Mientras estoy dejando los platos de la cena en el fregadero, suena el timbre de casa. Algo muy extraño, porque no suele sonar casi nunca (de hecho, a veces me olvido de que tengo un timbre y cómo suena), y menos a las 22:20, como es el caso.
De pronto me da un vuelco al corazón... ¡A ver si mi niño me ha engañado y ha venido un día antes! Pero me desinflo enseguida al acordarme que hace un par de horas he hablado con él y estaba en casa de sus padres (lo he llamado al fijo, así que no hay duda de dónde estaba), a unas seis horas en coche... Como todavía no dominamos el arte de la teletrasportación, descarto que quien esté llamando sea él.
Contesto: "¿Sí?"
- ¿Me puede abrir?
Ummmm... No reconozco esa voz que parece pertenecer a una señora. Es evidente (lo era desde que sonó el timbre, vamos) que se han equivocado. La pregunta es un poco confusa: claro que puedo abrir, total es sólo pulsar un botón, pero, ¿por qué iba a abrir la puerta de mi edificio a alguien que no conozco sólo porque me lo pide? Así que hago una pregunta más bien lógica dadas las circunstancias: "¿Quién es?"
- Es que vengo a ver a MariCarmen.
Ah, bueno. Que viene a ver a MariCarmen. Eso lo explica todo. Yo le he preguntado algo y ella me contesta lo que quiere. No importa, al menos ya vamos por buen camino.
Pero hay un problema: que la tal MariCarmen no vive aquí. Y por lo que yo sé, hay un mínimo de seis MariCármenes en el edificio y ninguna soy yo, así que le informo: "Aquí no vive ninguna MariCarmen..."
- ¿Y entonces dónde es?
La buena mujer me ha debido confundir con un Pelocho o algo por el estilo. Debo saber exactamente quién es la MariCarmen a la que ha venido a ver y por supuesto, situarla en un piso y una puerta concreta. Pues va a ser que no: "No lo sé, sólo le digo que aquí no es."
- ...
Silencio al otro lado.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
Es decir: como no le soy útil, pues va y pulsa el timbre de otro piso, al azar, imagino. A ver si esta vez la suerte le hace encontrar una MariCarmen, y si fuera ya la suya, sería la leche...
Pero lo que más me llama la atención (y por lo que se me queda un poco cara de tonta), es que, como mínimo, debería de haber oído una especie de "ah, perdona", en cualquiera de sus variantes una vez ha sido consciente de que se ha equivocado.
Pero eso no pasa.
Está claro que me estoy volviendo una casacarrabias (OhMyGod), porque yo entiendo que si llamas a casa de alguien y te has equivocado, como mínimo habría que disculparse. Por educación y eso. Como cuando tropiezas con alguien, siempre pides perdón. Al fin y al cabo, en ese caso, has llamado a una casa equivocada a las diez de la noche (bueno, aún no ha anochecido casi, pero, ¿y qué?), pero no pasa naaaaaaada... La gente está en su casa para atender al telefonillo a cualquier hora e informar de dónde vive la MariCarmen de turno.
¿Se estarán perdiendo la educación y las formas? No lo sé, lo que parece claro es que yo me estoy volviendo un tanto quisquillosilla (¿es posible que sea por el calor?, venga, sí, la culpa es del calor). Realmente me da igual lo que pasó, fue un simple detalle para reflexionar...
...porque acto seguido me acordé de mi madre regañándome cuando era pequeña si no pedía las cosas por favor, o no terminaba con un gracias. Para mí eso siempre ha sido importante. ¿O es que ya no lo es y nadie me ha avisado?
De pronto me da un vuelco al corazón... ¡A ver si mi niño me ha engañado y ha venido un día antes! Pero me desinflo enseguida al acordarme que hace un par de horas he hablado con él y estaba en casa de sus padres (lo he llamado al fijo, así que no hay duda de dónde estaba), a unas seis horas en coche... Como todavía no dominamos el arte de la teletrasportación, descarto que quien esté llamando sea él.
Contesto: "¿Sí?"
- ¿Me puede abrir?
Ummmm... No reconozco esa voz que parece pertenecer a una señora. Es evidente (lo era desde que sonó el timbre, vamos) que se han equivocado. La pregunta es un poco confusa: claro que puedo abrir, total es sólo pulsar un botón, pero, ¿por qué iba a abrir la puerta de mi edificio a alguien que no conozco sólo porque me lo pide? Así que hago una pregunta más bien lógica dadas las circunstancias: "¿Quién es?"
- Es que vengo a ver a MariCarmen.
Ah, bueno. Que viene a ver a MariCarmen. Eso lo explica todo. Yo le he preguntado algo y ella me contesta lo que quiere. No importa, al menos ya vamos por buen camino.
Pero hay un problema: que la tal MariCarmen no vive aquí. Y por lo que yo sé, hay un mínimo de seis MariCármenes en el edificio y ninguna soy yo, así que le informo: "Aquí no vive ninguna MariCarmen..."
- ¿Y entonces dónde es?
La buena mujer me ha debido confundir con un Pelocho o algo por el estilo. Debo saber exactamente quién es la MariCarmen a la que ha venido a ver y por supuesto, situarla en un piso y una puerta concreta. Pues va a ser que no: "No lo sé, sólo le digo que aquí no es."
- ...
Silencio al otro lado.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
Es decir: como no le soy útil, pues va y pulsa el timbre de otro piso, al azar, imagino. A ver si esta vez la suerte le hace encontrar una MariCarmen, y si fuera ya la suya, sería la leche...
Pero lo que más me llama la atención (y por lo que se me queda un poco cara de tonta), es que, como mínimo, debería de haber oído una especie de "ah, perdona", en cualquiera de sus variantes una vez ha sido consciente de que se ha equivocado.
Pero eso no pasa.
Está claro que me estoy volviendo una casacarrabias (OhMyGod), porque yo entiendo que si llamas a casa de alguien y te has equivocado, como mínimo habría que disculparse. Por educación y eso. Como cuando tropiezas con alguien, siempre pides perdón. Al fin y al cabo, en ese caso, has llamado a una casa equivocada a las diez de la noche (bueno, aún no ha anochecido casi, pero, ¿y qué?), pero no pasa naaaaaaada... La gente está en su casa para atender al telefonillo a cualquier hora e informar de dónde vive la MariCarmen de turno.
¿Se estarán perdiendo la educación y las formas? No lo sé, lo que parece claro es que yo me estoy volviendo un tanto quisquillosilla (¿es posible que sea por el calor?, venga, sí, la culpa es del calor). Realmente me da igual lo que pasó, fue un simple detalle para reflexionar...
...porque acto seguido me acordé de mi madre regañándome cuando era pequeña si no pedía las cosas por favor, o no terminaba con un gracias. Para mí eso siempre ha sido importante. ¿O es que ya no lo es y nadie me ha avisado?
11 comentarios: