31 julio 2008

La reunión más absurda del mundo...

El tema del [modo IRONÍA on] famosísimo [modo IRONÍA off] movimiento de puestos de la empresa que había pendiente, se supone que ha quedado zanjado esta semana pasada.

De la manera más absurda posible (y mira que había maneras absurdas, ¿eh?).

El impulsor de los cambios, N.G.J., por fin encontró un hueco en su apretada agenda después de anunciar su visita hasta tres veces y cancelarla otras tantas. La fecha escogida ha sido esta semana, un día cualquiera, pongamos... el Martes. Su llegada estaba prevista para las 11:00, y todo debía estar perfecto.

Así que desde que llegamos a las 08:00 (de punta en blanco, of course), nos pusimos a revisar de cabo a rabo los despachos y todas las instalaciones. Yo pensaba que todo este movimiento era totalmente desproporcionado, pero si mi jefe, el nuevo JdP (también denominado como El Hombre Tranquilo), estaba histérico, es que era para estarlo, y me puso frenética a mí también, claro.

A pique de darme un infarto, llamaron: que salían (N.G.J. y su "séquito") a las 10:00, lo cual nos dejaba un par de horas más para ponernos más nerviosos todavía.

Finalmente, después de un bombardeo de mensajes cada diez minutos informando de el tiempo estimado de llegada, hicieron su estelar aparición a la 13:00. Una hora muy productiva, claro que sí, teniendo en cuenta que se irían a comer a las 14:00 -porque ya habían reservado restaurante- y la jornada reducida del resto del personal acaba a las 15:00.

Así que nos reunimos tardísimo y lo único que se sacó en claro fue: NADA.

Todo lo que dijo N.G.J. ya lo sabíamos los presentes desde hacía más de un mes, no contó absolutamente nada nuevo y nos limitamos a escuchar lo que estaba más que claro desde hace un mes y ya está. Fin. Eso sí: todo expuesto con mucho glamour de alto ejecutivo, interrupciones gracias a su BlackBerry, reposicionamientos de corbata y mucha-mucha-mucha imagen corporativa.

O sea: una auténtica pérdida de tiempo.

Salimos de esa reunión unos 45 minutos más tarde con una sóla pregunta en la cabeza que nadie se atrevió a formular en voz alta: "¿para que ha valido esta reunión?" Porque, además, todo seguía siendo tan sumamente secreto como antes pero avivado por los rumores de que había venido el Pez Gordo.

En fin, sospecho que todo era una excusa para salir de la rutina y que comieran en el restaurante oficial post-reuniones-de-empresa. ¿Para qué si no?

30 julio 2008

Felicidad Musical

Mi chico tiene una costumbre un tanto irritante, y es la de "desencantarme" las canciones que me gustan.

No sé cuándo empezó, pero seguro que fue de forma totalmente inocente. Una de las primeras veces que pasó, recuerdo que estaba yo bailando por el pasillo CALL ON ME, de Eric Prydz, cuando va y me dice: ¿a que no sabes que es una versión de una canción muy antigua?

Por supuesto que no lo sabía. Entonces me la buscó, escuché a Steve Winwood, aluciflipé (porque sólo se le parece en el estribillo), y todo quedó en una curiosidad musical más.

Más adelante pasó algo parecido. Estaba yo en el salón bailando con THE RIDDLE, una versión discotequera y marchosa de Gigi D'Agostino, y entonces volvió al ataque, diciéndome con un tono inocente: pues esa canción tiene muchos años, la cantaba un chico con unas pintas increíbles, y precisamente tengo el disco por ahí...

Efectivamente, escuché la versión original de Nik Kershaw, nos reímos un rato del estilismo del pobre chaval, descubrí otras canciones suyas que habían sido actualizadas y la vida siguió igual.

Pero lo que empezó siendo algo de culturilla general se ha convertido poco a poco en su diabólico pasatiempo, que es oficialmente conocido como: CHAFARME LAS CANCIONES QUE ME GUSTAN.

¿Que escucho GET THIS PARTY STARTED, de Pink? Él contraataca con la versión particular muy a lo James Bond de Shirley Bassey.

¿Que me quedo prendada de BEHIND BLUE EYES, de Limp Bizkit? Él se regodea descargándome la original de The Who.

¿Que voy cantando por ahí IT'S MY LIFE, de No Doubt, mientras hago mis cosas? Él pone en el equipo de música la original de Talk Talk.

Y así muuuuuuuchas canciones.

Lo próximo que me espero ya es que las canciones de Kate Ryan sean una versión de alguna composición de W.A. Mozart... Que visto lo visto (o más bien: oído lo oído), no es tanto disparate.

Así que ahora, cada vez que me gusta una canción nueva, le miro con desconfianza a la espera de que me salte con que la original es del Periodo Mesozoico...

Vale que hay que tener un poco de culturilla general y musical en particular, sí, muy bien, de acuerdo, aceptamos barco... Pero es que después de la regresión al pasado ya no puedo escuchar las canciones con el mismo entusiasmo y casi que no me quedan ganas de bailarlas...

Jo, yo soy feliz en mi ignorancia musical.

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Post-Edición: ¿Pues no va y después de leer mi post me salta con que las canciones de Kate Ryan son de una tal Mylene Farmer? Amos, eso es perfidia y lo demás son coñas...

29 julio 2008

¡¡Rebajas!!

La semana pasada por fin fui a las rebajas.

Pero no de escaparates, sino DE REBAJAS.

Vale, es posible que fuera de rebajas un pelín tarde, pero más vale tarde que nunca. Además, en mi defensa he de decir que cometí el error de ir a principios de mes a las rebajas, y aquello era un espectáculo dantesco. Las tiendas estaban hasta los topes de gente, el aire acondicionado estaba apagado (con lo cual era casi una tortura estar allí), y tú deambulabas entre estantes de ropa mal colocada, hecha un higo, desordenada... cuando no estaba por los suelos pisoteada (que algún caso se dió). Si te encontrabas una solitaria camiseta que te gustara pero necesitabas otra talla o la prefirieras en otro color, a saber dónde estaban las demás. Por no hablar de las perchas móviles procedentes de los probadores de prendas descartadas que algún empleado dejaba en medio de la tienda para alimentar el caos.

Además: no había nada. Toda la ropa era horrible y very disgusting. ¿Cómo es que no había NADA ponible en las más de diez tiendas que visité antes de que me hartara? Increíble. Pero cierto. Sólo acabé el día con una camiseta, para evitar el S.B.V. (Síndrome de los Brazos Vacíos). Así que eso no contó.

Pero la semana pasada ya las cosas fueron distintas. Las tiendas estaban ordenaditas y pude encontrar sin dificultad "algunas cosillas". Con dificultad se me veía a mí debajo del montón de ropa que preseleccioné en la tienda antes de entrar en los probadores...

Pero bueno, al final la cordura volvió a mí y sólo me compré una cuarta parte de lo que me apetecía (para tranquilidad de mi desastrosa economía). En cuanto salí de la tienda con un par de bolsas me sentí muuuuuuuucho mejor.

Encima, luego en casa eché cuentas y me había ahorrado... ¡¡UN 50%!!

Claro que mi cuenta había mermado en una cantidad similar a la ahorrada.

A la hora de expresar mi alegría, me encontré con la dificultad de explicarle al mundo que aunque me hubiera gastado un dinero, a la vez me había ahorrado esa misma cantidad. El mundo en general no entendió muy bien que el hecho de gastar dinero es a la vez una ganancia. Igual no lo parece pero yo lo veo claro y es lo que importa.

Más que nada porque mi conciencia me cree a mí y ella y yo dormimos la mar de tranquilas y felices con nuestra ropa nueva en el armario...

"Sí, el típico resfriado por el aire acondicionado.
El médico me ha dado la baja por una semana..."

28 julio 2008

¿Y yo, qué leo? (VI)

Hace días que terminé de leer LOCA POR LAS COMPRAS, de Sophie Kinsella, que rescaté de los estantes de ese antro de perversión que es la FNAC (¡y me llevé una bolsa de Kukuxumusu!).

