31 enero 2008

THESE SHOES ARE MADE FOR WALKING

Últimamente me he dado cuenta de que tengo una nueva obsesión a añadir a mi lista de obsesiones, que ya empieza a ser un poco larga. Los zapatos.

Nunca hasta el momento me habían llamado la atención los zapatos. De echo, era algo que me parecía más bien absurdo, y que no le encontraba sentido. A Carrie Bradshaw siempre la había tenido como un poco lerda por su devoción a los zapatos; aunque afortunadamente, mi recién adquirida manía no va en esa línea ni tiene tanta fuerza. Aún, y digo aún, no me gasto 400 dólares en un par de zapatos y Jimmy Choo me da absolutamente igual.

Lo descubrí la semana pasada cuando me sorprendí a mí misma examinando detenidamente el calzado de la gente que iba en el metro, sobre todo el de las mujeres. Me sentí un poco cazatendencias, en plan "¿qué se lleva ahora?". O-M-G, cómo cambian las cosas... En fin, sólo hay que aceptarlo con un encogimiento de hombros y continuar tu vida con esa nueva manía faceta a tus espaldas.

El caso es que esta mirada baja rastreando el suelo buscaba modelos bonitos y cómodos, y eso último en mi percepción de este mundo, pasa por zapatos planos, pero me di cuenta para mi sorpresa de que no abundan precisamente. Me da un poco de yuyu pensar en las chicas/mujeres que van subidas a tacones (¡y sobre todo los finos!) y suben y bajan en el metro, escaleras mecánicas, volver a subir, a bajar, a andar, a corretear... Uffff, qué tortura. Yo no soy capaz de torturarme. Al menos, ahora...

Por eso siempre busco un calzado extracómodo, y gracias a mi nueva manía, ahora también tiene que ser ultrabonito. Si sumamos los prefijos extra+ultra, el resutado es megacaro (para mí, claro, que soy una mileuristahipotecada), así que hay que aprovechar las rebajas para agenciarme un par de modelos bonitos. Es decir: dejar de babear delante de los escaparates de las zapaterías (donde antes NUNCA me paraba) y entrar en busca de ESE modelo en ESTA talla y en AQUEL color.

¿Cuál es el motivo de este cambio? ¿Será la edad? Nooooooo. Es decir: no creo. La verdad es que tengo que confesar que cuando utilizo mis escasos zapatos o botas con tacón (no muy alto y siempre más bien ancho) me siento más sexy. Me encanta el ruido de los tacones cuando camino, me da confianza y seguridad. El problema es que las ocasiones en las que utilizo este tipo de calzado se va reduciendo cada vez más, porque ya no aguanto estar mucho tiempo con ellos puestos sin que me duelan los pies. Así que ahora compenso: menos tacón (o sea: más comodidad), modelos más cuidados e igual de sexy (y más pobre).

30 enero 2008

MAL PLAN

Estamos a Miércoles y ya estoy muy cansada. El balance es realmente malo, porque quedan dos días para el Viernes pero no tengo muchas espectativas de descansar este fin de semana.

Estudiar agota bastante. Sé que no debería quejarme porque no he corrido una marathón, pero estoy igual de cansada. La verdad es que cuando consigo sentarme y abrir los libros, me concentro y el caso es que el poco tiempo que me queda -las tardes- lo aprovecho bastante bien, y además me estoy enterando de la asignatura mucho mejor de lo que esperaba. Pero acabo rendida. Caigo en la cama, temprano por supuesto, y me duermo casi instantáneamente. Me levanto por la mañana con mucho sueño y el cuerpo me pesa un montón, y sólo me consuela pensar en una siesta; esa que no tengo porque cuando llego a casa después de ocho interminables horas y desconecto del curro, me conecto a las Matemáticas y así sucesivamente. Muy mal plan.

Lo que peor llevo es no ver en el horizonte cercano un día para descansar de verdad, para no hacer nada y (esto es MUY IMPORTANTE) no sentirme culpable. Pero mucho me temo que eso no va a pasar hasta mediados de Febrero. O-M-G.

29 enero 2008

FINALMENTE UBICADA

De vuelta al trabajo. Aunque con una novedad...

El Miércoles pasado, en mis vacaciones, mientras iba por la Gran Vía camino de la FNAC, el móvil me empezó a vibrar en los bolsillos. Llamada entrante de... ¡S.J.! Me empezó a temblar la mano: automáticamente pensé que había pasado alguna catástrofe y que lo que me iba a encontrar nada más responder la llamada eran gritos o un tono frío y cortante o algo semejante...

Pero no. Quizá si el tono de S.J. era elevado era para que la oyera mejor, porque yo tenía bastante ruido de fondo, y que entendiera bien lo que me iba a decir: la chica a la que estaba sustituyendo, la de la baja médica prolongada, la que me estuvo poniendo de los nervios durante más de dos semanas, ESA... había renunciado a su puesto.

Me quedé clavada en medio de un paso a peatones.

¿Qué?

Pues eso. Que la chica, el mismísimo Martes (es decir: su segundo día en su puesto sin tenerme a mí al lado), había dicho que estaba harta, que no podía más con la presión, que todo el trabajo la superaba, que estaba tomando pastillas para dormir, y que había decidido que lo primero era su salud y que renunciaba al puesto. Toma ya.

A cuadros escoceses me dejó la noticia.

S.J. seguía parloteando, diciendo que le había sorprendido mucho la noticia (ya, sí, bueno, habría que ver los correítos que le mandaría a la pobre muchacha), pero que en realidad le hacía un favor porque le ahorraba el trabajo de destituirla ella (eso, sí, que se note la confianza que tenía en ella), y que me llamaba para preguntarme que qué me parecería volver a ese puesto ahora que se quedaba libre.

Ese último punto es altamente inusual en la empresa en la que trabajo, puesto que si S.J. dice: "te quedas allí", pues yo me quedo y me tengo que fastidiar porque lo pone en mi contrato. Así que la llamada de teléfono y la opción de escoger fue una deferencia hacia mí, al menos yo lo veo así. Por mi parte, le dije que efectivamente prefería quedarme en el puesto vacante si me respetaba el turno, y me confirmó que sí. Luego pensé que no hubiera estado demasiado bien que declinara la oferta (sí, en esta empresa son así de raros), por lo que finalmente tengo lo que quiero y todos hemos quedado bien con todos.

¿Y qué va a pasar con la chica? Pues vuelve a su antiguo puesto, jerárquicamente por debajo de mí. Ella dice que está muy contenta, que ha sido una liberación... y que lo llevaba pensando desde antes de su baja médica. ¿O sea, lo sabía desde hace ocho meses? ¿Y por qué lo dice ahora? No lo entiendo. Supongo que se habrá querido dar una oportunidad pero finalmente ha visto que no es capaz de hacerlo. Sólo me imagino qué hubiera sido de ella si estuviera en mi antiguo proyecto... Se daba de baja indefinidamente, seguro.

Así que ayer fue mi primer día otra vez, pero fue algo diferente puesto que ahora soy "dueña" de ese puesto. Antes me sentía un poco como "la invitada", y lo cierto es que aunque no me corté en decir lo que pienso en ningún momento, sí que me sentía algo desubicada y por eso no innové o puse en marcha ciertos protocolos en este servicio. Ahora, tras la comunicación oficial, quizá sí que enfoque mi trabajo desde otra perspectiva. De momento, mi primer día fue como otro cualquiera: me dediqué la mayor parte del tiempo en ponerme al día de lo que había pasado esta semana en el servicio del que me desconecté totalmente incluso haciendo limpieza de correos.

Sinceramente, encuentro muy positivo este paso, que en la práctica consiste en que todo queda igual que los últimos meses, pero hay una diferencia, que es la estabilidad. Ya sé cuál es mi sitio definitivo y eso hace que me sienta mejor...

28 enero 2008

NEURONAS DESAPARECIENDO

Menuda tarde que pasé ayer...

Después de las vacaciones de la semana pasada, que me supieron a más bien poco, el fin de semana pensé en echar el freno e irme adaptando de nuevo a mi vida diaria. Así que lo pasé en casa y en pijama, sin salir. Realmente me apetecía quedarme en casa, sí.

Mi vida diaria consistirá de ahora en adelante, básicamente en trabajar y estudiar y poco más. Un planazo, pero qué se le va a hacer: es la fecha. Después del merecido parón de las vacaciones (hace varios años que mis vacaciones ya no las dicta la Universidad), el Sábado fue de relax/transición y el Domingo me dio por ponerme a estudiar...

...y claro, me desesperé.

Mucho.

Muchísimo.

Porque tengo el cerebro atrofiado. Está claro. Soy consciente de eso. Me cuesta bastante seguir las explicaciones y demostraciones del maldito libro, me atasco, tengo que volver atrás, los conceptos me suenan muy lejanos y siento que tardo el doble de tiempo en comprender algo que un par de años atrás lo habría captado a la primera. Sí, hay una gran diferencia entre el "ahora" y el "cuando iba a clase". Mi agilidad mental ha desaparecido. Noto que tengo más dificultades a la hora de asimilar conceptos y de seguir un hilo que antes.

Supongo que es normal, que antes tenía la cabeza sólo en esto y ahora la tengo en mil cosas más. Pero no puedo evitar sentirme más tonta. Quiero creer que es cuestión de tiempo. Me repito a mí misma que en cuanto esta semana coja el ritmo de estudiar varias horas diarias de cara a los exámenes de Febrero la cosa cambiará, de nuevo tendré esta dinámica en la cabeza y todo será más fácil, porque en realidad siempre ha sido así. Pero no estoy segura. Me desespero con más facilidad ahora que antes, porque sé que tengo menos tiempo y creo que tengo menos capacidad.

Tampoco ayuda nada estar estudiando una asignatura que tengo atascada desde el principio de los tiempos. No me gusta nada, los apuntes son un lío y apenas he ido a clase este cuatrimestre por el tema de los horarios. Encima veo los conceptos tan abstractos y tan poco aplicables a la vida real que no puedo echar mano de la lógica que me ha ayudado tanto en otras asignaturas. Así que cuando ayer paraba para descansar un rato, sentía que no me había cundido nada el tiempo, que no lo estaba aprovechando y me enfadé conmigo misma por no ser capaz de despertar mis neuronas.

Apenas avancé en mi magnífico planning confeccionado para rendir al máximo los días que me quedan para el examen, por lo que tuve la sensación de que ya desde el primer día iba retrasada y claro, no es nada positivo. Sacudir la cabeza para alejar los malos pensamientos no funciona. Ni siquiera un zumo de naranja recién exprimido que te traen para animarte. Ni la música que normalmente te llena de positivismo. Sólo te anima ser capaz de hacer un maldito problema tú sola y que la solución además esté bien, claro; y lamentablemente esa situación sólo se dió dos veces en toda la tarde de ayer...

Así que por esa parte estoy un poco alicaída, pero espero que durante esta semana mi cerebro se vaya espabilando poco a poco y que mi ánimo mejore algo en este aspecto, porque además es algo muy importante: estudiar con buen ánimo. Si no, abrir los libros será una pesadilla, y eso NO es una opción.

EL RESUMEN DE MIS VACACIONES

Porque una imagen vale más que mil palabras, éste es el resumen de mis vacaciones, que han sido cortas pero que he dedicado a hacer las cosas que me gustan, a ir a sitios a los que normalmente no puedo ir y donde estoy muy a gusto, a darme los caprichos que no puedo durante la semana, a mimarme, a descubrir rincones que pasan a estar en mi lista de must, y a disfrutar de mi tiempo libre. Han sido unos días L'Oreal, ¡porque yo lo valgo!

27 enero 2008

VANTAGE POINT

Tarde de Domingo, después de comer. Estaba tumbada en el sofá, perreando y buscando cualquier excusa para no tener que levantarme e irme a la habitación a estudiar. Por eso tenía el mando a distancia en la mano, y apretaba los botones de forma un tanto compulsiva. Me prometí solemnemente (como llevo haciendo toda mi vida que yo recuerde): "después de los anuncios apago la tele y me voy".

Y como siempre me pasa, el último anuncio me dejó pegada a la pantalla. Más que un anuncio, era el tráiler de una película: VANTAGE POINT. La traducción al castellano es, como suele ocurrir, muy socorrida: "En El Punto de Mira". Lo que primero me llamó la atención es que esta película estadounidense está ambientada en Salamanca, sí, en España. Por lo demás, tiene pinta de ser la típica "americanada", que por lo menos a mí me gusta ver de vez en cuando, sí, lo admito.

En el reparto destacan Dennis Quaid, Matthew Fox (oh, cuánto lo echo de menos, pero ya queda poco para el 31 de Enero) y Eduardo Noriega, por lo que esos tres motivos ya son más que suficientes para tenerme delante de la pantalla. Ah, sí, bueno, y luego estaban por ahí Sigourney Weaver y Forest Whitaker, pero eso no es relevante. Visitando la página web oficial, el estreno en España será el próximo 29 de Febrero, por lo que aún hay que esperar más de un mes, pero ya vamos abriendo boca con el tráiler. Del argumento me espero más bien poco, y sólo espero que al menos nuestro país no salga tan mal parado como en la novela de Dan Brown... ¿Qué os parece?


Me encanta la frase: "lo bueno de la arrogancia americana es que no se imaginan un mundo en el que no estén en una situación de ventaja".

22 enero 2008

22 DE ENERO

¡¡Hoy ha sido mi cumple!!

Aún estoy en esa edad en la que me gusta cumplir años. Más exactamente, lo que me gusta es que sea el día de mi cumpleaños. Llevo celebrándolo casi desde el Domingo, que con mi familia soplé las famosas velas... ¡Cuatro ni más ni menos! ¿Y cómo es posible? Pues es lo que tiene andar faltos de velas y ver demasiado Cifras y Letras. Con un 8, un 4, un 1 (en realidad era un 7 un poco mermado), un 5 y unas cuentas, se compuso mi actual edad que me costará unas semanas reconocer como mía...

Para celebrarlo, lo primero fue autorregalarme unas vacaciones. La semana que me quedaba del 2007. Un Martes sin tener que madrugar... desperdiciado, porque esta mañana abrí los ojos como si tuviera que ir a trabajar y luego no me podía dormir. Luego un desayuno tranquilo, muy distinto del vaso de Cola-Cao que me preparo y bebo en dos minutos en "días laborables", con tostadas sanotas rescatadas de la dieta mediterránea. Después, un día tranquilo, sin obligaciones (mejor dicho: con las obligaciones en stand-by porque realmente no han desaparecido). Nos dimos el capricho de comer fuera, en un restaurante italiano (me encanta la comida italiana) y tuvimos la primera sobremesa de entre semana sin tener que volver al trabajo o levantarse a recoger, toda una novedad. Volvimos a casa y puede que me quedara dormidita unos minutos antes de darme una sesión de peluquería, otro de mis placeres favoritos. Mmmmm... Y todo el día disfrutando de las felicitaciones que me han llegado. Un buen día. De hecho, un día GENIAL.

Y mañana haremos la escapada que es mi regalo de cumpleaños...

21 enero 2008

THE FLOWER POWER

Me encanta el olor a flores que hay en mi salón gracias a este enorme centro de mesa, un regalo adelantado de cumpleaños. Me ha encantado la sorpresa, me gustan las flores y adoro el aroma que se respira en toda la casa. Mmmmm...

19 enero 2008

LLAMADOR DE ÁNGELES

Ayer me dieron un regalillo adelantado por mi cumpleaños. Como me voy de vacaciones, pues me encontré con un paquetito pequeñito encima del teclado de mi ordenador. Imagino que era un regalo también de "despedida", de mis compañeras de despacho.

Al primer vistazo ya sabía lo que era y me hizo muchísima ilusión porque es algo que me encanta. Un Llamador de Ángeles. ¿Qué es eso? Pues eso es un colgante: una bolita de plata con otra pequeña dentro, como un cascabel pero sin abertura. Al moverse, la bolita suena un poco, un leve tintineo, y es un sonido muy relajante. Tremendamente relajante.

Se llama Llamador de Ángeles, porque por lo visto en algunas tradiciones el sonido que emite evoca a tu Ángel de la Guarda. Yo no soy nada creyente, pero lo que sí sé es que ese sonido me tranquiliza y me relaja mucho. Ahora se han puesto bastante de moda (aunque yo sólo había visto uno antes y me había quedado prendada de ese sonido), así que imagino que los veré -y oiré- hasta en la sopa, pero no me importa. El mío me gusta mucho, me ha hecho mucha ilusión y espero que me ayude a relajarme de verdad...

18 enero 2008

EL FIN DE UNA ERA

Hoy se ha acabado, no sé si decir por fin, una etapa en mi trabajo que ha durado casi siete meses.

Para Julio me cambiaron de proyecto para cubrir la baja médica de mi homóloga (¡como los ministros!), mientras duraran las vacaciones de verano de su jefa. Ahí me soltaron, con apenas formación en un servicio totalmente nuevo para mí. En ocho días tuve que ser prácticamente autodidacta, y a las dos semanas -apenas diez días laborables, vamos- me dejaron sola al frente de todo. Me defendí como gato-panza-arriba (¡me encanta esa expresión!) y no lo hice mal del todo. Incluso se me felicitó por escrito desde las muy altas esferas, algo que no ha pasado nunca en esta empresa. Fue algo que me pilló por sorpresa, no sólo por lo inédito de la situación, sino porque era un servicio que no me gustaba nada y al parecer no se me notaba en mi trabajo. Disimulé muy bien.

Porque pasé unos meses malos, esa es la verdad. Para compensarme por el cambio (porque NADIE me quitaba de la cabeza que era una degradación, a pesar de que mi ex-jefe me decía que no, que en realidad era bueno porque se veía que confiaban en mí y encima me hacía más versátil), se acabaron las rotaciones y me pusieron en el turno fijo de mañana que era el que quería, excepto cuando mi jefa se iba de vacaciones que me tocaba de partido. Luego vino la compensación económica en los incentivos, que me los subieron algo.

Para entonces yo ya me había resignado y había conseguido imprimirle a este proyecto el ritmo que tenía y tiene el mío original, lo que se traducía en que todo iba sobre ruedas y al día. Acabé con algún que otro caos que había y empecé a sentirme algo mejor. S.J. no paraba de decirme lo contentísima que estaba (dentro de lo que se expresa esta mujer en términos positivos), pero seguí desconfiando. Sobre todo cuando llegó Septiembre, se acabaron las vacaciones de verano y yo no volví a mi servicio.

Empecé a sondear a mi ex-jefe por si tenía más información sobre mi situación futura, ya que nadie se dignaba a decirme qué iba a pasar conmigo. Decía que no, pero movía la cabeza y yo leía en sus ojos que el cambio iba a ser definitivo. Me lo tomé mal, porque seguía sin gustarme nada.

Pero a la cuarta noche de insomnio, me dí de bofetones y pensé que no estaba tan mal: ahora tenía el horario que quería, todo iba tan controlado que en ocho horas de trabajo había momentos en los que no tenía nada que hacer, S.J. me trataba muy bien, cobraba algo más que en otro proyecto, mis resultados en el nuevo servicio eran buenos, con mi jefa había muy buen rollo y era capaz de desconectar totalmente al acabar mi jornada. No tenía nada de eso en mi otro servicio (excepto el trato con mi ex-jefe, claro). ¿Por qué lo echaba tanto de menos entonces? En este en realidad estaba bastante bien...

Después de ese análisis, me sentí mucho mejor, sí, y no me disgustó la idea de quedarme en ese servicio definitivamente, porque al fin y al cabo esa era la pinta que tenía: que no volvería a mi antiguo proyecto.

Pero la chica cuya baja estaba cubriendo vió peligrar su puesto porque todos nos habíamos dado cuenta de que le estaba echando un poco de morro al asunto (mucho, de hecho). Por fin pidió el alta médica, seguida de las vacaciones que le faltaban por disfrutar (encima), así que no volvió hasta el día 3 de Enero. Su incorporación suponía que ahora sí que volvería a mi antiguo proyecto, y aunque en un momento dado S.J. me insinuó que podía "elegir" quedarme donde estaba, preferí no decir nada por mi parte porque tampoco lo ví muy claro.

Los días de su "puesta al día" para mí fueron complicados porque ella me ralentizaba mucho mi ritmo de trabajo, y yo no destaco por mi paciencia precisamente. Además, mi jefa volvió a irse de vacaciones, por lo que me quedé al frente del servicio otra vez y con la chica formándose, con lo cual en lugar de ayudarme sentí que se me multiplicaba el trabajo. Vamos, que hubiera preferido mil veces haber estado sola. S.J. encima no hacía más que presionar, y pasé unos días muy malos, trabajando casi el doble, lidiando para que la chica no se agobiara pero rindiera como cabría esperar y saliendo muy tarde de trabajar, exhausta y sin ganas ni fuerzas de hacer nada más, dejando de lado otras cosas como el gimnasio, estudiar y mi vida social (la poca que me queda).

Estos tres últimos días todo ha sido algo mejor, porque mi jefa ha vuelto de las vacaciones y de repente parece que la chica ha espabilado de golpe. Como el trabajo que hay es sólo para una de nosotras (no hay más volumen, estando bien organizado todo), le he ido dejando hacer las cosas para que se habitúe, quedándome yo a resolver sus dudas y ha hacer lo poco que podía, con lo cual me ha dado tiempo a "descansar" algo.

Y hoy ha sido mi último día. Me he sorprendido a mí misma porque me da algo de pena dejar este servicio, así que envié un correo de despedida al que hasta ahora era mi equipo. Me ha sorprendido ver las reacciones, porque no esperaba que hubiera ninguna, y han sido positivas en el sentido de que me aprecian más de lo que yo pensaba. De hecho, la respuesta más vehemente ha llegado de la persona que menos me esperaba. Parece que me van a echar de menos...

También era mi último día antes de mis vacaciones, esas que apenas he planeado por falta de tiempo, pero que tengo claro que me voy a hacer una escapada que me sirva para hacer borrón y cuenta nueva en mi mente en cuestiones laborales. Voy a intentar no preocuparme de nada de esto hasta que no llegue el siguiente Lunes, y ahí ya empezaré a adaptarme otra vez, que es lo único que hago últimamente...

16 enero 2008

DESAFÍO BETA

Hago un alto en mi semana de locos. Es decir, piso el freno a fondo y hago chirriar las ruedas para detenerme aquí un momentillo y contaros que me he apuntado al...

Desafío BETA

¿Qué es esto?

Pues muy sencillo.

Soy una persona que, como tantas otras, a la hora de comerse las uvas estas Navidades, hizo mentalmente su lista de buenos propósitos. Una lista bastante amplia y ambiciosa, la verdad, PERO que como todas seguramente acabará maltrecha y sin un sólo tick de "¡hecho!" cuando al final de año veamos si hemos sido buenas personas o más bien no.

Pero para esto los chicos de PlutónVerbenero están ahí.

Para que consigas tu desafío.

Para que autocumplas lo que te autoprometes.

Para que no flaquees.

Para que, en mi caso concreto, me saque el carnet de conducir de una puñetera vez.

Vamos, que van a ser los Cobradores del Frac de mi conciencia, me mirarán por encima del hombro a ver si hago test, me perseguirán con un libro de autoescuela en ristre y cosas así (supongo).

De todas formas, el estado de mi propósito es muy lamentable y no sé yo si van a poder hacer que me duela en el alma los 200 euros que llevo invertidos en la matrícula de la autoescuela, a esa a la que he ido dos veces hasta que me dí cuenta que no soporto a la profesora y por ello decidí prepararme el teórico en casa... Pero como mi caso es desesperado, opto por pedir toda la ayuda posible para que a 31 de Diciembre de 2008 haya un nuevo peligro en la carretera: YO.

13 enero 2008

22 HORAS FAMILIARES

De vuelta a casa, a las ocho de la tarde, siento que se me ha escapado el fin de semana, y que la mitad de mi tiempo me lo he pasado metida en un autobús (pero al menos NO comprando un billete de autobús).

Ir a casa de mis abuelos en fin de semana en transporte público me supone que sólo esté allí 22 horas (y durmiendo se va algo más de un tercio). Supongo que me podría organizar mejor, seguramente, pero cuando los Viernes salgo del trabajo, necesito estar tiempo en casa, así que retraso la salida al Sábado, y así poco más se puede hacer.

Al menos, he aprovechado el tiempo para estar con mi madre, que está tristona desde que se cayó y se destrozó la muñeca derecha. Está mucho mejor, pero aún sigue algo deprimida; espero que mi corta visita le haya servido de algo. Tenía pensado que fuéramos el Sábado por la tarde a dar una vueltecilla ella y yo, para que saliera un poco, le diera el aire, y sobre todo descansara de mis abuelos que falta le hace. Cuando se lo propuse, no dijo que no PERO me puso carilla de pena, y entonces le dije que no saldríamos, que no pasaba nada. Simplemente quería hacerlo por ella, pero si no le apetecía, estaba todo dicho. Así que nos quedamos en casa.

Se sentó en unos de los sillones con la mano escayolada descansando en un cojín. Como no puede hacer nada de lo que le gusta, pues se aburre bastante sobre todo por las tardes, y no sé qué hacer por ella. Le propuse que se viniera unos días, pero dijo que no, que prefería quedarse. Supongo que es mejor, ahí al menos no se pasaría un mínimo de ocho horas sola cuando me fuera a trabajar. Además, allí se apaña mejor, porque en mi casa siempre parece un poco perdida...

Al final nos pusimos a jugar al parchís mi madre, mi abuela y yo, mientra mi abuelo dormitaba en su sillón o renegaba, a ratos. Me mordí la lengua no sé cuántas veces cuando le daba por soltar alguna fresca, pero lo dejé estar, como casi siempre hago por no armar un conflicto(admito que es lo mejor, aunque me cueste, y también me doy cuenta que mi madre y mi abuela son unas benditas). Nosotras mientras nos lo pasamos muy bien con ese plan tan sencillito. Nos reimos un montón, y sobre todo, mi madre estuvo toda la tarde espabilada y distraída.

Esta mañana hemos estado las tres bromeando mientras ayudaba a hacer lo poco que quedaba que hacer por casa -menos mal que la asistenta esta semana se está portando bien-, y después de comer me he vuelto a casa con la maleta llena de comidas caseras que mi madre y mi abuela me han "escondido". Me las he comido a besos y me he prometido a mí misma que las voy a llamar todos los días, aunque la mayoría de las veces no tenga mucho que contarles... Pero me doy cuenta de que es algo a lo que yo no doy mucho valor pero que para ellas, resulta que es un mundo.

A veces, lo que menos te esperas es lo más importante, ¿verdad?

12 enero 2008

INTERNET Y LOS VIAJES

Internet es un gran invento. Realmente me parece genial poder comprar los billetes para un viaje desde mi estudio, a las once de la noche (o cuando me salga de las narices), tranquilamente, sin colas ni agobios por la hora.

Olvídate de la típica escena: luchas por mantener la dignidad mientras con una mano manejas una maleta que no sólo pesa como un muerto, sino que en clara contradicción de repente parece tener vida propia... y con la otra mano haces un juego malabar para abrir el bolso y sacar el monedero que está en el fondo del bolso después de palpar a ciegas absolutamente todos los cachivaches que llevas ahí MENOS el monedero. Tienes un ojo en tus pertenencias como te indica la megafonía estridente y un poco cascada, y el otro en el reloj enorme que cuelga encima de tu cabeza.

