Sí, a veces me descubro haciendo cosas altamente impropias de mí misma.
A veces, de repente, pienso: ¿cómo es que estoy haciendo algo así?
Y no es que sea malo, es simplemente... inusual.
Tampoco son grandes cosas, más bien son detalles cotidianos para otros, pero poco habituales en mí. Por lo menos, hasta ahora.
Son esas cosas que te hacen pensar... No estás acostumbrada a verte a ti misma hacerlas, sí, las estás haciendo, por primera vez, y no porque te hayas visto obligada, sino porque te apetece, así, sin más.
Sí, yo, una vaga redomada, me descubrí quitando una a una las pimientas de unas lentejas (una olla entera) porque a mi niño no le gusta encontrárselas en el plato. Estuve un buen rato buscando bolitas negras entre las lentejas, y ya que estaba, quité todo lo que no le gustaba, hasta que dejé totalmente "descontaminadas" las lentejas. No fue porque me lo pidiera, sino porque quise.
Sí, yo, la que pierde un brazo antes de levantarse del sofá un Domingo por la tarde, me empeñé en meterme en la cocina a preparar, por primera vez en mi vida, unos frisuelos para merendar, porqueobviamente me volví majara de repente se lo propuse a mi niño y le encantó la idea. Con una receta un poco patatera y mi nula habilidad culinaria, me pringué de harina y por extensión toda la cocina hasta hacer un plato de frisuelos calentitos y azucarados. También porque quise, no porque me lo pidiera.
Supongo que eso es amor, ¿no? Quizá una manifestación poco poética, pero a veces, más cargada de significado que las típicas muestras en las que todos pensamos cuando hablamos de querer a alguien...

A veces, de repente, pienso: ¿cómo es que estoy haciendo algo así?
Y no es que sea malo, es simplemente... inusual.
Tampoco son grandes cosas, más bien son detalles cotidianos para otros, pero poco habituales en mí. Por lo menos, hasta ahora.
Son esas cosas que te hacen pensar... No estás acostumbrada a verte a ti misma hacerlas, sí, las estás haciendo, por primera vez, y no porque te hayas visto obligada, sino porque te apetece, así, sin más.
Sí, yo, una vaga redomada, me descubrí quitando una a una las pimientas de unas lentejas (una olla entera) porque a mi niño no le gusta encontrárselas en el plato. Estuve un buen rato buscando bolitas negras entre las lentejas, y ya que estaba, quité todo lo que no le gustaba, hasta que dejé totalmente "descontaminadas" las lentejas. No fue porque me lo pidiera, sino porque quise.
Sí, yo, la que pierde un brazo antes de levantarse del sofá un Domingo por la tarde, me empeñé en meterme en la cocina a preparar, por primera vez en mi vida, unos frisuelos para merendar, porque
Supongo que eso es amor, ¿no? Quizá una manifestación poco poética, pero a veces, más cargada de significado que las típicas muestras en las que todos pensamos cuando hablamos de querer a alguien...

13 comentarios: