31 marzo 2008

LA MUELA (I)

Abro los ojos diez minutos antes de que suene el despertador (lo cual me da mucha rabia porque pierdo diez minutos de preciado sueño).

Noto la boca reseca, MUY reseca.

Vaya, he vuelto a dormir con la boca abierta.

Voy a cerrarla.

No puedo.

¿Por qué no puedo cerrar la boca?

La respuesta es: tengo una inflamación en la última muela de la mandíbula inferior, parte izquierda de la cara.

Intento cerrar la boca pero me duele muchísimo, porque al hacerlo es como si me mordiera parte de la encía hinchada, o esa es la sensación que tengo, con las brumas del sueño no sé ya ni lo que me pasa.

Dejando aparte el dolor horroroso del que ya soy consciente, pienso en arreglar el otro problema: la sequedad de la boca. Tanteo la botella de agua, tomo un poco y cuando intento tragar, me doy cuenta de que apenas puedo hacerlo, porque TAMBIÉN me duele la garganta.

Desastre total.

No obstante, como soy tonta rematada una campeona, me sobrepongo y voy a trabajar como si no pasara nada.

Pero SÍ QUE PASA.

Paso una mañana de perros. Cada vez me duele más, apenas puedo hablar porque no me atrevo a cerrar la boca (más tarde descubro que tampoco puedo abrirla a partir de un punto), y por supuesto nada de tragar. Tengo ganas de llorar de la desesperación. Me conecto a ver si puedo coger cita para el médico, pero no hay nada hasta dentro de tres días. Llamo al Centro de Salud (después de un 902, dos llamadas más que finalizaron en tonos de fax y acordarme de la familia de alguien, vuelta a llamar al 902, y por fin alguien ve la luz y contesta el teléfono), y me dice que vaya a Urgencias.

Vale.

Ya son las doce de la mañana, le digo a mi jefa que me voy a acercar un momento al Centro Médico. Cojo mi abrigo -encima hace un frío increíble-, y pienso que no puedo tener más mala suerte.

Qué equivocación...

30 marzo 2008

UN DOMINGO CUALQUIERA

Me gustan los Domingos en los que por la mañana no se escucha ningún ruido procedente de la calle. En los que puedo quedarme en pijama todo el día. En los que da igual la hora que sea, que haya cambiado los relojes o no. En los que puedo ir por el pasillo bailando al ritmo de Right Said Fred y cantando a pleno pulmón. En los que sigo bailando mientras hago la cama y por ese motivo tardo una eternidad, pero da igual porque estoy disfrutando. En los que con una goma del pelo se arregla todo y no importa que tenga los rizos encrespados. En los que no como algo hecho el día anterior, sino algo apetitoso cuyo delicioso olor inunda la cocina, el pasillo y el resto de habitaciones cercanas. En los que me quedo en casa porque sí, porque quiero. En los que disfruto cada segundo sin prisa.

No me imagino un Domingo mejor.

28 marzo 2008

CONSULTANDO POR INTERNET...

26 marzo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 6

Pues sí, aquí estoy, aporreando con frenetismo (que no tecleando) para desahogar mi frustración.

MAÑANA es el Día D.

Día del examen teórico, como ya comenté anteriormente (previusly on The Unwritten Blog).

Lo NORMAL en estas circunstancias es que esta semana, al salir de trabajar, o por la tarde al menos, me pasara por la autoescuela para seguir haciendo tests, preguntar las últimas dudas que tenga y cosas así. Perfilar los últimos detalles, vaya.

Pues no.

Y no porque yo no quiera. Cierto es que la semana anterior (los tres días laborables de la semana anterior, quiero decir), por unos problemillas, no pude ir a la autoescuela y me tuve que conformar con hacer tests en casa a las tantísimas de la noche; pero bueno, estar sola en casa, liada con mil cosas a la vez tiene estos inconvenientes. Además, tenía toda esta semana para acabar de repasar y resolver tres dudas locas que tengo (todas de mecánica, por cierto).

¿Y con qué me encuentro el Lunes por la tarde? Con la autoescuela cerrada.


Luces apagadas y ni rastro de vida. Casi faltaba un matojo de ésos que pasan por el desierto y el silbidito de las pelis del oeste, porque lo que no faltaba era yo plantada delante de la puerta cerrada con las piernas separadas y los brazos en jarras.

Bueno, pensé, igual están alargando la Semana Santa, tienen algún familiar en Cataluña por ejemplo, y por solidaridad han cogido este Lunes de fiesta como por aquellas tierras. Me parece muy bien la gente solidaria, así que acepté barco como animal acuático.


El Martes le encargué a mi chico que llamara por la mañana a la autoescuela, para que sonsacara encantadoramente qué había pasado el día anterior. Llamó y llamó y la autoescuela no contestó. Empecé a mosquearme, pero ingenua tonta de mí pensé que igual no estaban, o que dentro de la clase no se oye el teléfono, o que alguno de los chicos que a veces se quedan no tienen permiso para coger el teléfono (conociendo a la dueña, no me costaba nada imaginármelo).


Pero el Martes por la tarde la autoescuela seguía cerrada. Esta vez escudriñé a ver si había algún cartel o algo que aclarara la situación. Digo yo que habrá que tener en cuenta a todos los alumnos que hacemos uso de la autoescuela porque hemos pagado. Empecé a fantasear. ¿Estará la dueña enferma? Puede, pero para eso tiene a otro señor que imagino que podrá abrir la autoescuela, o en su defecto poner un cartel informando del motivo por el cual la persiana está echada y no hay nadie allí. De todas formas, no sé, un negocio propio no creo que cierre varios días sin una explicación convincente, ¿no?

Pero el caso es que ya estoy MUY enfadada.


Porque MAÑANA es el examen, y la autoescuela está cerrada (hasta el momento, sí).

No sé si puedo ir yo con mis propios medios a presentarme al examen, porque además no tengo ni idea de dónde es, ni las horas, ni si hay que llevar alguna documentación. Me fastidia que no haya información de ningún tipo, ni siquiera una llamada de teléfono a los que tengamos que examinarnos mañana. ¿Para qué si no me pidió mi teléfono de contacto? Quiero decir: lo tiene, pero NO llaman avisando de nada. Vamos, que no sé qué va a pasar. No se me pasó por la imaginación en ningún momento que los tres días antes del examen, la autoescuela estuviera cerrada a cal y canto sin más. Es que no me lo puedo creer...

¿Soy yo que soy muy quisquillosa o esto es absolutamente intolerable? Estoy indignadísima.

24 marzo 2008

SEGUIMOS IGUAL

La vuelta al trabajo ha sido un mazazo después de cuatro días sin asomar la naricilla por aquí.

No sólo no he asomado la naricilla, sino que además no me he conectado y apenas he pensado en esta jungla laboral (lo hice sólamente cuando le conté a mi chico cómo andaban las cosas últimamente). Después de este paréntesis, pensaba que iba a afrontar este Lunes con más energías o más ganas, pero la realidad es que no ha sido así. Cuando ha sonado el despertador, he empezado a sospechar que no había energías ni ganas.

En cuanto he llegado, la sospecha se ha convertido en certeza. Descargar los 100 correos que me esperaban, a cual más insulso, me ha instalado de nuevo el aburrimiento que vengo luciendo desde hace semanas. Para cuando a las nueve ha llegado la mayoría del personal y he tenido que atender las mismas quejas que se repiten mes tras mes, ya tenía encima el hastío de días atrás. No me apetecía repetir los mismos argumentos de siempre, no tenía ganas de volver a explicar cómo funcionan las cosas. Nunca llueve a gusto de todos, y mes tras mes cambia la gente que protesta, pero no los motivos. Son las mismas palabras con distintas voces, y ya estoy harta.

Después, escucho...

- Oye, con esto vamos muy atrasadas. No nos va a dar tiempo.

...lo cual ya sabía yo desde hace diez días. Por eso he estado insistiendo una y otra vez para que se hiciera la tarea que para esta semana debería estar lista sin excusas (sobre todo porque YO no podía encargarme de ella). Pero no se ha hecho, por un motivo u otro, y yo era la pesada que todos los días recordaba que o se empezaba ya o no daba tiempo, y más teniendo en cuenta que había que contar con dos días menos la semana pasada. Y ahora, de repente, las prisas. Sentí el impulso típico de estas situaciones: "te lo dije", pero ni siquiera tuve ganas de pronunciar la frasecilla. Sólo me encogí de hombros, porque me da igual todo.

Tengo claro que todo el mundo pasa por este "estado de apatía" en el trabajo, pero no esperaba que fuera tan fuerte. Estaba casi segura de que las minivacaciones me harían cambiar la perspectiva tal y como ha pasado otras veces, pero no ha sido así. En parte, sencillamente ha cambiado la tristeza por la desgana (lo consideraré un avance). Pero el tema es que este estado de ánimo no es bueno.

He pensado en que debería cambiar de trabajo, y simplemente imaginar que ya no vuelvo aquí me reconforta. Tengo que madurar la idea, pero a día de hoy creo que es la mejor solución, porque no veo la necesidad de estar a disgusto en un puesto de trabajo que me come la tercera parte del día. De momento, mi plan de acción será cortar radicalmente en cuanto salga por la puerta y pensar en ello sólo cuando entre al día siguiente, y dedicar el resto de mi tiempo a otras cosas más agradables y más productivas. Así creo que combatiré mejor la situación, al menos de momento...

P.D.: Además, como esto lo escribo EN el trabajo, no incumplo el último punto, claro.

18 marzo 2008

ESPERANDO UN RESPIRO

Desde la semana pasada arrastro un berrinche laboral que no termina de disolverse. Todo comenzó por una tontería (que para mí no lo fue, evidentemente), la cual me instaló en la boca del estómago una sensación que aún no he sabido poner nombre pero que ha derivado en tristeza y angustia a partes iguales.

Durante toda la semana pasada fui aguantando gotitas que llenaron el vaso poco a poco de un líquido tan trasparente que ni siquiera ví. Una de ellas fue la de la impaciente mañanera, pero no fue la única. Cada día tuve algún que otro encontronazo sin apenas trascendencia, y no les dí mayor importancia porque pensé que se habían ido sin más. Pero la realidad es que se me estaban acumulando en alguna parte de mí.

El Miércoles pasado, unos 30 minutos antes de irme a casa, la gota que colmó el vaso cayó con toda la fuerza de la gravedad, y la onda expansiva me tumbó de golpe. Sentí una gran sensación de ridículo al ver que mi tiempo (y mi trabajo) de despreciaba como si no importaran en absoluto, como si no valieran de nada porque eran míos. Mantuve el tipo hasta que llegué a casa, y una vez refugiada, las lágrimas se me empezaron a caer. Intenté explicar qué me pasaba, pero tartamudeaba y un nudo muy doloroso se instaló en mi garganta y no me dejó hablar. Necesité estar sola toda toda la tarde, combatiendo en vano la sensación de tristeza. Por mi cabeza volvían a desfilar todos los detalles que me habían ido irritando durante toda la semana, salieron del sitio donde se habían agazapado esperando su momento, y cada uno de ellos era otro mazazo a mi maltrecha autoestima. Creo que me quedé dormida, agotada de tanto llorar.

El Jueves volví al trabajo, pero sin fuerzas. Apenas pude controlar mis ganas de llorar. Al final del día decidí que necesitaba un respiro y pedí libre el Viernes, simplemente para no tener que madrugar y para alejarme del ambiente que estaba respirando que en ese momento me pareció verdaderamente tóxico.

Logré desconectar bastante los tres días de descanso, pero simplemente ha sido un paréntesis y nada más. La vuelta al trabajo estos tres días se me está haciendo muy cuesta arriba. Aún no se me ha pasado la tristeza: ha menguado, pero sigue ahí. Encontrarme con las mismas personas y en el mismo campo de batalla no me ayuda en absoluto. Además, la presión aumenta en esta menguada semana en tiempo, pero no en trabajo, así que no encuentro ni un motivo de alivio al que aferrarme.

No recuerdo que nunca un berrinche laboral me haya durado tanto (excepto la época de acoso moral que ahora parece muy lejana), supongo que es porque esta vez la gota definitiva vino de los que más cerca tenía y ese lado lo tenía indefenso.

Estoy tocada y me noto bastante cansada, tanto física como psíquicamente. Cada vez aguanto menos, porque te dan siempre en el mismo sitio y no hay tiempo para cicatrizar. Siempre he procurado cambiar de aires laborales en lo posible para evitar esto, pero cada vez el cambio tengo que hacerlo antes y ya me quedan pocos sitios a los que huir. El trabajo le come terreno al resto de mi vida otra vez, y sé que una vez conseguí que no fuera así, pero no recuerdo la fórmula que empleé. Quizá sólo fuera que toqué fondo y ya sólo podía ir hacia arriba, pero no quiero llegar a ese extremo.

Espero que los días de vacaciones que hay ahora pongan las cosas en su sitio...

17 marzo 2008

VOLVER A CASA...

Volví ayer a las 21:00 más o menos, después de tres autobuses e infinidad de paradas. Tenía los auriculares incrustados en las orejas para aislarme del traqueteo, de la radio mal sintonizada y las conversaciones superpuestas que me acompañaron toda la tarde. Llegué ya de noche y sentí un alivio automático al girar la llave de la puerta y entrar a casa.

La casa me recibió a oscuras y en silencio. Fui dando las luces y conectando aparatos, esos que gracias a una de mis múltiples manías tengo que apagar si me ausento un día o más. Dejé la bolsa y el abrigo tirado en el sofá, y se fundieron en el reconfortante desorden de la habitación.