Me gusta mucho más el título en inglés: SHOPAHOLIC, enganchadísima a las compras, una adicta total... Porque eso es lo que es la protagonista:
Si uno acabara de conocer a Rebecca diría que es una chica como muchas otras, activa, alegre y con ganas de marcha. Pero si intentara compartir con ella un placentero e inocente Sábado por la tarde, paseando por, digamos, King's Road, constataría de inmediato que Becky, como la llaman sus amigos, está total, absoluta, perdida e irremisiblemente... ¡loca por las compras!

Pese a sus denodados esfuerzos por controlar esos devastadores impulsos consumistas, Becky ha sucumbido tantas veces a la tentación que las deudas empiezan a volverse una seria amenaza para sus inmaculados antecedentes penales. Necesitada de una solución urgente y en el punto álgido de su desesperación, Becky ha ideado un plan que, o bien la saca de apuros para siempre, o de lo contrario tendrá que hacerse a la idea de una tranquila vida en una remota y solitaria isla en los Mares del Sur.
Las desgracias de Becky empiezan cuando el cartero desliza silenciosamente las facturas de sus tarjetas de crédito y las cartas del banco en su buzón. Con muchísima imaginación ha ido aplazando las reuniones con el banco y ampliando su crédito para calmar sus ansias consumistas, pero llega un momento en el que las ideas se le acaban... Ya no vale con tirar las facturas sin abrir a la basura: la destructora de papel puede hacer tiras la carta, sí, pero su deuda no desaparece. El mundo, además, se le queda pequeño porque en cualquier esquina puede aparecer el director de su banco, y entonces sus problemas se materializarán otra vez. ¿Qué puede hacer? Debe pensar un plan mientras se prueba esos fantásticos pantalones que combinarán de maravilla con el suéter en rebajas de la tienda de enfrente. ¡Ah! Y aquel bolso tan divino... Y los zapatos tan ideales... Menos mal que el plan la encuentra a ella, porque no estaba demasiado centrada en la búsqueda, no.

El libro me ha gustado mucho. Está narrado en primera persona, y bueno, me encanta la manera que tiene de describir la sensación de entrar en una tienda y comprar algo bonito... E incluso la desesperación de no poder hacerlo, claro, jaja... Tiene una lectura rápida, el estilo es fresco y muy divertido. Además, las cartas del banco son geniales. ¡Recomendado!

Creo que voy a leerme toda la saga, así que iré comprando el libro siguiente cuando me acabe el anterior (para que no se me acumule el trabajo).

27 julio 2008

Fantasmas del Pasado

No sé por qué el otro día me acordé de mi pesadilla particular de cuando era pequeña.

Se llamaba Maribel.

Me acuerdo perfectamente de su nombre completo y dos apellidos, porque por culpa de ellos el colegio decidió que ella y yo compartiéramos clase de E.G.B. curso tras curso para mi desgracia. No me libré de ella hasta que fuimos al instituto. Una pesadilla.

Maribel era una niña muy popular, con la piel de porcelana con un antojo en una mejilla, un pelo castaño rizado precioso y unos ojos verdes que todo el mundo calificaba de bonitos pero que yo sabía que eran del demonio. Ella era en el colegio lo que las jefa de las animadoras en un instituto de los EEUU: muy guapa y muy lista. La nota más baja que sacó fue un 9.5, y recuerdo bien esa nota porque Maribel se pasó el día entero llorando por su estrepitoso fracaso.

Tenía un hermano que iba dos o tres cursos por delante de nosotras y todas las niñas suspiraban por él. A mí no me parecía especialmente guapo (yo le había echado el ojo a un tal Federico), pero lo importante era que como era la hermana de aquel chico, eso la hacía más popular si cabía.

Además, estaba su madre: una mujer muy arreglada que todos los Lunes le compraba a Maribel ropa y cosas para el pelo (en aquella época se apreciaban como el oro los pasadores del pelo) que ella estrenaba invariantemente los Martes. Todas las niñas queríamos una madre como la madre de Maribel, y me avergüenza confesar que alguna vez que pillé una rabieta con mi adorada madre le mencioné a la de Maribel como si fuera la pera limonera.

Del que no sabíamos nada era del padre de Maribel. Nunca nadie lo había visto. Las veces que fui a su casa a jugar no estaba nunca, a las reuniones de padres tampoco iba (pero iba la madre de Maribel y eso era suficiente), pero nadie dudaba de que existía como persona aunque se escurriera como un fantasma.

Es curioso que me acuerde con tanto detalle de todo eso, ¿verdad?

El caso es que yo era "amiga forzada" de Maribel. Teníamos una competitividad silenciosa con respecto a las notas, y nos juntábamos porque eso era lo que tenía que pasar. Las listas con las listas y las tontas con las tontas. Yo no la soportaba, imagino que ella tampoco a mí, pero siempre estábamos juntas. Por la mañana íbamos al colegio en el mismo grupillo, nos sentábamos cerca en clase, en los recreos jugábamos juntas y por la tarde también quedábamos.

Creo que yo pensaba que las cosas eran así porque tenían que serlo. No sé si alguien se llegó a dar cuenta alguna vez de que no la soportaba en absoluto...

Lo peor era cuando ella decidía no ajuntarte contigo, porque era tu muerte social en el colegio. Como era la más popular, si ella no te hablaba, NADIE te hablaba. Movía las masas. Por eso todos teníamos cuidado de que no se enfadara porque entonces te tocaba estar una semana (como mínimo) aislada del mundo hasta que su generosidad infinita le hacía perdonarte y de nuevo volvía a hablarte y tú resucitabas socialmente hablando.

Tengo un recuerdo nítido de un enfrentamiento que tuvimos. Estábamos haciendo una manualidad para el Día del Padre. Había que hacer un dibujo de algo relacionado con el trabajo de tu padre sobre una cartulina blanca. Ella se puso a dibujar y yo también, y al rato vino llorando como una magdalena. Se había salido, había hecho una raya en la cartulina fuera del dibujo y no se podía borrar. Para sentirse mejor, me pidió que yo también me saliera y así no habría un dibujo perfecto (supongo que ya se habría asegurado antes de que los demás niños de la clase se habrían salido también), y yo le dije que no. Que mi dibujo estaba perfectamente coloreado y que no pensaba salirme a posta porque lo estropearía.

Y entonces me dijo: "¡Ya no te ajunto!"

La terrible frase.

Efectivamente, cuando salimos al recreo, absolutamente nadie se acercó a mí. Me daban la espalda y rodeaban a la llorosa Maribel para consolarla. Recuerdo que ese fue mi primer nudo en el estómago.

Me puse malísima. Me dolía la tripa a rabiar. Mi madre decía que no sabía qué me pasaba y yo no le iba a confesar que era porque Maribel no me hablaba y por extensión, nadie del colegio, y que el hecho de que el profesor dijera que mi dibujo estaba muy bien hecho y no alabara el suyo no ayudaba nada.

A la mañana siguiente, después de mi primera noche en vela, me levanté con el mismo dolor de estómago. Recuerdo perfectamente que me estaba atando las zapatillas y me temblaba la mano del miedo que me daba ir al colegio sabiendo que nadie me iba a hablar en una semana como poco, hasta que Maribel me perdonara y me volviera a aceptar en su exclusivo círculo de amistades.

Mi madre me arrastró fuera de la casa y por primera vez fui sola al colegio, porque Maribel no me estaba esperando.

Cuando llegué, la pesadilla era tal y como había temido: por un lado estaba el mundo feliz y por otro lado estaba yo, totalmente sola.

En el recreo, seguían todos rodeando a Maribel e imagino que rajando de mí. Pero alguien se me acercó. No recuerdo quién fue, pero sí que me acuerdo de la mirada de odio de Maribel hacia nosotros. Entonces yo fingí absoluta despreocupación y nos pusimos a jugar a un juego tontísimo que me habían enseñado alguien en casa, y de repente, ví que Maribel estaba sola y que todos los niños estaban alrededor mío porque querían jugar a ese juego.

Esa fue la primera sensación de victoria de mi vida. Le había ganado el pulso a la mismísima Maribel con la tontería más grande del mundo.

Automáticamente, Maribel se acercó a nosotros como si nada hubiera pasado porque ella también quería jugar, es más, ser la reina del juego porque no podía ser de otra manera.

Desde entonces tuvo bastante más cuidado, y no recuerdo que me volviera a sentenciar nunca más con la famosa frase. Seguimos con nuestra amistad forzada y nuestra competitividad feroz hasta el final de la E.G.B.

Más tarde, me sorprendí reflexionando en que quizá todos los niños estuvieran aliviados de ver que había un motivo para no adorar a Maribel, una especie de alternativa. Pero ese pensamiento se perdió en mi cabecita con dos coletas y todo volvió a ser como antes: Maribel seguía reinando, y yo estaba segura después de que viera que tenía una rival a su altura y que no le convenía tenerme en contra porque podía ser ella la que se quedara sola como aquel día en el patio del colegio...

En los últimos cursos de la E.G.B. nos fuimos distanciando (para gran alivio mío): ella tenía un círculo de amigas y yo otro distinto -el suyo mucho más exclusivo y fashion, por supuesto-, pero seguíamos con la tácita competitividad, nos seguíamos mirando de reojo y nos teníamos un cierto respeto, heredado de cursos anteriores.

El otro día me acordé de esto y no sé el motivo. Pero me gustó poder recordar tan claramente este episodio que pasó hace más de veinte años, y saber cuándo y por qué sentí por primera vez que había ganado una batalla...

26 julio 2008

Hay una TERCERA debacle...

Dando un paseo por el centro de la city, de repente entré accidentalmente en una zapatería.

No es que necesite zapatos (aunque nunca se tienen suficientes), simplemente me gusta ver los enormes escaparates profusamente iluminados y atestados de sandalias y bailarinas y calzado precioso en general. Y rebajado, que eso es lo mejor... Tampoco mucho, en verdad, pero algo es algo.

Así que estaba yo inspeccionando el mismo escaparate de hace un mes, pero unos precios algo más ajustados, cuando me sentí observada.

Muy observada.

Y entonces los ví.

MIS ZAPATOS.

Esos zapatos que no sólo me encontraron una vez, sino que me persiguieron otra y esta ya era la tercera vez que se cruzaban en mi camino. Estaban ahí, brillando con luz propia (todavía), me estaban mirando, con su puntera desafiante apuntando hacia mí.

Tan preciosos como antes.

Rebajados en un 40%.

Oooohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...

Me quedé pegada en el cristal, hipnotizada por el cartel de su nuevo precio. Siguen siendo caros, claro, porque antes eran indecentemente caros. Ahora sólo caros. Pero rebajados.

Pero caros.

Sí, pero están rebajados.

Para contrarrestar el impluso que me empujaba al interior de la zapatería me repetía a mí misma cuál había sido el motivo de querer esos zapatos: la famosa boda a la que ya he ido, así que NO necesito los zapatos. Sí, ya, pero el vestido lo sigo teniendo, los zapatos siguen siendo ideales y compromisos siempre surgen, y entonces sería estupendo tenerlos. Claro, pero es que para ese vestido ya tengo unas sandalias muy monas y muy caras primas-hermanas de los zapatos que me están mirando pícaramente. Sí, pero esas sandalias sólo valen para el verano, y para el otoño estos zapatos serían estupendos y lindísimos. Claro, pero...

Pero...

Pero...

La eterna lucha entre el BIEN y el MAL.

Pero no fue mi moral la que determinó que MUY A MI PESAR los zapatos se quedaran en el escaparate. Fue la polilla que salió de mi cartera cuando la abrí con el fin de comprobar cuánto dinero me quedaba para afrontar el gasto de los zapatos en el caso de hubiera de mi número (al final decidí no comprobalo por si acaso hubiera, lo que supondría una tragedia mayor aún).

Así que cerré mi cartera, le saqué la lengua a los zapatos, hice un esfuerzo titánico por darme una vuelta y alejarme de la tentación y ahí los dejé, gimiendo lastimosamente.

Igual en las segundas rebajas...

P.D.: Si cuando cobre otra vez siguen estando ahí, será una señal del Universo y no tendré más remedio que llevármelos a casa. Ea.

25 julio 2008

Doncellas Sensatas

Esta semana he tenido que ir a la Iglesia. No soy una chica asidua ni muchísimo menos; además, esto me viene más o menos desde el día siguiente al de mi Primera Comunión, así que hace años ya que dejé de pisar la Iglesia a no ser que fuera absolutamente imprescindible (para alegría de mi abuelo y horror de otra parte de mi familia, todo hay que decirlo). Pero cuando voy, ya que estoy allí, pues al menos escucho con bastante atención las palabras del cura, porque igual se puede aprender algo intersante e instructivo. Nunca se sabe.

Lo que sucede es que las veces que he estado en la Iglesia y he escuchado las parábolas, lecturas, evangelios y/o esas cosas (no estoy muy ducha en vocabulario técnico), me he quedado de piedra y me pregunto seriamente si alguien presta atención como yo, y en caso afirmativo, cómo es que nadie dice nada al respecto.

En este caso concreto, el sacerdote nos deleitó con la lectura de Mateo 25, 1-13 (lo he buscado en San Google, que conste, lo que faltaba era que me hubiera quedado con el pasaje y todo):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!". Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."

Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco".

Alucinante.

La lectura acabó con un asentimiento del cura y una cara de convencimiento como nunca antes había visto, y empezó a contar la historia otra vez, con sus palabras, recalcando que hay que ser doncella sensata en esta vida...

A ver si lo he entendido bien:

- Es perfectamente normal que un esposo tenga diez doncellas.
- A las despistadas se les llama necias.
- Las sensatas, viendo que las necias no cogían el aceite, se callaron como ***** (póngase aquí la expresión que cada cual vea más conveniente, a mí se me ocurre una palabra de cinco letras que no sería muy adecuada dado el contexto).
- ¿Por qué hay que esperar al esposo con lámparas?
- Cuando las necias pidieron ayuda a las sensatas, éstas, cristianas ellas, en lugar de ayudarlas, se las quitaron de enmedio mandándolas a la tienda.
- Las sensatas, cuando llegó el esposo, no le dijeron al hombre que esperara a sus otras cinco doncellas, sino que se volvieron a callar como ***** (siga usándose aquí la misma expresión que antes).
- Al volver las necias ya con el aceite y las lámparas listas, pidieron entrar al banquete de bodas, y va el esposo (cristiano y bueno y todo eso) y dice que no las conoce, y las deja en la calle después de haber ido a la tienda a por el aceite que todavía no está muy claro para qué hacía tanta falta.
- Y todo eso está bien.

Me quedé estupefacta. ¿Ése es el mensaje de la Iglesia? ¿De verdad?

Pues vamos listos...

23 julio 2008

Ganar en Calidad de Vida

Estos días me he dado cuenta de lo perjudicial para mi salud que está siendo el hecho de sacarme el carnet de conducir.

Después de mi segundo fracaso (por decirlo de una forma suave), estoy un parón forzado por las vacaciones que los señores de Tráfico. Es decir: como mínimo, hasta dentro de un mes no puedo examinarme de nuevo. Como obligatoriamente tengo que dar otras cinco clases (como si así aprendiera algo más), las daré unos días antes de mi siguiente examen, por lo que delante de mí hay tres semanas de calma y tranquilidad para olvidarme un poco del maldito coche.

Y me siento mejor.

De repente, me noto que la angustia que tenía ha mermado un tanto. Ahora sólo tengo un run-run dentro por tener el tema pendiente, pero no es comparable al estrés que tenía antes. Voy a intentar olvidarme de cedas el paso, cambio de marchas, punto de fricción y cosas así en la medida de lo posible y mi calidad de vida aumentará poco a poco.

