30 septiembre 2008

Susto, casi muedte...

A ver, concentración...

El recibo de agua son 20,76 euros. Luego, está el de la luz, que son 66,65 euros. Ya me ha venido el gimnasio que son 25,50 euros. La factura del móvil, que se me había olvidado, otros 44,68 euros del ala...

BRRRRRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRR...



Esta cara se me quedó después de que el vecino de al lado decidiera a las 20:43 de la noche, una hora tan buena como otra cualquiera, taladrar a lo bruto la pared que separa mi salón (y mi tranquilidad) de su casa.

Vamos, casi se me para el corazón del susto.

Después de eso, me daba igual cuánto sumaran mis facturas...

¿Eres sensible?

Últimamente, al responsable de RRHH de mi empresa le da por venir a vernos cuando tengo la regla. Creo que tiene apuntado mi calendario menstrual o algo, porque las dos o tres veces al año que se presenta aquí, resulta que yo estoy hormonosa perdía. De hecho, no pienso apuntar mis reglas, para la próxima le preguntaré a él cuándo me toca...

La última vez que estuvo aquí, pues sí, acabé con una barranquera rabiosa con lágrimas rebeldes incluidas. Pasó y ya no se puede remediar. No estoy precisamente orgullosa de ese episodio, pero a lo hecho, pechos (dos). Tampoco fue tan grave; cierto es que va en contra de mis principios -y mis finales- mostrarme vulnerable y menos en el trabajo, pero salió así, sin más, y en definitiva no tengo de qué avergonzarme... Pero aquel "incidente" parece que lo tenemos clavado los dos: yo como una espinita, y él con un anecdótico recuerdo desde el cual me tiene colgada la etiqueta de sensible. ¿Y qué si lo soy?

Pero bueno, el caso es que de ese sambenito no me voy a librar en la vida, está claro. Si me cabía alguna duda, me la despejó con una alusión que hizo a modo de saludo, que capeé como pude con una sonrisa deslumbrante como si me hubiera resultado gracioso el comentario, cuando en realidad me hubiese gustado patearle la cara...

Porque si aquella vez me pilló en el día sensible, esta vez estaba en mi ciclo rabioso. Así que me sentó como una patada en mis doloridos ovarios bastante mal que la reunión improvisada por la que había venido la enfocara como que:

a) Él era el Ángel Salvador de los Desvalidos.
b) Nosotros somos malos gestores.
c) El único con talante dialogante es él.

Sobre todo porque el problema es que nosotros, en contra de nuestra opinión y como hemos podido porque se nos caía la cara de vergüenza, hemos defendido una postura totalmente antipopular que resulta que es una ORDEN DIRECTA SUYA. Pero ahora, cuando le preguntan cara a cara las personas que se han visto perjudicadas por su decisión, va y dice que él no sabía nada, que le parece mal que se esté haciendo como hasta el momento (idea suya, cabe recordar) y que hay que revisar el tema para encontrar una solución satisfactoria.

Tócate los huitis con la punta de la nariz.

A mí de dejó con las patas colgando. Yo miraba a JdP, totalmente aluciflipada, mientras notaba cómo se me encendían las mejillas y me empezaba a palpitar la carótida de la indignación. JdP no levantaba la mirada del suelo, porque no era capaz de reaccionar ante la puesta en evidencia que estábamos sufriendo. Ni yo tampoco. No me podía creer lo que estaba escuchando. Incluso dudé de estar interpretándolo bien. Pero sí, no había duda: era lo que parecía.

Entonces, la sensible se levantó de la reunión y se fue, simulando una llamada al móvil. Porque sí, soy demasiado sensible como para escuchar una sarta de mentiras. Era totalmente sensible que iba a estallar de un momento a otro y llamarlo mentiroso delante de todos. Me toca la fibra sensible que alguien quiera mantener su prestigio a costa de los demás...

Me da que ha empezado una guerra: demostrar que sensible no es lo mismo que gilipollas, cosa que parece que tiene asociada.

29 septiembre 2008

Puchi-Puchi

Este fin de semana nos hemos pegado un palizón, pero ha merecido la pena.

Ese ha merecido la pena es el mantra que me he ido repitiendo todo el día de hoy para no quedarme dormida en cualquier rincón. Nos hemos ido de boda a la otra punta de España, con todo lo que ello supone: viaje de ida, viaje de vuelta, y sobre todo, el fiestón de la boda (me lo pasé GENIAL). Menos mal que mis estupendos zapatos me permitieron aguantar todo lo que quise y más sin tenerme que amputar los pies... Pero aún así, acabé K.O.

Así que hoy estoy un poco... Cómo decirlo... ¿Cansada? Sí, cansada es un buen adjetivo. Sólo necesito que me dejen trabajar tranquilita y toooodo irá bien... Lo cual NUNCA pasa, y menos un Lunes...

Menos mal que entre tanto ajetreo de fin de semana pude traerme un Puchi-Puchi que me calma bastante y que me ha ayudado a ganarme la denominación de friky en el curro.


Vale, puede que sea una friky, pero soy una friky relajada. Encima que lo hago por el bien de la Humanidad...

26 septiembre 2008

Sexo y Zapatos

A veces creo que me metí una sobredosis de Sexo en Nueva York...

No me reconozco.

Para empezar, el otro día sucumbí. Sí, lo admito. Incluso lo digo públicamente. Me abandoné al frenetismo consumista más descarado, como una Carrie Bradshaw cualquiera (increíble en mí, ¿verdad?). NO necesitaba un vestido para la boda de mañana, pero me lo compré, y he sufrido las consecuencias. Igual que antes dije que me hacían falta todos y cada uno de los artículos que me compré el otro día, lo cierto es que ese vestido NO era necesario.

Pero ya que me había metido de lleno en este asunto, pues... habría que seguir hasta el final.

Porque necesitaba zapatos a juego, claro.

Y los tuve, por supuesto.

Teniendo en cuenta mi eterno problema de que no puedo con los tacones muy altos, y dado que paso olímpicamente de comprarme unos zapatos que no voy a soportar más de cinco minutos, decidí ahorrarme un berrinche y me fui directamente a El Corte Inglés, donde sabía que encontraría una solución.

Efectivamente.

Me hice con unos de color gris oscuro (lo que yo quería), muy monos (como no podía ser de otra manera), con un poco de tacón cómodo (no cabía otra opción), y por supuesto: caros (como era de esperar).

Pagando estaba cuando mis ojos se desviaron distraídos hacia un estante que había a la izquierda de la dependienta que se peleaba con la tarjeta, y los ví.

Los botines más bonitos que he visto in all my life.

Me acerqué con cuidado, y alargué un brazo al áura de luz que salía de los botines (o que a mí me parecía que salía, claro), y los cogí. Eran sencillamente perfectos. De piel, negros, con una banda elástica, un tacón fino pero discreto, un gran BALENCIAGA en el relieve de la piel, y una gran cifra en la etiqueta del precio.

Si yo no me hubiera tragado todas las temporadas de Sexo en Nueva York, seguramente me hubiera escandalizado el precio de los botines, máxime cuando estaba a punto de pagar una pasta (para una mileurista hipotecada) por un par de zapatos, los habría admirado un poquito más (lo bonito es lo bonito), me habría encogido de hombros y los hubiera dejado en su sitio sin concederles ni un segundo más de mis pensamientos.

Pero no.

Yo me tragué las seis temporadas de Sexo en Nueva York más la película, y por eso mi comportamiento real fue:
  1. Coger extasiada los botines de marras.
  2. Pasar tres kilos de la dependienta que me devolvía la tarjeta y me pedía que firmara.
  3. Sentarme de nuevo en los asientos.
  4. Probarme los maravillosos botines a sabiendas de que costaban la mitad de mi sueldo de un mes.
  5. Admirar cómo me quedaban.
  6. Ignorar el hecho de que seguramente no podría andar con ellos más de quince minutos seguidos por su taconcito taaaaaaaaan cuco.
  7. Calcular mentalmente cuántos días tendría que comer a base de pasta-y-sólo-pasta si me los llevara en ese preciso instante.
  8. Recordar que seguramente mi chico no me hablaría en siete meses (uno por cada temporada más la película).
  9. Pensar que el punto anterior no sería para tanto.
  10. Volver a la realidad.
  11. Dejar los botines en su sitio.
  12. Contener una lagrimilla que quería escaparse de mi ojo derecho.
Snif.

