La verdad es que esta semana está siendo agotadora. Lo suyo hubiera sido llegar de las vacaciones y empezar poco a poco a coger el ritmo, pero LA REALIDAD es que desde el Lunes a primera hora llevo sin parar, incluso conectándome desde casa, y no veo la luz al final del tunel. Más que nada porque sospecho que no la hay.
Cada vez me doy más cuenta de que hay miles de frentes abiertos. Ayer entré en el despacho de JdP a charlar un poco. Le dije que estaba saturada, que tenía miles de cosas en el tintero y que no sabía por dónde empezar. Quería saber si él, cuando estaba en mi puesto, se había sentido así. Me hubiera gustado que me dijera que al principio sí pero luego mejoró, pero no fue eso lo que escuché, claro. La vida no es fácil... Me sonrió y me dijo: "ay, niña, ¡qué esperabas!", y yo solté un suspiro. Me aconsejó que no intentara abarcarlo todo porque no es posible, y dijo que lo mejor era que me marcara metas y que trabajara en sólo una cosa en concreto porque si no me iba a ahogar. Pero con tantos problemas, no sé por dónde empezar.
No estaría de más empezar por salir a mi hora, que ayer volví a salir tarde (por cuarto día consecutivo). Creo que estaba mejor antes porque como sabía que había alguien esperando fuera para llevarme a casa, no me retrasaba; ahora, como me autobajo a casa en el coche, pues mira, al final acabo no cumpliendo mi hora de salida. Además, salgo cansada y enfadada conmigo misma porque no soy capaz de apagar el ordenador cuando debo.
Por eso ayer, para autocompensarme y autoperdonarme (dos estupendos conceptos/excusa), me dí un caprichillo en forma de masaje cráneo-facial que me sentó a las mil maravillas. Tumbada en la camilla de la esteticienne volví a darme cuenta de que no soy capaz de poner la mente en blanco (¿eso cómo se hará? ¿Pensando en una pared en blanco, por ejemplo? Ah, no, que no se puede pensar... ¡Pues vaya!), así que al menos intenté concentrarme en la música y en las manos de la chica sobre mi cara, evitando pensar en qué iba a hacer hoy en el trabajo...
...y esta tarde pienso salir pronto -a mi hora, vamos- e irme yo sola a la city en mi coche. Voy documentada, estoy resuelta porque puedo hacerlo y me voy a dar el gustazo de irme a pasar la tarde de tiendas (incluso puede que DE COMPRAS), sin prisas, sin aburrir a nadie, sin estar preocupada por nada. Ayer sobre la camilla lo ví claro (me refiero a que lo pensé, porque tenía los ojos cerrados): o empiezo a desconectar totalmente cuando salgo o el trabajo me va a comer la vida ahora que encima tengo más responsabilidad. No, no, no, no. Voy a pensar un poco en lo que realmente importa, que creo que se me olvida demasiado a menudo...
Cada vez me doy más cuenta de que hay miles de frentes abiertos. Ayer entré en el despacho de JdP a charlar un poco. Le dije que estaba saturada, que tenía miles de cosas en el tintero y que no sabía por dónde empezar. Quería saber si él, cuando estaba en mi puesto, se había sentido así. Me hubiera gustado que me dijera que al principio sí pero luego mejoró, pero no fue eso lo que escuché, claro. La vida no es fácil... Me sonrió y me dijo: "ay, niña, ¡qué esperabas!", y yo solté un suspiro. Me aconsejó que no intentara abarcarlo todo porque no es posible, y dijo que lo mejor era que me marcara metas y que trabajara en sólo una cosa en concreto porque si no me iba a ahogar. Pero con tantos problemas, no sé por dónde empezar.
No estaría de más empezar por salir a mi hora, que ayer volví a salir tarde (por cuarto día consecutivo). Creo que estaba mejor antes porque como sabía que había alguien esperando fuera para llevarme a casa, no me retrasaba; ahora, como me autobajo a casa en el coche, pues mira, al final acabo no cumpliendo mi hora de salida. Además, salgo cansada y enfadada conmigo misma porque no soy capaz de apagar el ordenador cuando debo.
Por eso ayer, para autocompensarme y autoperdonarme (dos estupendos conceptos/excusa), me dí un caprichillo en forma de masaje cráneo-facial que me sentó a las mil maravillas. Tumbada en la camilla de la esteticienne volví a darme cuenta de que no soy capaz de poner la mente en blanco (¿eso cómo se hará? ¿Pensando en una pared en blanco, por ejemplo? Ah, no, que no se puede pensar... ¡Pues vaya!), así que al menos intenté concentrarme en la música y en las manos de la chica sobre mi cara, evitando pensar en qué iba a hacer hoy en el trabajo...
...y esta tarde pienso salir pronto -a mi hora, vamos- e irme yo sola a la city en mi coche. Voy documentada, estoy resuelta porque puedo hacerlo y me voy a dar el gustazo de irme a pasar la tarde de tiendas (incluso puede que DE COMPRAS), sin prisas, sin aburrir a nadie, sin estar preocupada por nada. Ayer sobre la camilla lo ví claro (me refiero a que lo pensé, porque tenía los ojos cerrados): o empiezo a desconectar totalmente cuando salgo o el trabajo me va a comer la vida ahora que encima tengo más responsabilidad. No, no, no, no. Voy a pensar un poco en lo que realmente importa, que creo que se me olvida demasiado a menudo...
5 comentarios: