Hoy volví a pedirme el día libre. Otro Lunes. Realmente no me hacía falta, simplemente quería descansar. Librarme de las tareas de los Lunes y descansar. Sólo quedarme en casa. No hubo inconvenientes: aún me quedan días por pedirme.
Me dije a mí misma que aprovecharía el día, porque siempre ando renegando de que no tengo tiempo: iría al gimnasio (que lo tengo muy abandonado), me pasaría por el banco a arreglar unos temas, también saldría a hacer algunas cosillas que tengo pendientes desde nisesabe...
Al final, obviamente, no he hecho nada de nada. Claro. Me quedé en la cama ignorando el despertador y mirando la luz grisácea que se colaba por la ventana. A pesar del sueño reparador y del hecho de no tener que madrugar, seguía un poquito triste por lo que pasó anoche... Sentí la resaca emocional, el regusto amargo que te queda después del llanto. Aunque poco a poco me sentí mejor, aspirando su olor que se había quedado impregnado en las sábanas. Y en mis mejillas. Salí de la cama con una sonrisa, aunque sin demasiadas energías. Por lo menos, ya estaba tranquila.
Después pasé el resto del día en pijama, sin salir de casa, echando por tierra mis buenísimas intenciones que una vez más se quedaron en una lista mental. Estuve cacharreando por Internet, estudiando un rato por la tarde (lo único productivo), y poco más. Descansando y disfrutando de estar en casa. Me dije a mí misma que salir de casa eran ganas de comprar papeletas para un resfriado o un dolor de garganta, así mi conciencia no me torturó mucho más. Al final, creo que yo misma me convencí de que me lo había merecido... Aunque no fuera cierto.
Me dije a mí misma que aprovecharía el día, porque siempre ando renegando de que no tengo tiempo: iría al gimnasio (que lo tengo muy abandonado), me pasaría por el banco a arreglar unos temas, también saldría a hacer algunas cosillas que tengo pendientes desde nisesabe...
Al final, obviamente, no he hecho nada de nada. Claro. Me quedé en la cama ignorando el despertador y mirando la luz grisácea que se colaba por la ventana. A pesar del sueño reparador y del hecho de no tener que madrugar, seguía un poquito triste por lo que pasó anoche... Sentí la resaca emocional, el regusto amargo que te queda después del llanto. Aunque poco a poco me sentí mejor, aspirando su olor que se había quedado impregnado en las sábanas. Y en mis mejillas. Salí de la cama con una sonrisa, aunque sin demasiadas energías. Por lo menos, ya estaba tranquila.
Después pasé el resto del día en pijama, sin salir de casa, echando por tierra mis buenísimas intenciones que una vez más se quedaron en una lista mental. Estuve cacharreando por Internet, estudiando un rato por la tarde (lo único productivo), y poco más. Descansando y disfrutando de estar en casa. Me dije a mí misma que salir de casa eran ganas de comprar papeletas para un resfriado o un dolor de garganta, así mi conciencia no me torturó mucho más. Al final, creo que yo misma me convencí de que me lo había merecido... Aunque no fuera cierto.
3 comentarios: