Últimamente, al responsable de RRHH de mi empresa le da por venir a vernos cuando tengo la regla. Creo que tiene apuntado mi calendario menstrual o algo, porque las dos o tres veces al año que se presenta aquí, resulta que yo estoy hormonosa perdía. De hecho, no pienso apuntar mis reglas, para la próxima le preguntaré a él cuándo me toca...
La última vez que estuvo aquí, pues sí, acabé con una barranquera rabiosa con lágrimas rebeldes incluidas. Pasó y ya no se puede remediar. No estoy precisamente orgullosa de ese episodio, pero a lo hecho, pechos (dos). Tampoco fue tan grave; cierto es que va en contra de mis principios -y mis finales- mostrarme vulnerable y menos en el trabajo, pero salió así, sin más, y en definitiva no tengo de qué avergonzarme... Pero aquel "incidente" parece que lo tenemos clavado los dos: yo como una espinita, y él con un anecdótico recuerdo desde el cual me tiene colgada la etiqueta de sensible. ¿Y qué si lo soy?
Pero bueno, el caso es que de ese sambenito no me voy a librar en la vida, está claro. Si me cabía alguna duda, me la despejó con una alusión que hizo a modo de saludo, que capeé como pude con una sonrisa deslumbrante como si me hubiera resultado gracioso el comentario, cuando en realidad me hubiese gustado patearle la cara...
Porque si aquella vez me pilló en el día sensible, esta vez estaba en mi ciclo rabioso. Así que me sentócomo una patada en mis doloridos ovarios bastante mal que la reunión improvisada por la que había venido la enfocara como que:
a) Él era el Ángel Salvador de los Desvalidos.
b) Nosotros somos malos gestores.
c) El único con talante dialogante es él.
Sobre todo porque el problema es que nosotros, en contra de nuestra opinión y como hemos podido porque se nos caía la cara de vergüenza, hemos defendido una postura totalmente antipopular que resulta que es una ORDEN DIRECTA SUYA. Pero ahora, cuando le preguntan cara a cara las personas que se han visto perjudicadas por su decisión, va y dice que él no sabía nada, que le parece mal que se esté haciendo como hasta el momento (idea suya, cabe recordar) y que hay que revisar el tema para encontrar una solución satisfactoria.
Tócate los huitis con la punta de la nariz.
A mí de dejó con las patas colgando. Yo miraba a JdP, totalmente aluciflipada, mientras notaba cómo se me encendían las mejillas y me empezaba a palpitar la carótida de la indignación. JdP no levantaba la mirada del suelo, porque no era capaz de reaccionar ante la puesta en evidencia que estábamos sufriendo. Ni yo tampoco. No me podía creer lo que estaba escuchando. Incluso dudé de estar interpretándolo bien. Pero sí, no había duda: era lo que parecía.
Entonces, la sensible se levantó de la reunión y se fue, simulando una llamada al móvil. Porque sí, soy demasiado sensible como para escuchar una sarta de mentiras. Era totalmente sensible que iba a estallar de un momento a otro y llamarlo mentiroso delante de todos. Me toca la fibra sensible que alguien quiera mantener su prestigio a costa de los demás...
Me da que ha empezado una guerra: demostrar que sensible no es lo mismo que gilipollas, cosa que parece que tiene asociada.
La última vez que estuvo aquí, pues sí, acabé con una barranquera rabiosa con lágrimas rebeldes incluidas. Pasó y ya no se puede remediar. No estoy precisamente orgullosa de ese episodio, pero a lo hecho, pechos (dos). Tampoco fue tan grave; cierto es que va en contra de mis principios -y mis finales- mostrarme vulnerable y menos en el trabajo, pero salió así, sin más, y en definitiva no tengo de qué avergonzarme... Pero aquel "incidente" parece que lo tenemos clavado los dos: yo como una espinita, y él con un anecdótico recuerdo desde el cual me tiene colgada la etiqueta de sensible. ¿Y qué si lo soy?
Pero bueno, el caso es que de ese sambenito no me voy a librar en la vida, está claro. Si me cabía alguna duda, me la despejó con una alusión que hizo a modo de saludo, que capeé como pude con una sonrisa deslumbrante como si me hubiera resultado gracioso el comentario, cuando en realidad me hubiese gustado patearle la cara...
Porque si aquella vez me pilló en el día sensible, esta vez estaba en mi ciclo rabioso. Así que me sentó
a) Él era el Ángel Salvador de los Desvalidos.
b) Nosotros somos malos gestores.
c) El único con talante dialogante es él.
Sobre todo porque el problema es que nosotros, en contra de nuestra opinión y como hemos podido porque se nos caía la cara de vergüenza, hemos defendido una postura totalmente antipopular que resulta que es una ORDEN DIRECTA SUYA. Pero ahora, cuando le preguntan cara a cara las personas que se han visto perjudicadas por su decisión, va y dice que él no sabía nada, que le parece mal que se esté haciendo como hasta el momento (idea suya, cabe recordar) y que hay que revisar el tema para encontrar una solución satisfactoria.
Tócate los huitis con la punta de la nariz.
A mí de dejó con las patas colgando. Yo miraba a JdP, totalmente aluciflipada, mientras notaba cómo se me encendían las mejillas y me empezaba a palpitar la carótida de la indignación. JdP no levantaba la mirada del suelo, porque no era capaz de reaccionar ante la puesta en evidencia que estábamos sufriendo. Ni yo tampoco. No me podía creer lo que estaba escuchando. Incluso dudé de estar interpretándolo bien. Pero sí, no había duda: era lo que parecía.
Entonces, la sensible se levantó de la reunión y se fue, simulando una llamada al móvil. Porque sí, soy demasiado sensible como para escuchar una sarta de mentiras. Era totalmente sensible que iba a estallar de un momento a otro y llamarlo mentiroso delante de todos. Me toca la fibra sensible que alguien quiera mantener su prestigio a costa de los demás...
Me da que ha empezado una guerra: demostrar que sensible no es lo mismo que gilipollas, cosa que parece que tiene asociada.
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