Realmente, a partir de ahora he decidido que mi línea a seguir va a ser la de acoso y derribo. Es decir, me voy a presentar insistentemente hasta que me traiga mi carnet, porque ya no voy a tirar la toalla (y estuve tentada, tengo que reconocerlo). Después de casi 50 clases de conducir, en mi opinión no voy a aprender más, sino lo que necesito es experiencia al volante, y sobre todo: CALMA.

De momento voy a disfrutar de mi parón forzado y de mis tardes libres. Y también, por qué no decirlo, del hecho de no tener un gasto de 30 euros cada 45 minutos que estoy al volante, que también me angustiaba bastante...

Quizá con esta nueva manera de enfocarlo, tenga algo de suerte la próxima vez que me presente...

19 julio 2008

¿Playa? ¡No, gracias!

- ¿Entonces, íbais a venir este fin de semana?

La que pregunta es mi madre. Sabe de sobra que íbamos a ir porque se ha tirado toda la semana preguntándome y recibiendo una respuesta positiva de mi parte. Pero de todas formas, le digo que sí una vez más.

- Ah... Es que nos vamos a la playa...

No puede ocultar el tono de entusiasmo. Imposible. A mi madre LE ENCANTA la playa. Ya me imagino las chispillas que le salen de los ojos pensando en la arena, en el agua, en el sol... Por eso siempre me pregunto en qué me pareceré a ella, porque en eso no. En saber hacer croquetas, tampoco. En la destreza con hilo y aguja, menos todavía. Ummmmm...

- ...pero, ¡veniros!

Entonces empieza la misma discusión de siempre. Durante los 29 años que tengo mi madre ha intentado inculcarme su pasión por la playa incansablemente, pero no lo ha conseguido ni por asomo. Ella no entiende que NO me guste la playa, de la misma manera que a mí no me cabe en la cabeza que ella suspire por ir.

- Mamá, ya sabes que no me gusta la playa, así que no vamos a ir.

- ¿Pero por qué?

- Porque no me gusta, y para ir a un sitio que no me gusta, me quedo en casa.

- Pero podéis bañaros...

- Da igual, no nos gusta la playa, y de verdad estamos mejor en casa.

- Si hay sitio de sobra...

- Ya lo sé, no es por el sitio, es que sabes que no lo soporto.

- Pues no lo entiendo.

Es verdad, no lo entiende. Pero podía respetarlo, digo yo. Esta conversación la tenemos año tras año invariablemente. El verano pasado cometí la imprudencia de sucumbir el acoso al que me sometió cuatro días seguidos (incluido el chantaje emocional) y me cogí tres días más el fin de semana para ir a la playa y estar con ella. Craso error. Los peores días de mi vida con diferencia.

- Mamá, no pasa nada. Nos vemos al otro fin de semana. Tú pásatelo bien en la playa y ya está.

Oigo que duda y me parece que va a atacar otra vez, pero al final se contiene y lo deja estar.

O eso parece.

Lo importante es que ella SÍ va a la playa, y más aún, yo NO voy. Todos contentos. No tiene sentido ese afán de arrastrarme a un sitio que sabe de sobra que no me gusta... Pero ella no se rinde. Como si fuera algo malo que yo no soporte la playa y ella tuviera el deber de remediarlo cueste lo que cueste. Insiste, insiste, insiste. De pequeña me mandaba a la playa y ya está, pero desde que tengo capacidad de decisión, las visitas a la costa se han reducido hasta casi desaparecer y eso a mi madre parece que le duele en el alma.

- Bueno, vale. Pero os lo podríais pasar muy bien... ¿Seguro que no queréis venir?

Ay...

18 julio 2008

La Verdad

¡¡ CRASH !!

Sonido de algo indeterminado cayéndose al suelo estrepitosamente.

Pregunta mi chico al otro lado de la puerta: ¿Qué ha sido eso?

Yo miro al suelo de mi alrededor (porque el algo indeterminado creo que ha caído de un bolsillo o algo mío) y veo mi muy adorado Nokia -sí, bueno, ese que quizá me he plantado renovar alguna vez- un pelín despanzurrado en el suelo.

Me agacho, lo recojo, le recompongo su carcasita y como nuevo. Informo a mi chico alegremente: ¡No pasa nada, ha sido el móvil!

Y entonces, oigo la frase más cargada de sabiduría y realidad que he oído en meses:

...pues menos mal que no tienes un iPhone, que si no ahora mismo tendría que llevarte a Urgencias del soponcio...

Muy cierto.

Me habría quedado asín.

17 julio 2008

La tentación tiene seis capas...

Lo típico es que a principio de año te llenes de buenos propósitos que luego no cumples.

En verano, cuando ha pasado medio año, la conciencia se te despierta un poco y te dice: "¡Eh, que no has cumplido casi nada de lo que te propusiste!"

Cierto
.

Así que vuelves a plantearte los mismos objetivos u otros a los que ayuden las circunstancias actuales.

Como por ejemplo, el tema de controlar un poco la dieta en un intento de hacer la mal llamada Operación Bikini, aprovechando que ahora apetece más la fruta fresquita, los gazpachos, las ensaladas y en general la comida un poco más ligera. Así que te autoprometes con entusiasmo que mejorarás un poco tu contorno de cintura, porque total, sólo es cuestión de adaptarse a la dieta veraniega y controlar un poco las tentaciones que tampoco son tantas.

Y justo decides controlar las tentaciones, ellas vienen a ti, claro.

Como por ejemplo, ayer. Apareció una gran y enorme tentación en forma de tarta casera. Era un obsequio de una de las limpiadoras: la mujer acaba de ser abuela y nosotros nos beneficiamos del parto de su hija en Barcelona comiendo una de las tartas más ricas que he probado en mi vida...

Capa de brownie de chocolate con nueces mojado en dulce.

Capa de nata consistente y deliciosa.

Capa de bizcocho de chocolate más suave que el anterior empapado en algo muy rico.

Capa de almendras laminadas.

Capa de chocolate blanco.

Capa de nueces.

¿Mis buenas intenciones? Creo que se quedaron entre la tercera y la cuarta capa, y sospecho que han ido directamente a mis caderas...

16 julio 2008

Estoy TAN harta...

No puedo dejar de pensar en lo MAL que está manejando la empresa el hecho de implantar los cambios que se nos notificaron hace un siglo (el día 20 de Junio, casi un mes hace ya).

Hasta ahora el criticable manejo es: NINGUNO.

Todo está paralizado, por lo menos en lo que a mí respecta y hasta donde yo sé.

Sigo con las mismas tareas que antes, con la diferencia de que llevo a mis espaldas unas pocas horas de formación (eso y nada es lo mismo). En previsión de lo que se me venía encima -que cuando se nos comunicó era inminente-, me incluí en una cuenta de distribución para ir recibiendo correos y hacerme una idea de cuál es la dinámica actual de mi futuro antiguo proyecto (muy distinta a la que dejé hace más de un año). Esa medida sólo me ha servido para saturarme el correo, ofuscarme una media de siete veces a la hora, morderme las uñas de ver que no podía contestar -porque nadie sabe que yo voy en copia de todos los correos- y darme cuenta de que voy a heredar un marrón de cuidado, cosa que nadie me dijo en ningún momento.

Pero nada más. He acabado tan harta que me que quitado de la cuenta de distribución y paso olímpicamente de lo que pase en aquel lado, porque como no se avanza nada, pues yo no quiero tener nada que ver con aquello hasta que no tenga más remedio. No voy estar con la tensión indefinida de estar al tanto del día a día "por si acaso". No me da la gana.

Estoy hasta las narices cansada de la mala organización, de no pensar en la gente y de hacerlo todo de la forma más chapucera posible.

¿Y cuál es el motivo de todo esto? Buena pregunta.

Al parecer, el pistoletazo de salida, el "desde ahora empezamos" debe decirlo el Nuevo Gran Jefazo, en adelante N.G.J., que ha pensado en comunicarlo en persona cuando a su agenda le venga bien (a saber, la fecha está sin determinar aún, gran novedad).

O sea: él tiene que venir, pasear su traje y su PDA y su importancia para comunicar a gente que ni siquiera sabe quién es él ni de dónde ha salido (parece ser que de un Máster) los cambios. Y entonces, en teoría, internamente ya estará hecha la redistribución y DESPUÉS (en una fecha más indeterminada todavía) se comunicará a las empresas con las que trabajamos. Eso debe pasar algún día entre hoy y el 2018.

En resumen: no tengo ni idea de nada y me jode mucho que nadie se moleste en aclararlo, aunque sólo sea por hacerme una idea. Me basta con que me digan, por ejemplo, que el 1 de Noviembre empiezo; no necesito que sea ya, simplemente con concretar algo estaría contenta. Eso para mí sería suficiente.

Lo que más me molesta de todo es que la respuesta a mis inquietudes es un grandísimo encogimiento de hombros.

Y así estoy, pero tuve muy claro desde el principio que hasta que no estén definidas las fechas y los cambios, yo estoy haciendo lo mínimo: mis actuales tareas, y a la hora en punto me voy a mi casa, desconecto y mañana será otro día. Paso de estar ahí preocupada, porque soy la única que lo está, y no es justo...

A ver si se aclaran de una **** vez.

15 julio 2008

I'm really sorry...

Llevo una temporada fatal.

Puede que no lo quiera reconocer.

O que lo esconda muy bien.

O que a veces logre olvidarme...

Pero la realidad es que estoy irritable (y seguramente irritante también), desganada, apática, cansada, malhumorada, intolerante, antipática, asocial, nerviosa, amargada... y varios adjetivos más que siguen esta línea.

En una palabra (bueno, dos): muy mal.

Lo peor es que soy consciente de todo eso, lo suficiente como para poder escribirlo incluso, y veo que llevo tiempo así y que la situación no cambia. Por eso empeora todo y al final me siento, además, presa de la tristreza...

Hoy he estallado. Sí. A veces tengo pequeños momentos en los que la tensión se me escapa por alguna rendija que no controlo, y mi pequeño "asomo de genio" se queda en una simple anécdota a la que nadie le da la mayor importancia porque malos días tenemos todos.

...sólo que el mío es permanente.

Hoy he reventado. Con gritos, con lágrimas, con reproches, sin fundamento alguno y sin control. La rabia que siento por dentro se ha unido en un momento, me ha golpeado el estómago y ha salido disparada en todas las direcciones. Y el único que estaba al alcance de la brutal onda expansiva ha sido mi chico. Desgraciadamente. El que menos culpa tiene.

Todo ha sido un torrente incontrolable de palabras que ha salido de mi boca en un tono acerado y frío que a veces me asusta hasta a mí, entremezclado con lágrimas y miradas furiosas. Él estaba enfrente, sin entender, pero sintiéndose culpable de una acusación sin sentido que luego se ha caído como un castillo de naipes cuando todo ha amainado y he sido consciente de lo que había sucedido, como si lo viera desde fuera a cámara lenta.

Le he pedido perdón. Mil veces. Una y otra vez. De todas las maneras que sabía, desde lo más profundo de mi corazón. Él no tiene la culpa de nada, sin embargo, ahí está para soportar mi agrio carácter de los últimos días.

No puedo creer que le haya hecho eso, que haya proyectado en una discusión absurda toda mi ira interior contra el mundo en general y nadie en particular.

Pero lo hice.

Llevo toda la tarde dándole vueltas, porque me siento muy mal, mucho peor que antes. Estoy algo más tranquila después de haber hablado como personas racionales, pero no puedo olvidar el descontrol del que fui presa.

You know I'm so sorry, baby. I do love you!

14 julio 2008

Las vacaciones...

Últimamente, la pregunta que más me hacen con diferencia es: ¿Y tú, cuándo te vas de vacaciones?

Me irrita sobremanera.

Depende el día soy simpática, sonrío y contesto algo amable y devuelvo la pregunta: así mi interlocutor sonríe con satisfacción y pasa a hablarme de sus vacaciones, dónde va a ir, con quién, cuánto tiempo, qué va a hacer, etcétera... Sigo sonriendo, sigo siendo amable, asiento, comento algo agradable y con suerte la conversación acaba pronto.

Otros días simplemente gruño.

Aún no sé cuándo me voy a coger vacaciones. CREO que una semana en Septiembre, pero lo cierto es que se me hace muy cuesta arriba pensar que en estos dos meses de verano no voy a cogerme nada. No me entusiasma nada irme de vacaciones en estas fechas (demasiado calor - demasiadas aglomeraciones turísticas - demasiado caro), pero realmente siento que lo necesito porque ya me siento un poco asfixiada. Al menos unos días...

Pero no es tan fácil como puede parecer. Para cogerme unas vacaciones deberían confluir una serie de circunstancias que no me acompañan:

1. No sé cuándo se puede coger mi chico unas vacaciones. Está pendiente de abrir la tienda, pero como no se sabe exáctamente cuándo va a ser eso (porque el tema del papeleo ya no tiene nombre), no es posible hacer planes a corto plazo por si acaso dan repentinamente el pistoletazo de salida. Pero es que encima cuando se abra la tienda, sí que no va a poder cogerse ni un sólo día... La situación es un poco como el perro del hortelano.

2. Tampoco tengo muy claro cuándo puedo cogerme yo unos días. Con todo el cambio (que todavía NO se ha hecho oficial: es decir, yo sigo como antes de la comunicación), no sé con quién puedo o no puedo coincidir en vacaciones. Tampoco estaría de más saber cuándo va a ser la comunicación oficial porque quedaría fatal que al día siguiente me fuera. Total, es un dilema.

3. Por otro lado, dada mi crisis económica agravada por mi torpeza al volante (lo que me supone un bocado a mi cuenta corriente que ya está tiritando), no está muy claro que podamos ir a algún sitio aunque sean dos o tres días. Debería dar igual, pero es que me parece de lo más triste y deprimente cogerme un par de días para quedarme en casa. Me saben a días desperdiciados, no lo puedo evitar.

Con semejante panorama, prefiero no pensar en las vacaciones pero es imposible. Cada dos por tres me encuentro a alguien que o me pregunta cuándo me las he cogido, o me enseña el calendario y me cuenta lo que ha pensado pedirse (en un alarde de Ingeniería Vacacional sin precedentes hay gente que con dos días de vacaciones se va una semana, increíble), o me informa de cuándos días/minutos/segundos le quedan para irse de vacaciones, o me enseña folletos del sitio donde va a ir (lo que hace que me pregunte: ¿crisis?), o algo así. Vamos, que o me meto debajo de mi mesa o no me escapo.

Debería estar prohibido hablar de vacaciones en época estival...

...o colgarme un cartel que diga que yo me quedo. Así al menos se cortarían un poco de preguntarme, ¿no?

13 julio 2008

¿Y yo, qué leo? (V)

Tras empezar varias veces, al fin cogí con determinación CÓMO SER LO MÁS DE NUEVA YORK, de Lauren Weisberger y no me dejé seducir por otros títulos.

La sinopsis de la contraportada es la siguiente:
No, la vida de Bette Robinson no era del todo mala. Veintiséis años, un buen apartamento en Manhattan y, en breve, posible asociada en el banco de inversiones donde trabaja con su mejor amiga. Por eso, cuando decide dejar su trabajo como la chica impulsiva que nunca ha sido, no tiene ni idea de qué hará después. Durante meses su única ocupación es pasear a su perro por Murria Hill, un barrio que no se caracteriza precisamente por su glamour. Y en esas estaba cuando conoció a Kelly, directora de una famosa agencia de relaciones públicas, para la que ahora trabaja. Nada complicado, esencialmente ver y dejarse ver en todas las salas VIP de los clubes nocturnos más exclusivos de la ciudad. Lo único que ha necesita es evitar la cara de pasmada que se le ponía al ver rostros famosos, American Express negras, botellas mágnum de champán Cristal, o paparazzis.