Te acercas al mostrador porque por fin es tu turno, después de ver cómo todas y cada una de las colas han avanzado menos la tuya (ay, las Leyes de Murphy). Gritas el destino a una pantalla de grueso cristal que te separa del empleado de turno. No te oye bien. Acerca la oreja al cristal en un gesto automático exactamente igual al de sus compañeros. Vuelves a gritar el destino vocalizando exageradamente con la vaga esperanza de que te entienda mejor. Finalmente ya sabe dónde vas. De nuevo la misma escena, esta vez para la hora del viaje. Pagas. ¿No tienes nada suelto? Pues no. Se levanta. Va a por cambio. Te dan ganas de decirle que se lo quede pero es que eres mileurista por un lado, y por otro no estimas que se lo haya ganado todavía.

Te desesperas.

Cambias tu peso de una pierna a otra.

Te apetece sentarte en la maleta.

Miras el reloj de la estación: queda muy poquito para que salga el autobús. Quien te ha atendido no tiene mucha prisa, parece. Miras el panel informativo. Tu viaje parpadea en rojo: va a salir ya. Buscas con la mirada al empleado que se ha llevado tu billete y tu dinero y lo ves hablando tranquilamente con otros compañeros. Parece ser que el hecho de que le hayas pedido un billete para dentro de cinco minutos no le afecta para nada. Seguramente estará pensando que podrías haber ido antes... Ya te gustaría a ti ir más relajada, pero es que resulta que te acabas de bajar de otro autobús y estás intentando enlazar y en la bonita teoría de las compañías de autobuses, tienes tiempo de sobra para sacar el billete. Tú sabes que no, y lo estás viviendo en tus propias carnes.

En el último segundo aparece el cambio, que coges con una mano con dificultad porque las monedillas se resbalan en ese endemoniado túnel entre el empleado de turno y tú. Agarras el billete, te lo pones en la boca porque aún no te ha salido una tercera mano de la nada y atraviesas la sala de espera como en una carrera de los 100 metros vallas. Menos mal que el que tenías detrás de ti en la cola te ha dado el impulso necesario: cuando cojes el billete, parece que te tienes que desintegrar inmediatamente y dejar paso, y así te lo recuerdan con un ligero pero firme empujón.

Sigues corriendo hacia los andenes. Con un poco de suerte tu maleta no se deja una rueda por el camino, ni atropellas a un inocente niño. Agradeces que por una vez se respete la regla no escrita de que los que no tienen prisa, a la derecha, y los que llevan la lengua fuera como tú pueden pasar por un pasillo a la izquierda.

Confías en que la compañía no haya decidido innovar y que tu autobús espere en el mismo andén de siempre. Te topas con un grupo de japoneses o mochileros, qué más da, pero que precisamente ahora tienen que estar entre tú y tu autobús. Los sorteas haciendo equilibrios.

Llegas al autobús. Rompes la cola para entrar y la gente te mira con mala cara porque piensa que te vas a colar cuando lo único que quieres es meter tu maleta en el portaequipajes. Te paras a ver dónde la colocas. Ten cuidado porque además hay otra como la tuya, así que más vale que la alejes y que luego te acuerdes cuál te pertenece. Al final la encajas como puedes en un hueco, pero tienes que mover alguna maleta. Sientes la mirada del dueño de la maleta que se te clava en la nuca porque te confunde con una de esas rateras de estación que las roba al tuntún y que se acaba llevando a casa la maleta de un estudiante llena de ropa sucia que lleva a su casa para que su madre la lave...

Por fin te pones a la cola, y veintisiete codazos después puedes darle al conductor el billete y subir al autobús donde empieza otra aventura. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.


Y no. Ahora, gracias a Internet, pones los datos: origen, destino, fecha de ida, fecha de vuelta si la hubiera. ¿Quiere usted elegir asiento? Por supuesto que sí: ventanilla, parte derecha del autobús, y en la zona delantera. Pues aquí tiene su billete, no olvide llevar el DNI, tenga el localizador por si hubiera algún problema. Le mandamos un mensaje al móvil con los datos del viaje. Ah, cómo no, por tener tarjeta con nosotros no le cobramos gastos de gestión y tiene usted 10 puntos más, canjeables por trayectos o regalos. Gracias.

Es decir, con cuatro click locos y un poco de traqueteo de impresora, tengo los billetes en mi poder y me ahorro el trajín antes mencionado. Sólo tengo que estar en la puerta del autobús un poco antes.

Adoro la tecnología...

11 enero 2008

LO QUE PASA

Siguiendo con el tema de ayer, hoy he recibido la llamada de S.J. a las nueve de la mañana en punto. En principio era para otra cosa, pero tres frases después ha salido el tema de mi compañera... Al menos no he tenido que hablar mucho, porque ella ya estaba al corriente de cómo estaban las cosas y que yo me paso los días subida por las paredes. ¿Que cómo lo sabía? Mi ex-jefe, con quien me vengo desahogando todos estos días, se lo ha contado todo, así que mira, un mal trago que me he ahorrado.

Efectivamente, le he dicho que el proceso de adaptación está yendo nada más que regular, por no decirl que fatal del todo. Ella de eso ya se había dado cuenta, claro, cómo no, y me ha soltado lo típico de "dale caña", porque, como me ha repetido unas diez veces en toda la conversación, "ahora estás al frente del servicio, eres su jefa y es tu obligación hacer presión porque encima no te está ayudando nada". Una verdad como un piano de grande. Pero también es cierto que:
a) Lleva relativamente poco tiempo, un total de siete días efectivos.
b) Es un servicio complicado de manejar, aunque por otro lado bien organizado.
c) Aunque ahora yo esté de jefa, la realidad es que soy su igual.
d) Está sentada a mi lado.