He decidido no ver las reposiciones de la serie maldita en el Canal Cosmopolitan. De hecho, debería NO tener el Canal Cosmopolitan. Mi salud mental y mi economía seguro que me lo agradecerían...

25 septiembre 2008

El Día I (de INUNDACIÓN)

Ayer abrió mi niño la tienda. Por fin. Después de más de cinco meses de trámites y mierdas. Después de preocupaciones y crisis. Por fin. Ayer tenía que recordarse como El Día De La Inauguración De La Tienda.

Pero, al final, NO.

El plan era que yo saliera de trabajar a una hora razonable (o sea, a mi hora a ser posible), fuera a la city, viera la tienda ya ordenada y organizada (tenía curiosidad por saber de qué color es el mostrador porque la semana pasada ni se veía de las cajas que había delante), pasara con él un rato, diera yo solita (y sin tarjetas de crédito) un paseo hasta que cerrara la tienda, y luego fuéramos a cenar románticamente por ahí.

Un plan estupendo.

En principio, iba a ir en la pequeña OLIVITA, pero como mi chico había ido en su coche, lo más productivo era que yo fuera con alguien del trabajo a la city y luego volviéramos los dos en su coche.

Ese "alguien" fue mi jefecillo, JdP, que sale a la misma hora que yo en teoría.

Así que a las seis en punto de la tarde, JdP se apoyó sonriente en la puerta de mi despacho. ¿Nos vamos? Todo un precedente. Aún no había salido a las seis nunca, así que recogí feliz pensando que con suerte a las seis y media estaría ya en la city, y en la tienda, por extensión.

Salimos y, justo asomó el morro de su Volkswagen por la puerta, empezó a llover. A ratos lloviznaba y a ratos caía una manta de agua que no se veía nada. JdP iba despacito porque el tráfico no era nada fluido, dadas las circunstancias.

A los siete kilómetros nos encontramos con un riachuelo de barro que saltaba alegremente hacia la autovía. La pasamos muy despacio, bromeando por si el impecable coche empezaba a inundarse. No era para tanto, porque pasamos como si nada, así que seguimos adelante.

Pero cinco kilómetros más allá, un barro semejante al que habíamos pasado había decidio convertirse en un aprendiz del Volga, y una auténtica riada de agua como chocolate inundaba la autovía.

Vaya.

Redujimos la velocidad. Pusimos las luces de emergencia. Bajamos las marchas. JdP tenía un pie en el freno y otro en el embrague, para ir cambiando de marcha si fuera necesario. Pero a los dos minutos pensó que era tontería, y dejó el coche en punto muerto, con el freno pisado.

Después puso el freno de mano, porque se le iba a dormir el pie.

Después, quitó el contacto y dejó las luces y la radio, para pasar el rato.

Luego ya quitó la llave, porque ese rato ya parecía que NO iba a ser un rato.

De hecho, a unos 150 metros por delante de nosotros (digamos dos coches y un camión), la Guardia Civil cortó el tráfico. Por ahí no pasaba ni el tato, a no ser que oye, llevaras una moto acuática, un yate o el Juan Sebastián Elcano. No era nuestro caso.

Y no fue un rato. Claro. Fue UNA HORA.

Y no fue una hora, fueron DOS HORAS.

Y no fueron dos horas, fueron TRES HORAS.

Y, por supuesto: no fueron tres horas. Fueron CUATRO HORAS.

Así que la situación, durante cuatro horas, fue la siguiente: mi jefe y yo estábamos encerrados en su coche, parados, con el motor apagado, rodeados de más coches y camiones, viendo cómo llovía, cómo se iba oscureciendo, cómo NO pasaban coches de la Guardia Civil.