No, la vida de Bette Robinson tampoco ahora es mala. Pero todo, todo es susceptible de empeorar, pues acaba de convertirse en uno de los personajes asiduos de una columna periodística dedicada al famoseo y su vida personal es... invisible. Y Bette se pregunta si es aquí donde deseaba llegar realmente...
Lo que me hizo rescatar el libro de bolsillo de la estantería de la librería donde lo compré fue que el anterior libro de esta autora, EL DIABLO VISTE DE PRADA, me había gustado mucho (bastante más que la película).

Este libro no me ha decepcionado lo más mínimo. El estilo de Lauren Weisberger me parece muy bueno, no se hace pesado, me resulta dinámico y muy descriptivo. La historia es muy glamourosa (o sea: nada cercana), pero no importa porque te engancha bastante. Lo sorprendente es que a pocas páginas del final, cuando las pocas hojas que quedan te hacen cosquillas en los dedos, aún no estás muy segura de cómo va a acabar todo.

No sabría definir exactamente por qué me ha gustado, supongo que es un poco el conjunto de todo... Pero lo cierto es que recomiendo este libro, quizá en las primeras páginas cueste un poco seguir adelante porque parece que la historia no va a dar para mucho, pero después sí que engancha y no puedes dejar de leerlo. EL DIABLO VISTE DE PRADA me gustó más, creo que por el argumento, pero como el estilo es exactamente el mismo, me ha parecido genial.

12 julio 2008

Last Weekend

Prácticamente me he pasado la semana laboral rememorando el fin de semana pasado, que estuvo genial, salvo por el final que tuvo: acabó en Lunes (lo peor de lo peor).

Pero me sirvió para darme cuenta de que yo nací para ser rica y en algún momento todo se torció. Yo estoy hecha para pasarme la vida en un SPA, sin importarme que los deditos se me pongan como pasas. Mi cuerpo se ha diseñado para estar situado horizontalmente en una piscina de 34 a 38º (la temperatura ideal de mi baño), con chorros dirigidos estratégicamente y burbujitas por doquier. El mayor esfuerzo hecho debería ser salir de la piscina para ir a una tumbona y viceversa.

También está claro que lo suyo es levantarse y encontrarse con una mesa de desayundo que abarque desde fruta fresca cortada o en zumo en un extremo, hasta huevos fritos con bacon en otro, pasando por tostadas de pan (blanco, integral, viena, rústico, con cereales, en rebanadas, bollitos) con miles de cosas para acompañar (mantequilla, margarina, aceite, tomate, queso, jamón, fiambre), cerales (maíz, trigo, arroz, con chocolate, con fibra, con frutas del bosque), bollería calentita (croasanes, ensaimadas, napolitanas, cañas), o frutos secos (higos, pasas), yogures (naturales, de sabores, con trocitos de fruta, con cereales, en mousse, líquidos, con azúcar, desnatados) y por supuesto: café, cacao y leche (fría, caliente, entera, semidesnatada, desnatada, de soja, con isoflavonas). Una maravilla. Una mesa que alimentaba solo con verla...

Pero seguir pensando en eso es cruel y debo archivarlo pronto en el apartado "recuerdos".

De todas formas, no puedo evitar pensar que yo estoy hecha para vivir así indefinidamente...

11 julio 2008

El Día I

El ansiado y esperado 11 de Julio ha llegado, ¡quién lo diría! ¡Qué ganas de que llegara! No porque es Viernes y tenemos un fin de semana libre para disfrutar, no... Sino porque ha salido a la venta el muy esperado iPhone. No digo que haya llegado a España porque por muy buena que sea la logística, miles de iPhones ya estarían aquí (me imagino y babeo pensando en una enorme nave alta como un edificio donde se apilan hasta el infinito cajas y cajas que contienen el preciado chisme) esperando el pistoletazo de salida que ha sido hoy a las diez de la mañana.


El impacto ha sido tal, que me siento rara si no lo comento...

Según leo por páginas de Internet -especializadas en gadget o no, la cobertura mediática es amplia y parece que no hay otra cosa de la que hablar-, la espectación a nivel nacional es MÁXIMA. Ha habido colas de gente esperando a que abrieran las tiendas (distribuidores de MoviStar) para poder hacerse con uno... Como en las rebajas. O como en un concierto de Bruce Springsteen. Pero en definitiva: gente ansiosa de comprar un terminal exclusivo a precio de oro.

¿A precio de oro? Sí. Porque aunque ahora se consiguiera gratis -imagino que por el Programa de Puntos que tiene MoviStar-, hay que contar con el compromiso de permanencia de 24 meses (nada más y nada menos que DOS AÑOS) y la tarifa escogida (de un consumo mínimo muy elevado y obligatoriamente con un módulo de datos). Al final de todo, el adorado iPhone sale por un ojo de la cara. Y si pagas algo al principio también (no olvidemos que, como mínimo, son 200 euros), aunque si echas cuentas, seguramente te sale más barato así que gratis por puntos... Esto ya lo han analizado por mí, y en definitiva, el capricho sale caro.

Quizá demasiado caro para un teléfono que no tiene videollamada, que no soporta los mensajes multimedia, que no graba vídeos, que tiene una cámara de poca resolución para lo avanzado que se supone que es, cuyo Bluetooth no sirve, que se maneja con un teclado poco habitual e incómodo, que sólo tiene memoria interna, que tiene una batería bastante limitada si se le da según qué usos, que impide ver un alto porcentaje de vídeos en las webs (todos los flash)...

Pero es taaaaaaaaaaaaaaaaaan bonito...

Lo cierto es que estéticamente me gusta mucho. Soy una pija de los chismes electrónicos, qué le vamos a hacer. Soy dueña de un iPod nano y me encanta. Me gusta su tacto, su diseño, su simplicidad, su calidad de sonido... y por extensión, su "hermano mayor" iPhone, también es un objeto de deseo. Sí, supongo que quiero tenerlo.

Pero no puedo olvidar que para mí su precio es prohibitivo, no me merece la pena atarme a una compañía cuyas tarifas son elevadas durante dos años, y tiene demasiadas limitaciones... Además, no hay que olvidar que estamos hablando de UN TELÉFONO MÓVIL y no una PDA aunque da la sensación de que poco le falta, lo cual parece haberse diluido un poco entre tanta vorágine mediática y debates tecnológicos; y yo nunca he pagado por un teléfono móvil. No, supongo que no quiero tenerlo.

Pero es precioso.

¿iPhone o no iPhone? Ésa es la cuestión...

10 julio 2008

EL CARNET Y YO: Episodio 17

Todos los Santos no me dieron suerte. Más bien me castigaron por no creer en ellos...

Efectivamente: volví a suspender.

De todas formas, hubo varias mejoras sustanciales con respecto a la vez anterior:

  • Esta vez sólo me temblaban las piernas y me sudaban las manos, lo cual, en comparación con la primera vez que me presenté, fue un gran avance puesto que esta vez al menos pude regular los espejos a la primera.

  • Conseguí quedarme en el coche conduciendo sus buenos diez minutos, que es un incremento del 500% en relación con la vez anterior que sólo duré dos minutos al volante.

  • Al menos el examinador no se quedó con la sensación de que soy una suicida en potencia que se pone en el carril contrario tan tranquilamente a las primeras de cambio.

  • ¿Y dónde metí la pata hasta la ingle esta vez? Pues en otra cosa MUY TONTA. Esta vez me suspendieron por terca y testaruda.

    Comencé el examen estupendamente. Logré sacar el coche sin incidentes, enfilé la calle recta sin problemas, hice amago de parar en los pasos de peatones aunque no estuviera nada claro que iban a cruzar, frené suavemente en los semáforos, estaba pendiente de la posición del coche en las calles estrechas, tuve cuidado de que mi tembleque de piernas no se notara en el embrague, giré con precaución en las intersecciones, miré todos los espejos hasta la saciedad...

    En fin, que todo iba sobre ruedas, y nunca mejor dicho.

    Tenía un ojo clavado en el reloj digital del salpicadero y cada vez que cambiaba el minutero y no había hecho una pifia era un triunfo. Me repetía mentalmente, en plan mantra, que sólo tendría que aguantar sin hacer ninguna barbaridad 20-n minutos más (donde n era el número de minutos que había contado desde que arranqué) y podría llevarme el carnet. Intentaba no pensar en el enorme examinador con cara de paloseco que estaba sentado atrás, que no había dado ni los buenos días y que sólo sabía decir a la derecha o a la izquierda y no muy a menudo, todo hay que decirlo. Así que yo seguía hacia adelante, lo cual no me parecía tan malo...

    Y entonces, pasó.

    Me paré suavemente en un stop, prácticamente en vertical de tan pronunciada era la cuesta. Miré a derecha e izquierda. Había visibilidad y no venía nadie. Busqué el punto de fricción de coche, eso que yo creo que es una leyenda urbana, y pisé el acelerador con extremo cuidado.

    Bruuummmmm... Se caló.

    Una oleada de angustia me nació de un punto indeterminado, recorrió todo mi cuerpo y se concentró en el estómago. Aquel sonido no lo reconocía en absoluto. ¿Justo el día del examen tenía el coche que inventarse ruidos raros?

    Con la mano temblorosa (porque además en el tenso silencio del interior del coche escuchaba el bolígrafo del examinador anotando que soy lerda en la ficha), conseguí arrancar otra vez. Hice la misma operación mirando atrás por si el coche era vencido por la ley de la gravedad y caía para atrás dándole al coche que me seguía, lo cual hubiera sido catastrófico ya.

    Bruuuuuuuuummmmbrummmbum... Se caló once again.

    Podría decirse que en esos momentos fui presa del pánico.

    Respiré hondo, me limpié las manos en los vaqueros porque la llave ya me resbalaba entre los dedos, murmuré una disculpa y, terca / cabezona / testaruda de mí, hice el intento de nuevo. Bloqueada, con la única y obcecada idea de sacar el coche de esa maldita cuesta, no fui capaz de pensar en nada más que en encontrar el maldito punto de fricción que, en mi delirio, pensé que era el motivo de todos mis males.

    Brrrrrummmmtucutucubruummmmmmmmmm... Por supuesto: se me caló otra vez.

    Sobra decir que era la primera vez en mi vida que me pasaba eso y que no reconocí en absoluto ese sonido extraño que salía del motor. El coche estaba intentando decirme algo y yo no lo entendía.

    Fue el examinador el que tradujo lo que el coche quería decirme: "En segunda no vamos a salir en la vida..."

    Incrédula miré la palanca de cambios y efectivamente: iba en segunda. Totalmente inaudito porque cuando piso el freno y el embrague para frenar, automáticamente -sin pensar, vamos-, meto primera por lo que cuando el coche se para por completo, ya está primera metida para que no me pase lo que me pasó.

    Jamás en la vida se me hubiera ocurrido pensar que esa vez NO lo había hecho. Por eso ni siquiera comprobé la palanca de cambios.

    De todas formas, cuando el examinador me dijo eso, me sentí aliviada y tranquila, y los metros que me dejó llevar el coche antes de decirme que me bajara iba incluso disfrutando de la conducción.

    El dramón segunda parte vino después, pero al menos conseguí mantener la compostura con la excusa de que esta vez había aguantado más y no había metido una pataza tan enorme como la vez anterior, hasta que abrí la puerta de casa. Ahí fue cuando empecé a llorar e hipar, sin llegar a creerme del todo que no hubiera sido capaz de comprobar si tenía metida la marcha correcta porque descarté la posibilidad de tan absurda que me parecía...

    Así que sigo sin carnet PERO con un berrinche muy grande.

    Ah, y con 200 euros menos por la renovación de papeles...

    09 julio 2008

    Recopilación de Santos

    Lo bueno de haber fracasado estrepitosamente en el examen de conducir es que, al menos, te ríes. A los dos días, pero algo es algo.

    En mi caso concreto, el día de marras, sólo los muy allegados me preguntaron qué tal. Los demás se cortaron un poco cuando me vieron la cara. Además, sólo pude contar mi gran metedura de pata entre sollozos, mocos e hipos porque no le veía nada positivo al asunto.

    Pero los días siguientes todo fue distinto, porque lo veía con otra perspectiva y me reí bastante. Mis amigos ya se abalanzaron como aguiluchos sobre mí a preguntarme qué había pasado (porque que había suspendido era evidente), y como ya estaba relajada, pude contarlo con humor.

    Para consolarme, los que tienen carnet me contaron sus peripecias a la hora del examen. Quien más y quien menos tenía una anécdota para narrar de alguna pifia en aquel momento, porque rarísimo es el caso de quien se sacó el carnet a la primera (los muy aburridos no tienen nada que contar).

    Aquello parecía un concurso de "a ver quién ha metido la mayor pataza". Entre risas cada uno aportaba su granito de arena, y la verdad es que en el ránking quedé en un honroso tercer puesto, claramente superada por:
    1. El chico que se metió en una rotonda en sentido contrario tan tranquilamente.
    2. La que se saltó un semáforo en rojo y para remediarlo, se metió en una calle saltándose un disco que prohibía el paso.
    Los nervios es que son muy malos, está claro. Porque el de la rotonda y la del semáforo en rojo ahí están, al volante de sus coches y con su permiso de conducir en regla.

    También tuvo una cosa buena, y es que recopilé amuletos y santos de todas clases y condiciones (para mí, que no creo en absoluto, pero no deben hacer mal, como mucho me quedaré igual que estoy). Al final me he juntado con:

    - Un Fray Leopoldo tamaño carnet, plastificado, con un trocito ínfimo de hábito que al parecer llevaba ese buen señor (y yo me pregunto: ¿siempre el mismo?).
    - Una estampa de la Virgen de la Cabeza, con la oración al buen conductor que hay que leer antes de subirte al coche.
    - Una Virgen del Pilar tamaño mini, ideal para llevar en el coche.
    - Un San José, tamaño más mini todavía, que debe ser patrono de algo...

    Luego pensé en llevarme algo extra que no tenga nada que ver con los santos, como por ejemplo mi famoso elefantito de peluche (que como ya he dicho, parece que me trae suerte) o el elefante de plata que llevo en el llavero (que ya llevé pero no me hizo nada), pero al final sólo acarrearé con los santos porque mis amigos me los han dejado con toda la ilusión del mundo y el elefante de plata porque va en las llaves.

    Eso es todo lo que he recopilado hasta el momento. Claro que lo que falta aquí es una caja de tila, por lo menos, dadas las circunstancias...

    En fin: TODAY IS THE DAY!

    05 julio 2008

    ¡Hasta el Lunes!

    ¿Cómo? ¿Que no lo dije? Oh, bueno, sí... Este fin de semana estoy fuera, desconectando un poco y haciendo lo que me gusta... Tomando fuerzas y eso... Volveré el Domingo, claro, que el Lunes hay que trabajar... Sí, sí... Me lo pasaré muy bien... Claro, por supuesto... Estupendo, nos vemos el Lunes... ¡Chao!

    04 julio 2008

    El sofá: esa trampa...

    No sé qué me pasa. Estoy tirada en el sofá (sí, "tirada" es la palabra más adecuada), incapaz de mover un sólo músculo si no es para regular el aire acondicionado. Me acompaña una somnolencia constante que me deja K.O. en el mismo momento que mi cabecita toca el enorme cojín que ya tiene hecha la forma de mi cabeza.

    Es mi tercera (o puede que cuarta) tarde consecutiva así.

