- Te he dejado el papel del Ayuntamiento encima del teclado.
Ah, vale. Por fin ha llegado. El ansiado papel que AlgúnJefeImportante está esperando. Miro la hoja y sólo me fijo en que está sellada y firmada con fecha reciente. Pues no sé por qué tanto lío por un folio... Ahora mi jefe no tendrá que llamarme cada media hora en sus vacaciones para recordarme que envíe lo por valija en cuanto me llegue.
Bueno, pues voy a mandar un correo para decir que ha llegado y que hoy mismo sale para Madrid. Aparto el papel del teclado y lo pongo a la izquierda de mi ordenador. Cojo el teclado y lo coloco bien para ponerme a escribir y entonces una esquina del teclado desplaza un lapicero que a su vez empuja ligeramente el papel hacia el borde del escritorio.
Oh-Dios-Mío.
El tiempo parece haberse ralentizado mientras observo con absoluto horror que el papel del Ayuntamiento empieza a caer describiendo una parábola (¿o una hipérbola? Tengo que repasar Matemáticas...) perfecta. En mi cabeza suena una música que acompaña este momento trágico. Veo, paralizada por el terror, cómo el folio se deja vencer por la estúpida Ley de la Gravedad y hace un fffffffffffffffffiú, desapareciendo limpiamente por una rendija que hay entre el suelo y un mueble.
Subo la mirada al mueble en cuestión: cuatro cuerpos de madera maciza, ensamblados entre sí, hasta arriba de archivadores y papeles.
Se me entrecorta la respiración: ¡debe pesar una tonelada!
No, peor aún: ¡dos toneladas!
Pego un salto de la silla y me tiro al suelo. Hay una rendija de un milímetro entre el suelo y el mueble y por ahí ha desaparecido el papel. No veo nada: sólo una fina línea de oscuridad.
Me invade el pánico. Por ahí no cabe nada: ni mi mano, ni un bolígrafo, ni siquiera una regla. Nada. Sólo una hoja de papel entraría por ahí. Que, mira por dónde, es lo que ha pasado.
Estoy muerta.
Empiezo a sudar a la par que intento pensar qué hago. Se me ocurre mover el mueble, claro, pero es imposible. No se mueve ni un poquito. Ni tirando, ni empujando, ni suplicando. Aun quitando todo lo que tiene encima, dudo mucho que lo pudiera mover. Ni siquiera con ayuda.
¿Qué hagooooooooooo?
¿Llorar?
Bueno, eso es lo que me apetece, pero no ayudaría nada.
Vuelvo a tirarme al suelo, mirando la rendija que se ha tragado mi papel. En ese preciso intante entran mis compañeros que me miran preocupados cuando ven que estoy a punto de sufrir un colapso nervioso. Les cuento lo que ha pasado y alucinan, claro. Entre los tres intentamos mover el mueble, pero aún cuando nos ayudaran treinta de las personas que hay ahí fuera, conseguiríamos lo mismo.
Ummmmm... ¿Y una grúa?
Se me va la cabeza.
Bueno, quizá si llamo al Ayuntamiento y le explico la situación...
O si desaparezco una temporada...
Y en ese momento, la inspiración divina acude a mí. Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
Doblo un folio con cuidado y le hago un corte. Me tiro al suelo por tercera vez en varios minutos (en mi sensación del tiempo, serían unos cuatro meses), y meto el folio. Rezo porque el papel desaparecido le dé por engancharse al folio que muevo frenéticamente dentro de la Rendija de la Muerte. Y unos laaaaaaaaaaaaaaargos segundos después mi esfuerzo da frutos: una esquina de papel asoma a la luz. La agarro y... ¡¡¡SÍ!!! ¡Es el maldito papel del Ayuntamiento!
Bueno, y un séquito de pelusas que dan un poco de asquito.
Vuelvo a respirar.
- Buenos días. ¿Sí? ¿Mensajería? Sí, tengo que hacer un envío. Una documentación. Urgente. Sí... No, no, no... De momento nada más, aunque... Estooooooo... ¿Para enviar un mueble de cuatro cuerpos que nos sobra aquí, qué habría que hacer?
Ah, vale. Por fin ha llegado. El ansiado papel que AlgúnJefeImportante está esperando. Miro la hoja y sólo me fijo en que está sellada y firmada con fecha reciente. Pues no sé por qué tanto lío por un folio... Ahora mi jefe no tendrá que llamarme cada media hora en sus vacaciones para recordarme que envíe lo por valija en cuanto me llegue.
Bueno, pues voy a mandar un correo para decir que ha llegado y que hoy mismo sale para Madrid. Aparto el papel del teclado y lo pongo a la izquierda de mi ordenador. Cojo el teclado y lo coloco bien para ponerme a escribir y entonces una esquina del teclado desplaza un lapicero que a su vez empuja ligeramente el papel hacia el borde del escritorio.
El tiempo parece haberse ralentizado mientras observo con absoluto horror que el papel del Ayuntamiento empieza a caer describiendo una parábola (¿o una hipérbola? Tengo que repasar Matemáticas...) perfecta. En mi cabeza suena una música que acompaña este momento trágico. Veo, paralizada por el terror, cómo el folio se deja vencer por la estúpida Ley de la Gravedad y hace un fffffffffffffffffiú, desapareciendo limpiamente por una rendija que hay entre el suelo y un mueble.