No hay nada como llegar a casa...

15 marzo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 5

Hoy se ha hecho evidente que me equivoqué de carrera.

Debí haber estudiado para hacer tests psicotécnicos.

Que nadie me diga que para eso habría que estudiar Medicina, porque no es verdad.

Todo consiste en montar un despacho en una habitación que no tiene que ser mayor de dos metros cuadrados. No importa la decoración, lo que hay que tener es un escritorio destartalado y un par de estanterías, eso sí: todo lleno de papelajos y cachivaches. A eso se le suma dos sillas frente el escritorio y ya lo tienes.


Cuando te venga alguien a hacerse el test psicotécnico, le dices que se siente un momento. Le pides el carnet de identidad y una foto. Te pasas unos cinco minutos copiando los datos del carnet en dos papeles, pegas la foto en uno de esos papeles. Luego haces como que firmas cuidadosamente en los dos documentos y después pones un sello encima de la foto. A continuación, vuelves a la realidad y te das cuenta que la persona a la que le estás haciendo el psicotécnico sigue ahí delante, sentada en una silla, esperando algo.

Luego le dices que mire a su izquierda y que te lea unas letras enormes y borrosas impresas en un papel ya amarillento que medio tapa una orla más amarillenta todavía. Da igual si se sienta en una silla o en otra, la distancia a la que esté la persona no importa en absoluto. Escuchas como dice en voz alta una letra tras otra, y a la quinta le pides que pare. Es suficiente.

Por último, tras haber invertido unos siete minutos en tan exahustivo análisis, pides 30 euros a cambio de un papel que asegura que la persona que ha leído cinco letras de medio metro cada una está perfectamente capacitada para conducir un coche o para tener un arma.

Pues qué bien.

Definitivamente, me equivoqué de carrera.

13 marzo 2008

MUJER 10

No soy una chica 10, eso lo tengo claro. La buena noticia es que estoy a 10 euros de poder serlo.

Menos mal que hay una asociación granadina, la Asociación Alfaguara, que pone a disposición de las chicas universitarias un curso que te enseña las cosas básicas que una joven de hoy en día debe saber para ser una mujer perfecta.

He descubierto que me fallan los principios básicos para ser una mujer 10 el día de mañana.

Por ejemplo, mi tortilla de patatas está buena, sí, pero no es sublime como por ejemplo la de mi abuela, que lleva años y años a sus espaldas preparando tortillas de patatas para su marido, sus hijas y ahora sus nietos. Cuando yo quiero hacer una tortilla de patatas, pues seguramente será después de haber estado ocho horas trabajando, alguna que otra en clase (en la Universidad o en la autoescuela), puede que antes me haya pasado por el gimnasio o el supermercado, y al llegar a casa haya tenido que recoger las cosas, tender una lavadora, o fregar los platos. Después me pondré a hacer una tortilla de patatas (que no sé si la Asociación Alfaguara calificaría de "buena") para cenar o bien para llevármela en una fiambrera al día siguiente al trabajo para almorzar allí.

Otro fallo importante es que no sé coser el bajo de un pantalón. Bueno, quizá lo pueda hacer, pero no garantizo el resultado, más bien pasará por un apaño temporal que me saque del paso en un momento dado. Lo más seguro es que si en la misma tienda de ropa no han hecho el arreglo antes de comprarlo, acabe llevándole el pantalón a mi madre o a mi abuela, quienes seguramente me coserán el bajo con tal perfección que me aguantará todos los trotes que quiera darle y no se notará nada.

Tampoco sé si compro de manera inteligente. Normalmente hago una lista de las cosas que necesito, voy a una tienda, miro los productos, consulto la información nutricional, inspecciono el envase o el aspecto de lo que quiera comprar, busco el equilibrio calidad-precio y tomo una decisión. A veces peco un poco y se me cae al carrito algún producto que no puede calificarse de "sano" pero que estará muy rico, y confieso que no siento ni una pizca de culpabilidad. Me sé las técnicas de las grandes superficies en cuanto a colocación de productos, y música ambiental que induce al consumismo y creo que no caigo en esas trampas, pero no sé si a la Asociación Alfaguara eso le parecerá inteligente.

Hoy por fin he descubierto que estos tres puntos son los que me impedirán ser una mujer perfecta el día de mañana. Mi tortilla de patatas, los bajos de mis pantalones y mi lista de la compra.

Agradezco profundamente que haya asociaciones que se preocupen de esto y ofrezcan la posibilidad de arreglar el desaguisado en una semana y por diez euros. Seguramente, si hago el curso, el Sábado siguiente seré una superwoman de cuidado y podré vivir tranquila, sin agobios y feliz, porque seré todo lo que exige la sociedad hoy en día a las mujeres. No me sentiré discriminada en absoluto porque me quieran reducir a un ama de casa, valorando sólo mi valía en las tareas domésticas, ni porque no se tenga en cuenta en absoluto mi preparación para el ámbito laboral, o mi validez como persona a la hora de calificarme como una mujer 10...

¿O quizá sí?

EDITO: Como me preocupa que el curso acabe y el enlace no sirva, he hecho una captura del anuncio del curso, con sus letras en rosa y todo, para subirla aquí e inmortalizar el momento para la posteridad...

11 marzo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 4

Ya hay fecha definitiva: el 27 de Marzo.
Hasta ese día ya puedo inflarme de hacer tests y tener muy claras las distancias de seguridad, luces de posición y cruce, preferencias en intersecciones, marcas horizontales y verticales, banderas rojas, luces verdes, toques de silbato cortos y repetidos, líneas discontínuas más anchas de lo habitual, pasos a niveles con y sin barreras, vehículos que tienen permitido circular por un carril VAO, semáforos a derecha e izquierda, velocidades máximas y mínimas según el tipo de vía, zonas de carga y descarga, líneas imaginarias que unen conos, carriles adicionales habilitados por motivos de fluidez...

Finalmente ayer se aclararon varios puntos que me preocupaban bastante. Dado que mi ofuscamiento no disminuía según pasaba el tiempo (más bien era una función creciente de tipo exponencial), hice lo que procede en una crisis diplomática: enviar a un mediador.

Era lo más sensato en ese momento. Sí, eché mano de un pacificador: una persona con calma, paciencia, tranquilidad y libre de todo ofuscamiento. Es decir, alguien completamente opuesto a mí. Lo cierto es que al principio, cuando hablamos el tema, mi pacificador me miró con el ceño fruncido, que quería decir algo así como: "es TÚ guerra" (y tiene razón). Pero luego supo lo que le convenía y aceptó el encargo (más que nada porque él sería la primera víctima de MI guerra). Además, ambos sabíamos que si iba yo personalmente, no saldría nada bien.

Por la tarde, al salir de trabajar, tenía el reporte listo. En principio habían confirmado que sí, que había "un poco" de lista de espera, pero que acababan de contratar otros dos coches más (qué casualidad) para solucionar el problema. Espero que también hayan contratado otros dos conductores, porque dos coches solos no arreglan nada...

Un punto muy importante es que quien dió toda esa información no era MMQPDA (Mi Muy Querida Profesora De Autoescuela),que es quien lleva los pantalones ahí -demasiado apretados, por cierto-. Al no ser ella la fuente de información, el grado de fiabilidad era algo más bajo de lo aceptable, pero bueno. Además, personalmente habría indagado más a ver cuánto de poco es la longitud de la lista de espera, para cuándo estarían disponibles los coches, qué horarios estaban saturados, etcétera. Pero mi mediador estimó que las respuestas eran satisfactorias y yo pensé que vale, que la verdad es que es preferible que me crea lo que han dicho y que siga en este estado de ignorancia por el momento y me centre en la parte teórica.

Así que yo y mi ignorancia fuimos después a la autoescuela a hacer más tests y nos encontramos a una melosa MMQPDA que sonreía por doquier, que me contestaba las dudas con zalamería y que hizo que me subiera el azúcar. Aprovechando este subidón, le solté que me presentaba después de Semana Santa y se tragó todos los inconvenientes que en circunstancias normalmes me habría espetado, y sólo dijo que tenía que entregarle la documentación antes del próximo Lunes.

OK, pues esta semana lo arreglaré todo, vaciaré mi cuenta y empezaré a poner fin a esta pesadilla...

10 marzo 2008

¿LO HAS HECHO YA, EH, EH, EHHHHHH?


ImpacienteMañanera - Oye, que no me funciona la aplicación.
YoHablandoPorTeléfono - Ya lo sé, he leído tu correo.
ImpacienteMañanera - Ah, ¿y ya la has podido arreglar?
YoHablandoPorTeléfono - Aún no. Me mandaste el correo el Sábado, ¿no?
ImpacienteMañanera - Sí.
YoHablandoPorTeléfono - Pues todavía no me he puesto con eso. Son las nueve, ¿sabes?
ImpacienteMañanera - Ya, ya, era por si ya lo habías reclamado.
YoHablandoPorTeléfono - Aún no he tenido tiempo.
ImpacienteMañanera - Vale, vale, era por si no lo sabías.