¿Y qué hicimos? Pues hablamos. Tratamos temas de trabajo. Nos contamos la última peli que vimos. Recordamos anécdotas laborales. Luego, anécdotas de atascos. Luego, hablamos de las hipotecas. Luego, revisamos el correo en la BlackBerry. Luego, me contó cómo es su futuro piso. Luego, leímos un comunicado del Comité de Empresa también en la BlackBerry. Luego, contamos chistes. Luego, nos contamos nuestros planes para las siguientes vacaciones. Luego, llamamos a su jefa para contarle, entre risas, que igual al día siguiente llegaríamos tarde al trabajo al paso que íbamos. Luego, hablamos de coches. Luego, volvimos a las anécdotas laborales. Luego, intentamos elaborar un modelo distinto de trabajo. Luego, barajamos la posibilidad de sacar el portátil del maletero y ponernos a hacer algo productivo. Luego, seguimos con los chistes.

Y así durante CUATRO HORAS, no hay que perderse el detalle.

Al final, la Guardia Civil decidió intervenir (todo un detallazo) y limpiaron la carretera, así que pudimos salir. Me pareció increíble oir el motor del coche arrancar. Llegamos a la city cuatro horas y media después de salir de trabajar (un trayecto de, a lo sumo, veinte minutos en circunstancias normales), y allí me esperaba mi chico, con el que me había estado comunicando toda la tarde para informarle de las novedades -ningunas-.

¿Y dónde me esperaba? Pues en las afueras de la city, porque justo cuando le dije que no me esperara allí y que volviera a casa (en plan: ¡sálvate tú!), ya que podia volver tranquilamente por otra carretera, justo entonces... Fue cuando abrieron paso y él, que estaba saliendo ya, paró.

Mi jefe entonces, cuando llegamos a la city, aparcó en el sitio convenido, que no era otro que debajo de una farola de una nave industrial de un polígono en las afueras. De película de narcotraficantes, oiga. Aquello parecía el intercambio de un alijo o algo.

Cansada, agotada, hambrienta, decidimos cenar antes de volver a casa, por si nos quedábamos atrapados otra vez (dado mi cenizo, no era nada disparatado), que al menos no tuviéramos el estómago vacío.

Sin complicaciones, acabamos en un McDonald's. Románticamente, claro. Pero no era esa la idea que yo tenía en un principio...

Así que el día será recordado como el día en el que me quedé encerrada durante cuatro horas en un coche con mi jefe.

Si es que ya no sé qué hacer para robar protagonismo...

23 septiembre 2008

Aparcamiento Ferpecto

Desde mi pequeño, escaso, minúsculo, ridículo incidente en el párking de El Corte Inglés, el espejo retrovisor derecho del coche no es lo que era.

Vamos, que está jodío.

Mi chico me juró y perjuró que eso no era nada, que no estaba roto propiamente dicho, sino que se había "salido de su sitio". Si hubiera visto lo retorcido que se quedó aplastado contra el otro trolebús, no diría lo mismo. Pero bueno, el tema es que mientras se encuentra un arreglo, el espejo está puesto pero mirando para Cuenca.

Que no veo nada, vamos, sólo toda la carrocería del coche, pero nada más. Ni un cachito de carretera, que en teoría debía verse.

En principio, no debería haber problema, porque además, ese espejo NO es obligatorio. Pero lo que ocurre es que yo soy carne de autoescuela, y allí, para aparcar, te enseñan a utilizar todo. Todo incluye LOS TRES ESPEJOS (y si llevas alguno en el bolso, también).

Así que ahora no aparco a la primera ni de casualidad.

Cuando estaba en "la teoría", es decir, en las clases, lo cierto es que aparcaba todos los días como poco tres veces, y todas ellas en cuesta, para que cuando tuviera que aparcar en llano no tuviera problemas. Vale, sí, muy bien. Pero es que además, no había NADIE mientras aparcábamos, por lo que no importaba que realizara treinta maniobras; todo lo más que pasaba es que el profesor me miraba con cara de rebollo, pero ya está.

Ahora, en "la práctica" (o sea: LA REALIDAD), es que siempre tienes un mínimo de un coche esperándote, con tu L en primer plano mientras maniobras por si no le quedaba claro que eres una novata.

Y yo me pongo nerviosa. Se me olvidan todas las técnicas que me enseñaron para aparcar de tres volantazos. Si a eso añadimos que no se ve nada por uno de los espejos, el resultado es que aparco with the ass.

Efectivamente: todos los días es un show. Voy despacito por mi calle, con mi correspondiente séquito de coches, y miro con cuidado si hay hueco. Cuando lo veo, pego minisaltitos de alegría y pongo el intermitente para avisar a los de atrás de que comienza el espectáculo.

