31 mayo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 10

La semana pasada determiné que no podía seguir siendo una morosa y fui a pagar parte de mis clases de autoescuela.

Como todo lo relacionado con este asunto, el sistema de pago de las clases no podía ser normal, claro. Aquí las clases se abonan igual que en una caseta de feria: primero compras un ticket y luego das ese ticket donde proceda (en este caso, el PdC). También puedes escoger prepago y postpago, y yo escogí la segunda opción.

Tras consultar el desastroso estado de mis cuentas, determiné que podía pagar las clases que llevaba dadas (10) sin que tuviera que comer sólo arroz y pasta durante el resto del mes, así que fui al cajero a sacar 300 flamantes euros.

La maquinita, con los rodillos pidiendo a chirridos una mano de 3 en 1, me escupió casi con desprecio los billetes. Los cogí y los intenté meter en mi monedero, que el pobre no está acostumbrado a tales cantidades e iba inflado y sin cerrar bien. Daba igual porque, de todas formas, sólo iba a ir un poco forzado un par de calles...

Llegué a la autoescuela, y allí estaba mi MMQPDA, quien me sonrió zalameramente mientras me preguntaba qué tal me iba (como si no lo supiera, seguro que PdC le ha puesto al corriente de todo), y después se fue, dejándome con el chico que tiene allí para cuando ella no está (aquí creo que hay un caso claro de explotación juvenil) y que no sabe ni contestar un teléfono.

Así que no sé qué prefiero: si que me atienda MMQPDA o el chico este...

Total, que me dijo el chaval que él me cobraba. Pues vale.

¿Cuántas clases quieres pagar? 10 clases (en tono lastimero). ¿Sabes cuánto es? No (con el mismo tono en que diría despreocupadamente: no me importa en absoluto, vengo con tres billetes de 500 euros). Pero por supuesto que sabía que eran 300, por lo menos según el contrato que yo tengo. Luego resultó que no, que me bajaron 20 euros no se sabe el motivo; aunque yo sospecho que el chico se hizo un lío con el I.V.A. y no me lo calculó muy bien, pero no dije nada (qué mala -y pobre- persona soy).

Total, que saco de mi abultado y minúsculo monedero cuatro billetes de 50 euros y otros cuatro de 20 euros y se los doy con mucha pena. Y a cambio el chico me da esto:

Sí, exacto. Un mísero bono de cartulina azul donde pone 10 clases y la fecha (y encima se equivocó). Me dijo que ese ticket se lo diera a PdC que es el que lleva el control de esas cosas. Así que sustituí ocho billetes por un recuadro de cartulina algo más grande que una tarjeta de crédito y me la guardé el monedero.

No me puedo creer que saliera de la autoescuela con las cuentas tiritando PERO siendo dueña de un recuadro de cartulina azul.

No quise ni pensar si perdiera el ticket de marras...

30 mayo 2008

Viernes de Magdalena

Hoy es Viernes.

Mi semana laboral ha sido de tres días según el calendario, pero para mí que han sido tres semanas por lo menos. Me encontré mi bandeja llena de papeles: todo el trabajo de los días que no he estado no se hizo, sino que me estaba esperando con los brazos abiertos. La bandeja de cosas pendientes daba miedo, así que me he pasado Miércoles y Jueves intentando poner al día todos los temas. Al final lo he conseguido, pero no sé cuántas veces habré refunfuñado por lo bajini, porque además mi compañera me miraba con cara de pena y me repetía que lo sentía mucho pero que no había tenido tiempo de hacer esas cosas (y sé que es verdad).

Total, que ayer me fui a casa cansada PERO con todo al día.

Y hoy han empezado las "reclamaciones". Que si hay que ver cuánto se ha tardado en dar respuesta. Que si este aquel tema debería haber estado resuelto antes. Que la publicación de tal cosa lleva retraso. Que si pitos. Que si flautas...

Por supuesto me apetecía contestar una bordería de las mías, de esas que visualizo mentalmente listas para ser dichas a la estupefacta cara que tengo delante en ese momento (y además varias para poder elegir). Pero no lo hice, claro. Solté alguna contestación seca -no se le pueden pedir peras al olmo-, y todas las protestas se pararon en seco, también porque no tenían sentido ninguno y se caían por su propio peso.

Otra persona habría pasado a otra cosa mariposa, pero yo no. Yo me puse de mal humor, me senté en mi sitio y metí un CD de Manolo García para prepararme el concierto y desconectar un poco. Sé que si no tienen fundamento las protestas y las reclamaciones, no debería ponerme así, PERO precisamente por eso me sienta peor: si la gente pensara un poco antes de abrir la boca, todo iría mejor... Porque para no llegar a ningún sitio, mejor no empezar, ¿no?

Mi ex-jefe entró en el despacho para animarme, y sí, me arrancó media sonrisa a mi pesar, pero no fue capaz de quitarme la sensación de malestar que se me había instalado en el estómago.

Cuando yo ya me había hecho a la idea de que pasaría el resto de jornada enfurruñada, a media mañana sí llegó el bálsamo reparador de mi mal humor...

Chocolate con frutos secos.

Exquisita la magdalena casera obsequio de la señora que limpia los despachos, que tiene como bendito hobbie la repostería y a nosotros como sus encantadísimos conejillos de Indias.

Con eso sí se arregla cualquier berrinche...

29 mayo 2008

ECO vs. RADIO

- ¿Hay alguien esperando para hacerse una ecografía?

La que pregunta eso es una monja de voz dulce. Yo sigo a lo mío, es decir: aburrirme como una ostra mientras espero a que me llamen para hacerme una radiografía.

Al instante se levanta rápidamente una mujer que se abalanza sobre el mostrador donde está la monja que acaba de preguntar.

- Yo, que llevo aquí dos horas...

Como mucho, lleva 30 minutos, porque yo llevo 45 minutos y ha entrado un rato después, pero bueno. La monja la mira extrañada, y le pregunta su nombre para buscarla en la lista. La revisa dos veces. Parece ser que no aparece esta mujer.

Veo que la monja empieza a refunfuñar (¡qué cosas!) y a buscar entre el resto de sus papeles, mientras la mujer que lleva dos horas esperando empieza a quejarse otra vez viendo que hay alguien que les hace algo de caso.

- Pues es raro, porque todas las mujeres de la lista ya han pasado...

La monja está desconcertadísima.

- Pues mire usted bien, porque yo debo estar ahí. Juani, para hacerme una radiografía de tórax.

La monja ahora está confusa.

- ¿Cómo dice, una radiografía?

La monja pasa a estar ligeramente molesta.

- A ver, yo he preguntado por si hay alguien para hacerse una ECOGRAFÍA. Una ecografía NO ES UNA RADIOGRAFÍA, son dos cosas distintas

La monja intenta recuperar la compostura y vuelve a sus papeles, zanjando el tema.

- Bueno, mejor será que pase yo lista a ver si hay alguien esperando aquí...

Pero no iba a acabarse así la cosa, claro.

- Pero es que yo llevo dos horas esperando para hacerme una radiografía, mire usted, soy Juani, una radiografía de tórax, de aquí del pecho, ¿sabe?

- Sí, pero es que yo sólo hago ECOgrafías, las RADIOgrafías se las hacen mis compañeras...

- Ya, claro, pero es que yo debería estar en su lista, mire usted bien. Juani, para una radiografía de...

La monja está abiertamente enfadada.

- ...de tórax, ya lo sé. Pero mi lista es para hacerse ECOS, que no es lo mismo que se tiene que hacer usted, así que no debe estar en esta lista, ¿comprende?

- ¿Cómo que no? Si llevo esperando aquí dos horas...

- Sí, pero si acaso estará usted en la lista para hacerse una RADIO, y mi lista es de ECOS, ¿sabe?

- ¿Y no me puede hacer una ECO, ya que no tiene usted a nadie esperando? Es que yo llevo aquí dos horas y claro...

28 mayo 2008

Sigo CASI viva...

Hoy, Miércoles-Lunes, lo primero que he hecho al llegar al trabajo es sacar un vasito de plástico para disolver una pastilla que me ayude a combatir el trancazo y me permita pasar el día viva de forma aceptable.

El trancazo me lo he traído de recuerdo junto con un cómic de Nemi Montoya del fin de semana que hemos pasado con el ala Oeste de mi familia, es decir: esa parte a la que sólo veo en caso de bautizos, comuniones, bodas y eventos así. Esa parte que no usa pañuelos de papel, sino tissues. Esa parte que no come paté, sino espuma de foie. Esa parte que no pide pizza para cenar, sino que llama a un catering.

A pesar de todo, es bueno verlos y me lo pasé muy bien. Me pedí un par de días libres en el trabajo para cubrir todos los compromisos sociales, nos quedamos en un hotel muy cuco cerca de una zona de ocio, nos dio tiempo de ir al centro, de pasar por varios sitios de obligada visita, estuvimos comiendo/cenando con amigos/familiares... En realidad, nos quedó poco por hacer en el poco tiempo que estuvimos.

O sea: acabé reventada.

¿Pero el trancazo de donde viene?

De mi chulería y mis pocas dotes meteorológicas. Me compré EL vestido para la comunión, ese de color chocolate... y TIRANTES, de los que me estuve acordando todo el Domingo porque a 26 de Mayo hizo un frío que no recuerdo yo desde Enero. Demasiado tarde y demasiado lejos para poder ponerme otra cosa acorde con el entorno, aguanté como una campeona todo el día, con la sonrisa intacta y el porte impecable mientras en mi interior se fraguaba lo que voy a estar sufriendo toda esta semana: un considerable constipado.

Pero yo iba muy mona, que era lo importante.

A pesar de que ahora me pase toda la semana dependiendo de Paracetamol y pañuelos de papel tissues, han sido unos días estupendos (y encima, sin trabajar, ¿qué más quiero?).

27 mayo 2008

El Fin de Internet

Chateando con mi mejor amiga, me cuenta que está aburrida porque no le dan trabajo, y además (o debería decir "por eso"), me anuncia que Internet tiene fin: ha estado allí donde Google termina. No le queda nada que mirar en Internet. ¡¡No puede ser!!

Jajajajaja... Menudas risas vía Messenger (al menos eso no tiene fin).

P.D.: Post dedicado a Ada Gavner, porque esto es lo más parecido que he escrito a un pildorazo de los suyos...

25 mayo 2008

Mi disgusto anual...

Hace días me vino un disgusto por correo.

Venía dentro de una carta del banco. Saqué el sobre del buzón y allí mismo lo abrí mientras subía a casa. Como suele pasar, cada vez que mi banco me escribe es para contarme los movimientos que he hecho, qué transferencias he realizado, qué dinero he recibido, qué mensualidades se han pagado y cosas así. Cosas inocuas. Normalmente las reviso por encima, me quedo con los justificantes de pago de agua, luz y todo eso... y lo demás lo hago trocitos pequeñitos y lo reciclo.

Pero esta vez entre las hojas venía otra cosa.

Escondidilla, camuflada, venía la minúscula nota que me informaba de los cambios económicos que se me esperaban a partir de ahora: LAS NUEVAS CONDICIONES DE LA HIPOTECA.

Busqué en la pequeña hoja, llena de Euribor, T.A.E., porcentajes, capital amortizado, capital pendiente de amortizar, fluctuaciones del mercado y más cosas incomprensibles. Sólo me interesaba una cantidad de todo aquello: lo que me iba a costar la hipoteca a partir de ahora. Por fin encontré la fatídica cifra: 60 euros más todos los meses.

Lo que se traduce en: 720 euros más al año.

No es que 60 euros sea una gran cantidad, pero depende de con qué se compare. Mi sueldo no es una maravilla, ni mucho menos, así que esa cantidad me hace más daño a mí que a alguien que cobre dos o tres veces más.

Es cierto que mi sueldo subió algo a principio de año, sí, pero también es verdad es que no fue lo único que subió. Porque no sólo está la hipoteca: también el teléfono, el gimnasio, la luz, el agua... y si sumamos todas esas subidas, seguramente será más de lo que aumentó mi sueldo, por lo que al final -como siempre-, salgo perdiendo.

Total, que se me va bastante más de la mitad del sueldo en pagar la hipoteca y las facturas.

Luego leo por ahí que el español se gasta un 25% de su sueldo en esos menesteres. Pues vamos listos. Esa estadística me valdría si ganara tres veces lo que gano (y si fuera un español y no una española, claro). Ese español por ejemplo tendría opción a ahorrar algo, lo que no es mi caso. Tampoco tendría que pensarse quince veces en caso de que quisiera, pongamos por caso, hacer una escapada, y yo tengo que barajar veintisiete factores distintos antes de decidir si puedo o no puedo pasar el fin de semana fuera de casa.

Además, las supuestas ayudas para jóvenes, de las que el Gobierno presume, no aparecen por ningún lado. Hay ayudas para el alquiler, ¿y para las hipotecas, que suelen ser más altas? No. Hay ayudas a fondo perdido para aquellos jóvenes que quieran comprar una vivienda de protección oficial, ¿y para las de renta libre, que son generalmente más caras pero que ayudan a la economía porque así constructoras privadas se ven beneficiadas? No. Hay ayudas para las familias que quieren conectarse a Internet, ¿y para los que aún no hemos formado una familia? No. Pues no me lo explico.

Luego, salen las estadísticas y todo el mundo se escandaliza de que los jóvenes de hoy en día tarden en independizarse. No sé de qué nos extrañamos, porque, sinceramente, no lo ponen nada fácil. Los sueldos no son muy altos en general, pero no se puede decir lo mismo de el resto de los gastos. Las hipotecas son prohibitivas, los gastos básicos se multiplican, y los jóvenes, si pueden, prefieren quedarse en casa con sus padres para poder ahorrar algo de cara a comprarse un piso o un coche. ¿No es lógico ese planteamiento? A mí me parece que lo es. Lanzarse a la aventura no es nada fácil.

Aunque es cierto que yo no lo cambiaría por nada...

24 mayo 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 9

Después de 28 años sin carnet de conducir, ahora resulta que no puedo pasar ni un día más sin tener el maldito permiso.

No me lo explico ni yo. Desde siempre me he apañado para mis desplazamientos y viajes, me he manejado muy bien, y no he tenido ningún tipo de problema. Pero ahora, no soy capaz de entender cómo me las he arreglado hasta el momento, con viajes interminables cuando tenía que coger alguna línea de ésas que paran en todos los pueblos que se encuentren a su paso, con horarios malos e imposibles de combinar si encima tienes que hacer un enlace con una compañía distinta, con autobuses estrechos y viejos atestados de gente, con mucho frío o mucho calor dependiendo de la época, con una radio a todo volumen castigándonos con Radio Olé, y cosas así.

¿Cómo es que ahora no concibo estar un día más sin carnet?

Por eso cada clase que pasa, en lugar de pensar que estoy más cerca de mi objetivo, me da por pensar que no lo voy a lograr en la vida, y encima me mosqueo más. No sólo necesito el carnet porque sí, sino porque tengo otros planes que quiero llevar a cabo en un plazo de tiempo corto-medio y todo se me está fastidiando y no me gusta. Además, viendo lo absurdo de todo esto, la imperiosa necesidad que tengo ahora de algo de lo que llevo prescindiendo años, me pone de peor humor aún si cabe.

23 mayo 2008

La Ley y sus subtítulos...

Cacharreando por ahí, me encuentro este artículo que trata sobre la ilegalidad de ofrecer los subtítulos de las series o películas, ya sea en versión original o traducida. Para tener más información sobre el tema porque a priori me pareció muy fuerte, seguí varios enlaces (como éste y éste) para terminar alucinando pepinillos en tecnicolor.

Lo primero es que yo no entiendo de leyes en general y de ésta en particular, pero eso no me incapacita para expresar mi opinión: todo esto es absurdo. Además, esto va por oleadas: si la moda es cerrar sitios web en los que se intercambian enlaces para descargar música/series/películas, se hace, hay un debate por toda la red, una batalla legal grande o pequeña, se reabren los sitios y el tema queda calmado un tiempo... Hasta que aparece un nuevo tsunami y vuelta a empezar. Esta vez es con el tema de los subtítulos.

De la ley famosa que se está analizando con lupa e interpretando de todas las formas posibles, yo sólo me sé la parte escrita que aparece antes de que veas una película en DVD, por ejemplo (antes en VHS): ese aviso kilométrico que no puedes saltarte y que prohibe casi hasta que pares la emisión y vayas al baño.

No discuto que está bien proteger al autor de las obras, que para eso se lo ha currado, cada obra lleva mucho trabajo, blablabla, ESTAMOS DE ACUERDO. Pero también habría que usar un poco el sentido común. ¿verdad? Porque imaginemos que llevamos a cabo todas y cada una de las premisas de esta ley... ¿Qué no podríamos hacer?

  • Lo primero es que no podríamos cantar en la ducha, claro, porque estás reproduciendo parcialmente una obra. No podríamos cantar ni en la ducha ni en ningún otro lado... Así que España tendría una sequía permanente.
  • Tampoco podrías decirle una amiga que esté un poco depre: "toma, te presto este DVD, esta peli siempre me hace reir, seguro que te anima", porque estás prestando una obra (aunque sea tuya), porque no puedes hacerlo según el aviso legal que aparece al principio de la película. Así que tu amiga o se compra el DVD que le has recomendado o se queda depre.
  • En ese mismo caso, tampoco podrías llevar a casa de tus amigos una peli propia para verla todos, porque tus amigos ponen la casa, las palomitas y la Coca-Cola, por lo que podría considerarse "alquiler": les dejas la peli un rato y cobras unas palomitas y dos vasos de Coca-Cola a cambio.
  • Si te has comprado un CD de música que te gusta y lo tienes en casa para escucharlo allí, no puedes hacerte una copia para llevarla en el coche, ni cargar tu MP3 con ese disco, porque hacer copias es ilegal, aunque hayas pagado ya por el original. Así que o andas acarreando CDs arriba y abajo o pones la radio en el coche y andando.
  • Ya no habría bromas privadas entre amigos o parejas que hayan compartido una película -perfectamente legal- o una serie -perfectamente legal-, porque si por ejemplo, adoptan una frase (y yo soy muy dada a ese tipo de cosas), también sería una reproducción parcial y estaríamos incurriendo en el mismo delito de marras.
  • Si leyendo un libro de texto viera entre sus páginas una información que me parece útil para estudiar, pongamos en un esquema o un diagrama, no podría fotocopiarlo porque está prohibida su reproducción total o parcial (este último caso: es una hoja), e imagino que por la misma regla de tres tampoco podría copiarlo a mano porque sigue siendo una reproducción.

  • ¿No es completamente ridículo?

    Enlazando con esto, podemos pensar también en el famoso canon que tenemos que pagar cada vez que compramos un DVD para, imaginemos, grabar las fotos de las últimas vacaciones, sólo porque nuestra SGAE ha pensado mal y ha imaginado que ibas a usar ese DVD para otros fines oscuros e ilegales. Además, no es sólo con los DVD, sino que también son las grabadoras, los reproductores... Infinidad de cosas. ¿Podría ir yo a la SGAE con mis discos con fotos propias y apuntes hechos por mí a pedir que me devolvieran el canon que he pagado previamente?

    Nunca he pensado demasiado en estos temas, pero últimamente leo cada barbaridad que me parece increíble. Me da por creer que los legalistas y abogados de este país tienen mucho tiempo libre, y luego recuerdo las imágenes de los juzgados hasta arriba de expedientes de maltratadores que siguen en la calle... Sé que no tiene nada que ver, pero no puedo dejar de asociar esas ideas y concluir que las cosas no van como deberían...

    22 mayo 2008

    Hoy...

    ...me he aburrido mucho en el trabajo.

    ¿Se nota, verdad?

    21 mayo 2008

    ¿Y yo, qué leo? (III)

    Este fin de semana me he leído del tirón CORTA POR LO SANO, de Johanna Edwards.

    Hacía tiempo que le había echado el ojo, al verlo en las librerías, pero siempre pensaba que ya me lo compraría otro día (que es lo que te sueles decir para autoconvencerte cuando quieres algo pero no estás del todo segura de gastarte ese dinero en ese artículo precisamente ese día). Pero esta vez tuve una revelación. Deambulando por las mesas de libros que prepara El Corte Inglés, lo volví a ver. Volví a cogerlo distraída. Volví a leer la contraportada. Volví a pensar que me lo compraría otro día. Y entonces ví el precio.

    Rebajado a 5,95 euros. He ahí la revelación.

    Así que este fin de semana que nos hemos quedado en casa (o mejor dicho: en el sofá), me lo he leído. Sí, del tirón. No es muy largo y se hace ameno, así que casi ni me he dado cuenta...

    Aquí está el resumen que se puede leer en la contraportada:
    Dani Myers es una experta en romper relaciones desde que la contrataron en "Corta Por Lo Sano", una empresa especializada en acabar con todo aquello que es difícil de dejar en la vida: una pareja, un trabajo o un amigo. El cometido de Dani es dar la cara por otros, suavizar los motivos de la ruptura, preparar equipos de recuperación para animar a los que son dejados y, sobre todo, evitar que molesten a quien ha contratado sus servicios. Dani hace lo que puede por cumplir las normas de la empresa, pero tiene dificultades para ser una observadora imparcial y no involucrarse en los casos. Últimamente las cosas se están complicando, pero nada puede compararse con el último caso en el que ha de trabajar: una nueva clienta aparece en su oficina pidiéndole ayuda para dejar a su amante, que no es otro que el padre de Dani.
    La sinopsis en sí engancha, y precisamente ése es el fallo de libro: como sabes lo que va a pasar, ya no te sorprende cuando lees que el amante de turno es el padre de la protagonista. O sea, la sinopsis se carga el momento de mayor tensión de todo el libro... Cuando tendrías que haberte sorprendido, pues sólo dices: "ah, sí, eso", así que esa parte pasa sin pena ni gloria.

    Está bien hacer un resumen atractivo que active tus ganas de leer el libro (soy partidaria de las buenas sinopsis al 100%), pero creo yo que los puntos fundamentales de la trama no deberían desvelarse de esa manera, porque desinflan los momentos que en teoría te deberían sorprender.

    Por lo demás, el libro está muy bien. Es una lectura muy ligera y dinámica. Además, la historia es bastante novedosa porque se aleja un poco de lo típico: la protagonista tiene una profesión poco común, no está obsesionada con su estado civil, no es una exclava de la moda... Es decir, en este libro hay un aire diferente que se agradece. Poco a poco vas conociendo a la protagonista, que al principio te parece un poco impersonal incluso fría, pero luego se va viendo más allá y se convierte en alguien cercano, que tiene problemas como todo el mundo y que le afectan; entonces, se parece más a cada una de nosotras.

    Como me lo he leído en dos días (Sábado y Domingo), huelga decir que es rápido de leer, mantiene el interés a lo largo de toda la trama y una historia nueva siempre se agradece. Una buena elección (con un buen precio, ¡así se promueve la lectura!).

    19 mayo 2008

    Manolo García

    ¡¡Ya tenemos entradas para el concierto de Manolo García!!

    18 mayo 2008

    EL CARNET Y YO: Episodio 8

    Llevo ya 7.5 horas de conducción, y la verdad es que no veo la luz al final del túnel.

    A pesar de lo que me dice todo el mundo, yo no he notado ni una pizca de mejora a lo largo de los días. Sigo igual de tensa que el primer día, sigo liándome con las marchas, me siguen pareciendo un asco los ceda-el-paso, sigo sin ser consciente de las dimensiones del coche, sigo ignorando profundamente el espejo exterior derecho, sigo sin ver la mitad de las señales (por fortuna son las de limitación de velocidad y por norma general yo siempre voy más despacio de lo que debería), sigo sin aclararme sobre quién tiene prioridad en las rotondas complejas que los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos se empeñan en poner en las ciudades...

    Y por supuesto, PdC sigue chillándome una media de tres veces cada dos minutos.

    Aunque parezca que no, estoy encantadísima con este hombre que es un cachito de pan, se le nota tranquilo y tiene pinta de estar de buen humor casi siempre. Lo que pasa es que por lo visto, en general los PdC son así: te pegan cuatro voces cuando metes la pata para que se te incruste en el cerebro todo lo que haces mal. Y yo meto mucho la pata. O eso me parece a mí.

    De todas formas, he preguntado a todos mis amigos que tienen carnet y el 100% de los encuestados afirman que sus profesores fueron así, por lo que tiendo a pensar que no es que haya tenido especial mala suerte. De hecho, como ya he dicho, estoy contenta con mi PdC, y si ya pienso en la diferencia abismal que hay con MMQPDA...

    El caso es que a la tensión muscular, muchas veces tengo que tensar incluso los lagrimales para no empezar a llorar porque cada vez que me chilla dice algo, lo hace con un tonillo que reconozco como mío propio cuando pienso que la persona a la que me dirijo es torpe. Así que creo que me está llamando torpe (lo cual no me extraña, porque llega un momento que realmente no sé ni dónde está la izquierda). Estoy convencidísima de que no es su intención, pero yo me siento así. Además, siempre empieza con la frase "...te he dicho mil veces que...", y es verdad, incluso se queda corto porque lo más probable es que me lo haya dicho tres mil veces, pero me aturullo y no hago lo que me dice.

    Pero no porque no lo sepa, sino porque en décimas de segundo no me da tiempo ha hacer todo lo que quiere: fijarme en la flecha (no sólo en los carteles, fíjate sobre todo en la flecha pintada en el suelo, en la primera que veas pones el intermitente), señalizar el cambio (venga, pon el intermitente, tienes que decirles a los demás qué vas a hacer), mirar espejos (todos los espejos, el derecho también, ¿no ves que si no te puede dar alguien?), meterme en el carril (al principio del carril, vamos, si vas a entrar no esperes, tú desde el principio), fijarme a qué velocidad tengo que ir (antes ibas a 120, ahora tienes que reducir a 80, ¡si te lo dice la señal que acabas de pasar!, ¿no la has visto?), quitar el intermitente (quita en intermitente, ¡venga!, no lo dejes mucho tiempo, si ya estás dentro de tu carril no hace falta señalizar nada), frenar (pisa el freno, ¡y suelta el embrague!), pisar embrague (ahora sí lo tienes que pisar, pero cuidado, no demasiado fuerte), bajar marcha (de una en una, de quinta no bajes a tercera sin pasar por cuarta, tienes sitio de sobra para hacerlo), soltar embrague con suavidad (¡otra vez!, te he dicho mil veces que suave no es despacio), fijarme en el ceda (aquí siempre tienes que bajar la marcha, te lo tengo dicho), llegar a la rotonda en segunda (a las rotondas se llega en segunda, ya deberías saberlo), adecuar la velocidad (entras muy rápido, ¡a las rotondas no puedes entrar tan rápido!), mirar si hay coches dentro (aquel está muy lejos, ¿no ves que te da tiempo?), adivinar las intenciones de algunos (ese parece que va a salir, pero no ha puesto el intermitente, pero tú SIEMPRE tienes que ponerlo, ¿vale?, ese lo ha hecho mal), frenar con o sin embrague (el freno sólo si vas a frenar, y luego embrague para salir en primera, si no no toques el embrague), circular por el carril de fuera (tú por el carril exterior, ¡no pises la línea!, y el volante con suavidad, ¡con suavidad!), señalizar la salida (venga, en cuanto veas la salida pones el intermitente, y luego ya lo quitas), coger la salida (no te cierres taaaaanto, ¡no te cierres tanto!) Y VUELTA A EMPEZAR.

    Un horror.

    No creo que apruebe en la vida.

    De hecho, no creo ni que sobreviva a tanta tensión.

    16 mayo 2008

    Festivo Local

    Festivo local. Como el resto de la Humanidad sí que trabaja, y nosotros damos soporte a la Humanidad, aquí nadie se ha tomado fiesta.

    Bueno, casi nadie. Unos pocos suertudos han dormido a pierna suelta en su casa y se han olvidado por un día de madrugar. Por ejemplo: la recepcionista.

    Y como la recepcionista no ha venido a trabajar, los demás (pero aquí hablo por mí) hemos sufrido varias consecuencias, como por ejemplo:

  • Mi despacho no estaba aclimatado con amor como todas las mañanas. Es decir, al abrir la puerta me recibió un bofetón de frío bastante desagradable.
  • Las llamadas se han desviado directamente a los despachos, así que me he visto contestando el teléfono cada dos por tres y transfiriendo a tutiplén porque ninguna llamada era para mí.
  • Nos hemos tenido que autoproporcionar el material de oficina que normalmente nos trae ella adelantándose a nuestras necesidades.

  • Pero eso no ha sido nada comparado con LA TORTURA...

    ...que ha consistido en que la persona que la ha sustituído (y que también viene los fines de semana más que nada para controlar un poco el acceso y pare usted de contar), un señor ya mayor, se ha traído entre otras cosas un transistor.

    Yo creía que eso ya no existía. Pero sí: ha venido con su transistor, lo ha plantado encima de la mesa y ha buscado la emisora que le ha acompañado toda la mañana...

    ...que no ha sido otra que una emisora sin identificar que sólo emitía copla y pasodobles.

    POR EL AMOR DE DIOR.

    Mi jefe y yo nos hemos mirado incrédulos cuando hemos identificado ese sonido que no sabíamos de dónde salía. Hemos asomado la naricilla a la entrada y allí estaba él, feliz y extasiado, escuchando su radio a un volumen ligeramente molesto para los demás puesto que atravesaba tres paredes y llegaba a nuestros tímpanos. Oíamos un sonido sordo que se volvía más nítido cuando alguien abría la puerta (una media de dos veces por minuto), y nos ha entrado la paranoia constante de que sonaba un móvil en la distancia...

    A media mañana ya nos hemos resignado, y cada vez que alguien abría la puerta (y se escuchaba la canción de turno con más intensidad) he maldecido mi fantástica idea de trabajar en festivo para ganarme un día extra para cuando yo quiera.

    Hay precios que no merece la pena pagar...

    15 mayo 2008

    Actimel L.Casei Imunitass

    Ayer tuve un día digno de salir en un anuncio de Actimel L.Casei Imunitass, pero sin estar contándolo en una tumbona con el mar de fondo, claro.

    07:00 - Suena el teléfono del hotel, tal y como pedí. Me levanto haciendo un esfuerzo titánico porque estoy muy cansada: las camas de los hoteles son bastante incómodas por norma general y la mía es el claro ejemplo de esa afirmación. La ducha no me ayuda casi nada y sueño despierta con mi propia cama, mis sábanas, mi caaaaaaasa.

    08:00 - Ya estoy lista, con la maleta hecha y todo recogido. Esto último puedo decirlo con absoluta seguridad porque he revisado SEIS veces la habitación del hotel (los dos muebles que hay, vamos), incluso abriendo cajones que no he utilizado.

    09:00 - Después de un fantabuloso desayuno buffet (en el que me he puesto tibia de piña natural que estaba deliciosa), una pelea con el recepcionista para que la estancia la cargara a nombre de la empresa, me sitúo en la parte de atrás de un taxi que debe tener más años que yo, escuchando la COPE mientras atravesamos de punta a punta la ciudad para acabar siendo clavada por el taxista, al que le parece bien incluir un suplemento escalofriante por mi pequeña maletita. Llego tarde, claro. Quería estar en el trabajo antes de las nueve...

    09:15 - ...pero da igual porque no hay ni el tato allí. Saco mis cosas del bolso con toda la parsimonia del mundo sin quitar ojo de la puerta, pero sigue sin llegar nadie. Conecto el USB y me pongo a trabajar / matar el tiempo cuando por fin aparece la jefa de todo aquel tinglado, a la que le cambia la cara al ver que he llegado antes que ella. Para que se le pase el disgusto, al minuto se va a tomarse un café.

    09:25 - Por fin me pongo a trabajar con el equipo de personas que me encomendaron, repasando lo visto en los últimos días y aclarando dudas. Me exaspera la capacidad que tienen de distraerse, pero ya me da igual y no lucho contra eso. Total, si me quedan tres horas de estar allí...

    12:45 - Me despido de todo el mundo. El tren sale en 45 minutos, o sea que me voy con tiempo de sobra, pero como a mí los viajes en tren me ponen histérica, por mi gusto hubiera ido tres horas antes. Logro colar esos 45 minutos de adelanto con la excusa de que quiero comer algo antes del viaje y no hay problema (por otro lado, tampoco podrían ponerme pegas, claro). Compruebo que llevo el billete a mano y me voy a la estación.

    13:00 - Estoy en la estación, con la vista fija en el panel de información. Me aseguro unas quince veces de que la vía correcta de mi tren es la 3. Vuelvo a mirar por si acaso. Todo coincide: tipo de tren, origen, destino, hora de paso. Aún así, no estoy tranquila. Valoro preguntarle a alguien, pero el miedo a hacer el ridículo me detiene. Veo que el guardia de seguridad que pasa los equipajes de la gente que va a Madrid por el escáner ya me mira raro, así que me voy a buscar la vía 3 mientras me pregunto si sólo es importante revisar el equipaje de los que van a Madrid. ¿No pasa nada si alguien lleva una bomba a Málaga, por ejemplo?

    13:30 - Estoy sentada en el asiento 04A del coche 021 (tal y como pone mi billete) del tren situado en la vía 3. Todos los indicios señalan que llegaré a mi destino, PERO sigo intranquila como siempre que viajo en tren. Estas paranoias no me asaltan cuando voy en autobús, ¿por qué será? No importa que la señalización sea clara como el agua o que el propio director de RENFE me lo afirme, el caso es que yo nunca estoy segura del todo. Debo de tener algún trauma infantil que no recuerdo relacionado con esto...

    16:50 - Tres horas más tarde, más el plus de 20 minutos de retraso tan típico en estos casos, llego a la estación destino. Me duelen todos los músculos de mi cuerpo y tengo un agujero en el estómago, que no ha sido llenado con el sándwich que me he tomado en la cafetería del tren. Mi chico me está esperando desde hace un buen rato, y cuando lo veo en el andén, me doy cuenta de cuánto lo he echado de menos y de las ganas que tenía de volver, por mucho que me haya gustado irme un par de días.

    17:30 - Estoy en mi sofá, comiéndome unos cereales, intentando así placar mi hambre voraz. Lucho por mantener los ojos abiertos y la boca masticando bolitas de chocolate, deseando que suene el teléfono y sea PdC que me diga que esta tarde no vamos a dar prácticas de coche, de tal forma que pueda dormir un poco... Pero el móvil se mantiene en silencio y yo no me atrevo a dar el paso de decir que no puedo dar clase esta tarde.

    18:30 - El coche de la autoescuela llega horriblemente puntual, se para a mi lado y me siento al volante. Realmente no tengo NINGUNAS ganas de conducir, pero lo hago, claro. El tramo de carretera va bien, hasta que nos ponemos detrás de un vehículo especial que va a 15 kilómetros por hora y tengo que ir varios kilómetros en primera, con el pie tensísimo intentando mantener la distancia de seguridad con el coche de delante y pendiente de que el impaciente de atrás no se empotre contra mí.

    20:00 - Después de un circuito por ciudad, que fue de mal en peor hasta que yo solita me metí en una calle sin salida mientras PdC se partía de risa a la vez que me regañaba por el uso según él poco eficaz del pedal del embrague (¿cómo puede hacer esas dos cosas simultáneamente?), dejo el volante y me siento en el asiento de atrás mientras otra chica toma los mandos y da su clase. Intento dormir, pero los volantazos y subidas a la acera me lo impiden, así que me pongo los cascos y al menos disfruto del paseo.

    21:30 - Llego a casa (o mejor dicho: lo que queda de mí llega a casa). Me encuentro la cena lista y me siento culpable. Además, nos hemos perdido el encendido de luces de la feria (más culpabilidad). La maleta sigue en donde la dejé caer cuando llegué y mi chico la ha tenido que apartar para que no tropezáramos (más culpabilidad). Nos quedamos un rato en el sofá después de cenar pero tengo serias dificultades para mantenerme despierta y pasar un rato con él (más culpabilidad). Le digo que me voy a la cama y me mira con ojitos de perrillo triste (más culpabilidad).

    22:30 - Me acuesto, y por increíble que parezca, no me puedo dormir. Estoy cansadísima pero no paro de dar vueltas en la cama (¿será por el exceso de culpabilidad?). Me pongo de mal humor. Estoy perdiendo minutos de sueño y no me lo puedo permitir porque el despertador va a sonar implacable en lo que a mí me parecen escasas horas...

    __________________________________________

    ...como realmente pasó esta mañana y ha sido brutal. Medio dormida y casi a tientas he ido a desayunar a ver si el Cola-Cao me despertaba un poco, y al coger la leche de la nevera, me encuentro un folleto con un código alfanumérico que tienes que meter en una página web, y si tienes suerte, con ese código has ganado UN AÑO ENTERO DE ACTIMEL GRATIS. ¿Es o no el Universo un cachondo?


    12 mayo 2008

    See you soon!

    Me voy de viaje de trabajo, el primero de verdad en cuatro años (de dormir fuera de casa, me refiero). Me hace mucha ilusión, principalmente porque desaparezco del ambiente laboral cotidiano, lo cual ayuda a resetear y volver con ganas -que últimamente me van faltando-. Sólo serán unos días, pero no importa, así no me puedo agobiar ni me da tiempo de echar de menos nada. De momento, me he ganado un Lunes sin madrugar, con lo cual ya merece la pena...

    Bye! :)

    11 mayo 2008

    ¿Y yo, qué leo? (II)

    No es que yo me esconda mucho (más bien nada), pero tras este post de las chicas de Quédate a Dormir, mi pequeña debilidad en cuanto a las novelas chick-lit ya no parece tan rara. De hecho, es mucho más común de lo que pueda parecer en un principio. Ha sido una especie de salida de armario...

    Y ya me da oficialmente igual que mi chico me diga, en plena zona comercial mientras ojeábamos libros, señalando entusiasmadamente la zona de chick-lit: "¡mira, son estos libros que te gustan a ti, los de los dibujitos!" Ejem. :)

    Acabé con ¿QUÉ HARÍAS TÚ EN MI LUGAR?, de Julia Llewellyn, en tres días. Teniendo en cuenta cómo suelo andar de tiempo, pues es todo un récord. Lo que ocurre es que la historia me enganchó desde el primer momento, es una narración muy dinámica y en todo momento está pasando algo. Por eso ha tenido la virtud de dejarme quieta en el sofá leyendo...

    La sinopsis que se puede leer en la contraportada es la siguiente:
    Me llamo Natasha. Mi carrera es un éxito y vivo en un fantástico ático de lujo. Solo tengo un problema: me he enamorado de un hombre que ya tiene novia.

    Me llamo Sophie. Tengo al hombre que quiero. Es fantástico. Llevamos juntos cuatro años. Solo tengo un problema: no acaba de proponerme matrimonio.

    Natasha y Sophie se conocieron cuando tenían once años y rápidamente se convirtieron en las mejores amigas. Natasha fue siempre la más inteligente y Sophie, la más guapa, algo que no se ha interpuesto entre ellas... Hasta ahora. De pronto, una envidia insidiosa e inevitable, esa que siempre estuvo allí, sin hacerse apenas notar, ha salido a la superficie y está reclamando esos «cadáveres» que hasta este momento no ha podido dejar en el camino. ¿Se merece un amor descolorido que una se aferre a él a cualquier precio? ¿Es el matrimonio el principio y fin de todo? Y, ¿puede un romance ser siempre lo decisivo? Natasha y Sophie necesitan aprender que quizá están persiguiendo la felicidad en lugares equivocados.

    Una divertida novela sobre la incomunicación y los obstáculos que nos ponemos para encontrar la felicidad.
    La historia trascurre en Londres (como la mayoría de las chick-lit que he leído, y ya tengo unas ganas de ir a conocer la ciudad que no me las aguanto ni yo), y cuenta con humor las peripecias de dos amigas con respecto a su relación de amistad (cuando hay diferencias de carácter y de estilo de vida por medio) y las relaciones con los hombres. Qué quieren, que creen querer, qué no quieren, qué creen no querer.

    A lo largo de las páginas, se descubre que seguramente lo que hemos soñado siempre no es lo que queremos realmente, que todo lo bueno tiene un pero, que la perfección no existe, y que no es oro todo lo que reluce. Enseña que la envidia sana que le podemos tener a una amiga, lo más probable es que no tenga el fundamento que creemos, porque siempre habrá algo que se nos escape, esa pizca de infelicidad que no vemos, pero que está ahí.

    Me ha gustado mucho porque he reconocido en los personajes ese miedo que solemos tener a meter la pata y que "espantemos" así a quien está a nuestro lado. Ese estado de alerta constante en la que nos sumimos cuando acabamos de empezar una relación y queremos ser perfectas, justo la clase de persona que creemos que busca el otro. Ese afán por decir lo que se supone que debemos, aunque estemos pensando justo lo contrario. Ese sentimiento encontrado cuando hacemos algo porque es lo educado o lo correcto, pero que en realidad no queremos. Esas dudas de esperar a que las cosas sigan su cauce o forzarlas aún con todas las consecuencias. Esa pregunta de "¿y si...?" que no somos capaces de dejar en el aire.

    Son esos pequeños detalles, esos comportamientos que todos hemos tenido alguna vez en la vida, pero de los que no somos conscientes (o no queremos serlo). Es difícil reconocerlos en uno mismo, pero no cuesta nada ver que es otra persona la que está actuando así y muchas veces, por experiencia propia, tenemos claro que no debería hacerlo...

    ...pero luego recordamos cuando estábamos en su lugar, y todo se entiende a la perfección.

    En resumen, ha sido un libro muy entretenido y divertido. Me lo he pasado genial leyéndolo, y obviamente buscaré más libros de la autora, con la esperanza de que este estilo que tanto me ha enganchado lo mantenga en otras historias. Para quienes les gusten estas lecturas ligeritas, es muy recomendable.

    10 mayo 2008

    La Debacle II

    El tema de los zapatos había quedado aparcado hasta que cobrara mejor ocasión. Al fin y al cabo, todavía tenía tiempo por delante. La única precaución que tomé fue mantenerme bien alejada de la zapatería de marras por si acaso...

    La otra tarde fuimos a la city a hacer unos recados. Mientras yo esperaba por el centro a que mi chico acabara sus cosas, estuve rondando escaparates. Una tienda de ropa por aquí, una de complementos por allá, una óptica, una relojería, una zapatería...

    ¿Qué podía pasar si me acercaba a una zapatería?

    Pues que se me aparecieran LOS zapatos.

    Parpadeé.

    No podía ser.

    ¡Me habían perseguido 50 kilómetros!

    Y seguían tan nuevos, tan estupendos, tan sugerentes, tan caros... Con su bolso a juego desafiante detrás de ellos. Hasta me pareció que me ponían morritos.

    Me alejé de allí. Obviamente, el Universo me había tendido una trampa. Por segunda vez, sin que yo los buscara, me los había puesto en mi camino (aunque ya que se ponía, el Universo podía haber rebajado un poco el precio).

    Me fui a El Corte Inglés, con la vaga esperanza de que con las miles de chominaícas que ofrece ese antro de perversión centro comercial se me pasara toda la tontuna zapatil.

    Pero no. Nada de la primera planta ni de la segunda me sedujo.

    Así que acabé en la tercera.

    Sección de Zapatería, como es fácil suponer a estas alturas.

    También estaban allí, por supuesto. Brillando con luz propia en lo alto del expositor. Todo un estand para ellos solos y sus familiares, a cual más seductor.

    Me senté resignada a probármelos de nuevo. No es fácil ignorar TRES señales del Universo...

    Y mientras esperaba a que me sacaran un par de mi número, me fijé en los primos terceros de LOS zapatos, que estaban como apartados del resto. Los cogí con mimo, eran unas sencillas y simples sandalias de tres tiras doradas, con poco tacón en forma de cuña. Justo el par de muestra era de mi número. Me los probé. Eran más baratos que LOS zapatos, muy cómodos, un tacón confortable, un diseño sencillo (aunque quizá poco glamourosos, cierto), muy combinables con más ropa, dorados...

    Ideales.

    ¡Ya tengo zapatos!

    09 mayo 2008

    EL CARNET Y YO: Episodio 7

    ¡¡YA DI MI PRIMERA CLASE PRÁCTICA DE CONDUCIR!!

    ...y acabé con las piernas rígidas de la tensión que tenía en todo mi cuerpo.

    El día anterior, me llamó MMQPDA (Mi Muy Querida Profesora de Autoescuela) a las cinco de la tarde, para ver si podía empezar ese mismo día. Cierto que aquello fue como si se me abrieran las puertas del Cielo después de más de un mes esperando, pero yo con un par de hüitis le dije que NO.

    Sí, para hacerme la difícil, vale, y porque ya había hecho otros planes y no me apetecía deshacerlos. Además, no me daba la gana de dar la imagen de que estaba supeditada a lo que quisiera esa mujer...

    ...pero sí, en cuando salió de mi boca la negación, me recorrieron unos sudores fríos porque ya la veía tachando mi nombre de la lista con perverso placer y poniéndome en última posición. Es decir, de nuevo a esperar otro par de semanas, con mucha suerte.

    Pregunté, con el tono más meloso e inocente que me salió: "¿Y no puede ser mañana?"

    Mis temores se confirmaron cuando me dijo con un tono de voz nada amistoso: "Luego te llamo..."

    No me llamó, claro.

    La tortura me duró hasta el día siguiente, que por la mañana me volvió a llamar y ya no ofrecí ninguna resistencia. A las 19:45 cogí por primera vez de forma oficial y en público, a plena luz del día, un coche.

    Lo que yo pensaba que iba a ser una toma de contacto, con el profesor señalando mandos y explicando para qué servían, no lo fue. Directamente el pobre Profe de Conducir (en adelante, PdC), un santo con una paciencia que Dior se la conserve, me puso en el asiento del conductor y me hizo dar vueltas por todo el núcleo urbano y a mitad de clase me sacó a la carretera haciendo un amago de incorporarme a la autovía (pero finalmente desistió al ver que cuando me dijo eso casi me da un jamacuco).

    Hice millones de cambios de marcha, intentando que con mi estado de nervios la pierna me respondiera y soltara el embrague con suavidad (que no siempre lo conseguí, más bien la palabra adecuada sería NUNCA).

    También tenía que pensar un montón cada vez que hacía alguna maniobra, pero es difícil coordinar dos piernas, dos brazos y dos ojos... Increíble que la gente llegue -o lleguemos, venga, hay que ser positiva- a hacerlo con naturalidad.

    El intermitente fue mi pesadilla, porque nunca me acordaba de ponerlo y mucho menos de quitarlo, menos mal que el coche ya hacía esto último por mí. Para mí no existieron los retrovisores porque bastante ocupada estaba ya con TODO lo demás. Y finalmente decidí que odio los ceda el paso: ¡que pongan STOPs y acaben con esta agonía de una vez!

    Una parte positiva, venga: al menos conseguí "escuchar el coche" y saber cuándo pedía un cambio de marcha. También pude identificar cuándo la había metido mal sin que PdC me lo tuviera que decir, lo cual no le pareció mal al hombre (dijo que estaba bien que tuviera iniciativa). Pero de todas formas, INSISTO: debería haber algún panel informativo que te dijera qué marcha tienes metida, porque nunca me acuerdo...

    Por otro lado, PdC se congratuló de que no se me calara el coche ni una sola vez, como mucho algún arranque un poco brusco, y bueno, la palanca de las marchas, que se me pierde de vez en cuando.

    La clase me pareció eterna (lo cual es bueno), y acabé agotada, engarrotada y presa de un miniataque de histeria. El profesor dijo que otras iban peor que yo (do you think?), y que no había sido para tanto... Y la verdad es que se le notaba bastante tranquilo, o eso me pareció en mi particular forma de percibir el mundo exterior.

    I'm back!

    08 mayo 2008

    La Mala Medicina

    De forma oficial, mi ex-médico es un gilipollas integral.

    Ayer mi chico se encontraba bastante pochis. Todo parecía indicar que tenía un resfriado, pero lo que me preocupaba eran sus ojos: le picaban más de lo normal, los tenía inyectados en sangre y con los párpados irritados. Cada vez se toqueteaba más y aquello iba de mal en peor. Él dijo que iría a la farmacia a por un colirio, y yo dije: "¿por qué no vamos al médico y que te diga qué colirio te vendrá mejor?"

    Como ya era por la tarde, no se podía pedir cita. Fuimos al mostrador de información para ver si podían ponernos en la lista de las consultas de la tarde aunque tuviéramos que esperar a los últimos. La chica que nos atendió dijo que bajáramos a Urgencias, que en ese momento consistía en un pasillo vacío en la que la única señal de vida humana eran unas bandejas con restos de comida.

    Con esto quiero decir que no estaban saturados, ni mucho menos.

    Cuando hicieron pasar a mi chico, yo me quedé prudencialmente en la puerta, máxime cuando vi que el médico de guardia era el impresentable de marras. Y desde allí escuché cómo ese imbécil le decía, sin acercarse a mi chico para nada of course, que eso no se trataba por Urgencias y que tenía que ir al médico de cabecera.

    Es decir: que no le salió de los cojones ni siquiera mirarle a ver qué le pasaba.

    No sé si fue porque éramos nosotros (tengo un poco de manía persecutoria) o que este señor tiene un problema serio, pero me inclino más por lo segundo. ¿Qué trabajo le costaba decirle qué colirio le podía sentar mejor y aliviar su vista? O cualquier otro gesto que se pudiera interpretar positivamente. ¿Hay que llevar el ojo en la mano para que considere que el caso se puede atender por un médico de guardia? Debe ser.

    Total, que volvimos al mostrador, y no había cita para el día siguiente (por supuesto). La mujer dijo que volviéramos por la mañana, sin cita, para entrar por URGENCIAS. Tócate los perendengues.

    La consiguiente pregunta es: ¿qué diferencia hay entre ir por urgencias por la tarde o a la mañana siguiente?

    Y más aún... ¿Qué cojones pasa aquí? ¿Hay un listado de patologías que no se atienden en Urgencias? ¿Desde cuándo? ¿Cómo sabe ese hombre, con su aficción a hacer diagnósticos con el paciente aún fuera de la consulta, qué le pasaba a mi chico como para largarlo de semejante manera? ¿Cómo es posible que se puedan consentir esas cosas? ¿Por qué no nos dieron una hoja de quejas en ese mismo instante, cuando la pedimos? ¿De verdad estamos pagando por una Sanidad así? ¿Realmente los médicos se pueden permitir esos lujos? Jamás he visto yo que se discriminen los pacientes en los servicios de Urgencias...

    Roja de indignación y con la carótida hinchada, quise poner una queja, porque aquello parecía ya un tema personal, pero, fíjate qué cosas, no se podía poner una queja hasta por la mañana (cuando ya te calmas, lo consultas con la almohada, y finalmente concluyes que no merece la pena meterse en follones).

    Me parece sencillamente increíble por un lado, e inaceptable por otro.

    También, por supuesto, que no se pueda poner una reclamación cuando quieres, sino sólo en horario de oficina...

    Con la calentura del momento, me apeteció llamar desde casa al 061 y que tuviera que venir por huevos. A ver si se negaba entonces, con todo el dispositivo que se arma. Pero como tampoco era para tanto, lo dejamos estar.

    Sinceramente, no creo que esto deba quedarse así. Es la segunda vez que este señor se permite el lujo de tratarnos a patadas; primero a mí y luego a mi chico. Quizá tenga un mosqueo crónico y le pase con todo el mundo, no lo sé, pero lo que está claro es que estas cosas no se deben consentir. La otra vez, según salí de su consulta, me cambié de médico y adiósmuybuenas, pero claro, luego te lo puedes encontrar de guardia, o haciendo una suplencia a tu médico o cualquier otra cosa...

    También me preocupa que esto le pase a más gente, nadie diga ni pío, y aquí no pasa nada. Siempre se dice aquello de "habría que protestar más", y cada día más me parece una gran verdad. Creo que hay cosas que no salen a la luz, que no se arreglan, porque no nos molestamos en hacer lo que debemos, que es denunciar este tipo de casos a quien se deba. Lo que pasa es que nos enfriamos, y pensamos que no merece la pena molestarse, que no sirve de nada, que las quejas se amontonan en algún sitio y allí se quedan (o como mucho sirven para que alguien se ría leyendo tu indignación garabateada en un papel).

    De momento, me desahogo aquí, que ya es bastante...

    07 mayo 2008

    Una tarde extraña...

    La sesión de peluquería, estupenda. Es uno de los mayores placeres de esta vida que te anden sobeteando el pelo durante media hora laaaaaaaarga.

    La sesión de maquillaje, gratis, fue mejor todavía. Me sentí genial una vez que la chica dejó de intentar convencerme que el total de productos que uso por la mañana (3) es absolutamente insuficiente dada la edad que tengo (Excuse Me????), y que el Sistema 3 Pasos que utilizo es escaso PORQUE hay que dar una caminata completa. Cuando se dió cuenta de que mis respuestas era automáticas y que no le estaba haciendo ni puto mucho caso, se dedicó SÓLO a maquillarme y fue estupendísimo.

    Así que cuando salí de allí me sentí tan bien que nos dejamos caer en un estudio fotográfico. No me podía creer que se me hubiera ocurrido semejante locura, a mí, que ODIO las fotos...

    La idea era de hacerme unas cuantas, justo cuando entre unos y otros me habían arreglado. Al principio estaba MUY nerviosa y todo aquello me parecía un GRAN error, pero todas las dudas se me fueron cuando miré a mi chico que estaba entusiasmado con la idea y muy ilusionado porque me dejara fotografiar (situación que pasa una vez cada trescientos millones de años). En ese momento todo fue mucho mejor porque me sentí relajada y las cosas salieron más fluídas. El fotógrafo también ayudó porque era un hombre bastante parlanchín... Luego me di cuenta de que eso es de lo más importante.

    Cuando acabamos la sesión de fotos escogimos unas cuantas para quedarnos. Me seguía resultando todo muy extraño a mí, pero ya estaba hecho. El fotógrafo dijo que nos llamaría cuando estuvieran listas las fotos (o sea, cuando de un par de fotos eliminara las ojeras que parecían dominar las imágenes), y salimos de allí muy satisfechos; principalmente porque nos lo habíamos pasado muy bien en una experiencia en la que nunca habíamos pensado.

    Ahora a esperar a ver cómo quedan las fotos...

    06 mayo 2008

    Martes Negro

    Después del fin de semana de ánimos por los suelos y de un Lunes que por propia definición no ayudó mucho, puse todas mis esperanzas de mejora en HOY.

    ¿Cómo no iban a mejorar las cosas la acción conjunta de un paso por la peluquería primero y una sesión de maquillaje después?

    Pero el día ha empezado MUY mal.

  • Me tiré toooooooda la noche dando vueltas, despertándome cada poco, teniendo calor, luego frío, luego sed... y justo cuando encuentro la paz, a los quince minutos suena el despertador.
  • Mientras desayunaba me da por ver el correo del día anterior, y me entero de que mi banco me acusa de no haber pagado una mensualidad de la hipoteca, cuando el cargo está hecho religiosamente y no hay motivo alguno para darme ese berrinche.
  • En el trabajo, los ánimos están nada más que regular, y discuto con una chica a cuenta de un despiste suyo que no es capaz de asimilar y que para quitarse el muerto de encima se inventa una historia digna de Antoñita La Fantástica.
  • Me escapo un rato del trabajo para arreglar el lamentable malentendido en el banco y me encuentro con la chica aspirante a alcanzar el récord mundial de pocas ganas de trabajar, que no me soluciona apenas nada (menos mal que luego todo se arregla).
  • Para calmarme un poco, me voy a escondidas a desayunar (sí, en lugar de volver al curro, soy una mala persona), y justo en la cafetería me encuentro a alguien del trabajo, así que luego tengo que confesar que no fui "exclusivamente" al banco.
  • Ya puestos a aprovechar la escapada, me paso por la autoescuela, pero el maquillado chico que está al mando en esos momentos resulta que no es capaz de decirme cuándo coño piensan llamarme para dar las clases prácticas.
  • Vuelvo al trabajo y la montaña de papeles que había dejado se ha multiplicado por cuatro en una hora, ¿cómo es posible?
  • A S.J. le sienta fatal el despiste de la chica que me ha traído de cabeza desde primera hora y nos cae un rapapolvo de mil pares de narices que se puede oir hasta en Sebastopol, como ya esperaba yo que pasara. No por esperado me importa menos, así que el resultado es un dolor de tripa de media mañana.
  • Más tarde intento comer algo a ver si se me pasa, y sólo me sirve un plátano solitario de mi bolsa del almuerzo, que como despacio mientras mi amiga (mi azote cuando peco y me como un donuts o algo semejante) se está zampando sin ningún miramiento una caña de chocolate, lo cual al menos la incapacita de meterse conmigo en los próximos dos meses.
  • La peluquera me llama para atrasarme la hora de la cita, que yo había escogido cuidadosamente para luego ir a todos los demás compromisos, lo cual casi me rompe la tarde, y al final consigo convencerla de que no me estropee muchos mis planes.
  • Miro de reojo el móvil por si la maquilladora también me llama para decirme que unos ladrones le han churrimangado el stand y tiene que suspender mi cita, lo cual es lo que me faltaba ya hoy...

  • ¿Qué más puede pasar?

    04 mayo 2008

    48 horas perdidas...

    Me he tirado todo el fin de semana (que se dice pronto) vegetando en el sofá haciendo absolutamente nada.

    Debería haber estudiado porque voy muy atrasada en todo, pero NO lo he hecho.

    Debería haber arreglado el piso antes de que las autoridades sanitarias me lo precinten, pero NO lo he hecho.

    Lo que SÍ he hecho ha sido estar tirada en el sofá, con el pijama y una cola de caballo, sin ganas de nada y con los ánimos tirados por los suelos (peleándose con las pelusas). Me he pasado las horas leyendo un libro y no pensando en las cosas que no estaba haciendo. He sobrevivido culinariamente gracias a la ley del minimísimo esfuerzo y las recetas express aprendidas de los años puramente universitarios. He intentado poner orden en casa, pero lo único que he hecho ha sido mover el desorden de sitio; me he encogido de hombros y he dejado que todo eso no me importe nada. El dormitorio sigue siendo un caos de zapatos tirados por el suelo, una maleta a medio hacer o a medio deshacer; he decidido que puedo seguir viviendo con semejante panorama unos días más.

    Me encuentro un poco deprimida. Lo he estado aguantando varios días, no sabría precisar cuántos, pero este fin de semana, sola en casa, he dejado de esconder esa tristeza y el resultado ha sido unas 48 tiradas a la basura, y encima con la frustración de ser consciente de ello y no haber hecho nada por evitarlo.

    No sé qué me pasa. Mi madre siempre me dice "por algo será", y no entiende que no es por nada en especial, que no puedo simplemente apuntar con el dedo a una sola cosa que haya hecho que me sienta así, porque esto no funciona como ella cree. Por eso nunca le cuento que me siento depre, porque siempre pregunta lo mismo y en todos estos años aún no ha aprendido a que yo no tengo una respuesta que le convenza, y por eso le quita importancia a cómo me siento, lo cual me irrita sobremanera y acabamos discutiendo.

    Tampoco he sido capaz de llamar a ninguna amiga para contarle nada, porque estoy segura que en el momento de marcar algún número empezaría a llorar y no es agradable precisamente escuchar al otro lado del teléfono a una amiga hipando sin poder articular palabra. Y aunque lo hubiera conseguido, ¿qué podría decir? Que me siento así y punto. La pregunta típica del momento, "¿pero es que ha pasado algo?", no tiene respuesta. Es un todo y un nada. Por complicado que parezca, es así de sencillo.

    03 mayo 2008

    Economía Obsesiva-Compulsiva

    Tengo que reconocer que últimamente estoy un pelín obsesionada con la economía. No la mundial, no, sino la de estar por casa.

    Es muy poco chic andar con la cabeza ocupada en eso, pero si eres una mileurista emancipada hipotecada, no te queda más remedio. Sobre todo cuando te das cuenta de que en tu buzón sólo entran facturas y folletos del supermercado que descartas de forma automática (pero que en realidad habría que estudiar detenidamente). Empiezas a desarrollar una pequeña fobia a abrir las cartas que rescatas de tu buzón, y te preguntas a cuánto ascenderá el susto este mes. Intentas acordarte de si hablaste mucho por el móvil, si te dejaste las luces encendidas durante el fin de semana o si pagaste con la tarjeta de crédito alguna cosa. Yo ni siquiera espero a estar en casa, voy rasgando el sobre por las escaleras o el ascensor con las llaves para pasar el mal trago de una vez. De vez en cuando miro mi cuenta donde tengo domiciliadas las facturas por si acaso han pasado algún cargo con el que no contaba y me ha dejado en descubierto.

    A los gastos mensuales a los que ya estoy habituada (¡qué remedio!) se suman la contribución del piso y de la plaza de garaje (un término muy generoso para describir unos pocos metros de cemento delimitados por unas rayas de pintura que en su día fue blanca), además de la anualidad del seguro hogar a todo riesgo que contraté porque me conozco muy bien a mí misma. Nunca me acuerdo de cuándo tienen que venir hasta que me encuentro el aviso, invitándome a pagar voluntariamente en los próximos dos meses con una velada amenaza de recargo si me atraso.

    Este año puse mis esperanzas en la Declaración de la Renta, que el año pasado me pagó esos recibos y un iPod. En esta ocasión pensaba seguir el mismo camino, cambiando el iPod por una cámara de fotos muy cuca a la que ya había hechado el ojo. Pero TODOS (porque eso es Hacienda, ¿no?) han decidido que no, que este año la devolución me cubre los recibos y a lo mejor un café.

    Y es curioso, porque este año soy el doble de pobre pero me devuelven la mitad. ¿Cómo es posible? Intento encontrar la respuesta en el borrador que mi querida Agencia Tributaria me ha mandado a casa, pero me pierdo irremediablemente en casillas numeradas, en cuotas íntegras, en importes de deducciones, en rendimientos del trabajo, en capital mobiliario, en bases imponibles, en rentas imputadas, en saldo neto y en gastos deducibles. No entiendo nada, lo cual me da mucha rabia porque ¿no se supone que debería? Sólo soy capaz de dilucidar que la cuota diferencial al menos tiene un signo negativo que significa que al menos esos euros son para mí.

    No sé si:
    a) Renunciar a entender todo ese galimatías, aceptar el borrador, recibir el dinero que reinvertiré inmediatamente en el IBI.
    b) Ir a un gestor que me explique todo eso (pero no tengo esperanzas de entenderlo), me diga lo mismo que el borrador y encima me cobre por confirmarme el disgusto.

    Lo que es seguro es que me quedo sin cámara de fotos nueva.

    Bueno, al menos tengo una retroalimentación que me cubre los gastos importantes.

    Como conclusión, un año más me doy cuenta de que soy "adulta" (sea lo que sea que eso signifique), porque tengo una carpeta que no está llena de apuntes sino de recibos, pólizas de seguros y escrituras. Antes yo no tenía de ésas cosas, ¿cómo he llegado hasta aquí?

    No lo sé, pero la verdad es que a pesar de estas preocupaciones, de estar un poco obsesionada con la economía como he dicho al principio, me gusta donde estoy.

    01 mayo 2008

    ¿Y yo, qué leo?

    Me he leído LA IMAGINACIÓN DESCONTROLADA DE OLIVIA JOULES básicamente porque es de Helen Fielding y me lo pasé en grande con su Bridget Jones (por no decir que me siento un poco identificada con ella).

    Pero ha sido un error, aunque no creo que sea debido a que tenía las espectativas un poco altas. Este libro no es anterior a Bridget, pero lo parece. No tiene el humor irónico que esperaba y que me gusta encontrar en una novela chick-lit, las descripciones o son escasas o excesivamente tediosas, y es bastante difícil ponerse en la piel de la protagonista porque no es nada cercana. El argumento es poco creíble y demasiado pretencioso. He tardado bastante en leerlo y no por falta de tiempo: esta vez ha sido por falta de ganas ya que el libro no me ha enganchado en absoluto, pero muy malo tiene que ser un libro para que no me lo termine.

    ¿Se nota que no me ha gustado? Parece que un poco. La sinopsis que ronda por Internet es la siguiente:
    La periodista londinense Olivia Joules está harta de escribir sobre temas frívolos: productos de belleza, anticelulíticos, últimas tendencias de la moda, sexo en la oficina... No es que Olivia no sea capaz de realizar artículos "serios": simplemente, a los ojos de su redactor jefe, tiene demasiada imaginación. Hasta que un día, sin comerlo ni beberlo, un artículo sobre una crema facial la conduce hasta Miami, donde el director de la empresa cosmética, Pierre Ferramo, intenta seducirla. Pero el sospechoso deje árabe que la periodista descubre en el acento de Ferramo, y su asombroso parecido con Osama Bin Laden, terminará convirtiendo su artículo en una investigación al más puro estilo Bond, en la que, dando rienda suelta a su hiperactiva imaginación, Olivia descubrirá un complot terrorista. Al-Qaeda, los servicios secretos británicos y el FBI son algunos de los compañeros de viaje de la intrépida periodista en Miami, el Caribe, el desierto de Arabia y una desternillante ceremonia de los Oscars.
    Si alguien pretende leer el libro buscando algo parecido a "El diario de Bridget Jones", mejor que no pierda el tiempo porque no lo va a encontrar aquí. Aún partiendo de cero, imaginando que no se conozca a Bridget Jones, en mi opinión esta novela no merece la pena porque el argumento es muy fantasioso, está cogido con alfileres de sombrero y en ocasiones es hasta aburrido. No merece ni siquiera un aprobado raspado (pero al menos me lo he terminado, y eso ya es algo).

    Por cierto quue he visto que desde el 2001 está por ahí el tercer libro de la saga de Bridget Jones, su guía de vida, pero aún no se ha traducido. ¿Por qué?

     
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