Todos los Viernes por la tarde me prometo lo mismo: aprovechando que salgo pronto del trabajo (vamos, a mi hora) y que es la única tarde a la semana en la que estoy en casa, después de comer, mientras me puedo permitir el lujo de quedarme en el sofá tranquilamente, pienso en toooooooodo lo que voy a hacer por la tarde...
Fregaré los platos... Iré a comprar... Pondré una lavadora... Ordenaré el dormitorio... Haré un bizcocho... Plancharé algo de ropa... ZZZZZzzzzZZZZZzzzz...
Oh-Oh.
Once again me he quedado totalmente sopy en el sofá. La verdad es que he acabado agotada de esta semana, sigo teniendo el nudo en el estómago aunque me tira algo menos. Lo que tengo es sueño, estoy cansada, tengo la espalda tan tensa que se podrían partir nueces en ella que ni me enteraría, y, siendo sincera: no me apetece otra cosa más que vegetar en el sofá. Nada de housewifing (la palabra marujeo no me gusta nada).
Me levanto del sofá un pelín avergonzada -pero sólo un poco- porque aunque no apetezca las cosas hay que hacerlas (me parece oir a mi madre dentro de mi cabeza decir eso con el ceño fruncido y cara de reproche) y me pongo a ordenar al buen tun-tún para calmar mi conciencia (y a mi madre).
Y de repente veo el montoncito de libros que mi chico me trajo de su destierro laboral. Se me empañan un poco los ojos. Me doy cuenta de que estaré hecha una piltrafilla, cansada, de mal humor, no ordenaré nada, perderé el tiempo en el sofá y todo eso, pero él, antes y ahora y espero que siempre, piensa siempre en mí, rebusca en los montoncitos de libros que intuyen que me gustan y me los trae para que pase tardes como ésta, vencida en el sofá pero disfrutando de un libro que me guste y me ayude a desconectar...
Se merece que le haga una tarta, ¿a que sí?
Fregaré los platos... Iré a comprar... Pondré una lavadora... Ordenaré el dormitorio... Haré un bizcocho... Plancharé algo de ropa... ZZZZZzzzzZZZZZzzzz...
Oh-Oh.
Once again me he quedado totalmente sopy en el sofá. La verdad es que he acabado agotada de esta semana, sigo teniendo el nudo en el estómago aunque me tira algo menos. Lo que tengo es sueño, estoy cansada, tengo la espalda tan tensa que se podrían partir nueces en ella que ni me enteraría, y, siendo sincera: no me apetece otra cosa más que vegetar en el sofá. Nada de housewifing (la palabra marujeo no me gusta nada).
Me levanto del sofá un pelín avergonzada -pero sólo un poco- porque aunque no apetezca las cosas hay que hacerlas (me parece oir a mi madre dentro de mi cabeza decir eso con el ceño fruncido y cara de reproche) y me pongo a ordenar al buen tun-tún para calmar mi conciencia (y a mi madre).
Y de repente veo el montoncito de libros que mi chico me trajo de su destierro laboral. Se me empañan un poco los ojos. Me doy cuenta de que estaré hecha una piltrafilla, cansada, de mal humor, no ordenaré nada, perderé el tiempo en el sofá y todo eso, pero él, antes y ahora y espero que siempre, piensa siempre en mí, rebusca en los montoncitos de libros que intuyen que me gustan y me los trae para que pase tardes como ésta, vencida en el sofá pero disfrutando de un libro que me guste y me ayude a desconectar...
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