Subo la mirada al mueble en cuestión: cuatro cuerpos de madera maciza, ensamblados entre sí, hasta arriba de archivadores y papeles.
Se me entrecorta la respiración: ¡debe pesar una tonelada!
No, peor aún: ¡dos toneladas!
Pego un salto de la silla y me tiro al suelo. Hay una rendija de un milímetro entre el suelo y el mueble y por ahí ha desaparecido el papel. No veo nada: sólo una fina línea de oscuridad.
Me invade el pánico. Por ahí no cabe nada: ni mi mano, ni un bolígrafo, ni siquiera una regla. Nada. Sólo una hoja de papel entraría por ahí. Que, mira por dónde, es lo que ha pasado.
Estoy muerta.
Empiezo a sudar a la par que intento pensar qué hago. Se me ocurre mover el mueble, claro, pero es imposible. No se mueve ni un poquito. Ni tirando, ni empujando, ni suplicando. Aun quitando todo lo que tiene encima, dudo mucho que lo pudiera mover. Ni siquiera con ayuda.
¿Qué hagooooooooooo?
¿Llorar?
Bueno, eso es lo que me apetece, pero no ayudaría nada.
Vuelvo a tirarme al suelo, mirando la rendija que se ha tragado mi papel. En ese preciso intante entran mis compañeros que me miran preocupados cuando ven que estoy a punto de sufrir un colapso nervioso. Les cuento lo que ha pasado y alucinan, claro. Entre los tres intentamos mover el mueble, pero aún cuando nos ayudaran treinta de las personas que hay ahí fuera, conseguiríamos lo mismo.
Ummmmm... ¿Y una grúa?
Se me va la cabeza.
Bueno, quizá si llamo al Ayuntamiento y le explico la situación...
O si desaparezco una temporada...
Y en ese momento, la inspiración divina acude a mí. Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
Doblo un folio con cuidado y le hago un corte. Me tiro al suelo por tercera vez en varios minutos (en mi sensación del tiempo, serían unos cuatro meses), y meto el folio. Rezo porque el papel desaparecido le dé por engancharse al folio que muevo frenéticamente dentro de la Rendija de la Muerte. Y unos laaaaaaaaaaaaaaargos segundos después mi esfuerzo da frutos: una esquina de papel asoma a la luz. La agarro y... ¡¡¡SÍ!!! ¡Es el maldito papel del Ayuntamiento!
Bueno, y un séquito de pelusas que dan un poco de asquito.
Vuelvo a respirar.
- Buenos días. ¿Sí? ¿Mensajería? Sí, tengo que hacer un envío. Una documentación. Urgente. Sí... No, no, no... De momento nada más, aunque... Estooooooo... ¿Para enviar un mueble de cuatro cuerpos que nos sobra aquí, qué habría que hacer?
Jooooder, qué mal rato!! Se nota que la inspiración acude a tí en los momentos de crisis: por eso te cambiaron a ese departamento caótico nuevo, porque se han dado cuenta de que rindes mejor bajo presión :D
ResponderSuprimirjejejej, murphy también trabaja contigo??? que tío!!!! yo hubiera llamado a la de la limpieza para que me dejara la aspiradora ... y succionar y succionar y ahhhhhhhhhhh luego como sacarlo de la bolsa del susodicho aparato ... me valdría para otro post ... ay ...
ResponderSuprimirPIMKIE, no es inspiración, es supervivencia pura y dura. O sacaba el maldito papel de ahí o estaba muerta laboralmente hablando. :D
ResponderSuprimirYNOSEK, Murphy se sienta a mi lado. :( Bah, y eso no es nada. Mañana contaré otra cosilla que me ha pasado hoy...
Tienes gran habilidad para el terror psicológico... Uno de mis hemisferios cerebrales estaba pensando varias formas de recuperar el documento, mientras el otro se extremecía por el destino del pobre mueble ;)
ResponderSuprimirSalud.
Jajajaja... Bueno, me lo voy a tomar como un cumplido... ;) Lo siguiente hubiera sido probar con un látigo de clips, jeje... Pero afortunadamente no hizo falta. :D
ResponderSuprimirUuuuuuf, andó cerca!
ResponderSuprimirQue tensión iba metiéndoseme en el cuerpo a medida que iba leyendo...
:) Jajajaja... Siento mucho haceros sufrir...
ResponderSuprimir(No. No lo siento. Soy mala.)
Realmente cómico :)
ResponderSuprimirUfff... menos mal!!! A mi me pasa eso y no paro de intentarlo... soy super cabezona para esas cosas!!! Jajaja!!!
ResponderSuprimirPero veo que tu hasta has reaccionado mas rapido... que maquinilla!!! :D
Un besitooo
HACKETT, ahora me río y soy capaz de contarlo con humor, pero he sudado lo que no está escrito para sacar el maldito papelajo...
ResponderSuprimirACOOLGIRL, es el miedo, que saca una idea de la nada... ;D
Me has hecho sufrir incluso a mi! De todas maneras, ya sabía yo que al final tendrías algún truquillo para sacar el maldito y a la vez importante papel. Un beso! Espero que mañana tengas un día más tranquilo
ResponderSuprimir:)
ResponderSuprimirSoy mala.
Jo, eso espero. Un poco de tranquilidad no me iría nada mal. Tengo los nervios a flor de piel...
Menos mal que se te ocurrió la solución,jeje.
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