Es decir: que aunque tenga la autoridad para meterle caña, no soy capaz de hacerlo porque al fin y al cabo es mi compañera, se sienta a mi lado y sé que está agobiada. Además, ya se encarga S.J. de meter presión a 300 kilómetros, y es una presión muy fuerte, la verdad. Lo sé porque lo veo, y porque en su día esa presión (de otra forma y en comparación mucho más fuerte, pero por otros motivos distintos) estuvo encima de mí y la verdad es que se pasa mal. Así que le he dicho a S.J. que intentaría meterle caña pero dentro de un límite razonable teniendo en cuenta mi situación y que esperaríamos a ver qué tal se desarrolla la semana que viene -que preveo que mal, claro-. Ahí se ha quedado el tema de momento con S.J. y mi atención ha vuelto a centrarse en mi compañera.

Toda la mañana me ha tenido en vilo, retrasándose en la entrega de todos los informes, ficheros y balances. Cada poco miraba de reojo a ver cómo iba, y le decía que si quería que le echara una mano o que hacía yo algo de lo que quedara, pero no ha querido porque decía que ese es ahora su trabajo. Vale, que sí, pero si es que yo me desesperaba por momentos...

Encima, hoy, por estar a cargo del servicio, mi horario acababa a las tres, y ella salía en teoría a las seis. Cuando yo me he ido, mis tareas estaban acabadas, pero las suyas no, ni de lejos. Así que me he conectado desde casa y he estado pendiente del correo para ver si me preguntaba algo y mandaba lo que tenía que mandar.

Le he dado con frenetismo al F5 porque no se veía nada suyo. Tan raro era que me ha dado por malpensar que se había ido antes aprovechando que ya no quedaba nadie... Pero no. A las 18:15 ha mandado un solitario correo con una de las tareas. Aún le quedan cinco. Una hora después, no sabía qué estaba haciendo, por qué no había terminado aún, si tenía algún problema o cuándo pensaba irse.

Al final, he cerrado el correo y me he puesto a desahogarme aquí. Paso de todo. Es su problema: ya es grande, ya sabe lo que tiene que hacer, si necesita mi ayuda ya sabe donde estoy, PERO no pienso estar encima de ella. Más le vale a ella espabilar o a este paso se va a ir a casa a las nueve de la noche todos los días, y eso a quien le perjudica es a ella y no a mí. Por no hablar de las repercusiones en el ámbito laboral de esta falta de destreza...

Así que desconecto del tema hasta que tenga que vérmelas de frente con él otra vez, o sea: el Lunes. Ya estoy dedicándole más tiempo del que merece, por lo que... punto y final de momento.

10 enero 2008

I NEED SOME REST...

Tenía pensado actualizar hace unos días, pero apenas he tenido tiempo, lo cual no está nada bien porque actualizar a menudo es uno de mis propósitos... Lo que pasa es que llevo unos días -es decir, toda la semana- agotada: salgo de trabajar (siempre tarde, por supuesto) y en lo único que pienso es en llegar pronto a casa, ponerme el pijama y vegetar.

¿El motivo? Pues muy sencillo. Después de su larga baja médica, la chica que estaba en mi actual puesto ha vuelto. Volvió después de Año Nuevo, y no se puede decir que entrara con buen pie a mis ojos, porque ya en esos primeros días hizo el amago de hacer menos horas porque sí. Le ví las intenciones de refilón el Viernes pasado, y me las ingenié para recordarle a ella que en nuestro puesto son ocho horas diarias todos los días, a no ser que S.J. nos dé permiso para salir antes, y no era el caso máxime cuando acaba de llegar y estaba "poniéndose al día".

Esta semana, nuestra jefa se ha ido de vacaciones, por lo que yo tengo dos marrones:
a) Sustituirla, con todo el trabajo que ello conlleva.
b) Formar a la recién llegada en las funciones del puesto.

Lo primero no lo llevo nada mal porque no es la primera vez que me he quedado sola. Bueno, realmente no me he quedado sola, pero realmente, lo prefiero...

Porque en lo que llevamos de semana las cosas han ido de mal en peor. Se junta que ella es muy lenta y que yo tengo poca paciencia. Lo de que es lenta por lo visto ya se sabía antes de su baja médica, pero el caso es que se dió de baja médica justo antes de su evaluación del puesto. Y ahora sigue igual. A mí me desespera ver que después de explicarle cómo se hacen las tareas más sencillas (que ya las hacía ella antes de irse, con lo que no le pilla de nuevas), de decirle si tiene dudas, de repasarle los conceptos otra vez por si le da vergüenza preguntarme, de estar pendiente de ver cómo lo hace... tarda una eternidad en las tareas que son muy rápidas de hacer. Miedo me da cuando tenga que hacer algo que realmente suponga dedicarle tiempo...

Eso me ralentiza, porque no hago ni mi trabajo ni ella avanza en el suyo. No sé ya cómo decirle que me pregunte todas las dudas que tenga, pero no lo hace. No toma nota de nada de lo que le explico. No la veo que razone cuando tiene que analizar algo. Pero lo más importante de todo, es que está muy descentrada, y si encima no eres muy ágil, que estés pendiente de todo menos de lo que estás haciendo no ayuda nada de nada.

