Pues sí, me iba tocando estar de vacaciones y salir un poco. Nada del otro mundo, lo suficiente para desconectar, despejarme y olvidarme unos días de todo-todo, que también me lo merezco, ¿no? Voy un poco a contra corriente, jejeje... Ahora que todo el mundo deshace el equipaje, es mi turno de meter ropa a presión en mi pequeña maletita de rayas. Lo único malo es que me perderé el cumpleaños de The Unwritten Blog, pero seguro que me lo perdona... Nos veremos muy prontito, seguro. Bye!31 agosto 2008
Bye!
Pues sí, me iba tocando estar de vacaciones y salir un poco. Nada del otro mundo, lo suficiente para desconectar, despejarme y olvidarme unos días de todo-todo, que también me lo merezco, ¿no? Voy un poco a contra corriente, jejeje... Ahora que todo el mundo deshace el equipaje, es mi turno de meter ropa a presión en mi pequeña maletita de rayas. Lo único malo es que me perderé el cumpleaños de The Unwritten Blog, pero seguro que me lo perdona... Nos veremos muy prontito, seguro. Bye!MIX... the-girl, vacaciones
30 agosto 2008
Cinco días después... (II)
1. Me daba miedo por si
2. Me daba terror por si
Pero sí, tenía razón. Así que cogí las dos llaves (a este paso voy a necesitar una Samsonite en lugar de un bolso para llevar sólo llaves) y hice unos recados en coche.
Fuí al supermercado para agenciarme postres y los ingredientes para hacer una Quiche Lorraine según la receta de una amiga, practicar aprovechando que estaba sola y luego sorprender a mi chico (siguiendo los consejos de mi madre o de la Cosmo, no estoy muy segura). Todo fue fenomenal excepto porque al meterme en el parking, debió haber encogido porque lo recordaba más amplio y tuve mis dificultades para meterlo en una minúscula plaza, pero al final lo conseguí. Compré lo necesario (y algún caprichín más) y lo metí en el maletero. Salí de ahí con algo de más soltura y luego pensé que a dónde iba...
Bueno, me dirigí a la autoescuela para preguntar por mis papeles, ya que no llevo muy bien eso de ir por ahí indocumentada. No estaban, pero la mujer me aseguró que no pasaba nada si me movía por la zona, y que si tenía que salir a carretera que lo hiciera, y que si me pillaban la broma me podía salir por poco dinero. Le dije que sí pero en realidad lo que pensaba era que que ni loca iba a salir yo sola porque no tener a mi profe de conducir al lado multiplica mi ya gran inseguridad por mil. Le dije que me pasaría cuando volviera de las vacaciones y me despedí.
Luego pensé en dar una vuelta tonta por ahí para comprobar que todo estaba bien. Al cabo de 20 minutos enfilé mi calle y aparqué grácilmente en la acera de siempre. No sé qué me pasa pero ahora que voy sola no soy capaz de aparcar bien a la primera, cuando era una de mis especialidades cuando daba clases. Salí del coche y comprobé que estaba bien, PERO no perfecto, así que me metí en el coche para ponerlo bien.
Y entonces...
Entonces...
No pude arrancar.
Comprobé frenéticamente que esa era la llave de arrancar y no de las puertas. Miré desesperada los puntos de arranque. Giré la llave como una posesa. Sudé como una cerda. Me desesperé como una loca. Seguí girando con firmeza pero sin forzar, por si me lo cargaba todo otra vez. Estuve quince minutos intentándolo y nada. La llave no giraba. Mi corazón no latía.
Bañada en sudor subí a casa y con manos temblorosas marqué el número de mi chico. Me eché a llorar al contarle lo que me había pasado once again. Él me dijo que me calmara. ¡Que me calmara! ¡Por Dior bendito! ¡Después de la semana que había pasado!
Total, que se lo expliqué todo otra vez.
¿Y no gira la llave? NO.
¿Pero has comprobado que ES la llave? SÍ.
¿Pero se mete bien? SÍ.
¿Y no hace nada? NO.
¿Seguro? SÍ, SEGURO. METO LA LLAVE, INTENTO GIRAR, HACE UN CLICK Y AQUELLO NO SE MUEVE.
Espera, ¿dices que se oye un "click"?
Ah, haberlo dicho antesssssssssssssss...
Al parecer, tócate los huitis, al salir del coche le dí con el muslo al volante y lo bloqueé. Mi chico me dió on-line unas indicaciones y todo volvió a la normalidad: mi índice de sudoración bajó al nivel SerHumanoEnVerano, el aire llenó mis pulmones de nuevo y mi corazón empezó a trabajar otra vez mientras aparcaba el coche mejor...
Ahora soy consciente de que hay un mundo espeluznante ahí fuera...
P.D.: ¿Y estas cosas por qué nadie las explica, después de haberme dejado UNA PASTAZA en la autoescuela, ehhhhhh?
29 agosto 2008
Cinco días después...
He pasado una semana de perros que nadie se imagina. Me autoprometí a mí misma no acosar a M.S. a cuenta del coche, porque el hombre se había tomado la molestia de ocuparse del tema, sabía que le preocupaba y no quería agobiarlo. Así que por la mañana cuando iba a trabajar, me mordía la lengua y me aguantaba las ganas de abordarlo, ponerle contra la pared y preguntarle en qué estado estaba mi coche y por qué no me lo habían devuelto ya (al pobre, que no tiene la culpa). Pero NO lo llegué a hacer.
Me limitaba a mirarle con ojos medio llorosos y esperanzados. Tal que así:

Pero sin decir ni pío, claro. Y él, con su carácter bonachón y despreocupado, me contaba cómo iba la reparación, a pildorazos de información que no calmaban mi creciente ansiedad que yo disimulaba a duras penas con sonrisas...
ANSIEDAD INICIAL: 30
- Pues eso es del contacto, y hay que cambiar toda la pieza.
ANSIEDAD: 38
- El caso es que como en la city están de fiestas, no encontramos la pieza que falta.
ANSIEDAD: 62
- Esta mañana he ido al pueblo de al lado a un desguace, y hemos encotrado todo lo necesario.
ANSIEDAD: 35
- Mi amigo me ha dicho que esta tarde pone la pieza.
ANSIEDAD: 19
- Fuí a buscarlo pero mi amigo no estaba, seguro que mañana lo tienes puesto.
ANSIEDAD: 76
- Ya tienes puesta la pieza, pero ahora la llave antigua no funciona.
ANSIEDAD: 90
- Tenemos que encontrar a alguien que tenga la máquina para poner el código a la llave nueva.
ANSIEDAD: 105
- El chico que tiene una máquina de ésas está de vacaciones mínimo hasta el Lunes.
ANSIEDAD: 180
- Me han hecho un favor y hoy a las dos tienes la llave, creo yo.
ANSIEDAD: 60
- A las cuatro y media te llevamos el coche a casa.
ANSIEDAD: 25
Pero sí, a las cuatro y media en punto estaba yo en la puerta de mi edificio y ví aparecer a mi OLIVITA, conducida por el MecánicoLoco (averigué que este hombre tiene su "taller" en la parte de atrás de una gasolinera, al aire libre, aunque al menos es una zona vigilada las 24 horas del día... Pensé que me daba un síncope cuando me enteré pero al menos ví que el coche estaba bien aparcado en un lugar relativamente seguro y eso hizo que el corazón me volviera a latir acompasadamente de nuevo). Detrás venía el Hyundai de M.S.. En ese momento se me antojaron una Corte Celestial...
Me pusieron en la mano dos llaves: una para las puertas y otra para arrancar, otro juego para programarlo más adelante para tener dos llaves por si acaso, un tapón del aceite robado del desguace (dicho por ellos) y las piezas que sobraron.
La broma me costó: 30 euros por la pieza y la mano de obra (aunque el MecánicoLoco me dijo que 22 y yo sabía que la pieza le había costado 20 porque me lo dijo M.S. que fue al desguace con él en horario laboral, ese hombre es un bendito y yo una inconsciente por permitírselo porque era mi responsabilidad... ¿y si le hubiera caído un coche encima? No quiero ni pensarlo...); y 40 euros por la llave nueva (jopé, voy a hacerme programadora de llaves, está claro que eso junto con hacer reconocimientos médicos para el carnet, son las ocupaciones más rentables que conozco hasta el momento). 70 euros. Bueno, más un detallito que tendré con M.S. más adelante, pero eso es aparte. Una ganga. Aunque, claro, sin contar el berrinche permanente en el que he vivido cinco largos días...
