30 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 16

- Señorita, al final de la rampa, gire usted a la izquierda.

A pesar del tembleque de todo mi cuerpo que los baches me ayudaban a disimular, enfilé la calle todo lo segura de mí misma que pude estar en ese momento (NADA). Calculé mentalmente que por esa rampa había pasado un mínimo de dos veces en cada clase, y teniendo en cuenta que he dado casi cuarenta, eso hace que por lo menos ochenta veces he pasado por ahí.

De las cuales, un alto porcentaje de veces el coche se me había calado, porque no aceleraba lo suficiente o alguna cosa así...

Miré los espejos exagerando el movimiento de cabeza como se han cansado de repetirme, puse intermitente, subí la rampa y frené el coche en la línea, sin pisarla, suavemente.

Miré a la izquierda. No venía ningún coche.

Miré a la derecha. No venía ningún coche.

Volví a mirar a ambos lados, por si algún coche se había materializado de la nada, y no: toda la calle estaba a mi disposición.

Así que giré a la izquierda.

Una vez enderezado el coche, ví a un peatón a mi izquierda y frené. Una vez estaba parada, me noté henchida de satisfacción de ver que:

1. No se me había calado el coche.
2. Había visto al peatón y me había parado.

Pero en ese momento, mi instinto me dijo que había algo que estaba mal.

¿Cómo es que me sale un peatón por la izquierda, bajando tranquilamente de la acera?

¿No debería salirme de la derecha, si acaso?

¿Y si viniera por la izquierda, no debería verlo de lejos, en lugar de estar delante de mí?

El señor siguió caminando tranquilamente, y cuando se apartó de mi vista, ví la cruda realidad y me deshinché de golpe (afortunadamente, sin sonido, hubiera sido el colmo ya).

Un coche venía a lo lejos, e iba directamente a mí.

Por el mismo carril donde estaba yo.

Porque había girado tan a la izquierda, que allí me había quedado: en el carril de la izquierda.

LA MUERTE.

Así que cuando el peatón pasó, yo volví a mi carril e inmediatamente hice una parada (ni siquiera me esperé a que me lo dijera el examinador, que se había quedado mudo de la estupefacción).

Me bajé del coche llorando a lágrima viva, muerta de vergüenza y temblando. Hipando intenté explicarle al examinador que yo NO soy una kamikaze cualquiera que usualmente circula por el carril contrario, y el examinador, un raro especimen puesto que era un chico amable y simpático, se tiró sus buenos cinco minutos consolándome y diciendo que no era para tanto (¡angelico!, como si yo no supiera que esa era la mayor pata jamás metida).

Pero que estaba suspensa, obviamente.

La próxima cita: el día 9 de Julio, en la que espero estar medianamente tranquila y sea capaz de pensar con un mínimo de claridad, cosa que es evidente que dudo dado lo sucedido hoy. Me conformo con que para entonces se me haya ido la hinchazón de ojos que tengo hoy a cuenta de la llorera y del berrinche que tengo...

29 junio 2008

¿Y yo, qué leo? (IV)

Me he leído SABRINA: 1 - EL MUNDO: 0 de Rebeca Rus, por varios motivos.

El primero es por curiosidad: a ver qué tal es una chick-lit española, ambientada en Madrid y no en Dublin ni en Nueva York, que se vista de Zara y no de Prada y que escuche a Estopa y no a Elvis Costello, por ejemplo (no es el caso esto último, gracias a Dior).

El segundo es porque el diseño de la portada es de los que me gustan y definen ("una portada de ésas con dibujitos" como dice mi chico), y es bastante llamativo.

Y lo tercero... Lo tercero no es una razón. Es una curiosidad. En un hilo de un foro que visito a menudo escribe la autora del libro, y me llama la atención la cercanía, el poder decirle a la autora lo que te gusta o no del libro, comentar con ella lo que te ha parecido más divertido o lo que a tu juicio sobra... Ay, si Dan Brown hubiera hecho lo mismo me iba a oir leer...

La sinopsis que se puede leer en la contraportada es la siguiente:
Sabrina tiene veintiséis años, es alocada, irresponsable y con tendencia a meterse en líos. Su trabajo como creativa júnior en una agencia de publicidad no le da más que para compartir un piso caótico con dos amigas, paliar su afán consumista en Zara y llegar a fin de mes en números rojos.

No obstante, Sabrina ha decidido convertirse en la mejor publicista de España. Así que, por primera vez en su vida va a dejar el messenger, las intrigas de oficina y los escaqueos para trabajar por esa meta. Lo que Sabrina no se espera es que dentro de su cabeza haya verdadero talento, y mucho menos que la persona que va a ayudarla a descubrirlo sea quien es.
Una sinopsis muy acertada. De aquí puedes deducir que te va a ser muy fácil identificarte con esta chica, sobre todo en el tema de Zara y los números rojos... Así que es una razón más para abrir las páginas del libro y zambullirte en la historia.

Además, el resumen insinúa sin enseñar, y según vas leyendo, te das cuenta de que no es la típica novela que en el segundo capítulo sabes con quién va a acabar la protagonista, quién es el malo y todo eso. En este caso hasta bastante al final no tienes claro qué va a pasar, y la verdad es que la historia es buena.

Lo que no me convence en absoluto es la narración. Para mi gusto es demasiado lenta, la historia en sí podría haberse contado en menos capítulos. Describe lo que ocurre casi a tiempo real y en ocasiones se hace lenta como ya he dicho. En general me da la sensación de que se esfuerza demasiado en hacer gracia y se alarga la novela innecesariamente a mi parecer. Sí es verdad que tiene bastantes puntos y muy divertidos (en algunos momentos me he reido yo sola y la gente me ha mirado raro), pero me parece como si en cada párrafo tuviera que haber algo gracioso y si no lo hay, no vale; y por eso a veces la narración suena artificial. Excesivamente jocosa. Y eso no me gusta.

Tampoco me ha gustado el "exceso de imaginación". En la descripción de algunas situaciones está claro que la exageración es la nota dominante, y creo que hay que tener algo de realismo para que la historia no se vaya de las manos, y esa se va. Sobre todo cuando describe el ambiente en la oficina (vamos, creo que es una exageración algunas cosas, porque me cuesta imaginarme que en una reunión de una empresa seria empiece una batalla de bolas de papel con el Jefe Supremo presente). También el tema del piso compartido. Yo también he vivido con chicas -unas más desastres que otras- y hay cosas que sencillamente NO PUEDEN SER VERDAD. Una vez más, exceso de imaginación, y para mi gusto, sobra.

Así que en resumen, en mi opinión, este libro es una buena historia ahogada en una narración un poco forzada para ser más graciosa de la cuenta.

28 junio 2008

Necesito un móvil nueeeeeeeeevo...

Necesito un móvil nuevo.

Bueno, quizá lo más adecuado sería decir que quiero un móvil nuevo.

Este ataque tecnológico es cíclico y me sobreviene aproximadamente cada doce meses. Tras un año con el mismo móvil que manejo con los ojos cerrados... de repente, de la noche a la mañana, resulta que me he cansado de él y que quiero otro nuevo. La "apetencia" se convierte en necesidad, que palío planeando cómo conseguirlo sin que me cueste un céntimo.

En ello estoy.

Asociado a ese caprichín, tengo otro latente: el de una cámara digital compacta y ROSA. Jajajaja... Este último adjetivo no le gusta nada a mi chico que al menos lucha por cambiar la S por una J para que la cosa sea pasable. Estuvimos viendo alguna bastante cuca (en rosa), y pensaba dejar que Hacienda nos la regalara. Pero no pudo ser porque reinvertí el dinero en pagar impuestos (lo que fue mucho más sensato pero un rollo, yo no valgo para estas adulteces).

Así que este año, con la crisis, tengo CERO caprichos concedidos.

Jo.

Tengo que reconocer que sí, que un pelín caprichosilla soy (porque tengo móvil y tengo cámara, así que en realidad no necesito nada de esas dos cosas), pero, ¿y qué? No le hago daño a nadie con eso. El móvil espero poder agenciármelo sin coste como he hecho siempre (nunca he pagado nada por un teléfono, claro que en verdad lo pago todos los meses factura a factura). Lo de la cámara va a estar más difícil, pero también es cuestión de sopesar opciones.

Espero que se quede así mi ataque de la patata, porque me puede también dar con la ropa -no tengo NADA que ponerme- y estamos en vísperas de rebajas...

27 junio 2008

Otro mal día...

Me estoy volviendo una cascarrabias, y además el Universo me está castigando por ello. El mal humor no deja de rondarme como un buitre acechando a su presa (y con la voz de Félix Rodríguez de la Fuente de fondo para más inri). No es normal que llegue el Viernes y...

- Me despierte con el sonido de un taladro a cuenta de unas obras que hay algo más abajo de la calle, cuando la zona donde vivimos es, de siempre, la más tranquila en kilómetros a la redonda.

- Me meta en la ducha y el agua caiga marrón, como si de una ducha de chocolaterapia se tratara. Pero no: es agua turbia y asquerosa, así que me quedo en la ducha un buen rato hasta que el agua sale medianamente aceptable. Pero ya se me ha instalado el mal humor.

- Vaya tarde al trabajo porque me he tirado la vida en la ducha y sólo me queda tiempo de vestirme, peinarme e inspeccionarme la piel por si quedan restos de "algo" o huelo a barro o alguna otra cosa desagradable.

- Me acuerde a mitad de camino que no me he llevado nada para desayunar de casa, tampoco haya cogido agua, y me queden en el monedero dos euros sueltos para abastecerme en el trabajo de agua y alimentos.

- Llegue al trabajo y la que aún es mi jefa (antes de todo el cambio, que será la semana que viene en teoría) se retrase, y venga todavía noqueada por sus problemas personales y con las ojeras hasta el suelo... Hecha una pena la pobre, sí. Pero eso quiere decir que me tocará su trabajo hoy también por cuarto día consecutivo (eso me pasa por ser comprensiva).

- No funcione la unidad de red ni la impresora, y todo el mundo venga a preguntar por su documentación. Aviso al técnico de Sistemas para que lo arregle y se permite el lujo de tardar 45 minutos porque está muy liado... con el Messenger. Y mientras a los demás que nos den por cool.

- Me llame la que todavía es S.J. para preguntarte cómo va mi formación en el nuevo puesto y le tenga que decir que bien pero prácticamente inexistente escasa, porque la realidad es que no he estado con el chico más de cinco horas en toda la semana (tócate los huitis)... Y tampoco se sabe desde cuándo va a ser el cambio, ni el horario para la semana que viene, ni nada.

- Llame yo a la empresa de gestión de mi agua marrón y me tomen por loca, porque no puede ser que el agua baje turbia (eufemismo total) y la chica pasa nota desganadamente de mi incidencia para ver qué pueden hacer (seguramente nada).

Y así.

Vamos, que el panorama a las doce de la mañana no es nada alentador. De hecho, es desesperante. Llevo el cansancio acumulado de la semana y estoy de pésimo humor. Encima me espera una agenda apretada por la tarde, cuando lo que necesito a gritos es una siesta o un milagro:

1. De 09:00 a 15:00, en el trabajo.
2. De 15:00 a 16:00, engullir comer en casa.
3. De 16:00 a 19:00, clases de autoescuela.
4. De 19:30 a 20:30, cita en la esteticienne.

...y después hacer la maleta porque este fin de semana nos vamos, la cena, recoger un poco... Vivir, si me diera tiempo.

Jo, tengo ganas de llorar.

26 junio 2008

NORIT

Ayer por fin conseguí hacer un hueco para ir a la peluquería y arreglarme los pelos.

Siempre pasa lo mismo: cuando me siento en la silla me pregunto por qué narices no me doy el gustazo más a menudo. Adoro ir allí a que me sobeteen el pelo, me laven la cabeza, me sobeteen el pelo, me den un masaje en la cabeza, me sobeteen el pelo, me pongan una mascarilla, me sobeteen el pelo un poco más, me corten, me peinen para finalmente que me sobeteen el pelo como guinda del pastel...

En resumen: ME ENCANTA.

Así que disfruté un montón.

Cuando me senté en la silla, mi peluquera se acercó a mí y me sentí relajada. La peluquería es un sitio muy agradable, pintada con colores muy alegres, había una radio con música, el aire acondicionado sofocaba el calor y aspiré el olor a Norit de la bata de mi peluquera...

Estupendo, vamos.

Mientras me estuvo dando vueltas alrededor a mí, con las manos entre mi pelo acondicionándolo, mesándolo, hidratándolo, alisándolo y cosas así, yo estaba extasiada. Pasé un rato fantástico.

Que se acabó, claro, a la hora y media de haber entrado. Salí a la calle (bofetón de calor) relajada, con el pelo liso y suave (para variar), con una cancioncilla en la cabeza (marchosilla) y el olor a Norit incrustado en mi nariz.

Al cuarto de hora, seguía oliendo a Norit.

Media hora después, también.

A la hora de haber salido de la peluquería, el olor a Norit seguía instalado en mi naricilla.

Ummmmmm...

Esto es muy raro.

O tengo la pituitaria fatal (a juego con el resto de mí, todo hay que decirlo), o mi peluquera gasta una burrada en Norit cada vez que lava su ropa o aquí pasa algo extraño.

Y entonces, con un simple movimiento de cabeza, el misterio quedó solucionado.

ERA MI PELO EL QUE OLÍA A NORIT.

O un olor muy parecido, vaya. Pero a colada recién hecha, en cualquier caso.

Estuve toda la tarde haciendo el pavo como si realmente tuviera un borreguito en la cabeza, tratando de asumir con humor que todo el que se acercara a mí en lugar de oler a sofisticación y productos de tratamiento de los caros, iba a evocar a un borreguito blanco con un lazo rojo y el hocico húmedo (por no mencionar la cancioncilla que prefiero no recordar).

Ayssss...

- Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...

25 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 15

Jueves, 19 de Junio: 18:45 - Mi profesor no sabe que me quería presentar al examen de conducir, qué cosas. De paso, me asegura que es IMPOSIBLE que me pueda arreglar los papeles para presentarme el día 25 de Junio al práctico.

Viernes, 20 de Junio: 21:20 - Después de contestar una llamada de teléfono, mi profesor me dice que sí, que ha podido arreglar el asunto (lo que yo denominaría "metedura de pata") y que finalmente me puedo presentar el día 25, tal y como quedamos.

Lunes, 23 de Junio: 19:10 - Al tercer stop que me salto porque mi profesor me distrae explicando una rotonda que pasamos hace medio kilómetro, me mira con los ojos entrecerrados y menciona con sorna que en tres días me examino.

Martes, 24 de Junio: 11:31 - De la autoescuela me llaman para decir que ha salido ya el listado para el examen y que no puedo ir porque hay exceso de cupo, y que la cosa se retrasa por lo visto hasta el Lunes siguiente, pero... djfalsdfalsdfja... No está claro... ladjlfajsdlfja... Ya me avisará... djflajsdflajdfl... No tiene cobertura... ldjfldfladfladj... ¿Que si voy a seguir dando clases mientras...? lfjlsdjfladjf... No tienen cobertura... sjdlfjasdlfjaldf... Hablamos mañana entonces, ¿no?... lsdjfladsjflasdj... O pasado, vamos. lsadjfladjfa... Que no tiene cobertura... alsdjfladjfa... Adiós.

Así es: hoy, 25 de Junio, NO ESTOY EN EL EXAMEN PRÁCTICO, sino que estoy recocía en mí misma porque ya no sé si reir o llorar.

Si esto me pasa a mí porque soy yo o esto es normal y tengo manía persecutoria.

Si esto es una burda estrategia para sacarme más dinero o es que tengo más mala suerte que nadie.

Si no me tengo que preocupar porque las cosas son así o me tengo que poner las pilas porque me están tomando el pelo.

Si merece la pena ponerse a malas de una buena vez o hay que ser paciente/buena/tonta porque esto le puede pasar a cualquiera.

Si cortarme las venas o dejármelas largas.

Si playa o montaña.

Si estudio o trabajo.

Si pitos o si flautas.

Fatal, oyes.

24 junio 2008

¡Menudo día!

05:33 - Mis ovarios me despiertan para que me de cuenta de que un dolorcillo me nace del vientre y me baja por las piernas. Me pongo de mal humor porque encima queda media hora escasa para que suene el despertador, así que no me da tiempo de dormir más. Me tomo una pastilla y me pongo a esperar que haga efecto, boca arriba en la cama, en el pequeño hueco que mi chico me ha dejado después de lanzarse a la conquista de todo el territorio de nuestra cama.

06:00 - Suena el despertador y lo apago inmediatamente porque estoy con los ojos como platos. Barajo la posibilidad de intentar dormir unos diez minutillos más, pero si no lo he hecho en media hora, no creo que lo haga ya. Me levanto y me ducho, parece que ya me encuentro un poco mejor, pero tampoco estoy para muchas historias. Deambulo por la casa con un Cola-Cao en la mano deseando estar durmiendo a pierna suelta, y me quedo ensoñada en el sofá y cuando vuelvo a la realidad, resulta que me quedan quince minutos para vestirme, peinarme y salir pitando.

07:04 - Con la lengua fuera llego al punto de encuentro con mi profesor de autoescuela. Como él no podía dar clase por la tarde, yo y mi bocaza propusimos darla antes de que entrara a trabajar, así que me metí yo solita en una clase de dos horas antes de ir a trabajar. No estoy acostumbrada a conducir por la mañana y hasta la carretera me parece distinta, pero consigo hacerlo todo más o menos bien a pesar de que no me gusta empezar el día con esa tensión.

08:56 - Aparco graciosamente delante de la puerta del trabajo. En esta semana de toma de contacto con mi nuevo puesto, también sirve para adaptarme a mi nuevo horario de partido. Horrible. Al menos en teoría me reducen dos horas mi jornada de 40 semanales. Entro a mi despacho y ya estoy harta de día (todo un récord), y tengo la pierna derecha engarrotada viva. Empiezo un Martes laboral sin saber qué voy a hacer, pero lo que está claro es que lo que debo procurar es no dormirme encima del teclado.

09:47 - Me cuesta, me cuesta. Intento prestar atención a mi formación (que consiste en profundizar más y mejor en los conceptos de siempre) y me aburro un montón. No hago más que recordar en el solitario Cola-Cao que me bebí allá por las seis y media y miro a mi jefe, incansable, y no encuentro un resquicio para escaparme a desayunar. Pierdo la esperanza cuando me dice que lo que me está explicando tarda en hacerse unas dos horas y que es importante. Pues vaya.

11:09 - Mi jefe se apiada de mí cuando un rugido procedente de mi estómago le hace pegar un brinco de la silla, y me deja ir a desayunar. Me zampo un sándwich que mi niño me preparó anoche en un ataque de previsión sin precedentes y me relajo un poco con mi amiga. Miro el reloj a ver si ya es hora de irse a comer, pero no. El tiempo pasa leeeeeeeento y yo tengo mucho sueño.

12:20 - Oh-My-God. Sigo sentada al lado de mi jefe intentando seguir el ritmo. Bueno, en realidad, no dormirme - no bostezar - no salir corriendo. El tiempo se ha empeñado esta mañana en no correr y me agobia una sensación de pérdida de tiempo (LEEEEEEEEEEENTO, no olvidemos), sin hacer nada productivo como jugar al solitario, muy aburrida y dispersísima.

13:15 - Mordisqueo a escondidas una galletita. Al sueño, al aburrimiento supremo, a las ganas de irme a mi casa... se le suma un hambre voraz. No me he traído nada de casa, no quiero ir a la máquina para no pecar, así que saco mi plan alternativo (o sea, las galletas, que, pensándolo bien, también son un pecado porque tengo un paquete enterito y nada de conciencia que me impida acabar con él) que es acogido con entusiasmo por mi compañera y paramos un rato de hacer-lo-que-sea-que-hacemos y calculamos hasta el último segundo lo que queda para irnos a casa...
...y así tooooooooooooooda la jornada, que ha tenido ocho horas como todos los días pero con el nuevo turno partido me parece que dura el doble. He llegado a casa y me he tirado en plancha al sofá. No quiero ni pensar en que así me voy a tirar toda mi vida laboral a partir de ahora, con jornadas que se me hacen larguísimas y llegando a casa sin ganas de nada salvo vegetar en el sofá.

También es verdad que pesa el madrugón, las dos horas de coche, que tengo la regla y que hace calor. Vale. Bien. Sí. Pero todo eso no quita que el turno sea un asquito. Con lo a gusto que estaba yo de ocho a cuatro...

23 junio 2008

Elefantes & Cambios

Dicen que los elefantes traen buena suerte si tienen la trompa hacia arriba.

Lo dice hasta la Wikipedia y todo.

En eso se puede creer o no creer. A mí me regalaron un elefantito de plata que colgué primero junto a la tarjeta de acceso de mi trabajo a hacerle compañía a otros abalorios. Unas semanas después me ascendieron. No un ascenso grande, pero para mi fue bastante importante porque hacía cuatro meses que había entrado en la empresa.

Luego, cuando estuve a punto de perder la tarjeta por enésima vez -y por ende todo lo que iba colgueteado junto a ella-, ubiqué mi elefantito de plata en el llavero (en el que llevo colgadas también diversas chominás, como cuentas, un USB en miniatura, un cascabel para que si se me caen las llaves me entere y cosas así). Unos meses después fue cuando me compré mi piso después de pasarlo bastante mal: vivía de alquiler con otras chicas, la dueña me dijo que me tenía que ir en dos semanas, empezamos a buscar piso, no encontrábamos nada, se echaba el tiempo encima... y más cosas. Al final, no sé cómo, estaba en una notaría firmando las escrituras de mi piso, encantada. Sólo después volví a pensar en el elefantito de plata que ahora estaba con las nuevas llaves de lo que ya era MI casa del banco. ¿Tendría algo que ver? Puede que no. Pero el caso es que la duda cabe...

Hace unas tres semanas, cuando mi chico volvió de estar unos días con sus padres, me trajo un elefantito de peluche de parte de su madre. Es un peluchín precioso. El elefantito me pareció tan tierno... con su trompa hacia arriba (como tiene que ser) y una de sus orejitas gachas. A mis 29 años me encantan estas cosas.

Me lo llevé al trabajo para personalizar mi ordenador y que no se me hiciera tan difícil pasar allí las horas. El elefantito de peluche me acompañó encima de la torre del ordenador, delante de la pantalla, con la trompa hacia mí (y el culo hacia la puerta, dicen que así tiene que ser) y su tierna orejita gacha. Es una tontería, pero me gusta mirarlo, sonrío y me ayuda a que pase el tiempo en el trabajo, donde como ya he dicho, últimamente me costaba tanto estar...

Y el pasado Viernes, me comunicaron diversos cambios en la empresa, que se pueden resumir así:
  • S.J. desaparece de nuestros proyectos. Increíble pero cierto. Casi tres años después, S.J. deja de ser nuestra Súper Jefa, y pasa a ser la Súper Jefa de otro proyecto. Los pobres no saben lo que les viene encima, porque además, por lo visto pasa allí para "mejorar resultados", que quiere decir dar caña de la buena, y ella en eso es una experta. Nunca pensé que diría esto, pero me da pena. Al final conseguimos ella y yo tener una buena relación y todo, y ni me acuerdo de la última vez que me pegó una charla. Ella no estaba contenta con el cambio, o al menos eso me pareció cuando hablamos, pero como siempre ha predicado aquello de que hay que ser positivo ante los cambios, ahora no le quedaba más remedio que ser un ejemplo viviente.

