No vuelvo a montarme con mi amiga LGdC en el coche.
Es definitivo: la chica es gafe cuando se monta conmigo.
Vale que yo soy novata con el coche y todo eso, pero es que sólo me pasa cuando la llevo de copiloto.
¿Casualidad?
¿Coincidencia?
Más bien evidencia.
La primera vez que fuimos juntas conduciendo yo fue una aventura. Fuimos a la gran city a ver a una amiga común que acababa de dar a luz. Dejamos el coche en las afueras y fuimos al hospital en taxi porque no me atrevía a adentrarme en la jungla, así que por eso la cosa fue más o menos bien.
El problema vino cuando nos volvimos a casa. En teoría, todo era muy fácil: tomar la salida y en un plis aparecías en la autovía directa a nuestro destino. Pero en algún momento algo se torció, no vimos ningún cartel (ni ella ni yo, pero es que yo iba como los burros sólo mirando al frente y en teoría su misión era la de sustituir al GPS y decirme por dónde salir) y el caso es que cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en una carretera desconocida camino de no se sabe dónde. De noche y metidas hasta las trancas en un pueblo levantado por las obras, sin ningún indicador de qué dirección debíamos tomar...
Baste decir que llegué cerca de las once a casa (con una ataque de risa-llanto histérico), cuando para las nueve debería haber estado cenando tranquilamente.
Creí que sería una circunstancia negativa puntual, peeeeeeeero...
NO
El Miércoles, después de quedar con mis amigas, la llevé de vuelta a casa porque no se había traído el coche. ¿Y qué pasó, con ella de nuevo de copiloto, de noche y bajo una lluvia bastante molesta?
Que las marchas no entraron bien, se me atrancaron unas cuantas veces.
Que me metí en dirección prohibida (y el día de antes esa señal NO ESTABA AHÍ, lo prometo y lo reprometo, ¡si es el camino que siempre cojo para ir a la Universidad!).
Que entorpecí el tráfico, claro, intentando salir del atolladero y sin ver nada por el agua que caía.
Que intenté adelantar a un coche que parecía parado en medio de la nada y era una fila de coches larguísima y me quedé ahí, parada.
Un horror.
Así que está claro, el Universo ha sido rotundo y contundente en sus señales: LGdC no se vuelve a montar en mi coche por nada del mundo. El 100% de las veces que lo ha hecho, he acabado metiendo una gran y enorme pezuña automovilística.
Decidido: tiene un veto mientras yo conduzca. Mi autoestima al volante depende de ello...
P.D.: LGdC quiere decir "La Gafe del Coche", por razones obvias.
Es definitivo: la chica es gafe cuando se monta conmigo.
Vale que yo soy novata con el coche y todo eso, pero es que sólo me pasa cuando la llevo de copiloto.
¿Casualidad?
¿Coincidencia?
Más bien evidencia.
La primera vez que fuimos juntas conduciendo yo fue una aventura. Fuimos a la gran city a ver a una amiga común que acababa de dar a luz. Dejamos el coche en las afueras y fuimos al hospital en taxi porque no me atrevía a adentrarme en la jungla, así que por eso la cosa fue más o menos bien.
El problema vino cuando nos volvimos a casa. En teoría, todo era muy fácil: tomar la salida y en un plis aparecías en la autovía directa a nuestro destino. Pero en algún momento algo se torció, no vimos ningún cartel (ni ella ni yo, pero es que yo iba como los burros sólo mirando al frente y en teoría su misión era la de sustituir al GPS y decirme por dónde salir) y el caso es que cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en una carretera desconocida camino de no se sabe dónde. De noche y metidas hasta las trancas en un pueblo levantado por las obras, sin ningún indicador de qué dirección debíamos tomar...
Baste decir que llegué cerca de las once a casa (con una ataque de risa-llanto histérico), cuando para las nueve debería haber estado cenando tranquilamente.
Creí que sería una circunstancia negativa puntual, peeeeeeeero...
NO
El Miércoles, después de quedar con mis amigas, la llevé de vuelta a casa porque no se había traído el coche. ¿Y qué pasó, con ella de nuevo de copiloto, de noche y bajo una lluvia bastante molesta?
Que las marchas no entraron bien, se me atrancaron unas cuantas veces.
Que me metí en dirección prohibida (y el día de antes esa señal NO ESTABA AHÍ, lo prometo y lo reprometo, ¡si es el camino que siempre cojo para ir a la Universidad!).
Que entorpecí el tráfico, claro, intentando salir del atolladero y sin ver nada por el agua que caía.
Que intenté adelantar a un coche que parecía parado en medio de la nada y era una fila de coches larguísima y me quedé ahí, parada.
Un horror.
Así que está claro, el Universo ha sido rotundo y contundente en sus señales: LGdC no se vuelve a montar en mi coche por nada del mundo. El 100% de las veces que lo ha hecho, he acabado metiendo una gran y enorme pezuña automovilística.
Decidido: tiene un veto mientras yo conduzca. Mi autoestima al volante depende de ello...
P.D.: LGdC quiere decir "La Gafe del Coche", por razones obvias.
mi pobre LGdC!!! y no será el color de pantalones que lleváis las dos??? o la canción que suena??? o la sucesión de colores de coches que os adelantan????
ResponderSuprimirdale una oportunidad a la pobre ...
Pobre mujer, ya la tienes estigmatizada de por vida....
ResponderSuprimirP.D. Me he leído los libros de adicta a las compras y son divertidísimos, lo que me he podido reir con ellos
ResponderSuprimirPobrecillaaa!!! Pero lo que tienes que hacer es todo lo contrario... llévala en el coche más veces para comprobar si es cierto (que es gafecilla en tu coche) o si es sólo una casualidad.
ResponderSuprimirUn besitooo
Uf, no sé, no sé... Yo también tengo un amigo que cada vez que monta en mi coche, acabamos llevándonos un susto.
ResponderSuprimirA lo que también se une que hay días en que estoy tan despistado que puedo ir a trabajar en zapatillas.
Sí. Fue verdad.
Muchos besazos!