Esta mañana, cuando buscaba las llaves del coche antes de irme a trabajar, se me ha instalado en la garganta un malestar familiar.
El Viernes dejé el trabajo una hora antes de que acabara mi jornada. Se me hizo un mundo pensar que todavía me quedaban 60 minutos allí. Sentí que si me quedaba unos segundo más, me echaría a llorar, o gritaría, o diría algo inapropiado a alguien o todo a la vez. Así que me fui a casa. Me metí en la ducha y bajo el chorro de agua muy caliente, lloré un poquito. Después de media hora larga en la ducha, me sentí bastante mejor. Desahogada. Me vestí, incluso me maquillé y aproveché la tarde, sin pensar en el trabajo.
El fin de semana ha intentado ser de desconexión total, pero no he podido. Alguna vez me sorprendí haciendo una lista mental de las cosas que tenía pendientes (miles), pero salvo esos pensamientos puntuales y una llamada al móvil del Domingo, intenté relajarme. Disfruté de mi tiempo y estuve tranquila.
Pero esta mañana, el nudo en la garganta que casi me ahoga el Viernes ha vuelto a aparecer. Me he arrastrado al trabajo y me he puesto a hacer las tareas de forma mecánica y desganada. Nerviosa. Preocupada. Triste.
Sigo pensando que todo esto me vine grande. Me desespera ver que estando aquí sólo me vienen problemas que no soy capaz de resolver. La lista de temas pendientes ya tiene 74 ítems, y el número va creciendo. Me veo desbordada. Me siento poco satisfecha con las soluciones que puedo dar. Me encuentro limitada en mi capacidad de decisión porque aún no he cogido un ritmo aceptable.
Por otro lado, he heredado un sistema de trabajo, con sus limitaciones, que después de dos meses intento paliar como puedo a la vez que me adapto. Pero mientras, el sistema (es decir, yo, que soy su responsable) recibe ataques que me fastidian muchísimo porque el que los lanza es precisamente quien me dejó ese sistema, JdP. Entiendo perfectamente que desde su posición actual, debe intentar hacer que mejore, pero no me gusta la forma que tiene de recriminar cómo se hacen las cosas, como si fuera nuevo en esto y ahora estuviera conociendo cómo funcionamos, desde cero. Por eso, el Viernes, antes de irme a casa, bastante irritada le espeté: ¿y si tan mal funciona todo, por qué no lo arreglaste cuando tú eras el responsable?
Desde luego, a él el cambio le vino como agua de Mayo.
A mí, como tifón tropical reconvertido en huracán.
Por supuesto, no ayuda nada que haya un poco de tensión en las relaciones con otro departamento, que yo esté recocida y no tenga NINGUNA gana de hacerme la simpática para recuperar la armonía interdepartamental. Me cansé de hacerme la tonta y ser la única que pone de su parte, para luego encima llevarme un hachazo. Consiguieron hartarme; por las buenas todo genial, pero por las malas, yo también tengo mala hostia. Mucha, de hecho.
Dentro de dos semanas me voy de vacaciones; hoy las he solicitado de forma oficial. Parece ser que las necesito más de lo que yo pensaba. De verdad espero venir con las pilas cargadas y sin mi nudo en la garganta...
El Viernes dejé el trabajo una hora antes de que acabara mi jornada. Se me hizo un mundo pensar que todavía me quedaban 60 minutos allí. Sentí que si me quedaba unos segundo más, me echaría a llorar, o gritaría, o diría algo inapropiado a alguien o todo a la vez. Así que me fui a casa. Me metí en la ducha y bajo el chorro de agua muy caliente, lloré un poquito. Después de media hora larga en la ducha, me sentí bastante mejor. Desahogada. Me vestí, incluso me maquillé y aproveché la tarde, sin pensar en el trabajo.
El fin de semana ha intentado ser de desconexión total, pero no he podido. Alguna vez me sorprendí haciendo una lista mental de las cosas que tenía pendientes (miles), pero salvo esos pensamientos puntuales y una llamada al móvil del Domingo, intenté relajarme. Disfruté de mi tiempo y estuve tranquila.
Pero esta mañana, el nudo en la garganta que casi me ahoga el Viernes ha vuelto a aparecer. Me he arrastrado al trabajo y me he puesto a hacer las tareas de forma mecánica y desganada. Nerviosa. Preocupada. Triste.
Sigo pensando que todo esto me vine grande. Me desespera ver que estando aquí sólo me vienen problemas que no soy capaz de resolver. La lista de temas pendientes ya tiene 74 ítems, y el número va creciendo. Me veo desbordada. Me siento poco satisfecha con las soluciones que puedo dar. Me encuentro limitada en mi capacidad de decisión porque aún no he cogido un ritmo aceptable.
Por otro lado, he heredado un sistema de trabajo, con sus limitaciones, que después de dos meses intento paliar como puedo a la vez que me adapto. Pero mientras, el sistema (es decir, yo, que soy su responsable) recibe ataques que me fastidian muchísimo porque el que los lanza es precisamente quien me dejó ese sistema, JdP. Entiendo perfectamente que desde su posición actual, debe intentar hacer que mejore, pero no me gusta la forma que tiene de recriminar cómo se hacen las cosas, como si fuera nuevo en esto y ahora estuviera conociendo cómo funcionamos, desde cero. Por eso, el Viernes, antes de irme a casa, bastante irritada le espeté: ¿y si tan mal funciona todo, por qué no lo arreglaste cuando tú eras el responsable?
Desde luego, a él el cambio le vino como agua de Mayo.
A mí, como tifón tropical reconvertido en huracán.
Por supuesto, no ayuda nada que haya un poco de tensión en las relaciones con otro departamento, que yo esté recocida y no tenga NINGUNA gana de hacerme la simpática para recuperar la armonía interdepartamental. Me cansé de hacerme la tonta y ser la única que pone de su parte, para luego encima llevarme un hachazo. Consiguieron hartarme; por las buenas todo genial, pero por las malas, yo también tengo mala hostia. Mucha, de hecho.
Dentro de dos semanas me voy de vacaciones; hoy las he solicitado de forma oficial. Parece ser que las necesito más de lo que yo pensaba. De verdad espero venir con las pilas cargadas y sin mi nudo en la garganta...
relax .... sabes que lo estás haciendo bien.
ResponderSuprimirRelax and remember: "be like water".
ResponderSuprimirConozco la situación, y no dejes que te embargue. Tú misma lo dices, es algo que heredaste, así que no pienses que te viene grande o que no eres capaz. Sólo necesitas el tiempo para hacer ese trabajo tuyo. Y las vacaciones para desconectar de verdad.
ResponderSuprimir¡Ánimo!
:(
ResponderSuprimirJo, pero es que no consigo relajarme. Voy tensísima al trabajo... Snif.
Mucho animo, estos estados los hemos tenido todos alguna vez en la vida y te aseguro que se pasan.
ResponderSuprimirTu mucho animo.
Un besazo.
Pues las vacaciones te van a venir genial, a la vuelta todo se verá de otro color.
ResponderSuprimirUn besazo!