Mi abuela tiene una "amiga" que es... Ummmm... Digamos... Un poco impertinente. Ligeramente borde. Una auténtica hija de puta.
Esta señora tiene aspecto de abuelita dulce, tendrá unos 75 años más o menos, y siempre va con el pelo plateado perfectamente arreglado, los labios pintados, ¡faltaba más!, y una sonrisa en la boca zalamera. Aquí la llamaremos Paca HdP para mantener su anonimato.
Paca HdP, como amiga de mi abuela que es, se presentó a media tarde en el tanatorio y se acercó a dar el pésame a la familia presente. Mi abuela se levantó con dificultad para recibirla, y mi madre, sentada a su izquierda, hizo lo propio. Paca HdP hizo un giro de cadera que ya lo quisiera poder hacer yo y seapoltronó sentó en la silla contigua a mi abuela, desplazando a mi madre un puesto. Claro, ella tenía que estar al lado de la viuda, ¡faltaba más! Ni las hijas ni los nietos del difunto, no. Ella es la que tenía que estar en primera línea del meollo, por supuesto.
Paca HdP, después de ese avance estratégico de posiciones, hizo gala de su gentil sonrisa de abuelita dulce y pidió a mi madre que su hermana se sentara a su lado. Mi madre estaba disgustada por la petición, pero es una señora, así que dejó su asiento libre a la hermana de Paca HdP, porque ella tiene que estar al lado de los que quiera, ¡faltaba más! No importa mover a medio mundo, qué más da, pero Paca HdP debe estar rodeada de los suyos. Daba igual que la hija del difunto se tuviera que ir a la otra punta de la sala, porque lo importante es que Paca HdP está al lado de su hermana (supuesta hermana, diría yo, porque se parecen tanto como el día a la noche).
Paca HdP se aburría de repasar de pies a cabeza con descaro a todos los que se acercaron a saludar a mi abuela, y se dedicó por entero a mí, que estaba en el sofá de enfrente. Para estirar las piernas (y ofrecerle una buena panorámica de toda yo) me levanté y me acerqué a mi madre para ver si quería algo y por extensión todos los demás que estaban sentados en esa zona de la sala, y entonces, Paca HdP me sonrió.
Fue como ver una enorme medusa avanzar ondulante por el agua hacia mí (por un momento me sentí como Bridget Jones). Alargó su mano para tirarme de la camiseta en un ademán para que me acercara, y empezamos esta agradable conversación:
PICADURA UNO: Ummmmm... ¿Y cuándo te vas a poner a dieta? - Sin decir ni media palabra antes, el primer ataque fue directamente a la yugular. Increíble que esta impertinencia haya llegado de un rostro de abuelita encantadora.
AFTERBITE (o sea, YO): ¿Por qué? - Puse la cara más dulce, inocente y sorprendida de mi registro, como si en la vida se me hubiera pasado por la cabeza pensar que me sobran unos kilos.
PICADURA DOS: Mujer, para perder unos kilos, claro... - Realmente estaba descolocada, pero no perdió la sonrisa mientras me aclaraba lo evidente. No perdió ni la sonrisa ni el veneno, la verdad, aunque sus palabras rezumaban azúcar...
AFTERBITE: Verá, es que me ha costado mucho conseguirlos, ¿sabe? Y además, les tengo mucho cariño. - Yo también tengo acciones de Azucarera Española, S.A., qué pasa, así que solté esa frase con una voz melosísima y una sonrisa deslumbrante, como si no me apeteciera en absoluto darle un bofetón...
PICADURA TRES: Es que estando así de rellenita... - No acaba la frase, pero en cambio levanta una ceja de forma significativa y señala con la mirada algo situado detrás de mí. Me doy la vuelta para descubrir, sin sorprenderme a estas alturas, a mi chico, que me sonríe ajeno a toda esta maravillosa conversación.
AFTERBITE: Oh, en lugar de rellenita sin lugar a dudas habrá querido decir usted GUAPA, ¿verdad? - Le sonrío con inocencia y candidez mientras me doy la vuelta para no soltar alguna bordería, que es lo que me pide el cuerpo, y me acerco a mi chico que me recibe con una sonrisa y un beso.
Mi madre se ríe por lo bajini y sé que está disfrutando de lo lindo con esta escena que no es nueva (ha habido incidentes similares con anterioridad, a razón de una conversación como esta por cada vez que me la he encontrado). Procuro no resbalar con tanto almíbal envenenado y me alejo, sintiendo su mirada clavada en mi espalda, y casi puedo sentir cómo se inclina hasta mi madre para comentale lo impertinente que es su hija...