    La realidad es que estoy bastante enfadada conmigo misma -porque para eso no hay que moverse, claro, puedo ofuscarme mientras estoy tumbada en el sofá-, ya que no dejo de pensar que no he hecho / estoy haciendo nada de lo que me autoprometí que haría esta semana aprovechando la coyuntura de que ha empezado mi horario reducido y a las tres de la tarde en point estoy saliendo por la puerta del trabajo (y pienso ser inflexible en eso).
    • No estoy estudiando nada. Es poner los apuntes encima de la mesa y entrarme una pereza terrible. Creo que no hay nada peor en la vida que estudiar Matemáticas en verano (y si es la rama más odiosa, ni hablamos). Además, tengo que solucionar el tema de la climatización del estudio -que no tiene- para que no suponga una tortura mayor (porque ya lo es), pero ni estudio ni soluciono. Me quedo en el sofá.

    • Tampoco he aprovechado la ausencia de mi niño, que yo quería dedicar a ordenar un poco el piso y limpiar. Pero soy incapaz de ponerme a las cuatro de la tarde a hacer nada. Ni a las cinco. Ni a las seis... Y así sucesivamente hasta la hora de irse a dormir. Resuelvo que es suficiente con procurar no quedarme sin vasos limpios y que no haya que entrar con zancos en ninguna habitación, lo cual hasta ahora se ha cumplido. Por lo demás, todo sigue exactamente igual que la semana pasada.

    • Pensé que sería una buena idea empezar a ir al gimnasio y amortizar algo del dinero que estoy tirando allí todos los meses sólo a cambio de tener otro carnet plastificado más. La idea de una piscina limpia y aseada a mi disposición es tremendamente atractiva, pero no lo es tanto el pensar en ir al gimnasio (que está en la otra punta de todo) cargada con la bolsa sufriendo 35º en el mejor de los casos.
    Recuerdo que esto mismo me pasó el año pasado. Hasta que me adapte al nuevo horario, al calor, a no poder salir a la calle hasta pasadas las siete de la tarde... mi cuerpo estará como en huelga, y más estos días atrás que he estado de mañana - de partido - de intensivo.

    Espero espabilarme este fin de semana porque ya lo que me faltaba es NO ir a las rebajas por pura vaguería... Eso ya sería el colmo. NO ME VA A PASAR.

    03 julio 2008

    ¿Y la educación?

    Mientras estoy dejando los platos de la cena en el fregadero, suena el timbre de casa. Algo muy extraño, porque no suele sonar casi nunca (de hecho, a veces me olvido de que tengo un timbre y cómo suena), y menos a las 22:20, como es el caso.

    De pronto me da un vuelco al corazón... ¡A ver si mi niño me ha engañado y ha venido un día antes! Pero me desinflo enseguida al acordarme que hace un par de horas he hablado con él y estaba en casa de sus padres (lo he llamado al fijo, así que no hay duda de dónde estaba), a unas seis horas en coche... Como todavía no dominamos el arte de la teletrasportación, descarto que quien esté llamando sea él.

    Contesto: "¿Sí?"

    - ¿Me puede abrir?

    Ummmm... No reconozco esa voz que parece pertenecer a una señora. Es evidente (lo era desde que sonó el timbre, vamos) que se han equivocado. La pregunta es un poco confusa: claro que puedo abrir, total es sólo pulsar un botón, pero, ¿por qué iba a abrir la puerta de mi edificio a alguien que no conozco sólo porque me lo pide? Así que hago una pregunta más bien lógica dadas las circunstancias: "¿Quién es?"

    - Es que vengo a ver a MariCarmen.

    Ah, bueno. Que viene a ver a MariCarmen. Eso lo explica todo. Yo le he preguntado algo y ella me contesta lo que quiere. No importa, al menos ya vamos por buen camino.

    Pero hay un problema: que la tal MariCarmen no vive aquí. Y por lo que yo sé, hay un mínimo de seis MariCármenes en el edificio y ninguna soy yo, así que le informo: "Aquí no vive ninguna MariCarmen..."

    - ¿Y entonces dónde es?

    La buena mujer me ha debido confundir con un Pelocho o algo por el estilo. Debo saber exactamente quién es la MariCarmen a la que ha venido a ver y por supuesto, situarla en un piso y una puerta concreta. Pues va a ser que no: "No lo sé, sólo le digo que aquí no es."

    - ...

    Silencio al otro lado.

    Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...

    Es decir: como no le soy útil, pues va y pulsa el timbre de otro piso, al azar, imagino. A ver si esta vez la suerte le hace encontrar una MariCarmen, y si fuera ya la suya, sería la leche...

    Pero lo que más me llama la atención (y por lo que se me queda un poco cara de tonta), es que, como mínimo, debería de haber oído una especie de "ah, perdona", en cualquiera de sus variantes una vez ha sido consciente de que se ha equivocado.

    Pero eso no pasa.

    Está claro que me estoy volviendo una casacarrabias (OhMyGod), porque yo entiendo que si llamas a casa de alguien y te has equivocado, como mínimo habría que disculparse. Por educación y eso. Como cuando tropiezas con alguien, siempre pides perdón. Al fin y al cabo, en ese caso, has llamado a una casa equivocada a las diez de la noche (bueno, aún no ha anochecido casi, pero, ¿y qué?), pero no pasa naaaaaaada... La gente está en su casa para atender al telefonillo a cualquier hora e informar de dónde vive la MariCarmen de turno.

    ¿Se estarán perdiendo la educación y las formas? No lo sé, lo que parece claro es que yo me estoy volviendo un tanto quisquillosilla (¿es posible que sea por el calor?, venga, sí, la culpa es del calor). Realmente me da igual lo que pasó, fue un simple detalle para reflexionar...

    ...porque acto seguido me acordé de mi madre regañándome cuando era pequeña si no pedía las cosas por favor, o no terminaba con un gracias. Para mí eso siempre ha sido importante. ¿O es que ya no lo es y nadie me ha avisado?

    02 julio 2008

    Previo...

    Desde primero de mes estoy haciendo el "horario de verano", que se supone que es una jornada intensiva para los que hacían el turno de la muerte partido (que no era mi caso). Pero al final nos beneficiamos todos de una reducción estupenda de una hora al día.

    Está claro que habría montado una buena si a mí no me hubieran puesto el horario, claro, con lo protestona que estoy últimamente...

    Así que ahora trabajo siete horas.

    Pero lo que es la carga de trabajo no se ha minimizado. Ni un poquito. De hecho, con esta reducción de horas tenemos que cubrir al personal de vacaciones...

    Y no me salen las cuentas.

    Además, estos días previos a mi salto hacia arriba llevo un ritmo un poco extraño porque me he metido de estrangis en la cuenta de distribución de mi nuevo servicio para ir recibiendo correos electrónicos y saber por dónde me van a venir los innumerables palos que me esperan (y por eso estoy descubriendo que el marrón que voy a heredar es bastante grande y eso no me lo habían dicho, por supuesto).

    Todo ese tráfico de e-mails se me añade al que de por sí tengo, y el resumen es que se me han cuatriplicado el número de correos recibidos a lo largo del día (menos mal que los "nuevos" los leo por encima y los archivo, sin contestar y sin hacerles seguimientos), y es bastante lío. Que casi me vuelvo loca, vamos.

    Así que la reducción es sólo presencial, porque luego, en casa (cuando puedo) me conecto y voy contestando correos de mi actual servicio mientras cacharreo por Internet. Es algo que no me cuesta mucho trabajo (salvo la mirada asesina de mi niño cuando ve que me he metido en el correo del trabajo), pero que a la mañana siguiente se nota...

    Lo que no sé es cómo me las voy a apañar cuando se produzca el cambio y todos esos correos de los que ahora paso olímpicamente sí haya que hacerles caso... Y encima, con menos horas. Porque quedarme más tiempo del necesario NO es una opción.

    Me temo que se me está acabando la vida tal y como la conozco... Iba a decir la buena vida, pero tampoco hay que exagerar. Pero vamos, sospecho que la que se me avecina es peor que la actual y eso se traduce en algún que otro post desahogándome. ¿Qué puedo hacer, si no?

     
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