Recuerdo mi mantra...

Paralela al coche. A tope el volante hacia el lado que quieras aparcar. Marcha atrás. Desplazar hasta que veas completo el morro de coche de atrás. NO LO VEO, LO INTUYO. Enderezar las ruedas. Seguir marcha atrás hasta tocar el bordillo. Volante a tope hacia el otro lado. Primera. Avance de un metro hacia adelante. Mirar en el espejo el coche de atrás. NO LO VEO, LO INTUYO. Volante a tope hacia el otro lado. Marcha atrás. No dejar de mirar los tres espejos. Recordar que por los espejos las distancias que se ven no son reales. NO VEO LA DISTANCIA QUE HAY HASTA EL OTRO COCHE, LA INTUYO. Ajustar el coche hasta el perfecto estacionamiento.

Pfffffffffffffffffffff...

No me sale, claro. No veo nada de lo que tengo que ver (porque sí veo al conductor del coche que me está esperando cómo menea la cabeza) y estoy nerviosa. Así que lo único que se me ocurre es:

a) Intentar olvidarme de ellos.
b) Quitarme de enmedio y cuando esté sola, aparcar con calma.

Obviamente, toda mujer inteligente señalaría la opción A.

Bueno, pues si eres una mujer MUY DESESPERADA, eliges la B.

Y cuando estás sola, a pesar de que estás medio tuerta porque te falta un espejo, de tres volantazos haces el aparcamiento perfecto.

Sin testigos, claro.

¿Por quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?

P.D.: Ojalá tuviera un Mini...

22 septiembre 2008

OTOÑO

Hoy ha empezado el Otoño. San Google nos lo recuerda con este logotipo que a mí particularmente me ha gustado mucho. Yo he estrenado el Otoño con la vista fija en el charco que se ha formado en la calle después de la lluvia. Me he quedado un rato oliendo a tierra mojada, hipnotizada con los círculos concéntricos que hacían las gotas de lluvia al caer sin apenas ruido sobre el charco gris reflejo de las nubes que hoy nos han acompañado. Creo que ha sido de las pocas veces que no he pensado en nada... Simplemente miraba los dibujos en el agua sucia, sentía el aire fresco, me daba cuenta de que la luz era gris pero no triste. Allí hubiese seguido todo el día, si no fuera porque el teléfono me ha despertado de esa extraña ensoñación y me he metido otra vez en la rutina de un Lunes lleno de trabajo. Echo de menos los días en los que no pasaba nada si te quedabas horas mirando la lluvia caer...

21 septiembre 2008

Go shopping?

Hace ya dos Viernes, cuando me cargué el retrovisor del coche, llevaba el maletero lleno de bolsas...

Bueno, lleno, llenooooooooo... Tampoco. Sólo eran tres bolsitas. ¡Qué culpa tengo yo de que hagan las bolsas tan grandes!

Es que fui a recoger un pantalón y comprarme una agenda (a ver si puedo organizarme mejor), y a lo mejor unos pendientes, Y YA... Pero al final de la tarde, el recuento iba así:

Número de pantalones recogidos: 1
Número de agendas compradas: 0

Claro que no salen las cuentas. ¿Si recogí un pantalón, por qué llevaba tres bolsas?

Pues porque cuando recogí el pantalón, había una nueva colección en la tienda, y le eché un vistacillo. Ví una camiseta preciosa, bastante bien de precio, y bueno, no me sentaba nada mal, así que... Me la compré. Además, tres percheros más allá había un vestido muy bonito y baratísimo, y pensé que sería ideal para la boda que tenemos el fin de semana que viene (sí, bueno, para esa ya tenía vestido, pero, ¿qué hay de malo en comprarse otro por si acaso?), así que me lo compré también. Sólo dos prendas, ¿a que soy una santa? El pantalón no cuenta porque ya estaba pagado.

Luego pasé por otra tienda, y entré sólo a ver qué había. Y había un bolso estupendo, de bandolera, y perfecto... Así que también me lo compré. Pero sólo porque nunca encuentro un bolso que me guste, y para una vez que descubro uno al que no le puedo poner ni un pero, no lo podía dejar pasar, ¿verdad? Y primo hermano de ese había otro, de mano, que era JUSTO lo que estaba buscando, y ya que estaba allí...