Claro que esto no se acaba aquí... No iba a ser tan fácil, no. Mi gafe aún tenía que decir la última palabra...

28 agosto 2008
¡Vacaciones!
El Jueves por la mañana me armé de valor y escribí un correo electrónico para mi JdP, que está de vacaciones PERO pendiente de la PDA. No quería molestarlo, así que esperé pacientemente por la mañana a que reenviara algún correo como hace casi todos los días, y en cuanto lo ví, le dí a la tecla ENVIAR. Le pedía el Lunes libre, y si no era mucha molestia, también el Martes. En principio no debía haber problema, porque no coincidía con nadie...
En toda la mañana no contestó, así que hice planes paralelos para el fin de semana y los días venideros, por si me concedía los días y por si no. Medio hice una maleta: me iría al norte si tenía cuatro días (lo más probable), o con mi madre si tenía dos. Estaba desganada y nerviosa, casi sin ilusión, preparándolo todo para irme cuatro días o no, reservando un billete por si finalmente tiraba para el norte o no.
Y doblando una camiseta azul, me sobrevino un ataque de determinación que suelo tener de vez en cuando, aunque pocos aplicados a mi vida laboral, donde mi sentido de la responsabilidad (no muy sano, todo sea dicho) tira más. Pensé: ¿y por qué no me voy a coger una semana, eh?
¿Si son mis vacaciones, por qué no voy a poder tomármelas cuando lo necesito, encima que me he tirado todo el verano aquí cubriendo las quincenas de los demás?
¿Se va a hundir la empresa?
¿Le va a pasar algo por quedarse dos días solo uno de mis chicos?
¿Eh?
¿Acaso no respondo yo cuando me encargan marrones?
¿No es hora de que piense un poco en mí?
¿Eh?
¿Eh?
¿Ehhhhhhhhhhhhhhhhh?
Así que, presa de una euforia un pelín histérica y para aprovechar el momento antes de desinflarme (¡que me conozco!), llamé a mi JdP, pero no atendió el móvil. Entonces me conecté y ví que me había dado el OK a mis dos días, y luego ví la frase "tómate lo que necesites" al final del correo. Pulsé RESPONDER y le dí las gracias, me disculpé por molestarle en sus vacaciones y le expliqué que necesitaba una semana porque no me encontraba bien y que tenía que desconectar por mi bien. Esperé la respuesta tranquila porque estaba pidiendo algo que me corresponde y los motivos que le dí son ciertos. Me volvió a dar el OK. Sabe de sobra que si no fuera importante para mí no se lo pediría.
En el momento que me hice a la idea de que la semana que viene estaré de vacaciones, me relajé automáticamente. Ya no había prisa por llenar la maleta, por recoger el piso, por nada. Tenía todo el fin de semana para estar en casa haciendo cosillas y luego irme por ahí a descansar y a dedicarme tiempo a mí misma sin estar pendiente del correo y sin despertarme en mitad de la noche porque de repente mi cerebro se acuerda de algo pendiente del trabajo...
Así que la semana que viene, tengo vacaciones...
MIX... berrinche, the-girl, vacaciones
27 agosto 2008
No estoy bien...
Estoy triste.
Triste porque durante mis horas de trabajo lo único que hago es luchar, luchar y luchar. Luchar por hacerme entender, por comprender lo que me dicen, por dar una respuesta rápida y eficaz, por conseguir que mi equipo haga su trabajo al menos a tiempo y bien si no es mucho pedir. Todos los días es una larga batalla y me parece que no he conseguido avanzar nada al final del día.
Triste porque cuando llego a casa, está vacía y silenciosa. Pensé que lo llevaría mejor, porque, ¡vamos!, he vivido sola un montón de tiempo, y sólo es una temporada corta (aunque no dependa de nosotros). Sólo hay que no pensar demasiado, o eso me dije. Pero no es cuestión de no pensar. No es tan fácil. Al abrir la puerta me recibe una quietud a la que no estoy acostumbrada y que ya no me gusta.
Triste porque me dejo caer en el sofá y me acurruco en mi hueco, sin ser consciente de que podría ocupar el sofá entero. Pero le respeto su sitio. No quiero ni estirar las piernas para no esperar inconscientemente unas caricias que no van a llegar. Zapeo distraída, sin acordarme de que puedo poner el canal que yo quiera y echo de menos torcer el morro cuando me descuido un segundo y ha puesto algún aburrido canal de deportes. En realidad no me importa, pero así "discutimos" un poco. Ahora apago la tele porque no me apetece ver nada.
Triste porque llamo a casa en busca de un poco de consuelo, y me doy cuenta de que mi abuelo no volverá a contestar el teléfono. Recuerdo lo mucho que me irritaba la manera que tenía de saludar, y me muerdo el labio para ahogar unas lágrimas mientras oigo la voz de mi madre o de mi abuela. Las dos están bien. Sí, pero solas. Un poco como yo. No me siento mejor.
Triste porque no me apetece nada salir a despejarme. Me obligo a abandonar la casa y me encuentro con que me muevo por inercia, sin ganas. Decido volver a mi salón, a mi estudio, a mi refugio. Quizá si fuera a la city me lo pasaría mejor porque estaría distraída, mirando escaparates o sentada en una terraza... Pero no puedo ir, así de nuevo me sitúo en el punto de partida sin una mejora de la situación.
Puede que me consolara irme unos días, pero ahora no puede ser porque la semana que viene alguien tiene las vacaciones confirmadas y por las buenas no van a consentir que me vaya. Valoro echarle morro al asunto, pedir unos días sueltos en los que no coincido con nadie la semana que viene, y no sé si me atreveré a mentir. Creo que la verdad (que estoy muy cansada y sobre todo triste) no es suficiente razón para que me dejen saltarme un poco las normas, y dudo mucho que tenga fuerzas para echarle un poco de teatro. O a lo mejor sí vale, porque los días que me he tomado hace un par de semanas no fueron para descansar precisamente...
Intento tomarme las cosas con humor pero se me acaban las fuerzas, las ganas... Todo. Necesito un respiro. Desconectar. Necesito sentirme bien otra vez.
26 agosto 2008
Cuatro días después...
He tardado cuatro días en cargarme el coche.
Bueno, no he sido yo, estrictamente hablando. Pero me costó autoconvencerme...
Ayer por la mañana, muy ufana yo, bajé a las 07:45, toda contenta para ir a trabajar (todo lo contento que se puede ir a trabajar, se entiende), y me acomodé en el coche. Metí la llave, hice contacto, se encendieron todas las luces del panel como siempre y esperé a que se apagara la lucecita de la resistencia. Ahí se acabó la normalidad y empezó mi pesadilla: el coche no arrancaba.
En un principio pensé que como no había cogido el coche el fin de semana, me había vuelto idiota y algo estaba haciendo mal. Pero no. Giré la llave frenéticamente pero el coche no hacía nada. Ni un miserable ruidito. Apagué la radio porque ya me molestaba todo y me fijé por si había sido tan tonta de dejarme las luces puestas o algo así (que lo sé por las pocas pelis de miedo que he visto: chica descerebrada deja el coche sin batería por no apagar las luces durante la noche para sentirse segura en un bosque perdido en medio de la nada y loco suelto le rebana la cabeza... Pero no creo que los locos madruguen un caluroso día de Agosto, espero, vamos). En fin, que todo estaba bien. Salvo el pequeño detalle de que el coche no funcionaba.
Agobiadísima y maldiciendo mi mala suerte, llamé a mi chico que al menos sabía que estaba despierto. A casi 600 kilómetros el angelito me dijo que no sabría decirme qué pasaba, pero que tenía pinta de ser la batería. Me dijo que me tranquilizara (¡ja!), que era algo que le pasaba a cualquiera (¿en serio? ¿cuatro días después de conseguir el carnet?).
Pero yo seguía con un vuelco en el corazón, la llave me resbalaba de las manos por el sudor y tenía la vista fija en los tres iconos que no se apagaban aún con la llave en la mano...