  • El puesto que deja libre, el de JdP, lo ocupará mi ex-jefe. Un tierno niño de 27 años que es un cacho de pan andante y que ha trabajado muchísimo y que se lo merece más que nadie en este mundo. La verdad es que es completamente distinto a su predecesora, pero también sabe ser duro cuando es necesario. Mi relación con él ha sido siempre estupenda, aunque me pone de los nervios muchas veces con su tranquilidad. Él dice siempre que hacemos buen tándem por aquello de que somos la cara y la cruz. Pero en fin, que ahora pasa a ser el jefe de todo el cotarro, pero sin estar a 300 kilómetros, sino en el despacho de al lado (lo que siempre hemos pensado que era lo lógico). Todo más humano. Todo mejor.

  • Entonces, su antiguo puesto, el de JdS, me lo han ofrecido a mí. Después de todo. Después de todos los berrinches que he pasado, los cambios de un sitio y de otro, las veces que he pensado en tirar la toalla, después de sentirme explotada y poco valorada... Resulta que mi nombre salío simultáneamente de tres gargantas (las de mis tres jefes) y ahora el puesto más alto de nuestra delegación me lo han ofrecido a mí (es el más alto sin contar con JdP que siempre ha estado en la central pero que desde ya se queda aquí).
Dije que sí. Sin pensármelo. Porque es un reconocimiento grande en mi empresa, que no se caracteriza precisamente por dar palmaditas en la espalda cuando lo haces bien pero que ay-de-ti si lo haces mal. Porque es un reto. Porque quiero responder a esa confianza. Porque me gustan los líos.

En broma dije que se me había acabado la vida tal y como la conozco. Últimamente me había acomodado un poco y dar lo justito para que todo fuera bien pero sin pasarme, pero ahora eso no va a ser suficiente. Me hace ilusión el nuevo puesto, aunque eso signifique cambiar otra vez de proyecto y volver a mis orígenes (pero con todo cambiado), pasar unos días de formación y aclimatamiento.

No sé si lo haré bien o no. De momento, le tengo un poco de respeto a lo que se me viene encima, pero en el fondo estoy contenta. Otro horario, otras funciones, más responsabilidades... y más dinero, menos mal. Me consuela que al menos si veo que no puedo tirar hacia adelante, pues vuelvo atrás y no pasa nada. Pero voy a luchar por seguir adelante.

Además, tengo la ayuda de JdP, y eso es un mundo.

Esta semana veremos cómo vamos cambiando todo hasta adaptar nuestra rutina laboral a la nueva organización. Me espera MUCHO trabajo, eso ya lo sé, pero... Creo que podré con todo. Espero responder bien. Quienes me han puesto ahí dicen no tener ninguna duda, y yo no estoy tan segura (me conozco mejor que ellos, claro). Ya se irá viendo.

Deseadme suerte. ;)

22 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 14

Antes del cambio de profesor de autoescuela, habíamos decidido (un 90% de decisión la tomé yo y el restante 10% el que por entonces era mi PdC) que me presentaría al examen de conducir el 25 de Junio, porque eran ya de las últimas fechas posibles para hacerlo antes de que se fueran de vacaciones los señores de Tráfico.

No es que cuando tomara la decisión fuera una Carlos Sainz ni mucho menos, pero tampoco era un desastre, porque además lo que me falta es práctica para que el frenado sea más suave, el cambio de marchas no se note y cosas así... Pero la base estaba ahí.

Eso se lo comenté a mi nuevo profesor a los dos días de estar con él. Se lo comenté por encima, imaginando que el anterior habría hecho un "traslado de expediente". El chico no dijo nada, porque también es cierto que el chaval es la persona más parca en palabras que me he encontrado en mucho tiempo. Ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Además, me molesté en hacerle ver cuando hablamos esto que el cambio de coche hacía que pareciera más torpe de lo que en realidad soy, así que le pedí que me diera unos días de margen.

Ahí quedó la cosa.

Y el otro día -la semana pasada- salió el tema de casualidad. Le pregunté si iba a dar clase el Sábado como hace algunas veces, y si era así que contara conmigo. Él me dijo que no, pero que si yo quería daba una conmigo sola. Le contesté que no hacía falta, y dije, textualmente: "total, con esa clase o sin ella, voy a aprobar el Miércoles" (yo y mi seguridad en mí misma).

Y me contesta: "pues ahora me entero que te presentas el Miércoles".

SHOCK.

Se me hizo un nudo en la garganta que dificultó que vocalizara con normalidad la frase: "¿Perdona?"

Pues sí. No me había echado los papeles para presentarme, porque eso que hablamos fue hace mucho tiempo (una semana atrás, vamos), y tampoco me veía muy preparada, así que me hacía falta rodaje (lo que a mí me sonó a que me hacía falta pagar más clases de autoescuela). Además, era totalmente IMPOSIBLE arreglar el asunto ya, así que tendría que posponer el examen una semana más.

En aquel momento, tuve otra de mis oleadas. Ya he contado que últimamente no ando muy fina, y aquello fue otro de mis colmos de todos los colmos que había tenido días atrás. Como siempre que me pasa, la oleada se instaló en mi garganta y me la apretó. Sentí como si me asfixiara y tragué saliva para abrir un estrecho paso por donde entrara el aire y lo conseguí.

Pero apenas podía hablar sin que la voz me temblara de rabia, porque lo que yo estoy pasando con el carnet ya no tiene nombre.

Le dije -como pude- que me parecía fatal, porque yo ya lo daba por hecho, estaba contando con que el Miércoles me presentaría (y suspendería y luego a la semana siguiente iría de nuevo a aprobar definitivamente, pero bueno), y luego me volví hipócrita porque tampoco me conviene cabrear en exceso a la autoescuela por lo que pueda pasar, y le dije que bueno, que no pasaba nada y que lo dejábamos para la semana siguiente.

Pasé el resto de la clase así:

- Tensa como la cuerda de un violín.
- Mirando cómo pasaban los minutos lentamente.
- Deseando acabar la clase.
- Con una cara de mala ostia impresionante.
- Monosilábica perdida (las dos veces que hablén en 75 minutos).
- Controlando las ganas de llorar.
- Conduciendo como nunca en mi vida...

...porque mi cerebro mandaba órdenes a todo mi cuerpo de que le demostrara a ese ldjflañsdjfaosdfjals (tradúzcase por un insulto una palabra adecuada dadas las circunstancias) que conducía de puta madre y merecía ese carnet pronto, y no sólo porque me hace falta.

Finalmente la clase acabó y cuando me alejé del coche ya no contuve más las lágrimas de rabia y las dejé caer. Había quedado con mi chico cinco minutos más tarde, e hipando le conté lo que había pasado. Flipó, claro. Una más de la autoescuela... ¡En qué hora me apunté en esta y no en cualquier otra!

Luego, mi bendito chico puso un poco de raciocinio, calma y diplomacia a la situación y llamó a MMQPDA, o sea a la que menea todo el cotarro. Se lo pedí porque pensé que sería mejor que mi versión fuera la primera que tuviera esta mujer, aunque luego mi profesor me pusiera verde. Hablaron educadamente -allí donde yo habría chillado y pataleado-, y MMQPDA le confirmó lo mismo, que era IMPOSIBLE presentarse el Miércoles, pero que no había problema para hacerlo la próxima semana y tal. Que habría sido una confusión, que claro, que si el profesor no había dicho nada pues ella qué sabía, que si pitos, que si flautas... Y fin.

Me quedé más tranquila, porque además, había sido mi chico el que había expuesto el problema amablemente y no como una tragedia griega que es lo que sentía yo... Lo cual es siempre más positivo, claro.

Y luego en casa rehice mi estrategia, me rementalizé, busqué lo positivo obviando el hecho de que el retraso me va a costar más dinero pero al fin y al cabo es más tiempo para limar mis pequeños defectillos conduciendo, me autoconvencí de que no era el fin del mundo una semana más y dormí relajada y todo.

Al día siguiente me enfrenté a mi clase de coche como si nada hubiera pasado y me centré en lo que estaba haciendo.

Media hora antes de acabar la clase, le suena el móvil al profesor (con una música horrenda, por cierto).

Contesta.

Dice algo así como: sí, sí. Vale. No. No. Claro, claro. Sí. Vale. Venga. Ale. Adiós.

Y luego a mí: Bueno, pues ya está arreglado. Te presentas el Miércoles.

...y eso que era IMPOSIBLE.

21 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 13

El primer día con mi nuevo profesor de autoescuela fue nada más que regular.

El chico nuevo es joven y tremendamente serio y bastante atractivo. No es ni mejor ni peor que el anterior profesor, es... diferente. La verdad es que eché de menos la afabilidad del otro chico, porque ya de últimas con la confianza que da asco hacíamos alguna que otra broma y yo estaba más relajada, y con este no (por ahora).

Lo peor fue el cambio de coche. La primera clase no tenía cogidas las medidas del coche, ni el punto de fricción del embrague, ni nada. Pegué dieciochomil tirones, dí unos acelerones absurdos, unos sonidos rarísimos salían de la caja de cambios cuando modificaba las marchas... Y el pobre profesor estaba acojonado a mi lado. Y yo más todavía.

Encima, con más 30 horas de conducción a mis espaldas, ya tengo lo que se llama "mi forma de conducir" heredada de mi profesor anterior. Es decir: tengo un estilo que no coincide exactamente con el de mi nuevo profesor. Claro que la esencia es la misma, pero la forma difiere un poco, y ahora me va a costar trabajo acostumbrarme a ciertas cosas que antes o bien no hacía, o hacía de otra manera. El chico me pregunta constantemente si yo antes hacía esto y lo otro, en un esfuerzo en adapatarse a mí, pero da igual porque al final va a ser lo que él diga, seguramente. De forma sutil, pero el mensaje lanzado viene a ser: "sí, no está mal que lo hagas así, PERO hazlo como yo te digo".

Pero vamos, mi percepción es que con este cambio he ido para atrás como los cangrejos, y me pareció que retrocedí diez clases por lo menos. Encima acabé con unas agujetas y una tensión en las piernas sólo dignas de los primeros días allá por Mayo.

En resumen: la historia se dividirá entre en antes y el después del cambio de profesor.

El segundo día fue algo mejor, porque el coche ya no me daba tirones (muy importante) y conseguí arrancarle alguna que otra sonrisa al profesor (más importante todavía), lo cual me tranquilizó bastante.

Otro aspecto en el que hay mucha diferencia es que este nuevo profesor sí te dice cuando lo haces bien, mientras que con el anterior sabías que lo estabas haciendo bien cuando se quedaba callado -y ya me había acostumbrado a eso-. Ahora cuando me dice el nuevo profesor algo positivo, siempre espero un "pero" que finalmente no llega, y se me hace raro.

Total, que el cambio no ha sido tan traumático como yo creía, pero ya veremos...

20 junio 2008

Despistada (Once Again!!)

Mi madre me preguntó cuando estuvo en casa: ¿Has pagado ya la contribución?
Y yo contesté, como si la cosa no fuera conmigo: No, todavía no.
Mi madre insistió, bendita ella: ¿Y hasta cuando tienes de plazo para pagarla?
Y yo, tranquila y confiada, informé: ¡Buenooooooooo! Todo el mes de Junio.

Mi fantabulosa idea (también gestada de la necesidad, no nos engañemos) era esperarme a que Hacienda me devolviera lo que me debe y reinvertir ese dinero en la sociedad en forma de pago de impuestos (es la explicación oficial frente a la desagradable realidad: estaba en plena Crisis del 29 -años que tengo-). En fin, estaba esperando a que mi cuenta se incrementara un poco por obra y gracia del Gobierno...
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La otra mañana, antes de ir al trabajo, me puse a buscar una cosilla que me hacía falta y que no encontraba por ningún lado. Al final, tuve que mirar en mi bandeja de cosas-serias-pendientes por si acaso estuviera allí...

Entre los papeles de cosas-serias-pendientes, NO estaba lo que buscaba, PERO estaban los de la contribución, claro. No sé por qué motivo me dio por mirar la fecha tope del periodo de pago voluntario...

El 2 de Junio.

Ummmmmm...

Junio no es Julio.

Junio es ahora.

El 2 de Junio YA HA PASADO.

Glups.

Así que este año me ha vuelto a pasar: me he retrasado en el pago de los impuestos. Estuve toda la mañana angustiada haciéndome a la idea de que me cobrarían un recargo por el retraso, unos gastos de gestión (Excuse me?) y al final mi despiste me saldría por el otro ojo de la cara -el primero ya es la cuota en sí-, porque la vez anterior (el año pasado) me pasó con el balcón, que tampoco lo pagué a tiempo. Al final tuve que pagar el doble (tampoco mucho, cierto), pero cada vez que me daba por pensar que igual en este caso también me cobraban el doble me ponía mala...

Lo que más me fastidiaba, claro, es que me ha vuelto a pasar. De nuevo. A pesar de que mi madre me lo recordó.

El caso es que yo estaba convencidísima de que tenía hasta Julio para pagar. En serio. De corazón. No sé de donde saqué esa idea, pero debe ser de la misma zona de mi cerebro que piensa que los Jueves son Viernes y que se entusiasma porque cree que se acabó la semana laboral, pero no.

La otra explicación es que me confundí con un ticket de una tienda de ropa, que yo pensé que me caducaba a principios de Junio y no, era hasta Julio, justo al contrario que lo de la contribución. ¿Cómo es posible confundir un impuesto con una camiseta de verano? Prefiero pensar que en mi cerebro no se mezclaron esos dos conceptos...

Al final mandé a mi chico a pagar la contribución con el poco dinero que me quedaba en la cuenta de emergencia (últimamente tengo demasiadas emergencias) y no fue para tanto, me cargaron un 5% del total de los recibos y a media mañana ya estaba todo resuelto, yo tranquila y mi madre más.

Pero sí, la sensación de que soy un desastre tuvo un motivo más para crecer.

18 junio 2008

Tristeza...

Últimamente estoy fatal. Triste, deprimida, descorazonada... No sé encontrar la palabra, seguramente porque todo sea un mix de sentimientos que no tiene una definición exacta.

No sé si esta tristeza que siento (voy a aceptar barco como animal acuático) viene de un único frente y yo lo distribuyo a todos los aspectos de mi vida, o es que todo a mi alrededor va mal. No creo que sea esto último, más bien supongo que hay algo que va muy mal y yo estoy arrastrándolo al resto de entornos, pero la madeja se ha liado tanto que ya no estoy muy segura de cuál es el foco de inicio. Por eso no sé muy bien dónde atacar para arreglarlo todo. Tampoco sé si seré capaz de atacar nada.

Todo me sienta mal. Como diría una amiga, estoy "recocía" y me estoy volviendo una amargada. Voy desganada a todos lados y se nota. Me siento apática y con cansancio crónico, pero no soy capaz de superarlo, porque cada día que pasa se acumula más en mí, y siendo como si no hubiera dormido en meses. No descanso, tengo sueños rarísimos y me levanto inquieta. Y así de mal voy día tras día...

En casa, con mi chico, por cualquier pequeño detalle que es normal en una convivencia estallo. Estallo con rabia, lágrimas, gritos, reproches y de todo lo que se me ocurre en ese momento. Luego me disculpo, por supuesto, por el espectáculo fuera de lugar que lamento profundamente por injusto y cruel; pero no soy capaz de controlarlo en el momento, y me siento peor todavía, claro. Encima me ahogo en mi propia casa, y no sé cómo sentirme mejor...

En el trabajo hago las cosas mecánicamente. Me exaspero con mi equipo, me parece que todo está dejado, que falta organización, que las tareas se hacen rápido para irse a tomar un café en cuanto es posible sin importar que todo esté hecho alomecawendiez y mal... Me enojan las excusas que ponen, por tontas, por repetitivas. Me irrita la impaciencia, la dejadez, la cultura de cuanto-menos-mejor. Me parecen injustas las decisiones que vienen de arriba... Por todo eso me encojo de hombros, me trago lo que me apetece decir o más bien gritar (lo que en casa no hago, qué verdad más grande la de "la confianza da asco"), y me tiro las ocho horas pertinentes rumiando en mi interior el coraje que llevo acumulado correo tras correo, visita tras visita, revisión tras revisión, orden tras orden, tarea tras tarea.

Con mis amigos estoy igual o peor. Seguramente la relación con ellos no habrá cambiado un ápice, pero a mí estos días me parece insostenible. Cada pequeña cosilla (que también es normal en una amistad, lo reconozco) me sienta fatal y me amargo más todavía de ver todo lo que sale -o más bien NO sale- de los amigos. Intento esforzarme en no proyectar todo lo que me pasa y todo lo que siento en la relación de amistad, pero luego pienso que deberían también estar para cuando yo estoy mal: o sea, AHORA, y esforzarse un poco, pero cada uno va a lo suyo y ya da igual todo. ¿Hemos llegado ya al punto de que todos somos unos egoístas? Por lo que a mí respecta, me parece que no ven más allá de sus narices y que tampoco pasa nada porque total, como somos amigos, pues todo se perdona...

Con mi familia las cosas no van tan mal, pero porque apenas les veo, ¡y menos mal! Este fin de semana pasado que hemos estado en casa de mis abuelos me ha faltado el canto de un duro para darle una contestación a mi abuelo de las de agárrate y no te menees. Me desesperan los comentarios gratuitos e hirientes que suelta porque sí, porque él "es así". Y ahora no me vale la excusa de que "es mayor", porque no, porque no es justo que ésa sea la excusa perfecta y la licencia que permita que diga barbaridades y que nadie le diga que eso no está bien. No entiendo que se digan ciertas cosas, y las escucho, y alucino, y me pone furiosa, y miro a mi alrededor y nadie contesta, nadie hace nada, y no voy a ser yo, la que viene de visita, la que diga algo para que encima la situación tolerada y medio calmada que hay ahora empeore. Así que todo se queda así y yo más triste, amargada y decepcionada que antes.

Seguramente más adelante lea esto y me arrepienta de haberlo escrito, pero es que así de mal siento que va todo. ¿Y en qué se refleja todo esto? Pues en cosas como dejadez absoluta de mi persona y las cosas que deberían ser QUE SON importantes. No estudio (y estamos en Junio, señores), no voy al gimnasio (pagado religiosamente desde hace meses y ya no sé ni dónde está), paso olímpicamente de ordenar mi casa porque llego a las tantas sin ganas de mover una cucharilla de sitio -no olvidemos que mi día se divide en: me levanto, voy al trabajo, salgo, estoy dos horas en casa, me voy a clase de conducir que son unas tres horas como mínimo, vuelvo, ceno y poco más, a la cama y vuelta a empezar-, tengo una lista de tareas pendientes kilométrica, no me arreglo para nada porque me pongo la primera ropa que mi mano encuentra cuando la meto en un caos que tengo por armario, a la hora de las clases prácticas de coche las instrucciones / consejos me entran por un oído y me salen por el otro y así me va a una semana escasa de mi examen...

...todo lo cual no contribuye en absoluto a que me sienta mejor.

De hecho, todo lo contrario.

Jo, estoy fatal. :(

17 junio 2008

Mala Baba en el Trabajo (Parte Tres)

BERRINCHE n+3 de Martes:
(Porque antes de un 3 ha habido un UNO y un DOS, claro.)

El mandamás del Departamento de marras bajó el Martes aquí para otro asunto, porque yo y mis berrinches son un tema de yo-conmigo-misma y la gente que trabaja conmigo pero no trasciende fuera de mi despacho.

Además, me parece muy de niños pequeños andar chivándose a tu superior que está a trescientos kilómetros de que las dos del Departamento no me hablaron durante una semana y me estuvieron haciendo el vacío hasta que se cansaron por una gilipollez muy grande. Se quedó aquí, pasé la semana que a veces me importaba y otras me daba igual hasta que por arte de magia después de un fin de semana todo volvió a la "normalidad".

Pues antes de que este mandamás se ocupase del asunto que había venido a tratar, nos dijo a mi jefe, a M.J. y a mí que las chicas del Departamento se habían quejado de nosotros tres porque las ATENCIÓN, ATENCIÓN: maltratábamos.

La ola de indiganción y rabia me subió desde los pies hasta el estómago primero (me lo estrujó bien y dejó allí un considerable dolor), después hasta la garganta (me instaló un nudo que me impedía tragar saliva y vocalizar con normalidad), luego a las mejillas (toda la sangre de mi cuerpo la tenía allí y la temperatura de mi piel aumentó varios grados) y finalmente intentó salir en forma de lágrimas que a durísimas penas pude contener.

Me apetecía llorar o patelear o gritar o todo a la vez. Luego pensé que no había oído bien y que en realidad el hombre estaba contando la película que vió anoche, pero no. Efectivamente estaba diciendo que había trascendido el hecho de que nosotros tres estábamos maltratando -la palabra se me clavó en el cerebro- a las chicas del Departamento y que la situación no podía sostenerse.

Debió verme la cara, porque luego intentó suavizar lo dicho insinuando que igual había un malentendido en SUS funciones (menos mal que no en las nuestras), y que es posible que no estuviera claro que somos superiores administrativamente y una sarta de frases pomposas y bien construídas que según mi percepción él no se llegaba a creer. Es decir: veía que estaba en nuestra contra.

Luego propuso que después de que acabara lo que había venido a hacer nos reuniéramos los seis (las dos del famoso Departamento, él y nosotros tres) a aclarar la situación y ver qué se podía hacer.

Cuando se fue, ya dejé de retener lágrimas y me desahogué bastante solita en mi despacho, hipando y gastando cantidades industriales de pañuelos de papel tissues. Luego mi jefe entró para decirme que no era para tanto (para él nunca nada es para tanto porque en otra vida él era una balsa de aceite y en esta vida le ha quedado esa tranquilidad y con el aceite seguro que le resbala todo), pero me daba igual lo que me dijera. Tenía la sensación de que siempre soy yo la que salgo perdiendo. Me entristecía que después de cortarme una barbaridad a la hora de dirigirme a ellas resulta que aún tenían queja... Podría haber sido yo misma y que al menos sus quejas fueran con motivo.

Me llevó un rato tranquilizarme y pensar con claridad. Me convencí a mí misma de que no llevaban razón porque en todo momento había hecho MI trabajo, no era nada personal, me había dirigido a ellas con educación siempre y con cordialidad, tanto por escrito como en persona. Y si acaso había insistido en alguna cuestión siempre fue porque mi superior (en este caso S.J. la mayoría de las ocasiones) me lo había ordenado. Esa sería mi línea de argumentación.

Por otro lado, como as en la manga, podría hacer referencia a las muchas veces que (sobre todo una de ellas) se han dirigido mal a mí, o me ha tirado los papeles a la mesa porque estaban enfadadas, o la famosa semana que no me hablaron (todo eso con testigos, claro). Eso, casualmente, no había trascendido, ¡oh, sorpresa!

Pero vamos, si tienen quejas, yo también las tengo, y en esta ocasión tenía la opción de dejarlas caer delante de su jefe al que tanto le lloran... Con esas convicciones, me quité el rimmel corrido de la cara y me sentí algo mejor (aunque lo cierto es que no di pié con bola en toda la mañana).

Lamentablemente tanta mentalidad tántrica no me valió de nada porque la famosa reunión tuvo lugar cuando yo ya había acabado mi jornada laboral, y aunque fuera muy tentadora la idea de quedarme para soltar un par de frescas, me fui. Luego M.J. me llamó para contarme que entre ella y mi jefe habían montado un pollo de cuidado a cuenta de todo esto (como yo bien la he enseñado), y habían salido escaldadas el par de dos delante de su jefe.

Lo siento pero me congratulé. No está mal un poco de justicia de vez en cuando...

16 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 12

- Mañana me cambian de autoescuela.

La frase la escuché mientras estaba enfrascada en un maldito cambio de sentido en la rotonda más chunga que he visto en mi vida, y salía de la boca de mi paciente y encantador PdC situado a mi derecha.

Me aturullé tanto que me puse en el carril que no era, los coches me pitaron, me indigné, le di al limpiaparabrisas, me metí entre dos coches y giré por la primera salida para hacer una parada de emergencia y asimilar la frase (y la noticia por extensión, claro).

No podía ser.

La explicación oficial era que había menos gente en esta oficina que en la otra, y que en la nuestra se podían apañar con dos profesores porque ahora la gente no se metía a dar clases por la famosa crisis económica (noticia: la famosa crisis no me afecta sólo a mí). Por eso, la gente a la que él daba clase (entre ellos yo, por supuesto) se la habían dividido entre otros dos profesores y él iría a reforzar la otra oficina que tenía más gente.

¿Y por qué MI PdC, precisamente? Pues porque él es de otro pueblo y total, como tiene que desplazarse igual para una oficina o para otra, se supone que no es tanto inconveniente como para los demás (que por lo visto viven todos cerca de la oficina a la que estoy adscrita, hay que ver qué suerte la mía). Al menos, eso fue lo que me dijo y no indagué más, aunque yo quería saber cosas como: ¿han tenido en cuenta la antigüedad en la empresa? ¿Podría organizar una recogida de firmas? ¿Valdrá de algo que me encadene a la rueda del Peugeot?

Encima, las decisiones se toman rápidas y se comunica al personal afectado sin anestesia ni nada... ¡Aquella era mi ÚLTIMA clase con él!

Ante mí se abrió un abismo de negrura, porque ya me veía montada en otro coche en el que no encontrara nada (en mi delirio incluso llegué a pensar en pedales cambiados de orden), con un profesor chungo que me gritara (y no estoy yo últimamente para aguantar memeces), nuevos itinerarios llenos de peligros (zanjas, socavones, direcciones prohibidas sin señalizar) y cosas así...

...o incluso peores: ¡con la radio encendida y escuchando partidos de la EuroCopa!

Oh-My-God.

- Bueno, pues eso, mañana a la hora de siempre te recogerá el otro...

Joooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.

15 junio 2008

Crónica de una boda...

Como se decidió por mayoría absoluta (mi chico y mi conciencia votos a favor, mis escasas ganas de ir voto en contra), fuimos a la boda de mi amiga.

En la iglesia la entrada de la novia fue muy emocionante, sobre todo cuando miré al que minutos después iba a ser su marido (un chico bonachón y tranquilote, de humor fino e irónico como a mí me gusta, al que nunca jamás he visto alterado lo más mínimo en los ocho años que hace que le conozco) emocionado haciendo pucheros. No me lo esperaba. La novia iba sencilla pero muy guapa y la ceremonia estuvo bastante bien, a pesar del coro rociero y de lo que proponía el cura, que poco le faltó para decir que el deber de la mujer era hacerle la cena al marido, pero en fin...

Mientras el cura leía sus cosas, yo miraba la iglesia (preciosa) y echaba un vistazo a la gente allí congregada. Como me temí desde un principio, no conocía a nadie en absoluto. Sólo a última hora divisé a un chico que me sonaba de la Universidad y nos saludamos. Por lo demás, sólo conocíamos a los novios, yo de vista a los padres de ella, y podíamos identificar a la familia y los amigos del novio porque hablaban catalán.

Después nos fuimos a donde se celebraba el banquete, en las afueras. Tampoco en la copa de espera divisamos a nadie conocido. La verdad es que me estaba empezando a agobiar bastante, pero mi chico y yo nos pusimos a hablar de nuestras cosas y fue como si estuviéramos los dos solos tomando algo en un bar, sólo que nos reponían las cervezas y las Coca-Colas sin tener que llamar al camarero quinientas veces.

Luego entramos a un salón enorme donde estaban las mesas. A la entrada estaba la lista de invitados y dónde nos sentábamos cada uno, lo cual me pareció una idea estupenda. Nos dirigimos a nuestra mesa, al fondo, y la compartíamos con tres parejas que eran familia según la lista y el único conocido que encontré y su novia. Una vez sentados intenté una maniobra de acercamiento / conversación con la novia del conocido sentada a mi izquierda, pero o la chica era monosilábica, o corta, o tremendamente tímida o yo qué sé. Al tercer intento desistí. Tampoco hubo éxito por el lado derecho de la mesa, así que la comida se limitó a que cada una de las cinco parejas de la mesa hablamos entre nosotros sin interactuar con nadie más que no fuera el camarero. Así que en ese sentido nos aburrimos bastante como yo ya me temía. Mi chico encontró un respiro cuando pusieron un proyector con el partido de España (muy fuerte) y se pudo ver el segundo gol. Creo que mi amiga intentó pedir el divorcio cuando vio aquello, jajajaja...

Finalmente nos retiramos elegantemente a una hora prudencial y quedamos con los novios cuando volvieran de su Luna de Miel...

Sé que a mi amiga le hizo ilusión vernos allí... Mereció la pena ver el momento en que los dos se dijeron el "sí, quiero" y atrás quedaron ocho años de lucha contra la distancia, los malos rollos, los celos, y todo... Se quedaron en el recuerdo las crisis donde ella me decía "no puedo más" o donde él confesaba que se le hacía cuesta arriba la relación. Al final son marido y mujer. Y yo estuve allí para verlo. Y me alegro.

14 junio 2008

La pizza de tu pareja ideal...

El otro día estaba yo mirando mi correo de HotMail. Normalmente no me fijo en los banners que ponen, y no es que este me llamara especialmente la atención, pero el caso es que me quedé mirando la gran pregunta (ignorando el hecho de que esté civilmente soltera, claro: los solteros también cenamos).


Pues la verdad es que no había pensado en eso, seguramente algo ligero. De todas formas, me esperé por si me solucionaban la papeleta con alguna idea genial:


Ciertamente, de genial no tenían nada las opciones que daban. También me pareció un poco triste cenar una bolsa de patatas...

El caso era: ¿a dónde quería llegar esta página de emparejamientos?

A esto:


A esto lo llamo yo PUBLICIDAD ENGAÑOSA con todas las letras.

Primero, en el primer banner, cuando dicen "soltero", realmente quieren decir "sin pareja". Yo estoy soltera PERO tengo pareja. Habría que empezar por ahí, a no ser que insinúen que si sólo tienes pareja PERO no estás casado, estás a tiempo de encontrar la pareja ideal, imagino que porque si fuera la ideal ya estaríais casados. ¿Se referirán a eso? Sea como sea, no me parece muy ético.

Por lo visto, además, estar soltero te incapacita totalmente para cenar sano, porque no se te ocurre hacerte una ensalada, no. Tus opciones son o una pizza, o un bocadillo, o lo peor de lo peor: una bolsa de patatas fritas. Al parecer, los solteros tenemos la nevera completamente vacía, a excepción de las cervezas que lo colonizan todo y un limón con hummus, pero eso sí, la puerta llena de imanes con el teléfono de pizzerías varias, restaurantes de comida china o turca con reparto a domicilio o una bocatería cercana.

Pero luego lo mejor es que, señoras y señores, si encuentras una pareja (y no digamos ya si es LA IDEAL), todo esto cambia. No vuelves a probar la pizza en tu vida, todas las noches, una tras otra, es un desfile de cenas haute cuisine, incluyendo vino o champán y las consabidas y supuestamente románticas velas. No se especifica si estas cenas son en casa o en restaurantes, pero eso da igual: con tu pareja ideal, TODAS LAS CENAS serán así.

¡JA!

Cuando tienes pareja, ¡oh, sorpresa!, sigues cenando pizza de vez en cuando. Acabáis comiéndola en el sofá, mientras véis una película, los dos juntos, seguramente con ella dejada caer sobre él y él acariciándola a ella. O puede que no haya ese factor romántico (porque tener pareja no es vivir permanentemente en una burbujita rosa), pero al menos se disfruta de la compañía del otro. A veces sí sales a cenar, de forma romántica o informal, solos o con los amigos, pero las menos, porque la mayoría de las ocasiones lo que mejor sabe es quedarse en casa y disfrutar de esos momentos en pareja.

También están los casos de gente emparejada que por el motivo que sea, no pueden estar juntos. Quizá el contacto se limite a los fines de semana, o un par de veces al mes. Entonces esos emparejados también cenan pizza de vez en cuando, pensando que el otro a lo mejor ha tenido la misma idea y a kilómetros de distancia se comparte algo tan tonto como una misma apetencia a la hora de cenar.

En fin, esta noche puede que cene pizza...

P.D.: ¿Realmente serán tan eficaces? Lo digo porque quien haya visto el anuncio, pongamos por caso, a las 17:15 más o menos, ¿ya esta noche tendría una cena romántica? Vaya con el speed dating...

13 junio 2008

Todo tiene consecuencias...

Algunas de las consecuencias de que tu compañera de despacho se haya enamorado perdidamente son:
  1. Todos los días llega contenta y radiante al trabajo. Antes ya venía contenta, pero ahora más porque encima se le ha instalado una sonrisilla tonta en la cara muy divertida.
  2. Se ríe por cualquier cosilla y te contagia la risa muy fácilmente. Además, te da la sensación de que hasta eres graciosa y todo...
  3. Se siente más generosa que de costumbre y le importa menos todavía que salga unos minutos antes (o sea, si antes le importaba poco ahora nada en absoluto).
  4. Trae dulces para desayunar, bandejitas de fruta fresca, bolsas de caramelos... O sea, que su felicidad aumenta mi contorno de cadera.
  5. Le apetece pasearse más por ahí, con lo cual, cuando sale afuera, los trabajadores tienene una actividad sensiblemente más frenética y ha aumentado la productividad.
  6. Descubre con su pareja restaurantes nuevos, sitios para tapear... Y luego me hace las recomendaciones pertinentes para que tenga recursos para cuando salimos nosotros.
Qué bonito es el amor...
_______________________________

ACTUALIZACIÓN DE LAS 15:56 --- Resulta que la EuroCopa sigue causando estragos, de nuevo una llorera al canto por el mismo motivo del otro día (vamos, que de nuevo aquí el chico en cuestión ha quedado con sus colegas pasando olímpicamente de mi amiga para ver un partido que por lo visto hay mañana a las seis de la tarde, ah, y para aclararlo, ha quedado a unos 150 kilómetros de aquí). Es increíble los altibajos que puede llegar a tener una relación. También es increíble que el fútbol cause estos desastres amorosos.

12 junio 2008

Menuda semana...

Sigo con el cuerno retorcido. Desde luego llevo una semana...

Estoy de mal humor con el tema de la boda. Aún no me hace gracia ir, y creo que de aquí al Sábado no cambiaré de opinión... Encima, el otro día busqué la invitación (en la que no me había fijado mucho porque total, era como si no fuera conmigo) para ver la hora de la boda. No sé por qué estaba convencidísima (yo y mis convicciones) de que sería de tarde como en el 99% de las bodas a las que he ido, pero esta no. Esta es por la mañana. A las 12:00. Así que adiós peluquería, bienvenido madrugón o en su defecto, viaje de noche. Estupendo.

Al menos tengo el vestido preparado, aunque puede ser que ahora haya engordado algo y no me quepa, cosa que no descarto dado mi cenizo últimamente...

No he sido capaz de encontrar hora en la esteticista y eso que, previsora de mí, pedí cita la semana pasada. El único hueco ha sido el Viernes a las 20:00, peor imposible. Está todo hasta arriba porque todas las mujeres de la provincia han decidido depilarse para este fin de semana y que me deje medio sueldo todo los meses en el mismo centro de estética no ayuda a la hora de buscar una hora razonable.

Apenas tengo tiempo entre semana de hacer nada, porque salgo del trabajo un poco tarde, tengo dos horas sueltas para arreglar el piso según mi fantástico plan de ser una chica de provecho y mantener mi casa en un estado de agradable habitabilidad. No puedo ir a comprar nada ya que las tiendas deciden que hasta las 18:00 no merece la pena abrir, así que estoy sin huevos desde la semana pasada (sin necesidad de una huelga de transportistas). Luego toca dar clases de conducir, lo que me consume un mínimo de tres horas, y llego a casa a las 21:30 como muy pronto (ya está todo cerrado) con las energías mínimas para cenar y meterme en la cama porque a la mañana siguiente suena el despertador bien temprano y vuelta a empezar.

No puedo permitirme el lujo de decirle al de la autoescuela que no voy en un par de días (que es lo que me apetece por lo menos para tener tiempo de hacer algo), porque corro el riesgo de que no me guarden mi hora, metan a algún otro y yo me fastidie, así que como mucho le diré que el Viernes no voy y andando.

Así que menuda semana llevo...

11 junio 2008

La Boda

Este Sábado tengo una boda a la que no tengo ni putas ganas de ir.

(Qué malhablada/malescrita me estoy volviendo, jo.)

¿Que por qué no tengo ganas de ir? Pues no sé... Primero porque últimamente estoy desganada con todo. Segundo, porque estoy inmersa en una crisis económica de dimensiones considerables. Tercero, porque no voy a conocer a casi nadie en esa boda. Cuarto, porque tampoco es TAN amiga mía...

Si las circunstancias hubieran sido otras, hubiera ido a la boda de cabeza, sin pararme a analizar nada. Pero el momento es ahora y las circunstancias son las que son, así que por eso me estoy replanteando todo, sobre todo el último punto: el tema de ¿cómo de amigas somos? Más que nada para tranquilizar mi conciencia que anda algo maltrecha...

En esta cuestión no hay mucha reciprocidad, porque hasta donde yo sé, aunque no sea muy amiga mía, para ella yo sí que lo soy (me baso en la información de mis fuentes, quienes afirman que no tiene muchas amigas). Nos conocimos en la Universidad, y ella se apoyaba bastante en mí, aunque yo en ella no demasiado porque yo tenía mis amigas / compañeras de piso / sufridoras de clase, con las que tenía más roce y por tanto más amistad.

En esto último se agarraba mi conciencia para decidir que finalmente no iríamos a la boda.

Así que me dispuse a ir preparando el terreno para decírselo. Le mandé un mensaje ligero en plan ¿cómo estás?, y ella me contestó que estaba muy nerviosa y bastante angustiada. Intenté tranquilizarla con algún toque de humor, y entonces fue cuando me mandó EL MENSAJE.

EL MENSAJE venía a decir algo así como: menos mal que venís vosotros (mi chico y yo, se entiende) porque se ha rajado mucha gente, pero al menos sé que estaréis conmigo y eso me tranquiliza porque es muy importante para mí...

Lo que me faltaba.

No me atreví a decirle que no íbamos, claro.

Desde entonces estoy rumiando mi mal humor porque lo enumerado en el primer párrafo no ha cambiado ni un ápice, y encima tengo la presión de no fallarle.

No he podido evitar ponerme en su lugar: ¿cómo me sentiría yo si a mi boda apenas vinieran amigos míos? Pues fatal, imagino. Luego me vuelvo a poner en el mío y pienso: pero ni si sabrá que hemos ido, si acaso luego por las fotos. Paso al otro bando: si fuera mi boda, querría estar rodeada de mis amigas y hacerme fotos con ellas y compartir ese momento. A continuación vuelvo a mí misma (el Lado Oscuro, podría llamarse): tampoco sería para tanto, ¿no?

Como me estoy pelendo yo conmigo misma, todo acaba en empate, por supuesto.

Para desempatar han tenido que intervenir sin invitación las Fuerzas Externas (mi chico), con un sensatísimo -y por tanto horrible- argumento, que más o menos viene a ser: es tu amiga, pensó en ti para que estuvieras con ella y por eso te ha invitado, por tanto tienes que ir. Las circunstancias no son las mejores, pero no importa. ¡Es su día y es importante!

K.O. técnico, no cabe duda.

Iremos a la boda...

10 junio 2008

Hacienda Somos Todos

La semana pasada fuimos a rectificar el borrador de la Renta 2007, que tenía un error y de los gordos (que me perjudicaba, por supuesto).

Cuando llegamos, después de 45 minutos de coche y un poco antes de la hora de la cita, vimos que estaba hasta los topes el local habilitado para la campaña de este año. Nos dieron un ticket como en el supermercado y nos sentamos a recuperar el aliento, pero apenas nos dio tiempo porque en cinco minutos nos mandaron a la Mesa 7.

La del becario de turno que no tenía ni puta idea de nada.

Empezó a preguntar en tono mecánico de funcionario que está hasta la polla las narices de estar allí. ¿A usted le paga tal empresa? Sí. ¿Tiene acciones? No. ¿Planes de pensiones? No. ¿Actividad agrícola? No. ¿Hipoteca? Sí, sí, justo ahí es donde está el error...

Y justo ahí se empezó a torcer la cosa.

Había llevado absolutamente toda la documentación acreditando la situación actual de la hipoteca, todos los papeles que tuvimos que arreglar para el tema de la herencia, los impuestos que pagamos para poner en regla todo el asunto... Saqué el papel donde aparece la hipoteca y donde pone claramente (tan claramente que hasta yo lo entiendo) que es mía y sólo mía, y el chico empezó a torcer el morro (más aún de lo que lo tenía de serie).

- Pues esto tendrá usted que arreglarlo con el banco.

- Ya lo sé, estoy en ello, pero resulta que hoy la cita la tengo aquí y de todas formas la información fiscal no iban a mandármela otra vez modificada.

- Sí, pero es que esto tiene que arreglarlo con el banco.

- Que ya, lo estoy haciendo, pero AHORA estoy AQUÍ a arreglarlo con USTEDES.

En realidad, yo lo que había querido decir es: después de haber pagado una pasta en impuestos y rellenar quince formularios 650, ya podrían estar ustedes enterados de primera mano de cual es mi situación sin preguntárselo al banco.

Total, que al final se dió cuenta de que por ese lado no iba a ningún lado (ya me estaba yo sulfurando a cuenta del tono de suficiencia que gastaba aquí el amigo).

- Bueno, si usted quiere, yo le pongo la hipoteca al 100%.

- Vale, pero no es porque yo lo quiera, es porque es así como debe estar, y si no mire usted este párrafo en concreto.

Y cogió el párrafo en concreto. Y al las claras se veía que no entendía nada. Y se levantó. Y se fue a preguntar algo a alguien: a la enterada de turno que también estaba harta de estar allí (y seguramente debían dolerle los pies de los tacones, con lo cual la mala leche estaba asegurada).

Se acercó a nuestra mesa y yo empecé a hacerle un par de preguntas porque todo este tema no lo tenía muy claro y yo pensaba, ingenua de mí, que ellos estaban allí para ayudarme y solucionar mis dudas.

Pero no: por lo visto estaban allí para contestarte de mala ostia, usando un lenguaje que no entienden nada más que ellos, para luego regocijarse en que no te has enterado de nada porque se han encargado de complicarlo tanto que renuncias a seguir preguntando. Lo cual empeoró mi humor unos pocos enteros más, como es fácil adivinar a estas alturas.

Así que al final les dije que se olvidaran de las preguntas, y que me arreglaran lo de la hipoteca y punto (además, todos tenemos mala ostia, eso no es exclusivo de los funcionarios). La enterada dió su "trabajo" por finalizado y se fue a "ayudar" a algún otro contribuyente.
Y mientras todo aquello pasaba, yo miraba con envidia derecha e izquierda (a las otras mesas), para comprobar que, efectivamente, la desgana personificada me había tocado a mí, porque otras personas estaban siendo atendidas la mar de bien -o al menos eso me parecía a mí, vamos-.

Volví a centrarme en mi Mesa 7, donde el chico me ponía la hipoteca "como yo quería" sin mirar ni un sólo papel del taco que le llevaba, y finalmente me dió el resultado de la modificación: ahora me tenían que devolver más, claro. Me dió los papeles y los tomé.

En este punto es donde yo debería haberme levantado, dar las gracias e irme.

Pero la realidad es que me levanté y me fui, saltándome el segundo paso.

De acuerdo: fui una maleducada. Mi madre (y todo el mundo) me diría que yo debería estar por encima de todo eso, haberle dado las gracias de la manera más amable posible y demostrar así más clase que él. Eso es verdad, tendría toda la razón del mundo y no puedo estar más de acuerdo.

Sin embargo, en ese momento no me pareció que se mereciera ni unas miserables gracias (y eso que no cuesta nada darlas) porque en ningún momento sentí que me estuviera ayudando ni que se esforzara ni siquiera un poco en ser amable. Desde que me senté delante de la Mesa 7 me pareció estar en un Universo Paralelo donde yo era un estorbo estúpido que estaba allí sólo por el gusto de dar trabajo sin tener ni idea de nada, y NO, PERDONA.

En este mundo le tengo un enorme respeto a las personas. Cuando tengo que pedir cosas (ya sea en un bar o en una oficina, me da igual), procuro mirar a mi interlocutor a los ojos, sonreirle y pedirle lo que sea con agrado. Quien me conoce lo sabe. Me esfuerzo en que cuando alguien tenga que atenderme, para la persona que esté allí no sea una carga pesada, sino un momento lo más distendido posible dentro de las circunstancias. Quiero que, aunque sea su trabajo atenderme, perciba que aprecio que esté allí para ayudarme o darme algo que necesito o tramitarme una solicitud. Pero lo mínimo que espero a cambio es algo de educación, o al menos, prepotencia cero. No me parece que sea mucho, la verdad.

En el momento de dejar la Mesa 7 pensé que si le daba las gracias, estaba actuando igual que le doy las gracias a alguien que ha sido amable conmigo y realmente necesitaba hacer una distinción. Tal vez podría haberle dado las gracias secamente o algo así, pero en ese instante no me salió, creo que mis propias cuerdas vocales se negaron a pronunciar algo agradable.

Luego me arrepentí, estuve dándole vueltas un rato mientras se me pasaba el ofuscamiento, pero ya no podía dar marcha atrás, claro. Y luego, cuando fuimos a darnos una vuelta, me encontré a un montón de dependientes que se merecían sonrisas y gracias y mil cosas más, y la conciencia se me tranquilizó un poquito.

Pero de todas formas creo que nunca más lo volveré a hacer.

09 junio 2008

La EuroCopa

El otro día mi amiga y yo decidimos que la EuroCopa es de las peores cosas que les puede pasar a una pareja.


Todo empezó por una tontería. Mi amiga de repente se echó a llorar y entre hipidos dijo que era por su chico. Eso no lo entendí muy bien, y no sólo porque no vocalizó casi nada, sino porque justo el día anterior todo era maravilloso, él era perfecto, y la relación iba viento-en-popa-a-toda-vela.

Luego, entre lágrimas, mocos, hipidos, pañuelos de papel tissues, abrazos, frases del estilo "si yo sé que esto es una tontería", consiguió a duras penas explicarme qué había pasado.

Resulta que su chico había llamado a unos amigos para ver el partido de mañana (yo ni siquiera sabía que mañana había partido), y había quedado aquí para que si ella luego quería se añadiera y así se vieran -porque no viven los dos aquí, él es de otra ciudad-.

En principio yo no veía el problema, pero luego ella especificó que él había dicho algo así como "...porque hemos quedado allí y así de paso nos vemos..."

- ¡¡¡ASÍ DE PASO ME DIJO!!!

Hay que reconocer que la frase no fue la más acertada del mundo, sí. Gracias a ese pequeño matiz, ella entendió un montón de cosas negativas que la habían llevado a ese estado de llorera irrefrenable.

Partiendo de la base de que la frase en sí había sido bastante desafortunada (algo que estoy segura que sólo lo vería una mujer), le dije que no creía que quiso decir algo así... Porque mi amiga había interpretado que ella era lo último en su lista de prioridades que hasta el momento, según ella, era:
1. El fútbol.
2. Los amigos.
3. La cerveza.
4. Ella.
...y una cuarta posición en una relación MUY reciente no es nada buena.

Realmente no lo ví así, e intenté convencerla de que estaba equivocada y que había sacado una conclusión injusta de tres palabras. Empecé una línea de argumentación para ver si se daba cuenta de lo absurdo de todo el berrinche:

- ¡Es que no me ha invitado a ir a ver el fútbol!

- Ya, pero a ver: ¿tú querías ir?

- ¡Ni loca!

- Pues entonces. Seguramente él sabría que no te apetecía en absoluto y no te ha dicho nada para no ponerte en un compromiso.

- ¿Qué compromiso?

- Pues que le dijeras que no y él pensara que no te apetecía estar con él (justo lo que piensas tú pero al revés), o que le dijeras que sí y te pasaras 90 minutos viendo fútbol, controlando tus ganas de bostezar y él soliviantado pensando en que te aburres mortalmente...

- Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...

Eso no funcionaba. Probé con los paralelismos:

- Vamos a ver, imagínate que organizamos un maratón de... Yo qué sé... ¿Sexo En Nueva York? ¿Le invitarías a que viniera?

- No.

- ¿Por qué?

- Porque para él sería un rollo.

- ¡¡¡EXACTO!!!

Por este camino iban mejor las cosas. De hecho, había encontrado un filón que exploté los siguientes 30 minutos, congratulándome al ver que el número de pañuelos que iban a su nariz habían ido disminuyendo hasta que al final ella se tranquilizó del todo.

Luego sacamos el calendario de la EuroCopa para saber qué días el país va a estar paralizado y no vamos a poder contar con nuestras parejas. Parece ser que nos queda un mes donde la crisis va a ser constante... :)


08 junio 2008

El Pastel

Aprovechando la coyuntura de que mi chico se había ido, me dispuse a hacer en casa un experimento que en circunstancias normales (es decir, con él en casa) no podría hacer: un pastel de atún.

(Es que a él no le gusta el atún, he aquí un gran misterio del Universo...)

Dicen que el español piensa bien, pero tarde. Eso me pasó a mí cuando ya tenía rotos cuatros huevos (los últimos de mi nevera) que ponía en la receta: cuando los ví fue cuando pensé que podría haber hecho la receta con la mitad de los ingredientes porque a) es un experimento y a mí los experimentos me salen nada más que regular y b) estaría yo sola comiendo pastel de atún las próximas dos semanas.

Pero había que echarle huevos a la cosa, porque ya estaban echados, claro.

Pues nada, me puse a mezclar los ingredientes. Desde el incidente del salmorejo (en el que quemé el motor de mi adorada batidora de vaso) no hemos encontrado el momento adecuado de comprar una batidora sustitutiva de capacidad razonable, así que por ahora nos apañamos con una batidora manual y un mezclador pequeño comprado en los chinos que pensé que sería suficiente.

Cuando puse los huevos batidos pensé que lo sería.

Cuando añadí las latas de atún, ya no lo tenía tan claro.

Cuando eché los demás ingredientes, era obvio que se fraguaba un desastre.

Porque batir una mezcla como la que yo hice en un vaso pequeño destapado no es tan fácil. Lo hice lo mejor que pude, teniendo en cuenta que la mezcla estaba prácticamente rebosando el mezclador, que mi mano tenía parkinson gracias a la batidora, y que soy gafe. La primera vez que pulsé el botón aquello no era una batidora, sino un aspersor que lanzó gotitas de mezcla en todas las direcciones, por supuesto. Después ya tuve más cuidado y sólo manché media cocina, afortunadamente. Tenía la encimera a topos de atún y huevo, por no hablar de mi camiseta; pero nada que lamentar.

Luego vertí la mezcla en mi nuevo y carísimo molde de silicona comprado para la ocasión. Lo que me parecía una cantidad ingente de masa de pastel parecía poca cosa. La Teoría de la Relatividad aplicada a la cocina...

El siguiente paso era meterlo en el microondas. Yo, más que microondas, lo que tengo es un calienta-leches porque no le doy más uso que ese, lo que se traduce en que nunca ha estado funcionando más de cinco minutos seguidos, y según la receta había que poner el futuro pastel 20 MINUTOS a potencia máxima.

Un sinvivir muy grande.

Pensé que me saldría ardiendo el microondas o volando o algo peor.

Pero no: el pobre se calentó un poco, no obstante estuvo ahí dando vueltas como un campeón (bueno, más bien el plato dentro del microondas, no el chisme en sí), y yo sin quitarle ojo de encima durante todo ese rato mientras limpiaba el estropicio anterior patrocinado por mi batidora-aspersor. Miraba cada dos minutos por la ventana del microondas y veía que el pastel se había inflado hasta doblar su tamaño.

Era hora de llamar a mi madre.

Mi bendita madre me dijo que eso es que es así, sin haber hecho jamás la receta. Después afirmó que no pasaba nada porque el pastel aumentara cinco veces su tamaño, y que los principios siempre son difíciles, lo cual me serenó bastante... Así que colgué más tranquila.

Y dos minutos después el microondas había acabado de cocer mi pastel.

Impaciente que es una, lo desmoldé inmediatamente haciendo caso omiso de las instrucciones, pero es que estaba prácticamente desmoldado (la silicona es así) y yo estaba con el alma en vilo. Puse el pastel en un plato. Sinceramente, el aspecto no era malo y me tranquilicé: sólo había que esperar a que se enfriara -eso sí- y comprobar si estaba bueno.
...
...
...
...
...
...
...
...

Lo estaba.

Y lo mejor de todo es que es fácil, rápido y me hace pasar por una cocinera estupenda. ¿Qué más se puede pedir?

07 junio 2008

Nubecillas de Palabras

Tengo un ligero ofujkamiento que no sé si se está acrecentando o diluyendo con la Shandy Limón que tengo delante.

Llevo un timpo pensando en arreglar un poco la plantilla de mi blog, y (entre otras cosillas), quiero ponerle una nube de tags, que he visto en varios blogs y me gusta mucho como queda. Así que he estado investigando por ahí a ver si es fácil de hacer, y lo es: de hecho, he encontrado varios artículos en los que tú tienes que encontrar un trozo de código, copiar y pegar tres veces y listo.

PERO esas instrucciones tan sumamente fáciles pasan por tener una plantilla de ésas que van anexadas a Blogger, con sus etiquetas y sus artilugios expandidos. Mi plantilla es home-made, yo he tecleado cada una de las líneas de código y estoy muy orgullosísisma del resultado. No tengo cabecera, los posts tienen la anchura que yo quiero, la barra lateral está exactamente donde yo pensé y todo está como me gusta. Sólo con líneas de código que me costaron un fin de semana enterito.

He intentado en varias ocasiones "customizar" una plantilla predeterminada para que con SU lenguaje mi blog quedara como hasta ahora, pero no he sido capaz. Los códigos que he editado son incomprensibles y no encuentro nada de lo que quiero.

Así que ahora que quiero poner una triste y simple nube de etiquetas tengo que poner algo delante de una línea de código QUE NO TENGO, y luego otro bloque de código después de otra línea de código QUE TAMPOCO TENGO, luego más líneas de código en un lugar indeterminado y ya funcionaría. Pero como mi plantilla es así de especial, no sé dónde poner nada y me he quedado sin mi nube. Snif.

Todo sería más fácil si sucumbiera y me pusiera una plantilla normal como todo el mundo, pero me resisto porque la imagen de mi blog es exactamente la que quiero y con la que me siento cómoda y sé que de momento con otra plantilla no estaría a gusto...

Lo que más rabia me da es el tiempo que he pasado etiquetando las tropecientasmil entradas que tengo hasta ahora para luego poder hacer la nubecilla de los cojones que NO tengo. Snif.

Igual cuando deje de pensar en ello me viene la inspiración divina y puedo programar la nubecita de marras de forma un tanto cutresalchichera pero eficaz.

¿Algún programador generoso en la sala?

06 junio 2008

Mala Baba en el Trabajo (Parte Dos)

BERRINCHE n+2 de este Lunes:
(Véase como ejemplo el Berrinche n+1 acontecido escasos días antes con las mismas pesonajucas.)

Como hacemos en nuestro trabajo, antes de hacer alguna petición del personal, consultamos la ficha correspondiente para ver si se cumplen los requisitos que sean para poder tramitar la petición (un trabajo que personalmente creo que no nos corresponde, pero bueno, lo hacemos).

Bien, pues tras mirar la ficha de una persona, había algo que no me cuadraba, así que mandé un correo para preguntar la duda que me surgió, en un tono estudiadamente desenfadado para que no se pudiera interpretar mal por parte del susodicho Departamento. Cuando digo "estudiadamente" me refiero a que lo escribí tres veces, y mis dos jefes me lo revisaron por si era brusco o algo y yo no me había dado cuenta, así que con el visto bueno de dos personas más mandé el correo de marras con una sóla frase preguntando mi duda.

Si alguien pregunta por qué no andé varios metros y lo pregunté directamente (lo cual a todas luces sería más fácil), es porque ese Departamento no contesta nada que no le venga por escrito. Así están las cosas...

El primer correo de respuesta no tenía ídem (respuesta, vamos): pusieron lo mismo que yo pero sin los signos de interrogación. Y, detalle muy importante, habían añadido a su jefa en copia.

Volví a insistir, en todo educado e igual de estudiado. Y como yo también tengo jefa de igual jerarquía que la suya, la puse en copia del correo para una mierda de consulta con el fin de que estuviera informada de primera mano, claro, porque aquello empezaba ya a tener mala pinta.

La segunda respuesta tenía ya algo más de información, PERO resulta que la "explicación" a mi duda no tenía fundamento ninguno porque llevamos cuatro años haciéndolo justo al contrario a como lo habían hecho ellas.

Así que de nuevo escribí un correo diciendo que teníamos entendido que las cosas no se hacían así, y que si por favor nos podían aclarar el motivo por el cual en este caso habían actuado de esa forma, para tenerlo en cuenta en un futuro y blablabla... El correo era meloso hasta decir basta, casi me da una subida de azúcar según lo escribía.

Esa última petición de aclaración no tuvo respuesta en todo el día.

Ni al siguiente.

Estaba más que claro que les había sentado fatal este tema, pero realmente no creo que tuviera tanta importancia, porque la pregunta es: ¿si las cosas estaban bien, como ellas siempre afirman con la cabeza bien alta, por qué tanto problema en aclarar lo que había pasado?

Y ya tenía a S.J. pinchando por detrás y diciendo que si en exactamente doce horas no había respuesta, hiciera un RE del correo con copia a la jefa más alta que tengo. Eso sí que les iba a REventar, y encima el clima se estaba enrareciendo pero SÓLO conmigo que era la que enviaba los correos, por supuesto. Como S.J. luego no tendría que lidiar con malas caras...

El correo no tuvo respuesta, claro, pero luego me llamó un chico de ese Departamento que está en la central por orden de su jefa (común a las chicas de aquí) para aclararme mi duda. Me mordí la lengua para no replicar lo que se me apeteció en ese momento, así que fui un poquito "humilde" y aguanté la explicación hasta el momento cumbre de la conversación...

...que no fue otro que su silencio de estupefacción al ver que habían metido la pata y que estaba mal, cosa que yo ya sabía. Así que me dijo que no hiciera caso a eso que "posiblemente fuera un error".

¿Pero qué pasa? Que nada quedó por correo, sólo una conversación telefónica entre él y yo. Luego pasé por escrito lo que habíamos hablado, pero el asunto se queda en que soy una tocapelotas y punto. Encima sintiéndome fatal, como si fuera una idiota, cuando la realidad es que detecté un fallo, y preguntar "una duda" era la forma educada para que se fijaran en él y lo arreglaran y punto. Por eso se lo dije a ellas sin copia a nadie salvo nosotras y de buenas formas, pero les ha apetecido liarlo todo de tal forma que YO soy una mosca cojonera y ellas las santas que tienen que aguantarme.

05 junio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 11

Llega un momento en la vida en que te das cuenta de que estás obsesionada. Obsesionada. Obsesionada. Obsesionada. Muy obsesionada.

Además, la certeza de que estás obsesionada y seguramente loca de remate te llega de repente, sin preaviso ni nada.

Lo descubres un día, cuando llegas a las nueve de la noche a casa después de un día de locos y una clase de conducir.

Te ves físicamente incapaz de subir el tramo de escaleras que te separa de casa.

Así que optas por usar el ascensor y de paso amortizar los 30 euros de comunidad que pagas todos los meses.

Te quedas como una tonta mirando fijamente los botones del ascensor antes de pulsar alguno de ellos (porque ya no sabes ni si subes ni si bajas ni nada).

Y de repente no ves lo que cualquier persona, sino dos cedas el paso y piensas que si algún coche pasara entre los botones (¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?) tendría prioridad y no tendría que pararse, teniendo en cuenta, claro, el doble sentido de circulación.

Por favor, necesito sacarme el carnet pronto antes de que me encierren en un psiquiátrico...

04 junio 2008

Mala Baba en el Trabajo (Parte Uno)

BERRINCHE n+1 del pasado Viernes:
(Donde n es el número indeterminado de berrinches que llevo hasta el momento por el mismo motivo.)

Todos los días por la mañana, cosa así de las diez de la mañana, me conecto a una base de datos y extraigo un reporte (un listado de nombres) que comparo con el extraído el día anterior para ver las modificaciones realizadas. Se supone que la inclusión o exclusión de personas de ese reporte tiene que ser notificado por correo por parte de un Departamento (dos chicas) con el que tenemos alguna que otra tensión...

Pues cuando me puse a comparar el reporte de ese día con el anterior, ví que me faltaba una persona. Como no tenía ningún correo de ellas sobre inclusiones o exclusiones y el nombre había desaparecido, les mandé un correo al Departamento (en tono bastante cordial), diciendo que me faltaba una persona en la lista y que no tenía correo que explicara por qué no estaba, así que pregunté qué había pasado.

Dos horas después recibo un correo que sólo decía: "esa persona sí está en la lista".

Traducción: que yo estaba ciega o gilipollas o ambas cosas a la vez.

Claro, me metí otra vez en la base de datos y efectivamente, el nombre ya estaba incluído en la lista, por supuesto. Como si nada hubiera pasado. Yo estoy un poco loca, pero soy capaz de ver si un nombre está o no está. Por eso, me fui por otra ruta y ví la fecha de inclusión del nombre en la lista: ese mismo día.

O sea, que según los reportes, hacía dos días que se había incluído el nombre, esa mañana cuando lo consulté no estaba y por arte de magia dos horas después de mi correo el nombre aparece PERO la fecha de inclusión está modificada. Ahí había dos que me tomaban por tonta, y de ahí mi berrinche. Pero como las cosas estaban tensas y en realidad todo era una tontería, me mordí la lengua, se me puso azul del veneno y todo, lo dejé estar y no dije nada en contra de mi religión y de mis impulsos.

Pero M.J. (Mi Jefecilla) decidió que no podíamos dejar que el Departamento aquel se pensara que somos idiotas y que nos la habían metido doblada, que había que dejar claro que nos habíamos dado cuenta de su Jugada de la Cabra, etcétera, etcétera...

Todo eso lo sabía yo más que de sobra, y me estaba hirviendo dentro, pero yo le dije que no iba a contestarles porque me saldría algún exabrupto de la indignación que tenía, y para mandar algo cortés y falso no escribía nada.

Así que lo mandó ella, con su nombre en el encabezado: un correo que venía a decir educadamente que no pasaba nada pero que en primer lugar esa mañana el nombre no aparecía y que en segundo lugar habíamos visto la fecha de inclusión.

Luego, como contestación, nos dijeron que sí, que la habían quitado y luego puesto para que cuadrara no sé qué historia... Un cuento chino para explicar todo lo que había pasado.

Pero la pregunta es: ¿y no podían haberlo dicho desde el principio y no dejarme por retrasada mental?

03 junio 2008

El Huracán Madre

Desde que mi madre estuvo aquí la semana pasada, mi casa no parece haber sido el campamento base de Atila, sino que parece agradablemente habitable. Hay varios detalles que me llenan los ojos de lágrimas cuando soy consciente de ellos...

  • No hay ni una sola prenda en el cesto de la ropa sucia. Ni una. Sólo unas solitarias braguitas y lo que traje para lavar en la maleta de este fin de semana. Absolutamente toda mi ropa está limpia; también las toallas, manteles, paños de cocina... Cualquier cosa textil que pudiera estar sucia, ya no lo está. Mi madre me lavó toda la ropa que estaba esperando su paso por la lavadora cuando tuviera tiempo, ganas y el clima acompañara (lo cual no pasa muy a menudo, sobre todo por el segundo factor mencionado). Así que ahora puedo ponerme lo que quiera porque estará limpio y listo para la batalla. De repente mis posibilidades de indumentaria han aumentado bastantes enteros...

  • El número de prendas pendientes de planchar a alcanzado un mínimo histórico: CERO. No hay nada en la normalmente enorme pila de ropa pendiente de recibir un planchazo, y eso que procuro que sea la mínima posible gracias a mi currado sistema de tendido de ropa que minimiza las arrugas (porque ODIO planchar). Pese a mis esfuerzos, siempre hay algo que está arrugado y que no me puedo poner así, por lo que lo dejo caer grácilmente en pila-de-ropa-limpia-pero-arrugada que ya tenía oculta una cama de matrimonio. También estaba esperando a que tuviera tiempo, ganas y que el clima acompañara (eso último no era indispensable, pero ahí estaba ese requisito). Por supuesto, nunca confluían tantas circunstancias (véase el primer punto). Y ahora, por Arte de Madre, no existe la pila-de-ropa-limpia-pero-arrugada que casi formaba parte de la decoración. Ahora toda la ropa está en el armario (creo que es la primera vez que hay más ropa en el armario que en la famosa pila). Incluso he descubierto que tenía prendas que ya daba por perdidas (estaban en la base del montón de ropa, esa a la que nunca llegaba porque me hartaba de planchar mucho antes siquiera de llegar a la mitad).

  • Mi congelador hasta los topes de comida de madre ya preparada y lista para sacar&calentar&zampar. Ya no hay carne o pescado crudo empaquetado, sino primorosos tupper de colores con comida cocinada a cual más deliciosa. Mi madre me ha hecho de todo lo que me gusta y más aún: generosas raciones de cosas que pueden calificarse de ricas, muy ricas o exquisitas. Sí, esos guisos de los cuales yo tengo la receta (¡faltaba más!) pero que no me salen ni parecido a como lo hace mi madre, sospecho que porque no soy una de ellas, o porque no tengo ni el tiempo ni la paciencia que caracteriza a mi madre. Ella pone el fuego lento cuando hace falta, y yo no porque tengo prisa... Por detalles como ése, ella es una estupenda cocinera y yo un desastre andante.

  • La nevera, casi siempre medio vacía, ahora está a rebosar de fruta y verdura entre otras cosas. Le insistí a mi madre para que no comprara en exceso -que la veía venir-, porque no somos de comer mucha fruta (sobre todo mi chico que se limita a las manzanas), pero aún así tengo UN FRUTERO (OhMyGod) lleno de cuatro clases distintas de frutas -lo nunca visto-. El cajón de la verdura contiene eso precisamente, y no tres limones arrugados como antes... En fin, ahora es una alegría para la vista abrir la nevera, sin miedo a que te dé una depresión...

  • No sólo el congelador y la nevera están llenos, también mi barriga. Entre semana comía en el trabajo como siempre (bueno, eso no es exacto: ahora en mi tupper había comida de madre, que no es comparable a nada de este mundo), pero por las noches todo era distinto. Estamos acostumbrados a cenar relativamente poco y a cocinar menos aún, todo lo más que admito es freir unas croquetas o hacer una tortilla... Pero eso es impensable habiendo una madre de por medio. Las cenas estos días han consistido casi en comidas de tres platos; y el problema era que todo estaba tan absolutamente bueno que no podías dejar de comer de esto o de aquello. Por eso acababamos llenos de cosas ricas y las cenas cobraron una nueva dimensión.

  • Por supuesto, después de las cenas, hay platos por fregar que en condiciones normales se suelen dejar para la mañana siguiente, pero NO con una madre presente. Los platos quedaban fregados esa noche y la cocina recogida y reluciente, faltaba más. Además, no ha existido el concepto de dejar algo en el fregadero para limpiarlo después todo a la vez, no. Mi madre va fregando cacharros conforme va ensuciándolos, y es capaz de estar guisando tres cosas a la vez y fregando platos al mismo tiempo, cuando yo, su indigna hija, tiene que estar pendiente de un solo fogón para que no haya una tragedia. La cocina estaba tan limpia que podíamos haber comido en el suelo con total garantía.

  • A estas alturas es fácil adivinar que no sólo la cocina estaba impecable, sino también el resto de la casa. No había ni una miserable pelusilla en los 84 metros cuadrados de suelo, cuando lo habitual es que campen a sus anchas (la verdad es que hacen bastante compañía). El dormitorio no tenía ropa tirada por ahí, el salón estaba ordenado, el baño estaba impoluto... Una delicia, la verdad.

  • Y lo peor de todo (o lo mejor, vaya), es que a mi madre le gusta todo eso. De corazón. Desde que tengo uso de razón ha afirmado a propios y extraños que le encanta ser ama de casa -lo único que no le hace mucha gracia es planchar- y que para ella no es una molestia todo eso. A mí me cuesta creerlo, claro (de hecho, esa fue la base de una discusión bastante fuerte la última vez que vino). No lo concibo y le digo que no hacía falta todo ese trabajo, lo que es cierto porque ya me había encargado yo de limpiar a conciencia antes de que llegara para que se lo encontrara bien y no fuera necesario que se pusiera a limpiar (lo de cocinar es otra cosa, tengo que reconocerlo). Pero ella lo hace encantada. Y yo más, claro. Parece que por casa ha pasado un huracán, pero de efecto contrario: ya no hay desolación, porque todo está limpio, en su sitio... Mi casa está en perfecto estado de revista, vaya.

    Ahora que ha vuelto a casa de mis abuelos, pues yo me he hecho el firme propósito de mantener la casa en unas condiciones semejantes a las actuales, es decir: ordenada y limpia. Las circunstancias no son las mismas, porque mi madre ha estado allí todo el día mientras que yo tengo ocho horas de trabajo y tres de clases de conducir y llego a casa como muy pronto a las siete de la tarde, harta de todo... Pero lo voy a intentar al menos. A ver cuánto me dura semejante resolución...

     
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