O sea, que ya me vale. Acabo de llegar al trabajo y lo primero que tenía que haber hecho es leer el correo de esta chica que me mandó el Sábado contestándome un correo mío del Viernes (lo cual quiere decir que ella se tiró toda la jornada del Viernes meditando qué me iba a responder) y darle prioridad absoluta. Es decir, pasar del cliente y sus peticiones urgentes para primera hora, dejar de atender las llamadas de S.J., no revisar la documentación que hay en mi bandeja. De hecho, debería haber venido hoy a las seis de la mañana para arreglarle el acceso a una aplicación que usa de higos a brevas; entendiendo, por supuesto, que no puede echar mano de las otras 16 licencias disponibles, que en momentos puntuales puede utilizar. Por eso entra a las nueve en punto para recordarme mi abandonada obligación, interrumpiendo una conversación telefónica, y asegurarse de que he leído su correo y le he dado la prioridad que merece. Menos mal que tengo ese apoyo. Qué haría yo sin ella...

09 marzo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 3

Desde que hace días estuve en la peluquería, ando calentita.

Mientras yo estaba con la cabecita mojada y oía tijeretezos alrededor mía, la peluquera me preguntó que cómo llevaba los tests. La chica se puso en serio hace unos meses (en Diciembre, creo), y ya tenía el carnet en su poder. Ella se apuntó en una autoescuela y yo en otra, y después de decirme lo encantadísima que estaba con la atención recibida, me preguntó qué tal me iba a mí.

Pues le dije que no muy bien porque la mujer de la autoescuela es un poco "especial" y no la soporto. No voy a las clases porque la última vez que fui se tiró 53 minutos de reloj hablando de cosas que nada tenía que ver con las normas de circulación, y mis fuentes fiables me confirman que sigue igual. Además, como no voy a sus clases, me contesta de mala gana las dudas que pueda tener, aunque yo me dirijo a ella con una dulzura impropia en mí, y opina que estoy "muy mal" después de verme los resultados de los tests. No entiendo cómo una persona, que hace cinco días que ha empezado a estudiar y logra tener un porcentaje de fallos del 11%, está muy mal. De acuerdo que aún no se puede presentar con garantías de aprobar, pero no está "muy mal", creo yo...

Total, que a esas alturas de la conversación, yo estaba gritando, y no sólo porque ya estaba indignada, sino porque de lo contrario no me oiría la peluquera, que estaba con el secador a plena potencia.

Entonces, ella soltó como si nada que su prima, que estaba en mi autoescuela y que ya había aprobado la parte teórica, llevaba esperando cuatro meses a que le cogieran para empezar con las prácticas, y casi me atraganto cuando escuché eso.

Debido a mis circunstancias personales, necesito sacarme el carnet de conducir a la mayor brevedad (que me permita mi torpeza), y desde luego, en mis planes no entraba tener que esperar cuatro meses para empezar con las clases prácticas que encima valen un ojo de la cara. Sobre todo cuando la mujer me aseguró que no había problema en el tema de horarios, pero por lo visto sí que lo hay.

En lugar de barajar la posibilidad de que hubiera un malentendido, automáticamente pensé mal de la mujer de la autoescuela. Me pareció muy factible que lo que me contaba mi peluquera fuera cierto: que hubiera una lista de espera de cuatro meses y que a mí me hubiera dicho tan frescamente que no había problema para empezar cuanto antes.

Así que salí calentita de la peluquería, y no me refiero sólo por la sesión de secador de veinte minutos. Me fui directamente a la autoescuela, porque mi intención primera era ir con mis pelos nuevos a hacer tests, pero ahora tenía otra razón más poderosa: que me firmara con sangre asegurara que pasaría un tiempo razonable desde que aprobara la parte teórica hasta que empezaran las clases prácticas, y desde luego CUATRO MESES no tienen nada de razonable.

Mentalmente iba pensando qué le iba a decir, respirando profundamente para relajarme un poco y no entrar ofuscada desde un principio, y pensando posibles alternativas en caso de que me dijera que era verdad lo de la espera de meses como por ejemplo decirle en sus morros que era una mentirosa. Más me valdría ir de buenas porque me conozco demasiado bien...

...y en esas estaba cuando me encontré la autoescuela cerrada a cal y canto.

Imposible, pensé. Miré el reloj. ¡Pero si sólo son las siete de la tarde! Miré por si había algún cartel informativo del motivo del cierre, pero no había nada. Ella dijo que cerraba a las nueve todos los días. ¿Eso será verdad? Ya no me fiaba de nada de lo que me dice esta mujer. Así que me fui a casa indignada.

Los días siguientes no fui a la autoescuela por falta de tiempo (pero lo compensé haciendo tests en casa), y así de paso me daba cancha para que se me pasara el berrinche y afrontara el tema con calma y raciocinio. El problema está en que no sólo no se me ha ido, sino que ha subido tantos enteros que no me atrevo a ir a hablar con ella porque como me diga lo que me temo (hay un 90% de posibilidades de que eso ocurra según mis últimos y más funestos cálculos), la vamos a tener y gorda. Eso de que me engañen lo llevo francamente mal...

08 marzo 2008

LOW BATTERY

He abierto los ojos a las 07:14. Mi cuerpo, una vez más, me ha recordado que tenía que ir al trabajo, y mira, me avisa hasta con tiempo de ducharme y todo. A veces pienso que mi subsconsciente mira más por la empresa que por mí. Debería saber que hoy es Sábado y que hace casi dos años que no hago fines de semana... Pero él me despierta por si acaso se ha confundido de día, lo cual es algo que con el ritmo que últimamente llevo no sería muy extraño. Así que me doy la vuelta y sigo durmiendo. La semana de locos ya se ha acabado y me merezco descansar un poco...

Abro los ojos unas dos horas después. Me ha despertado el horrible dolor de ovarios al que esperaba desde ayer. Al amparo de un poco de luz que entra por la persiana me levanto y voy al baño, con cuidado de no tropezar con nada ni hacer mucho ruido. No quiero ver en el espejo qué aspecto tengo, pero no puedo evitar mirarlo con el rabillo del ojo. Cabello revuelto, ojos hinchados y mueca de dolor.

Vuelvo a la cama y busco el calor que hace unos minutos dejé ahí y que se ha ido disipando. Tanteo buscando una pastilla y se me escapan unos gemidos de dolor cuando doblo el cuerpo en busca de la botella de agua. Cuando vuelvo a tumbarme en la cama, me espera un abrazo y una mano cálida sobre mi vientre. Noto alivio inmediato. Cierro los ojos húmedos antes de que se me escape una lágrima e intento dormirme otra vez. Sólo necesito descansar...

Descansar y olvidarme de esta semana, cinco días laborables que se me han hecho eternos. No quiero pensar en todo el trabajo acumulado, ni en el que se me avecina, para que no se contaminen mis sueños. Me gustaría imaginar una escapada, aunque sé que de momento no voy a poder hacerla. En realidad, creo que sólo necesito un poco de tiempo. Un día sin obligaciones. Un día tranquilo, en el que pueda dejar puesto el piloto automático, funcionar con el mínimo de energías...

04 marzo 2008

UNIVERSAL EQUILIBRIUM

08:07 - Llego tarde al trabajo.
08:09 - Mi despacho está helado.
08:10 - Enciendo mi ordenador, que va inusitadamente lento.
08:12 - Intento hacer algo, pero no responde nada.
08:13 - Me dejo el dedo incrustado en el botón para reiniciar.
08:20 - El OutLook informa que hasta las 10:00 (por lo menos) no funcionará.
08:32 - Mi equipo me avisa de que el software está dado fallos.
08:40 - Los de Soporte no contestan.
08:52 - Se me cae el móvil al suelo y se desintegra en cinco trozos.
09:03 - La impresora se declara en huelga.

...


Así empezó y siguió la mañana del Lunes. Una sucesión de catastróficas desdichas que podía estar hasta mañana enumerando, pero vamos: fue todo como la primera hora anteriormente citada.

Por la tarde decidí que todo eso había que compensarlo de alguna manera para restaurar el equilibrio del Universo. ¿Qué tal un paseo aprovechando la buena temperatura que hacía, en lugar de estar encerrada en la autoescuela?

¿Y seguir con una copa de leche condensada, granizado de café, una bola de helado de vainilla con canela y cacao espolvoreado?

02 marzo 2008

MEME I

Pimkie me pasó hace algunos días un meme para que lo contestara y lo lanzara por ahí a otras tres sufridas bloggeras (aunque ella hizo una trampichuela y se lo mandó a cuatro, pero se lo perdonamos porque se va a casar). La cosa consiste en contar seis manías, y yo, que tengo por lo menos quince, pues voy a narraros qué peculiaridades tengo...
  1. Soy INCAPAZ (con letra mayúscula, negrita y todo) de tocar ropa para sacarla de la lavadora, tenderla, recogerla y/o plancharla sin haberme lavado las manos antes. No soporto tampoco que alguien la toque por mí, o sea, en este sentido en el reparto de tareas en casa salgo perdiendo a cuenta de esta manía mía. También me obsesiona un poco que las cuerdas para tender la ropa o la tabla de planchar estén en perfectas condiciones, sin suciedad ni polvo... O sea: que todo lo que toque mi ropita limpia tiene que estar impoluto, empezando por mis manos.

  2. No soporto limarme las uñas. No puedo. No puedo hacerlo yo ni dejar que me lo hagan. Imposible. Me da una mezcla entre grima y dentera que no puedo aguantar. Como mucho, permito una pasada ligerísima para quitar algún molesto pico, siempre y cuando la lima no sea metálica y el momento dure una infinitésima parte de un segundo. ¿Qué pasa cuando me hago la manicura? Pues que he desarrollado una técnica para minimizar la necesidad de utilizar una lima, ya que con las tijeras y demás utensilios hago perfectamente la forma de la uña y no dejo picos. Con eso tengo mucha paciencia, sí, pero cualquier cosa antes de usar una lima.

  3. A la hora de escribir (sea un mensaje de texto en un móvil, en un foro, un chat, el Messenger, un post, lo que sea), tengo que hacerlo correctamente. Me explico: no soy capaz de escribir abreviaturas como xq o cosas así, tampoco puedo poner un signo de puntuación cerrado sin su correspondiente abierto. Es más: si en un mensaje de texto me paso del número de caracteres, no uso abreviaturas, sino que reescribo el mensaje de forma distinta para que me quepa. Cuido la gramática y la ortografía. Para presentar trabajos, memorias, informes y cosas así, no concibo no justificar el texto. Me gusta usar negrita o cursivas para destacar lo importante, y procuro que la presentación sea impecable a la par de atractiva.

  4. Esta manía es de reciente adquisición y yo apenas me doy cuenta de que lo hago, pero ES CIERTO: cuando estoy distraída miro el calzado de los que pasan por mi lado. Me estoy empezando a preocupar porque esta obsesión mía no debe ser sana, pero no lo puedo evitar. Me fijo en qué zapatos lleva la gente (tanto chicas como chicos): material, color, tacón, estilo... Todo. No sé cuándo empezó ni porqué, pero el caso es que a día de hoy me autopesco mirando distraídamente a los pies de la gente. Aún no llego al grado que sufre mi mejor amiga, por ejemplo, que analiza la forma de la cabeza de la gente, le resulta sumamente fascinante...

  5. Cuando tengo que madrugar (es decir: levantarme antes de las diez de la mañana), no puedo hacerlo nada más suene el despertador. Imposible. La bendita función snooze, esa que te da nueve minutos de gloria más (y luego otros nueve, y luego otros nueve), es de los mejores inventos de la historia para mí. Siempre pongo el despertador una media hora antes de lo que pretendo levantarme, porque calculo que por lo bajo, le daré tres veces a la barra en el despertador (es decir, 27 minutos más). No tengo la fuerza de voluntad suficiente como para salir de la cama -no voy a decir saltar de la cama, yo más bien me arrastro fuera de ella- al primer intento. No se ha dado nunca el caso, por más que me autoprometa que lo voy a hacer.

  6. El rito de irme a dormir es todo un hervidero de manías. Cuando por algún motivo estoy nerviosa, para dormirme tengo que estar en una postura cómoda y tocando algo de piel. Normalmente me pongo la mano en el vientre, o en un muslo, metiendo la mano por debajo del pijama. Además, siempre debo tener el pelo retirado de la cara para poder dormirme, por lo que la goma de pelo es mi aliada nocturna (luego a saber dónde amanece, pero yo siempre me acuesto con el pelo recogido). Nunca podré dormir tranquila en una habitación que tenga la puerta abierta, ni la persiana levantada. Necesito oscuridad. Mis pies tienen que estar calentitos, si no estaré con los ojos como platos hasta que su temperatura sea óptima.
Esas son mis manías que yo me acuerde... Pero seguro que tengo muchas más. Ahora me gustaría conocer las manías de C., A Cool Girl, The Seeker y Señor Oscuro. Sí, lo sé, yo también me he colado pero así hay equilibrio entre chicos y chicas.

01 marzo 2008

VERBIGRACIA

- Esta semana, para que estés tranquila, te daré un toque al móvil cuando salga del trabajo y otro cuando llegue a casa, ¿vale?

- Vale, e incluso el de cuando llegues a casa me lo puedes dar desde el
fójil.

Fójil: dícese de teléfono fijo inalámbrico (en cierto modo, también es como un "móvil"). Es un vocablo utilizado después de beber una Coca-Cola: las burbujillas interaccionan en el centro del lenguaje y sale lo que sale. Soy de Ciencias, ¿se nota mucho?

 
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