17 diciembre 2008

¡Gracias, Universo!

Ayer Martes volví a clase de prácticas, con la cabeza un poquito gacha. La semana pasada realmente no me apetecía NADA ir a clase, porque tenía otros temas en la cabeza y la perspectiva de coger el coche para estar una hora torturada en una clase donde no me iba a enterar de nada era superior a mí. Así que le escribí un e-mail a mi profesor para decirle que estaba malita (me dolía la cabeza, así que...), que no me atrevía a coger el coche (había placas de hielo en la carretera y no era plan...) y que no iría a clase.

El hombre me dijo que no pasaba nada, que ya la recuperaría esta semana.

Así que ayer volví a clase como una campeona. El profesor me preguntó cómo estaba... Le dije que un poco mejor y me callé que un poco avergonzada por haberle engañado. Me dijo que no me había puesto falta, y me conmovió un poco. Por eso me autoprometí no volverle a engañar... Como un propósito de Año Nuevo, pero adelantado al tiempo real.

Y después empezó a preguntar a la clase que cómo íbamos con la práctica. Me entró el pánico. Ni me acordaba de cuántas partes tenía. Lo que sí tenía MUY presente es que ni la había empezado.

El ordenador estaba arrancando y no podía abrir el guión para echarle al menos un vistazo. Maldita tecnología, ahora tener todos los apuntes en PDF resuelta que no es tan guay como puede parecer...

Los corderillos a los que preguntó antes que a mí fueron sinceros. Por el ejercicio 2, dijeron. El profesor se mosqueó un poco y su enfado iba en aumento fila a fila...

Por fin llegó a mí. Me miró con esos ojos comprensivos que me gritaban: ¡no me defraudes!, a la par que insinuaban que como fuera muy atrasada me iba a caer una buena.

Así que mis angelicales propósitos se fueron a tomar por cool cuando afirmé: ¡Por el ejercicio 4!

Me dije que si era como la anterior, que tenía ocho ejercicios, si realmente fuera por el cuarto no estaría destacablemente bien, pero pasaría el mal trago.

Entonces el profesor cabeceó gratamente sorprendido, no dijo nada y siguió su ronda.

Y yo me puse a trabajar, para ver por dónde iba supuestamente según mi rotunda afirmación, y cuánto me costaría cambiar mi pequeña mentirijilla por una verdad como un piano. Había 5 ejercicios en total. Vaya. Se supone que ya debería estar casi terminando. Quizá había exagerado un poquito.

Rezando para que no quisiera ver mis fabulosos progresos, abrí quince programas y finjí estar muy concentrada en lo que estaba haciendo...

...que no era otra cosa que descubrir en el disco duro los cuatro ejercicios anteriores que supuestamente había hecho yo. Y encima, bien hechos.

No me lo podía creer. ¿Desde cuando el Universo premia a los mentirosos?

Pues no lo sé, pero por esta vez, ¡muchas gracias!

Vuelvo a prometer no mentirle más.

6 comentarios:

  1. Wowww!!! Enhorabuenaaa!!!

    Me alegro de que te saliera bien la jugada, pero haces bien en no confiarte... nunca se sabe!!

    Un besoteee
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  2. Ah sido una mentira piadosa! Hiciste muy bien. Ahora simplemente ponte al día, y ya está :)
    Y recuerda: los propósitos de año nuevo se inventaron para ser incumplidos.
    Un beso muy muy grande
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  3. bueno ... no pasa nada ... mentiras de ese tipo no son casi ni mentiras ...

    cuando decides estudiar, también puedes decidir darte un respiro, que aunquen no tengas fiebre te puedes encontrar fatal y quieres estar tirado en el sofá y punto ...

    inner, ya estás haciendo los ejercicios, porque como en una de estas te salte un ¿a ver? ... muerta sanchez que te quedas

    ;)
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  4. uyyyy qué suerte has tenido! ahora a hacer todos los ejercicios y que se sorprenda gratamente con el resultado :)
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  5. Jajaja, vaya suerte!!

    Así será mucho más difícil que puedas mantener ese buen propósito ...
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  6. Jejeje, ¿habías pisado una caca?
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