Me como las uñas al ver que son las dos de la tarde y no ha hecho ninguna de sus tareas. Se para a la mitad, cuando se aburre o se atranca, y salta a otra tarea. Cuando vuelve a la primera, no se acuerda de dónde la ha dejado o no sabe cómo lo ha hecho, y vuelve a empezar de nuevo.

Mientras, yo lucho con todas las batallitas diarias, parándome para echarle una mano o un ojo, depende, y desesperándome cada vez que veo el reloj y que me doy cuenta por cuarto día que voy a salir a las tantas con las cosas a medio hacer.

He pensado que no explico bien las cosas, pero ya he probado todo lo que se me ocurre y le he echado al asunto una paciencia que no tengo. He probado técnicas propias y ajenas pero no sirve de mucho. Así que la situación actual es la siguiente: mañana es Viernes, vamos muy atrasadas, estoy muy cansada y quiero irme pronto a casa y veo que eso es algo que no va a pasar.

Hubiera preferido mil veces pasar esta semana sola, que me las apaño muy bien y por supuesto mucho mejor que con ella "ayudándome", aunque parezca mentira. Hubiera sido mucho mejor que fuera mi jefa la que la formara otra vez con tranquilidad y paciencia, porque ella por ejemplo la conoce más y quizá se pudiera adaptar mejor que yo. Pero no. Lo cierto es que los marrones me caen todos a mí, no sé cómo me las apaño...

El problema, además, es que me da un poco de pena. Es verdad que no todo el mundo coje los conceptos a la primera, ni todo el mundo es igual de ágil. No se le puede culpar del todo, supongo. Pero en el puesto que ella tiene (que las dos tenemos), se necesita un perfil determinado y el ritmo de trabajo es muy exigente. Lo malo es que esta semana se está poniendo de manifiesto que ella no tiene ese perfil. Francamente, no sé cuánto aguantará cuando se acabe su periodo de adaptación, en el cual apenas se le exige nada -al menos oficialmente- y no hay mucha presión.

Tiemblo al pensar cuando me pregunte S.J. qué tal ha ido su reincorporación. No sé si debo ser suave, cruel pero realista, diplomática o directa. Así que la caminata de hoy la he pasado dando vueltas a la mejor manera de salir del paso. Para ella, claro. Realmente no sé qué hacer...

Lo único que tengo claro es que necesito descansar. Lo consultaré con la almohada y quizá deje el tema aparcado, y cuando tenga que dar las explicaciones que me pedirán seguro, las daré como me salgan en ese momento. Por ahora, el tema se quedará así.

07 enero 2008

2008

Vuelvo después de casi una semana de haber estreanado este 2008. Tenía un meme pendiente, pero ya es que no pega hacerlo (¡lo siento!). Después de una accidentada salida del año, el 2008 ha empezado tranquilo, sin demasiados sobresaltos -aunque un sobresalto en forma de premio de la Lotería no hubiera estado de más-.

Como siempre, sigo estando un poco atrasada en acontecimientos, así que mi balance del año 2007 no vino mientras me comía las uvas en compañía de los que más quiero. El balance lo hice días después, mientras estaba tumbada en la cama, esperando al sueño. Ese balance es muy típico, tanto como inevitable. Realmente pienso que debería hacerse un repaso semejante como mínimo una vez al mes, así seríamos capaces de ver qué es lo que está yendo mal y ponerle una solución a corto plazo... porque si esperamos al 31 de Diciembre ya habrá cosas que no se podrán arreglar.

Así que el balance de mi año me asaltó antes del sueño, pero no fue un balance completo, porque en la memoria se diluyen los días que he pasado y ciertas cosas apenas puedo recordarlas claramente, con fecha e imágenes. Sé qué ha pasado, pero todo lo que se formó en mi cabeza fue un mosaico de recuerdos e imágenes un poco caótico.

El mosaico está compuesto de lágrimas y risas, casi a partes iguales. De sueños placenteros y tranquilos. De agitadas noches de insomnio. De entusiasmos. De desilusiones. De alegrías brillantes. De penas amargas. De cosas pequeñas y grandes que he disfrutado. De lo que he perdido y de lo que he encontrado. De oportunidades que he dejado pasar y de otras que he podido coger, aunque algunas haya sido con la punta de los dedos. De etapas que acaban y de otras que empiezan.

Sé que ha habido momentos en los que he estado muy sola, o al menos así me he sentido. Pero también ha habido otros en los que he estado arropada, y respaldada por quienes tenía en ese momento a mi lado. He sufrido golpes duros, y aunque he aprendido de ellos, sé que seguiré tropezando una y otra vez en la misma piedra. He superado miedos que ya no me afectarán, y he encontado otros nuevos. Me he encontrado a mí misma, y también me he perdido algunas veces.

De nuevo empiezo un año con ilusión, con ganas de cumplir mis propósitos para este 2008 (aunque sé de sobra que no lo haré, como siempre, ¿o puede que esta vez sí?). Vuelvo a la casilla de salida, y lanzo el dado para seguir avanzando hacia la meta, que aún no tengo clara...

Siendo realista, la meta de ser feliz un año entero es algo inalcanzable. Lo que yo pedí campanada a campanada son fuerzas y ganas para vivir intensamente todo lo que me espera este nuevo año (tanto lo bueno como lo malo, porque lo que está claro es que habrá de todo, me guste o no) y no perder ni un segundo. Fuerzas y ganas. Para vivir intensamente lo bueno y que me ayude a crecer, y para vivir intensamente lo malo y que aprenda de ello. Que no se me escape ningún momento. Disfrutar de todos los pequeños detalles que tanto me gustan. Sonreír siempre que pueda y llorar siempre que deba...