuuuuuuucho mejor.
Encima, luego en casa eché cuentas y me había ahorrado... ¡¡UN 50%!!
Claro que mi cuenta había mermado en una cantidad similar a la ahorrada.
A la hora de expresar mi alegría, me encontré con la dificultad de explicarle al mundo que aunque me hubiera gastado un dinero, a la vez me había ahorrado esa misma cantidad. El mundo en general no entendió muy bien que el hecho de gastar dinero es a la vez una ganancia. Igual no lo parece pero yo lo veo claro y es lo que importa.
Más que nada porque mi conciencia me cree a mí y ella y yo dormimos la mar de tranquilas y felices con nuestra ropa nueva en el armario...
Pero no de escaparates, sino DE REBAJAS.
Vale, es posible que fuera de rebajas un pelín tarde, pero más vale tarde que nunca. Además, en mi defensa he de decir que cometí el error de ir a principios de mes a las rebajas, y aquello era un espectáculo dantesco. Las tiendas estaban hasta los topes de gente, el aire acondicionado estaba apagado (con lo cual era casi una tortura estar allí), y tú deambulabas entre estantes de ropa mal colocada, hecha un higo, desordenada... cuando no estaba por los suelos pisoteada (que algún caso se dió). Si te encontrabas una solitaria camiseta que te gustara pero necesitabas otra talla o la prefirieras en otro color, a saber dónde estaban las demás. Por no hablar de las perchas móviles procedentes de los probadores de prendas descartadas que algún empleado dejaba en medio de la tienda para alimentar el caos.
Además: no había nada. Toda la ropa era horrible y very disgusting. ¿Cómo es que no había NADA ponible en las más de diez tiendas que visité antes de que me hartara? Increíble. Pero cierto. Sólo acabé el día con una camiseta, para evitar el S.B.V. (Síndrome de los Brazos Vacíos). Así que eso no contó.
Pero la semana pasada ya las cosas fueron distintas. Las tiendas estaban ordenaditas y pude encontrar sin dificultad "algunas cosillas". Con dificultad se me veía a mí debajo del montón de ropa que preseleccioné en la tienda antes de entrar en los probadores...
Pero bueno, al final la cordura volvió a mí y sólo me compré una cuarta parte de lo que me apetecía (para tranquilidad de mi desastrosa economía). En cuanto salí de la tienda con un par de bolsas me sentí muuuuuuuucho mejor.
Encima, luego en casa eché cuentas y me había ahorrado... ¡¡UN 50%!!
Claro que mi cuenta había mermado en una cantidad similar a la ahorrada.
A la hora de expresar mi alegría, me encontré con la dificultad de explicarle al mundo que aunque me hubiera gastado un dinero, a la vez me había ahorrado esa misma cantidad. El mundo en general no entendió muy bien que el hecho de gastar dinero es a la vez una ganancia. Igual no lo parece pero yo lo veo claro y es lo que importa.
Más que nada porque mi conciencia me cree a mí y ella y yo dormimos la mar de tranquilas y felices con nuestra ropa nueva en el armario...

24 comentarios: