Nunca hasta el momento me habían llamado la atención los zapatos. De echo, era algo que me parecía más bien absurdo, y que no le encontraba sentido. A Carrie Bradshaw siempre la había tenido como un poco lerda por su devoción a los zapatos; aunque afortunadamente, mi recién adquirida manía no va en esa línea ni tiene tanta fuerza. Aún, y digo aún, no me gasto 400 dólares en un par de zapatos y Jimmy Choo me da absolutamente igual.
Lo descubrí la semana pasada cuando me sorprendí a mí misma examinando detenidamente el calzado de la gente que iba en el metro, sobre todo el de las mujeres. Me sentí un poco cazatendencias, en plan "¿qué se lleva ahora?". O-M-G, cómo cambian las cosas... En fin, sólo hay que aceptarlo con un encogimiento de hombros y continuar tu vida con esa nueva
El caso es que esta mirada baja rastreando el suelo buscaba modelos bonitos y cómodos, y eso último en mi percepción de este mundo, pasa por zapatos planos, pero me di cuenta para mi sorpresa de que no abundan precisamente. Me da un poco de yuyu pensar en las chicas/mujeres que van subidas a tacones (¡y sobre todo los finos!) y suben y bajan en el metro, escaleras mecánicas, volver a subir, a bajar, a andar, a corretear... Uffff, qué tortura. Yo no soy capaz de torturarme. Al menos, ahora...
Por eso siempre busco un calzado extracómodo, y gracias a mi nueva manía, ahora también tiene que ser ultrabonito. Si sumamos los prefijos extra+ultra, el resutado es megacaro (para mí, claro, que soy una mileuristahipotecada), así que hay que aprovechar las rebajas para agenciarme un par de modelos bonitos. Es decir: dejar de babear delante de los escaparates de las zapaterías (donde antes NUNCA me paraba) y entrar en busca de ESE modelo en ESTA talla y en AQUEL color.¿Cuál es el motivo de este cambio? ¿Será la edad? Nooooooo. Es decir: no creo. La verdad es que tengo que confesar que cuando utilizo mis escasos zapatos o botas con tacón (no muy alto y siempre más bien ancho) me siento más sexy. Me encanta el ruido de los tacones cuando camino, me da confianza y seguridad. El problema es que las ocasiones en las que utilizo este tipo de calzado se va reduciendo cada vez más, porque ya no aguanto estar mucho tiempo con ellos puestos sin que me duelan los pies. Así que ahora compenso: menos tacón (o sea: más comodidad), modelos más cuidados e igual de sexy (y más pobre).