Luego resolví que no arreglaba nada girando la llave como una posesa y reaccioné. Llamé a una amiga para que me recogiera y me llevara al trabajo (que a todo esto, iba a llegar tardísimo). Una vez metida en la rutina de todos los días, no podía dejar de ver en mi cabeza la imagen las lucecitas encendidas (aceite, freno de mano y batería), pero sobre todo mi cerebro me mostraba la rueda que señalaba que no me había dejado las luces dadas durante todo el fin de semana ni nada parecido (lo cual me tranquilizaba bastante, todo sea dicho, al menos sólo soy gafe y no despistada total).
Seguí con el corazón en un puño toda la mañana.
Al final le conté al hombre que se encarga del mantenimiento de mi empresa lo que me había pasado, a punto de llorar de rabia (y un poco de desamparo, lo confieso). El hombre, un bonachón que siempre está pendiente de mí (podría llamarlo MiSalvavidas, M.S., porque siempre ha conseguido dar apaño a pequeños problemillas como éste desde que me mudé yo solita aquí), se rió con tranquilidad, me dijo que no me preocura, que era algo que le pasaba a cualquiera (INSISTO: ¿en serio? ¿cuatro días después de conseguir el carnet?). Pero sobre todo: que iría por la tarde a recargarme la batería, porque tenía toda la pinta de que fuera eso.
Pero mis escasos conocimientos de mecánica y eléctrica me decían que algo iba mal y que la cosa no era tan evidente. Que si fuera la batería no podía haber encendido las luces esta mañana con toda su potencia -lo hice como comprobación, un poco estúpida pero eso se me ocurrió hacer, qué pasa-, y sobre todo, ¿cómo es posible que si el problema fuera una batería descargada, con la llave del coche en el bolso siguieran encendidos varios pilotos del salpicadero? Intenté hacer hincapié en ese detalle, pero todo el mundo estaba tan centrado en que ése era el problema que no me hicieron ni caso...
Total, que al final, NO era la batería. En cuanto vino M.S. y vió los pilotos encendidos (¿es que nadie me escucha?), sentenció: esto va a ser del contacto...
¡No me digas! ¡Qué sorpresa!
Así que quedamos a que a las cinco y media iría con un amigo suyo que es mecánico a por el coche. Yo los esperé con mi soponcio, rezando al Cielo (es un decir) por si ocurriera un milagro de manos del mecánico...


No este tipo de milagro, que habría estado bien... Más bien que pudiera arreglar pronto el asunto.
El mecánico, un señor de edad indeterminada, que no pesaría más de treinta kilos y que tenía pinta de vivir permanentemente debajo de un coche (o sea, nada que ver con "los milagros"), lo miró y confirmó que era del contacto. Insistió en que tenía que llevárselo para poder apagar "algo" que estaba al rojo vivo, al estar conectado desde por la mañana...
En principio yo tenía la firmísima idea de que el coche no se movía de allí me dijeran lo que me dijeran, pero eso me dió un poquito de miedo y desató mi imaginación tendente a las catástrofes. ¿Y si explotaba? Bueno, eso no era probable (¿verdad?), pero sí que se quemara algo más y lo que en principio podría ser una tontería podría empeorar sólo por mi cabezonería.
Con infinita pena ví como entre los dos lanzaban el coche por una cuesta y que al final conseguían arrancarlo. El mecánico desapareció de mi vista al volante del coche...
M.S. me miró y me dijo, por enésima vez, que no me preocupara.
Ah, no, claro.
Después de que cuatro días después de conseguir mi carnet de conducir, empiece el día con que mi adorado cochecito no arranca, y al final del día un señor que no conozco de nada (aunque, sí, vale, M.S. lo avala, de acuerdo, pero salvo eso, ¿de qué lo conozco?) y al que no tengo forma de localizar por mí misma (sólo a través de M.S.) se ha llevado un coche que es de mi chico (que no olvidemos está a 600 kilómetros), a un sitio indeterminado pero que estoy por apostar mi oreja izquiera a que seguro que NO es un taller para hacerle un arreglo que no sé exactamente si se podrá hacer porque no tengo ni idea de en qué consiste, ni cuánto costará toda esta aventura... Tampoco sé cuándo estará listo el coche ni si el mecánico este cambiará de opinión, lo desguazará y venderá las piezas para costearse un desayundo que consisirá en un carajillo...Noooooooooooooooooooo, no estoy preocupada.
Para nada.
Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
P.D.: Aquí más milagros, que estaré preocupada pero no tonta...
25 agosto 2008
La Rendija de la Muerte
Ah, vale. Por fin ha llegado. El ansiado papel que AlgúnJefeImportante está esperando. Miro la hoja y sólo me fijo en que está sellada y firmada con fecha reciente. Pues no sé por qué tanto lío por un folio... Ahora mi jefe no tendrá que llamarme cada media hora en sus vacaciones para recordarme que envíe lo por valija en cuanto me llegue.
Bueno, pues voy a mandar un correo para decir que ha llegado y que hoy mismo sale para Madrid. Aparto el papel del teclado y lo pongo a la izquierda de mi ordenador. Cojo el teclado y lo coloco bien para ponerme a escribir y entonces una esquina del teclado desplaza un lapicero que a su vez empuja ligeramente el papel hacia el borde del escritorio.
El tiempo parece haberse ralentizado mientras observo con absoluto horror que el papel del Ayuntamiento empieza a caer describiendo una parábola (¿o una hipérbola? Tengo que repasar Matemáticas...) perfecta. En mi cabeza suena una música que acompaña este momento trágico. Veo, paralizada por el terror, cómo el folio se deja vencer por la estúpida Ley de la Gravedad y hace un fffffffffffffffffiú, desapareciendo limpiamente por una rendija que hay entre el suelo y un mueble.
Subo la mirada al mueble en cuestión: cuatro cuerpos de madera maciza, ensamblados entre sí, hasta arriba de archivadores y papeles.
Se me entrecorta la respiración: ¡debe pesar una tonelada!
No, peor aún: ¡dos toneladas!
Pego un salto de la silla y me tiro al suelo. Hay una rendija de un milímetro entre el suelo y el mueble y por ahí ha desaparecido el papel. No veo nada: sólo una fina línea de oscuridad.
Me invade el pánico. Por ahí no cabe nada: ni mi mano, ni un bolígrafo, ni siquiera una regla. Nada. Sólo una hoja de papel entraría por ahí. Que, mira por dónde, es lo que ha pasado.
Estoy muerta.
Empiezo a sudar a la par que intento pensar qué hago. Se me ocurre mover el mueble, claro, pero es imposible. No se mueve ni un poquito. Ni tirando, ni empujando, ni suplicando. Aun quitando todo lo que tiene encima, dudo mucho que lo pudiera mover. Ni siquiera con ayuda.
¿Qué hagooooooooooo?
¿Llorar?
Bueno, eso es lo que me apetece, pero no ayudaría nada.
Vuelvo a tirarme al suelo, mirando la rendija que se ha tragado mi papel. En ese preciso intante entran mis compañeros que me miran preocupados cuando ven que estoy a punto de sufrir un colapso nervioso. Les cuento lo que ha pasado y alucinan, claro. Entre los tres intentamos mover el mueble, pero aún cuando nos ayudaran treinta de las personas que hay ahí fuera, conseguiríamos lo mismo.
Ummmmm... ¿Y una grúa?
Se me va la cabeza.
Bueno, quizá si llamo al Ayuntamiento y le explico la situación...
O si desaparezco una temporada...
Y en ese momento, la inspiración divina acude a mí. Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
Doblo un folio con cuidado y le hago un corte. Me tiro al suelo por tercera vez en varios minutos (en mi sensación del tiempo, serían unos cuatro meses), y meto el folio. Rezo porque el papel desaparecido le dé por engancharse al folio que muevo frenéticamente dentro de la Rendija de la Muerte. Y unos laaaaaaaaaaaaaaargos segundos después mi esfuerzo da frutos: una esquina de papel asoma a la luz. La agarro y... ¡¡¡SÍ!!! ¡Es el maldito papel del Ayuntamiento!
Bueno, y un séquito de pelusas que dan un poco de asquito.
Vuelvo a respirar.
- Buenos días. ¿Sí? ¿Mensajería? Sí, tengo que hacer un envío. Una documentación. Urgente. Sí... No, no, no... De momento nada más, aunque... Estooooooo... ¿Para enviar un mueble de cuatro cuerpos que nos sobra aquí, qué habría que hacer?
24 agosto 2008
MeMeS Pendientes...
HACKETT4LIFE, que ya está de vacaciones
01. El sonido de la lluvia en los árboles, en las ventanas, en los charcos...
02. El olor a tierra mojada, o a flores, o a pan recién hecho, o a café saliendo de la cafetera...
03. Sentir calidez del Sol en la piel (a temperatura agradable, claro).
04. Un bote de Nutella. O de Nocilla, ¡pero entonces de dos colores!
05. Un abrazo.
06. Las caricias de mi chico, claro. ¡O un masaje!
07. ¡Muchos besos!
08. Cantar y bailar con la música a todo trapo en casa.
09. Tomarme un helado en una terraza de verano, con o sin compañía.
10. Mi familia y mis amigos.
11. ¡Haber conseguido el carnet de conducir!
12. Un baño o ducha con agua calentita, gel que huela bien, toallas suaves...
13. Estar tranquila en casa, leyendo un libro o viendo una película o algo así...
14. No tener que madrugar y quedarme un rato en la cama a remolonear.
Aquí no están todas las que son pero sí son todas las que están (esta expresión me suele confundir, pero hoy creo que la he empleado bien). La verdad es que si te pones a pensar, hay muchas pequeñas cosas que te hacen feliz cada día, y no tiene por qué ser algo muy importante... A veces un simple vaso de agua fresquita cuando tienes mucha sed te puede hacer feliz en un momento, ¿verdad?
También tengo pendiente otro listado que me pasó QUERIDA ENEMIGA hace media vida y que los chicos de PLUTÓN VERBENERO también me encargaron hace menos, y resulta que hay que poner seis cosas que no te importan y seis que te gusten.
SEIS COSAS QUE NO ME IMPORTAN:
- Que alguien del clan Iglesias saque otro disco.
- Que este año se lleven (o no) los flequillos asimétricos.
- Que las alcachofas tengan múltiples beneficios para la salud (¡puag!).
- Qué hora sea ahora mismo en Kuala Lumpur.
- Que Sienna Miller u otra holliwoodiense famosilla tenga celulitis.
- Que la Real Sociedad no haga fichajes esta temporada, o los haga.
Tener el iPod atestado de canciones que me hacen vibrar.
Los libros chick-lit, lo que no es ningún secreto a estas alturas.
Pasar un fin de semana desconectada de todo en algún sitio perdido.
Contar cosillas en mi blog, si puede ser con humor, mejor.
Las laaaaaaaaargas llamadas de teléfono con las amigas.
En realidad, estos memes tenían reglas que había que poner antes de empezarlos, para finalmente nominar a más gente que los hiciera y avisarles en sus blog. Pero como ha pasado ya muuuuuuucho tiempo, pues lo voy a dejar así, contestado, y cuando sea capaz de responder a un meme en un tiempo razonable, lo pasaré. Pero vamos, si alguien lo quiere hacer, ¡yo encantada!
MIX... meme
23 agosto 2008
¿Y yo, qué leo? (IX)
Volvi a leer EL DIABLO VISTE DE PRADA, de Lauren Weisberger, influenciada por el hecho de que en una media de cinco canales de los que zapeamos por las noches estaban poniendo la película (que acabé viendo por enésima vez, por supuesto).Fui al estudio y busqué el libro entre la colorista colección de novelas chick-lit que alegran el mueble, la mayoría de las cuales aún no he leído; en cuatro días volví a devorar una historia que me gustó mucho:
Una novela deliciosamente jugosa sobre la jefa mas detestable en la historia de las jefas detestables.Tengo que reconocer que la adaptación al cine fue bastante lograda, aún con las modificaciones en la historia original. Aunque el libro me pareció más divertido que la película, ésa tiene el mismo toque que traslada exactamente cuál es la pesadilla en la que vive Andrea y cómo acaba su vida personal (aunque en el libro se vea a una Andrea mucho más resistente a todo el mundo del glamour y en la película parece que "se vende" fácilmente cuando en realidad no es así).
La insistente voz de Miranda Priestly persigue a Andrea hasta en sueños: "¿An-dre-aaa? ¡An-dre-aaa!" ¿Es éste el trabajo con el que soñaba al salir de la universidad? ¿Es éste el trabajo por el cual tiene que estar agradecida y sentirse tan afortunada? Sí, es la nueva asistente personal de Miranda, la legendaria editora de la revista femenina más glamorosa de Nueva York. Ella dicta la moda en el mundo entero. Millones de lectoras siguen fielmente sus recomendaciones; sus empleados y colaboradores la consideran un genio; los grandes creadores la temen. Todos, sin excepción, la veneran.
Todos, menos Andrea, que no se deja engañar por este escaparate de diseño y frivolidad tras el que se agazapa un diablo que viste un traje de Prada (exclusivo, por supuesto), calza unos Manolo Blahnik y siempre luce un pañuelo blanco de Hermès.
Una novela hilarante que da un nuevo sentido a esas quejas que a veces circulan sobre un "jefe que es el Diablo en persona". Narrada por la voz fresca, joven, inteligente, rebelde y desarmante de Andrea, El diablo Viste de Prada nos descubre el lado profundo, oscuro y diabólico de la vida en las oficinas del gran imperio que es el mundo de la moda.
Las novelas de Lauren Weisberger son poco cercanas, porque todas (bueno, todas: las dos que he leído, vaya) están ambientadas en el Nueva York más glamouroso y ni me imagino ese estilo de vida, pero la narración de las historias a mí me resulta bastante amena y divertida. Recomiendo los libros de esta chica (tiene uno pendiente de lanzamiento en España), porque te ayudan a desconectar y se leen rápidamente -vamos, en cuatro días, literalmente-. No sirven para cuando buscas historias profundas y sentimentaloides, pero sirven perfectamente para pasar un rato divertido sin tener que pensar en nada importante, que para eso tenemos el día a día, digo yo...
22 agosto 2008
Medusa...
Esta señora tiene aspecto de abuelita dulce, tendrá unos 75 años más o menos, y siempre va con el pelo plateado perfectamente arreglado, los labios pintados, ¡faltaba más!, y una sonrisa en la boca zalamera. Aquí la llamaremos Paca HdP para mantener su anonimato.
Paca HdP, como amiga de mi abuela que es, se presentó a media tarde en el tanatorio y se acercó a dar el pésame a la familia presente. Mi abuela se levantó con dificultad para recibirla, y mi madre, sentada a su izquierda, hizo lo propio. Paca HdP hizo un giro de cadera que ya lo quisiera poder hacer yo y se
Paca HdP, después de ese avance estratégico de posiciones, hizo gala de su gentil sonrisa de abuelita dulce y pidió a mi madre que su hermana se sentara a su lado. Mi madre estaba disgustada por la petición, pero es una señora, así que dejó su asiento libre a la hermana de Paca HdP, porque ella tiene que estar al lado de los que quiera, ¡faltaba más! No importa mover a medio mundo, qué más da, pero Paca HdP debe estar rodeada de los suyos. Daba igual que la hija del difunto se tuviera que ir a la otra punta de la sala, porque lo importante es que Paca HdP está al lado de su hermana (supuesta hermana, diría yo, porque se parecen tanto como el día a la noche).
Paca HdP se aburría de repasar de pies a cabeza con descaro a todos los que se acercaron a saludar a mi abuela, y se dedicó por entero a mí, que estaba en el sofá de enfrente. Para estirar las piernas (y ofrecerle una buena panorámica de toda yo) me levanté y me acerqué a mi madre para ver si quería algo y por extensión todos los demás que estaban sentados en esa zona de la sala, y entonces, Paca HdP me sonrió.
Fue como ver una enorme medusa avanzar ondulante por el agua hacia mí (por un momento me sentí como Bridget Jones). Alargó su mano para tirarme de la camiseta en un ademán para que me acercara, y empezamos esta agradable conversación:
PICADURA UNO: Ummmmm... ¿Y cuándo te vas a poner a dieta? - Sin decir ni media palabra antes, el primer ataque fue directamente a la yugular. Increíble que esta impertinencia haya llegado de un rostro de abuelita encantadora.
AFTERBITE (o sea, YO): ¿Por qué? - Puse la cara más dulce, inocente y sorprendida de mi registro, como si en la vida se me hubiera pasado por la cabeza pensar que me sobran unos kilos.
PICADURA DOS: Mujer, para perder unos kilos, claro... - Realmente estaba descolocada, pero no perdió la sonrisa mientras me aclaraba lo evidente. No perdió ni la sonrisa ni el veneno, la verdad, aunque sus palabras rezumaban azúcar...
AFTERBITE: Verá, es que me ha costado mucho conseguirlos, ¿sabe? Y además, les tengo mucho cariño. - Yo también tengo acciones de Azucarera Española, S.A., qué pasa, así que solté esa frase con una voz melosísima y una sonrisa deslumbrante, como si no me apeteciera en absoluto darle un bofetón...
PICADURA TRES: Es que estando así de rellenita... - No acaba la frase, pero en cambio levanta una ceja de forma significativa y señala con la mirada algo situado detrás de mí. Me doy la vuelta para descubrir, sin sorprenderme a estas alturas, a mi chico, que me sonríe ajeno a toda esta maravillosa conversación.
AFTERBITE: Oh, en lugar de rellenita sin lugar a dudas habrá querido decir usted GUAPA, ¿verdad? - Le sonrío con inocencia y candidez mientras me doy la vuelta para no soltar alguna bordería, que es lo que me pide el cuerpo, y me acerco a mi chico que me recibe con una sonrisa y un beso.
Mi madre se ríe por lo bajini y sé que está disfrutando de lo lindo con esta escena que no es nueva (ha habido incidentes similares con anterioridad, a razón de una conversación como esta por cada vez que me la he encontrado). Procuro no resbalar con tanto almíbal envenenado y me alejo, sintiendo su mirada clavada en mi espalda, y casi puedo sentir cómo se inclina hasta mi madre para comentale lo impertinente que es su hija...
Pero no me importa porque mi madre también le suelta cada cosa que se queda bien a gusto... Y así debió ser porque cuando volví Paca HdP le comentaba a su hermana (una santa la mujer), abanicándose con mucho disgusto, que mi madre era un poco contestona... ¡Contestarle a ella así! ¡Faltaba más!
MIX... flipando
21 agosto 2008
EL CARNET Y YO: Episodio 19
Ayer era el Día D. Otra vez. Mi profesor de autoescuela me repitió unas quince veces la hora, entrecerrando los ojos porque no estaba nada seguro de que estuviera allí a esa hora. Cómo se nota que no me conoce. No le gustó un pelo que le dijera que iría por mi cuenta (más bien por la cuenta de mi chico, pero bueno), aunque tuvo la delicadeza de no insistir en que él me llevaba. Yo pensaba ir a trabajar un rato ya que nos tocaba de los últimos, así al menos me ponía al día después de no aparecer por el trabajo en dos días de mucho curro, y supo que no debía llevarme la contraria. Por ese lado SÍ me conoce.
Después de una noche malísima, en la que me desperté varias veces angustiada porque una señal de ceda el paso se convertía de repente en un STOP demasiado tarde para que pudiera frenar, llegamos a las diez en punto a donde empiezan las pesadillas por si el tema iba rapidito. Mi profesor de autoescuela no estaba todavía en el Punto P.
Nosotros YA ESTAMOS AHÍ.
10:05. Seguimos solos.
10:10.
10:15.
10:20. Ninguna novedad.
10:25.
10:30.
10:35. Me hago pis y decido arreglar ese asunto.
10:40. Vuelvo y me encuentro con el coche, por fin han llegado.
10:45. Mi profesor desaparece, y nos deja a dos chicas, a mi chico y a mí solos.
10:50.
10:55.
11:00. Parece que el tema no va tan rapidito.
11:05.
11:10. Llamo al trabajo para contar que la cosa no va nada rapidito.
11:15. Al fin una novedad. El examinador que nos toca es "nuevo" y no se sabe muchas rutas. Nos montamos en el coche para hacer dos de las que ya han sufrido otros coches: le ha llevado por una urbanización nueva en la que las señales o no están, o están tiradas, o muy escondidas, o muy atrás, o no se ven. Tomamos nota mental de todo lo que podemos para no meter la pata.
11:20. Mi angustia va en aumento. Mi profesor ha desaparecido y yo estoy sudando como un pollo y con un dolor de tripa horrible.
11:25.
11:30.
11:35.
11:40.
11:45. Me pongo una hoja de laurel en el sujetador, cortesía de la abuela de otra de las chicas que se examina conmigo. Me encojo de hombros: ¿qué puedo perder?
11:50.
11:55. El profesor de autoescuela se acerca. Pego un salto, pero es una falsa alarma.
12:00.
12:05. Creo que los nervios me están matando lentamente.
12:10.
12:15. Por fin se acerca mi profesor, acompañado por un señor muy serio y nada "nuevo". Vamos, que tiene sus años. Siento que voy a desfallecer de nervios. Agarro la llave del coche y noto que pierdo líquidos prácticamente a borbotones. Mínimo hay 37º y llevamos más de dos horas esperando ESE MOMENTO.
12:20. Llevo cinco minutos al volante y tengo que hacer una parada porque el chivato no pita y eso es hacer trampa. Arreglan el tema y yo sigo a lo mío.
12:25. Se me cala el maldito coche en la misma jodida cuesta. ¿Qué coño pasa en ese trozo de asfalto, ehhhhhhhhhhhhhh?
12:30. Oooooooooooooooooooooooh. Llevo como unos quince minutos sin meter una pataza como ponerme en el carril contrario o intentar salir en segunda. Toda una proeza. Casi no me lo creo.
12:35. En el silencio de un semáforo en rojo se puede oir una vibración del coche. Ah, no, son mis rodillas.
12:40. Mientras cedo el paso a unos señores se puede oir una respiración entrecortada de miedo. ¿Son ellos? Ah, no, soy yo, que estoy paralizada por el pánico.
12:45. Hago un aparcamiento más que razonable, pero cuando sólo tengo que ajustar un poco el coche me hago un lío y no sé qué tengo que hacer. Como me he bloqueado y no estoy en medio de la calle, le digo al examinador que yo lo daría por bueno y finjo no haber visto su expresión de disgusto al escuchar la barbaridad que acaba de salir de mis labios.
12:50. Me saca a carretera. Horror. Bueno, no es para tanto porque no hay absolutamente nadie y sólo tengo que fijarme en las señales de limitación de velocidad. ¡Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
12:55. Voy a 80. ¿Estamos ya en poblado? ¿Debería haber bajado a 50? ¿Dónde está el cartel de bienvenida al pueblo? ¿Me lo habré saltado? ¿No habré llegado? ¿Estaría oculto por la maleza? ¿Se habrá derretido por el calor?
13:00. Entro en la última rotonda antes de volver al punto de partida y en mi desesperación, entro un poco alocada sin apenas esperar a un coche blanco que está dentro de la vía circular. El examinador apunta el detalle, como si no hubiera sido suficiente con la cara de espanto que se me ha puesto al ver que no iba tan sobrada.
13:05. Aparco con prisa y las otras dos chicas asaltan el coche. Murmuro que me tengo que ir a trabajar y mi profesor me dice que ya me llamará porque el examinador no se digna a decirme que he suspendido.
13:10. Volvemos a casa, y yo suelto los nervios en forma de llanto desconsolado, mientra mi chico intenta convencerme de que no ha ido tan mal (pero él no lo sabe, claro, porque NO estaba allí, lo cual me lleva a pensar que envido muchísimo su posición en este asunto). Conduce en silencio mientras yo repaso mentalmente los fallos una y otra vez.
13:15.
13:20.
13:25.
13:30.
13:35. Llegamos a casa. Me quito la ropa empapada en sudor, me cambio y subo al trabajo.
13:40.
13:45. Llego y la gente no me pregunta nada porque paso como una exhalación y con cara de malas pulgas -plus ojos hinchados, por supuesto-, y me concentro en algo, lo que sea. En no llorar, por ejemplo.
13:50.
13:55.
14:00.
14:05.
14:10.
14:15.
14:20.
14:25. Llama mi profesor para decirme que estoy aprobada después de torturarme unos minutos prenguntándome que cómo lo había hecho. No me lo puedo creer. ¡¡Soy conductora!!
14:30. Oh-My-God. Oh-My-God. Oh-My-God. Tengo que decírselo a alguien.
14:35. ¡¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeen!!
19 agosto 2008
I Miss You
Creo que hasta hoy no he he sabido qué día fue, sólo que aquella mañana me desperté de un sueño ligero e inquieto con una llamada de teléfono que me paró el corazón. Pegué un salto de la cama y pregunté qué pasaba, aunque ya sabía la respuesta.
Se marchó sin dolor, sin sufrir, tranquilo... y eso nos consoló mucho.
Las siguientes horas me parecieron años.
Vino familia de muchos sitios, a la mayoría de la cual no conocía (todo el mundo se empeñaba en que me había visto cuando yo no era más alta que mis rodillas, pero bueno). No paraba de llegar gente al tanatorio, amigos de mis abuelos, familia cercana y lejana... Estuvimos acompañados en exceso en todo momento, a cualquier hora del día o de la noche, lo que fue bastante agobiante, al menos para mí. Sonreí todo lo que pude, besé millones de caras desconocidas en su mayoría, di las gracias en incontables ocasiones, aguanté las lágrimas a veces... y otras no.
Y ahora, cuando todos volvemos poco a poco a nuestras vidas, es cuando el vacío ocupa todo el espacio que hasta el momento llenaba la confusión y la gente. Siento una punzada en el corazón más intensa de la que se me instaló hace ahora dos semanas, pero ahora ya no tengo el miedo que me ha acompañado hasta ahora... Ahora sólo es tristeza. Mucha.
Me cuesta asimilar que mi abuelo ya no va a contestar el teléfono, ni va a estar en su sillón, ni va a meterse conmigo. No voy a oir el sonido de la bicicleta estática por las mañanas, ni el de su bastón avanzando por el pasillo...
En un momento se han perdido tantas cosas...
16 agosto 2008
¿Y yo, qué leo? (VIII)
Estos días que he tenido algo más de tiempo para leer, me he terminado EL VIAJE DE DARCY, de Emily Giffin.En la contraportada hay un resumen un poco... ¿Cómo lo diría? Demasiado metafísico para lo que me gusta encontrarme... Y no muy habitual entre este tipo de literatura, pero en fin... Ahí va:
Darcy Rhone creía tenerlo todo, atado y bien atado: le sobraba belleza y no podía estar más encantada con su vida. Tanto daba el interior. Tanto daba atenerse a las reglas. Tanto daban cosas absurdas como el karma.Una vez asumes que este libro es un profundo estudio sobre el viaje a su interior de una mujer desorientada que se encuenta consigo misma cuando lo ha perdido todo, resulta que no. O sí pero yo desde luego no lo enfoqué así (que no me pareció tan profundo como prometía, en definitiva).
Pero el mundo perfecto e inmaculado de Darcy da un vuelco cuando Rachel, su mejor amiga, la típica chica del montón, le roba a su prometido... y Darcy se encuentra por primera vez en su vida totalmente sola. Y encima con un bebé en camino.
Para reponerse se va a Londres, donde volverá a recurrir a su cara bonita para conseguir lo que sea. Pero mientras intenta reconstruir su glamurosa vida en un nuevo continente, Darcy se da cuenta de que las reglas por las que se regía hasta ahora ya no sirven.
El viaje de Darcy es una novela sobre los descubrimientos de una mujer acerca del verdadero significado de la amistad, el amor y la felicidad. Un libro idóneo para cualquiera que se haya preguntado, aun en secreto, si lo último que desearía no es sino lo que en realidad necesita.
Darcy cuenta en primera persona la historia de su caída desde le cumbre del éxito personal, la belleza, el dinero y todo el glamour. De repente Darcy se queda sola, si el séquito que normalmente la rodeaba de amigos, familiares y amantes... Así que tiene que empezar de nuevo, dejando atrás aquello que no le conviene, lo que no es fácil puesto que supone cambiar radicalmente de forma de pensar y actuar.
Darcy me cae mal. Me cayó mal desde un principio y no lo arregló en todo el libro. Casi me daba rabia que le pasara algo bueno, porque desde el principio la chica no se puede decir que sea muy buena persona. Intenta redimirse a lo largo del libro, pero a mí no me convence en absoluto... El final no está tan claro como en otras ocasiones (esas veces que en los tres primeros capítulos ya sabes cómo acabará todo), aunque no sorprende demasiado porque al final sólo quedan dos opciones: que Darcy siga como siempre porque la naturaleza es muy fuerte o que finalmente haya cambiado después de todo.
El libro es entretenido y poco más. Le daría un 6.5/10, porque, aunque tiene una lectura rápida, no se puede decir que tenga el humor que me gusta encontrarme. La historia está más enfocada a la experiencia de la protagonista, realista y sin los toques de paranoia y humor que aprecio. Aunque no está mal, no te lo pasas especialmente bien con su lectura y no sería uno de mis más recomendados.
15 agosto 2008
Día Festivo
Abrir un ojo a la hora en que normalmente me levanto.
Ronronear de placer y seguir durmiendo.
Buscar la portura más cómoda.
Intentar ignorar la luz que entra por la ventana.
Ir a buscar el calor de su cuerpo.
Quedarme dormida en un nudo de cuerpos.
Abrir otra vez los ojos.
Rascarme la nariz.
Apartar la maraña de pelo de mi frente.
Convencerme a mí misma de que NO tengo que levantarme.
Sentirme culpable por no hacerlo.
Escuchar un mensaje en el móvil.
Ver que abre un ojillo asustado.
Sentirme abrazada y levemente retenida.
Decidir que debo levantarme.
Abandonar sus brazos.
Ver como mi sitio es invadido automáticamente.
Andar descalza por el suelo.
Ver la casa llena de luz.
Escuchar el silencio.
Desayunar tranquilamente.
Disfrutar...
MIX... caprichines, the-girl
14 agosto 2008
EL CARNET Y YO: Episodio 18
Después de casi un mes de no pisar el lado izquierdo de un coche, el Lunes por la tarde me metí en uno. Fue ajustarme el cinturón de seguridad y volverme la angustia esa que ya me resulta tan molestamente familiar.
Sorprendentemente, la cosa no fue tan mal como yo me esperaba. De hecho, pensaba que iba a estar totalmente en blanco (como aquel verano de pequeña, que se me olvidó por completo cómo se escribía la letra b minúscula y casi no dormí pensando en tener que volver al colegio sin acordarme de cómo era esa letra tan fundamental). Pero no. No, no, no, no. Para regocijo general (bueno, en realidad, sólo el mío, porque yo era la única que tenía dudas al respecto, temor que me guardé mucho de comunicarlo al mundo exterior), me acordaba de dónde estaba el freno y qué era aquella cosa a la que la gente llama "volante".
Sí. Increíble pero cierto. La angustia se me pasó en cuanto giré el contacto. Conducí suave y segura (uf... frase EVAX total... estoy monotemática...) durante la hora y media de clase. Miré todos los espejos, cedí todos los pasos, cambié todas las marchas sin un mísero tirón, estuve pendiente de todas las señales y semáforos y líneas pintadas... Por no hablar de mis magníficos aparcamientos en una diabólica cuesta que parece diseñada única y exclusivamente para jorobar a gente como yo. Una maravilla, en definitiva. De las mejores clases que he dado.
Sobra decir que a estas alturas, no tenía medida mi odgullo y satisfacción conmigo misma. El profesor dijo que me veía preparada (of course!) y que no hacía falta tampoco completar las famosas cinco clases que la
Por lo menos para no tener que repitir la dolorosa escena de soltar 220 euros que han costado la renovación de papeles...
13 agosto 2008
¡Lo que me faltaba!
Porque sí, además de todo lo que tengo encima, mi regla ha decidido hacerme una visita por adelantado, con todo lo que ello supone. Padezco dismenorrea (comúnmente conocida como: "cuando te baja la regla te duele y te pones fatal, e incluso muerdes en casos no necesariamente extremos"), y las molestias -por decirlo de una forma suave- aumentan cuando se adelanta. Así que estoy
Siempre
Son en esos momentos cuando me acuerdo de esas chicas vestidas de blanco (¡vamos, anda!), correteando alegremente por un prado verde con cojines en la mano (almohadazos les daba yo a ellas), tirándose en plancha a una enorme compresa que está en medido de un monte (realismo total), cantando, pegando saltitos y encantadas de la vida...
¿Pero cómo se puede ser tan cínico? ¿Es que nadie se acuerda de las que estamos en pijama, tiradas en el sofá porque no podemos movernos, despeinadas, hinchadas y con cara de locas? ¡Nosotras también somos público objetivo!
Mientras pienso eso, sigo hundiéndome poco a poco en el sofá, en estado semivegetativo, a la vez que cuento los segundos que faltan para que el dexketoprofeno trometamol llegue al torrente sanguíneo, se distribuya por todo mi ser y se instale en cada célula de mi cuerpo y me calme el dolor. O la pastilla o el chocolate, a estas alturas de mi desesperación ya me da igual porque no distingo los efectos de uno u otro...
12 agosto 2008
Un poco de normalidad...
He conseguido aparcar un poco todo lo que me preocupa y centrarme algo más en mi vida diaria -bien pensado es otra fuente de preocupaciones, pero bueno-. El Lunes ya me di un chapuzón de realidad en el trabajo, que me llegaba hasta las orejas. También retomé mis clases de coche (merecen una mención aparte, claro). Organicé un poco la casa (pero poco, los milagros no existen). Hice una lista para ir a comprar (no demasiado larga, que sigo con mi particular grisis económica). Repasé las cosas que tengo pendientes (de las que sólo me acuerdo cuando me paro a pensar y me doy cuenta de que no las he hecho). La normalidad, vamos.
Incluso me quedo dormida en el sofá...
MIX... the-girl
11 agosto 2008
Extrañamente Tranquila
Me encuentro cansada tanto física como psíquicamente.
En lo físico, estar tensa agota mucho. No hemos estado demasiado tiempo en el hospital, pero a mí me ha parecido media vida. Para no desesperarme, monté el dispositivo: sillón/butaca MUY incómoda de cara a la camilla y a leer un libro mientras mi abuelo dormitaba sin apenas fuerzas. Totalmente atenta al mínimo movimiento y a los cambios del sonido de su respiración, me levantaba de un salto cada vez que pedía algo o había que acomodarlo o pitaba uno de los goteros electrónicos o entraba una enfermera o se abría una puerta o una mota de polvo se posaba en el mueble. Tensa como la cuerda de un violín.
Cuando no estaba allí, las cosas no mejoraban mucho porque estaba pendiente del móvil por si sonaba. No sé las veces que habré revisado el móvil por si estaba apagado, o sin cobertura, o si de repente se había puesto el sólo en silencio, o si había decidido no vibrar porques sí. Supongo que estar pendiente del móvil es un tema que tengo pendiente con mi conciencia...
Ahora que estoy en casa, pues igual: sigo estando en un estado de alerta permanente.
Pero a pesar de lo tensa que estoy (lo cual imagino que será lo normal dadas las circunstancias), del hecho de que no duermo apenas (insomnio que se agrava por el calor) y descanso menos todavía (no he dormido del tirón desde hace bastante tiempo), estoy extrañamente tranquila. ¿Por qué? Porque sé lo que va a pasar. Porque lo que peor llevo es la incertidumbre; prefiero mil millones de veces saber la verdad, aunque sea mala, que ser ignorante de lo que pasa. Ahora sólo espero, y eso me hace llevarlo mejor.
Puede que suene muy cruel, pero es así. No tiene nada que ver con haber perdido la esperanza, es simplemente un poco de realismo. Matemáticas, por decirlo así. Probabilidades. Como cuando compras un décimo de lotería: estás tranquila porque sabes que lo más probable es que no te toque, pero no quiere decir que no tengas un mínimo pensamiento de que puede caerte un premio porque si no, directamente no comprabas.
Claro que estoy triste. Por supuesto que he llorado. Evidentemente tengo una punzada en el corazón. Pero estoy extrañamente tranquila y puedo pensar con algo de claridad para comprender qué está pasando y asimilarlo lo mejor que puedo. Me centro en ayudar a mi familia en lo que puedo sin estorbar y sin dejar de lado mi vida (tampoco podría, claro).
Quizá lo de mi padre me haya hecho más fuerte, no lo sé. O tal vez es que la lógica de la Ley de Vida se impone. Lo cierto es que estoy tranquila. Agotada y triste, pero tranquila. Sólo un poco alterada por si suena mi teléfono...
08 agosto 2008
El Mal Sueño - La Peor Realidad
O más bien una pesadilla.
He tenido en sueños imágenes sueltas del día anterior. El madrugón para dispersar marrones del trabajo con el fin de dejar el día más o menos encaminado y que en mi ausencia no hubiera mucho jaelo. El viaje en coche, en el que me venció el sueño. Mi madre esperando en la puerta de Urgencias, con la paciencia de quien ya ha pasado por eso y sabe que la resignación es lo único que queda. La espera en la sala atestada de gente con cara triste. Los paseos en busca de una información que nadie te daba. El "no sé nada" de la enfermera repetido hasta la saciedad. Las llamadas desde el trabajo para preguntar dudas. Las veces que miraba el reloj viendo pasar el tiempo sin que hubiera alguna novedad. Los movimientos de cuello intentando ver algo a través de la puerta que se abría constantemente...
La ansiada llamada por megafonía. Recorrer los pasillos casi corriendo, buscando la cama cuatro. Apartar la cortina blanca. Ver a mi abuelo en la camilla, su cuerpo pálido y desdibujado entre las ásperas sábanas de hospital. Contar tubos y cables que le rodeaban. La hipnosis del monitor de las constantes vitales. Tocarle la piel cálida del brazo, llena de pequitas. Intentar que abriera los ojos y me viera...
La llamada del médico para darnos el parte. Las malas noticias con acento argentino. La explicación sencilla y terrible de lo que había pasado, estaba pasando y va a pasar. El temblor de piernas. Lás lágrimas. El nudo en la garganta. Las preguntas que no se hacen. Agarrarse a la mínima esperanza. El abrazo que nos dimos para darnos unas fuerzas que no teníamos...
La realidad del papeleo. Empujar la camilla hasta subirle a la habitación. No dejar de coger su mano. Buscar la marca en la piel que tengo igual que él y descubrir que se le está borrando. Un escalofrío. Pensar cómo lo decimos al resto de la familia. Fingir y hablarle con alegría para que no se asuste. Tener que decirle que no cuando pedía agua. Aguantar las lágrimas al ver que está tan débil...
Y sonó el despertador. No ha sido un sueño. Está pasando de verdad.
06 agosto 2008
¿Y yo, qué leo? (VII)
La sinopsis de esta segunda aventura es la siguiente:
Las tiendas de tu ciudad se te han quedado pequeñas, y tu tarjeta de crédito se muere de aburrimiento... Ha llegado la hora de ampliar horizontes: Nueva York te espera con los brazos abiertos.Este resumen enseña más de lo que me gustaría, porque te descubre algo importante sobre la trama que hace que detalles que en teoría deben parecerte nimios ya le des importancia, y el factor sorpresa desaparece un tanto, lo cual, evidentemente, no me gusta.
Si en LOCA POR LAS COMPRAS dejábamos a Becky más o menos recuperada de un importante bache económico, ahora, con la lección bien aprendida, se ha propuesto comprar únicamente lo necesario para vivir, y parece que poco a poco lo va consiguiendo. Sin embargo, de repente, un inesperado viaje a Nueva York hace tambalear sus buenos propósitos.
Becky aterriza en Manhattan junto a su novio y descubre un mundo lleno de tiendas maravillosas, grandes almacenes de superlujo y ventas de muestrario, esos fantásticos lugares en los que ofrecen ropa de diseño a mitad de precio. ¿Cómo resistir a semejante tentación? Desde luego, una opción sería recordar al temible señor Gavin, el nuevo director de su banco, que carece de la sensibilidad necesaria para comprender las necesidades de Becky; y la otra, pensar en las maliciosas portadas de los periódicos ingleses, que aparentemente se han confabulado para exponer al mundo el eterno problema de liquidez de una inocente chica londinense.
Sí, debería dejar de leer las sinopsis, pero es que no puedo evitarlo...
A pesar de ese detalle que pasaré por alto, esta segunda entrega de la saga me ha gustado tanto como la anterior y pienso completarla aunque no me pille precisamente cerca
Por eso, recomiendo también esta segunda parte... ¡A ver cuándo me puedo agenciar la tercera!
05 agosto 2008
Semana de Transición
No ha habido ni un sólo comentario, como ya esperaba yo y para sorpresa de mi jefe -el nuevo JdP-. Todo el mundo puso su mejor cara de póker y poco más (luego fuera habrán rajado lo suyo, claro). Tanto esperar no ha valido para nada, porque todo el mundo se imaginaba lo que iba a pasar más o menos. Al fin y al cabo, no son tontos...
Después he pedido que se me incluyera otra vez en la cuenta de distribución de mi nuevo proyecto, y entonces se me ha terminado la tranquilidad tal y como la he conocido hasta el momento: el número de correos se me ha multiplicado por cinco como poco. Todos los temas que me entraban por pantalla no sé de dónde salen. La otra vez que lo hice, como sabía que era "sólo para mirar", pues apenas hacía otra cosa que almacenarlos en una carpeta del correo, pero ahora no tengo escapatoria.
Luego nos hemos mudado de despacho, a otro más grande para estar todos juntos y más espaciosos. Ha sido una aventura mover las enormes mesas que apenas cabían por la puerta... Los cables se habían mezclado, faltaban enchufes, no había tomas... Un caos. Pero al final todo ha quedado medio conectado y funcionando (lo primero nuestra adorada destructora de papel, una especie de dispositivo antiestress).
No me gusta tanta anchura y tanta gente metida ahí, me agobia un poco, peeeeeeeeeeero no hay remedio. Al menos he escogido el sitio menos malo... Pero tardaré en acostumbrarme sobre todo a la puerta (de hecho, tres veces he ido a meterme en mi antiguo despacho). De momento he trasladado ya todas mis cosas e intento personalizar mi espacio para trabajar más a gusto y que esta semana de transición no me cueste mucho.
De todas formas, el día de hoy casi no cuenta porque lo hemos pasado entre reuniones y mudanzas de despachos. Pero cuando me he parado a pensarlo, me he empezado a preocupar porque lo que se me viene encima es mucho trabajo y mucha responsabilidad y ya está aquí. Hemos pedido un poco de paciencia mientras todos nos habituamos a nuestros nuevos puestos... que espero que sea pronto.
También espero poder adaptarme rápido y conseguir un ritmo tal que me permita estar tranquila y desconectar cuando acabe mi jornada. Es mi meta de esta nueva etapa, el fallo de las anteriores y el aspecto que espero corregir ahora que estoy más asentada y más segura de mí misma en esta empresa.
03 agosto 2008
¿Juegas?
Es un juego que engancha, y yo tardé seis minutos de pasar de nivel, la pelota se me cayó al vacío bastantes veces...
En la misma página hay más juego del estilo. No tienen grandes gráficos, pero sí que valen para despertar la mente y pasar un buen rato entretenid@ y desconectad@, y eso a veces hace falta, ¿verdad?
02 agosto 2008
¡Bien por mí!
Bueno, en realidad sólo lo he intentado.
Vale, vale, está bien: se ha quedado en una intención.
Pensaba aprovechar la soledad de casa para hacer un poco de maruja (cosa que no me gusta nada en absoluto, pero que irremisiblemente hay que hacer). En circunstancias normales
Mi brillante plan consistía en basarme en el principio de la lógica científica: si no hay elemento reactivo, no hay reacción. Jajaja... GENIAL.
En la teoría, claro.
Porque en la práctica, si no hay elemento reactivo como tal (porque mi chico no está), sí sigue habiendo unas altísimas probabilidades de quedarme dormida en el sofá sin necesidad de que nadie me esté acariciando el pelo. Jo. Así que, es cierto: el fin de semana pasado no hice demasiado que digamos. Era sentarme un poco después de comer en el sofá, irme resbalando poco a poco, tocar con la cabecita en el almohadón habilitado al efecto, y ¡zas! Se habría un agujero en el espacio-tiempo que me transportaba a mitad de la tarde.
Pero entre semana ya me dije a mí misma que no podía ser, y me puse las pilas. Estuve planchando (O-M-G, un auténtico MILAGRO), poniendo lavadoras (eso no requiere mucho esfuerzo), recogiendo un poco el salón (¿cómo es posible que algo tan minimalista pueda desordenarse tanto?), fregando cacharros (para eliminar el estado de DEFCON2 en cuanto a cucharillas se refiere), y cocinando (que si ya de por sí tiene mérito, no digamos si tenemos en cuenta que la temperatura media de las tardes en esta zona es de 37º). Así que estoy muy contenta conmigo misma...
Creo que me he merecido una siesta.
MIX... the-girl
01 agosto 2008
Publicidad Indignante
Resulta que estaba yo practicando el deporte nacional (es decir: haciendo zapping), cuando me encuentro un canal donde, qué raro, estaban poniendo anuncios. A mí me gustan los anuncios. Es más, me indigno si interrumpen la publicidad para meter programación. Pero, ojo: me gustan los BUENOS anuncios.
En fin, de repente, sale en la pantalla una estupenda y guapa chica, sonriente y radiante, en un coche, encantada de la vida porque vive en un mundo diseñado para las mujeres.
¿Y cómo es un mundo diseñado para las mujeres?
Pues, entre otras cosas, tiene coches que en lugar de la guantera de toda la vida, tiene COMPARTIMENTOS LLENOS DE MAQUILLAJE.
Y la chica está encantada, oyes. Por fin alguien ha pensado con la cabeza y ha hecho realidad el sueño de toda mujer: conducir un estuche de Pupa en lugar de un coche. Sí señor.
Sobra decir que me quedé a cuadros escoceses primero.
Y luego me puse roja de indignación.
No es que yo no sea una feminista de las duras, que no. Pero tampoco me gusta que se defienda, promueva y publicite una imagen de la mujer frívola que piensa que el espejo interior del coche tiene como único fin ayudar a una mujer a pintarse los labios. Me siento ofendida, y mira que es raro que yo me tome en serio algo así porque normalmente le quito importancia este tipo de cosas...
Este anuncio en particular me recuerda, fíjate, a los gritos que a veces oigo desde un coche conducido por un hombre hacia una conductora que se equivoca o no reacciona todo lo rápido que espera el susodicho
Parece exagerado que vincule un simple anuncio de una cuchilla de afeitar las piernas con el gran problema de maltrato a la mujer que sufrimos hoy en día, pero no puedo evitarlo porque con detalles así se presenta a la mujer como una tontaina retrasada mental que sólo piensa en modelitos y maquillaje. Por eso luego no se lo pensarán dos veces a la hora de pegarle una ostia a su novia... Total, como es imbécil... Luego que se ponga un poco de colorete para disimular y ya está.
Me parece increíble. Unos señores contratan a una empresa de publicidad para lanzar un producto. La empresa de publicidad presenta a sus clientes varias opciones, y una de ellas es esta, que a algún publicista (de verdad espero que al menos no fuera una mujer) le pareció una genialidad. Los señores de Gillette escogen entre las propuestas esta, porque a ellos les parece que han dado en el clavo, que esa campaña transmite exactamente lo que ellos pretenden: que las mujeres somos lelas. Porque yo no entiendo otra cosa.
En fin, podría haber destripado el anuncio con un poco de humor, como es mi costumbre, pero en esta ocasión, sencillamente, no puedo. No sabría decir por qué esta campaña me ha sentado tan mal (seguramente habrá otras peores, no me cabe duda), pero así es. Me gustan las diferencias entre hombres y mujeres, si se enfocan con humor, pero no le veo la
Ah, por si cabe alguna duda, no pienso comprar ningún producto de Gillette nunca más. Ea.
MIX... ofujkamiento, opinión