Pero no me importa porque mi madre también le suelta cada cosa que se queda bien a gusto... Y así debió ser porque cuando volví Paca HdP le comentaba a su hermana (una santa la mujer), abanicándose con mucho disgusto, que mi madre era un poco contestona... ¡Contestarle a ella así! ¡Faltaba más!
Esta señora tiene aspecto de abuelita dulce, tendrá unos 75 años más o menos, y siempre va con el pelo plateado perfectamente arreglado, los labios pintados, ¡faltaba más!, y una sonrisa en la boca zalamera. Aquí la llamaremos Paca HdP para mantener su anonimato.
Paca HdP, como amiga de mi abuela que es, se presentó a media tarde en el tanatorio y se acercó a dar el pésame a la familia presente. Mi abuela se levantó con dificultad para recibirla, y mi madre, sentada a su izquierda, hizo lo propio. Paca HdP hizo un giro de cadera que ya lo quisiera poder hacer yo y se
Paca HdP, después de ese avance estratégico de posiciones, hizo gala de su gentil sonrisa de abuelita dulce y pidió a mi madre que su hermana se sentara a su lado. Mi madre estaba disgustada por la petición, pero es una señora, así que dejó su asiento libre a la hermana de Paca HdP, porque ella tiene que estar al lado de los que quiera, ¡faltaba más! No importa mover a medio mundo, qué más da, pero Paca HdP debe estar rodeada de los suyos. Daba igual que la hija del difunto se tuviera que ir a la otra punta de la sala, porque lo importante es que Paca HdP está al lado de su hermana (supuesta hermana, diría yo, porque se parecen tanto como el día a la noche).
Paca HdP se aburría de repasar de pies a cabeza con descaro a todos los que se acercaron a saludar a mi abuela, y se dedicó por entero a mí, que estaba en el sofá de enfrente. Para estirar las piernas (y ofrecerle una buena panorámica de toda yo) me levanté y me acerqué a mi madre para ver si quería algo y por extensión todos los demás que estaban sentados en esa zona de la sala, y entonces, Paca HdP me sonrió.
Fue como ver una enorme medusa avanzar ondulante por el agua hacia mí (por un momento me sentí como Bridget Jones). Alargó su mano para tirarme de la camiseta en un ademán para que me acercara, y empezamos esta agradable conversación:
PICADURA UNO: Ummmmm... ¿Y cuándo te vas a poner a dieta? - Sin decir ni media palabra antes, el primer ataque fue directamente a la yugular. Increíble que esta impertinencia haya llegado de un rostro de abuelita encantadora.
AFTERBITE (o sea, YO): ¿Por qué? - Puse la cara más dulce, inocente y sorprendida de mi registro, como si en la vida se me hubiera pasado por la cabeza pensar que me sobran unos kilos.
PICADURA DOS: Mujer, para perder unos kilos, claro... - Realmente estaba descolocada, pero no perdió la sonrisa mientras me aclaraba lo evidente. No perdió ni la sonrisa ni el veneno, la verdad, aunque sus palabras rezumaban azúcar...
AFTERBITE: Verá, es que me ha costado mucho conseguirlos, ¿sabe? Y además, les tengo mucho cariño. - Yo también tengo acciones de Azucarera Española, S.A., qué pasa, así que solté esa frase con una voz melosísima y una sonrisa deslumbrante, como si no me apeteciera en absoluto darle un bofetón...
PICADURA TRES: Es que estando así de rellenita... - No acaba la frase, pero en cambio levanta una ceja de forma significativa y señala con la mirada algo situado detrás de mí. Me doy la vuelta para descubrir, sin sorprenderme a estas alturas, a mi chico, que me sonríe ajeno a toda esta maravillosa conversación.
AFTERBITE: Oh, en lugar de rellenita sin lugar a dudas habrá querido decir usted GUAPA, ¿verdad? - Le sonrío con inocencia y candidez mientras me doy la vuelta para no soltar alguna bordería, que es lo que me pide el cuerpo, y me acerco a mi chico que me recibe con una sonrisa y un beso.
Mi madre se ríe por lo bajini y sé que está disfrutando de lo lindo con esta escena que no es nueva (ha habido incidentes similares con anterioridad, a razón de una conversación como esta por cada vez que me la he encontrado). Procuro no resbalar con tanto almíbal envenenado y me alejo, sintiendo su mirada clavada en mi espalda, y casi puedo sentir cómo se inclina hasta mi madre para comentale lo impertinente que es su hija...
Pero no me importa porque mi madre también le suelta cada cosa que se queda bien a gusto... Y así debió ser porque cuando volví Paca HdP le comentaba a su hermana (una santa la mujer), abanicándose con mucho disgusto, que mi madre era un poco contestona... ¡Contestarle a ella así! ¡Faltaba más!
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