Abrir un ojo a la hora en que normalmente me levanto.
Ronronear de placer y seguir durmiendo.
Buscar la portura más cómoda.
Intentar ignorar la luz que entra por la ventana.
Ir a buscar el calor de su cuerpo.
Quedarme dormida en un nudo de cuerpos.
Abrir otra vez los ojos.
Rascarme la nariz.
Apartar la maraña de pelo de mi frente.
Convencerme a mí misma de que NO tengo que levantarme.
Sentirme culpable por no hacerlo.
Escuchar un mensaje en el móvil.
Ver que abre un ojillo asustado.
Sentirme abrazada y levemente retenida.
Decidir que debo levantarme.
Abandonar sus brazos.
Ver como mi sitio es invadido automáticamente.
Andar descalza por el suelo.
Ver la casa llena de luz.
Escuchar el silencio.
Desayunar tranquilamente.
Disfrutar...
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