Un Lunes más empiezo la semana agotada.
Me encuentro cansada tanto física como psíquicamente.
En lo físico, estar tensa agota mucho. No hemos estado demasiado tiempo en el hospital, pero a mí me ha parecido media vida. Para no desesperarme, monté el dispositivo: sillón/butaca MUY incómoda de cara a la camilla y a leer un libro mientras mi abuelo dormitaba sin apenas fuerzas. Totalmente atenta al mínimo movimiento y a los cambios del sonido de su respiración, me levantaba de un salto cada vez que pedía algo o había que acomodarlo o pitaba uno de los goteros electrónicos o entraba una enfermera o se abría una puerta o una mota de polvo se posaba en el mueble. Tensa como la cuerda de un violín.
Cuando no estaba allí, las cosas no mejoraban mucho porque estaba pendiente del móvil por si sonaba. No sé las veces que habré revisado el móvil por si estaba apagado, o sin cobertura, o si de repente se había puesto el sólo en silencio, o si había decidido no vibrar porques sí. Supongo que estar pendiente del móvil es un tema que tengo pendiente con mi conciencia...
Ahora que estoy en casa, pues igual: sigo estando en un estado de alerta permanente.
Pero a pesar de lo tensa que estoy (lo cual imagino que será lo normal dadas las circunstancias), del hecho de que no duermo apenas (insomnio que se agrava por el calor) y descanso menos todavía (no he dormido del tirón desde hace bastante tiempo), estoy extrañamente tranquila. ¿Por qué? Porque sé lo que va a pasar. Porque lo que peor llevo es la incertidumbre; prefiero mil millones de veces saber la verdad, aunque sea mala, que ser ignorante de lo que pasa. Ahora sólo espero, y eso me hace llevarlo mejor.
Puede que suene muy cruel, pero es así. No tiene nada que ver con haber perdido la esperanza, es simplemente un poco de realismo. Matemáticas, por decirlo así. Probabilidades. Como cuando compras un décimo de lotería: estás tranquila porque sabes que lo más probable es que no te toque, pero no quiere decir que no tengas un mínimo pensamiento de que puede caerte un premio porque si no, directamente no comprabas.
Claro que estoy triste. Por supuesto que he llorado. Evidentemente tengo una punzada en el corazón. Pero estoy extrañamente tranquila y puedo pensar con algo de claridad para comprender qué está pasando y asimilarlo lo mejor que puedo. Me centro en ayudar a mi familia en lo que puedo sin estorbar y sin dejar de lado mi vida (tampoco podría, claro).
Quizá lo de mi padre me haya hecho más fuerte, no lo sé. O tal vez es que la lógica de la Ley de Vida se impone. Lo cierto es que estoy tranquila. Agotada y triste, pero tranquila. Sólo un poco alterada por si suena mi teléfono...
Me encuentro cansada tanto física como psíquicamente.
En lo físico, estar tensa agota mucho. No hemos estado demasiado tiempo en el hospital, pero a mí me ha parecido media vida. Para no desesperarme, monté el dispositivo: sillón/butaca MUY incómoda de cara a la camilla y a leer un libro mientras mi abuelo dormitaba sin apenas fuerzas. Totalmente atenta al mínimo movimiento y a los cambios del sonido de su respiración, me levantaba de un salto cada vez que pedía algo o había que acomodarlo o pitaba uno de los goteros electrónicos o entraba una enfermera o se abría una puerta o una mota de polvo se posaba en el mueble. Tensa como la cuerda de un violín.
Cuando no estaba allí, las cosas no mejoraban mucho porque estaba pendiente del móvil por si sonaba. No sé las veces que habré revisado el móvil por si estaba apagado, o sin cobertura, o si de repente se había puesto el sólo en silencio, o si había decidido no vibrar porques sí. Supongo que estar pendiente del móvil es un tema que tengo pendiente con mi conciencia...
Ahora que estoy en casa, pues igual: sigo estando en un estado de alerta permanente.
Pero a pesar de lo tensa que estoy (lo cual imagino que será lo normal dadas las circunstancias), del hecho de que no duermo apenas (insomnio que se agrava por el calor) y descanso menos todavía (no he dormido del tirón desde hace bastante tiempo), estoy extrañamente tranquila. ¿Por qué? Porque sé lo que va a pasar. Porque lo que peor llevo es la incertidumbre; prefiero mil millones de veces saber la verdad, aunque sea mala, que ser ignorante de lo que pasa. Ahora sólo espero, y eso me hace llevarlo mejor.
Puede que suene muy cruel, pero es así. No tiene nada que ver con haber perdido la esperanza, es simplemente un poco de realismo. Matemáticas, por decirlo así. Probabilidades. Como cuando compras un décimo de lotería: estás tranquila porque sabes que lo más probable es que no te toque, pero no quiere decir que no tengas un mínimo pensamiento de que puede caerte un premio porque si no, directamente no comprabas.
Claro que estoy triste. Por supuesto que he llorado. Evidentemente tengo una punzada en el corazón. Pero estoy extrañamente tranquila y puedo pensar con algo de claridad para comprender qué está pasando y asimilarlo lo mejor que puedo. Me centro en ayudar a mi familia en lo que puedo sin estorbar y sin dejar de lado mi vida (tampoco podría, claro).
Quizá lo de mi padre me haya hecho más fuerte, no lo sé. O tal vez es que la lógica de la Ley de Vida se impone. Lo cierto es que estoy tranquila. Agotada y triste, pero tranquila. Sólo un poco alterada por si suena mi teléfono...
No creo que seas cruel. Simplemente que, en toda situación, cuando despejamos la variable de la incertidumbre, nos quedamos más tranquilos, pues sólo nos queda esperar que las cosas ocurran.
ResponderSuprimirUn sentido abrazo.
Te entiendo... cualquiera que haya pasado por eso sabe de lo que hablas.
ResponderSuprimirAbrazos fuertes...
tienes la sensación que cualquier persona con la cabeza bien amueblada tendría ... besos, muchos besos.
ResponderSuprimirLo importante es que él no sufra, la tristeza es inevitable.
ResponderSuprimirAnimo y un fuerte abrazo.