Casualmente, enfrente estaba la tienda donde quería ir a ver unos pendientes. Busqué, pero no había del tipo que yo quería, sin embargo, había otros muy monos que, de todas formas, algún día me iban a hacer falta porque siempre tengo algo marrón oscuro en el armario (sin ir más lejos, la camiseta que me compré), y estos tenían unas piedras de ámbar marrón incrustadas en plata preciosas, así que, en realidad, eran una inversión, y sólo por eso me los llevé.

De camino a recoger el coche, pasé por Oysho. Curiosamente esa misma noche había tenido un poquito de frío, y no tengo pijamas de entretiempo: o son de verano (que no sirven de mucho) o de invierno (con los que pasas mucho calor), así que no me sirven. Al final no había ninguno que me gustara, pero sí encontré unas mallas rebajadas un 70%, que son ideales para estar en casa o incluso para el gimnasio... Y estaban MUY rebajadas, ¿qué podía hacer?

Y bueno, ya estaba en El Corte Inglés, donde había dejado el coche. No podía pasar nada. Pero ya que estaba allí, subí a la primera planta por si encontraba algunos zapatos a juego con el vestido, pero que luego pudiera utilizarlos para todos los días. Me probé dos o tres pares, y no me convenció ninguno, así que ya me fuí... Además, que hay crisis, o recesión, o whatever. Si es que soy una santa...

¿O una compradora compulsiva de ésas? Noooooooooooooo, en absoluto. Si sólo llevaba tres bolsitas de nada. Todo me hacía falta y además, estaba muy bien de precio. No hay de qué preocuparse...

20 septiembre 2008

Una foto...

Este fin de semana mi madre me ha enseñado una foto que se hicieron con mi abuelo sólo una semana antes de que nos dejara. Me quedé hipnotizada viendo la imagen congelada de mis abuelos, mi madre y mi tía (además de un vecino añadido, pero bueno). Estaban los cinco en la puerta de la casa de la playa. Mi madre y mi tía llevaban unas camisolas y las gafas de sol porque acababan de llegar de la playa, incluso se ve el palo de la sombrilla apoyado en la puerta. Mis abuelos les esperaban en la puerta, tomando el fresco y charlando con el vecino. Creo que fue mi tío el que les hizo la foto al entrar en la casa. Se ven a los cinco tan sonrientes, tan llenos de vida... Parece mentira que unos días después todo cambiara tanto. Mi abuelo siempre ha sido muy fotogénico, y esa foto no fue una excepción. Está muy guapo y parece tan contento... que se me encoje el corazón. Siempre he pensado que ver fotos de personas fallecidas poco después es muy triste, pero no me imaginé que tanto. Me entraron ganas de llorar, y no sé si quiero conservar esa foto. Es algo tan raro...

19 septiembre 2008

Trabajo & Chocolate

No paro. Llevo unos días de curro que no es normal...

Estoy toda la mañana con el culo pegado a la silla y sin apartar la vista de la pantalla del ordenador. Tengo mil cosas pendientes y el ritmo de salida de marrones es muy inferior al de entrada, así que todo se me acumula en una montañita que va creciendo y va creciendo y ya mismo va a ser más alta que el pico más alto de la Cordillera Cantábrica, por poner un ejemplo ilustrativo.

En resumen: estoy saturada y cansada. Arrollada por el ritmo de trabajo. Encima con el Feng-Shui ocomoseescriba trastocado con el cambio de despacho, donde no fluye nada de energía positiva. Con lo mono que era el otro despachito...

Además y por si fuera poco, tengo un permanente antojo de chocolate desde que paso la tarjeta por el lector a primera hora hasta que cierro la puerta del despacho por la tarde. Y eso no puede ser, claro. ¿Por qué será que tengo esa irrefrenable apetencia de chocolate a todas horas (laborables)?

Así que puede que tenga mucho trabajo, pero me parece más liviano con una chocolatina en la boca. Me pregunto si lo podría pasar como gasto de empresa... Junto con la mensualidad del gimnasio, por supuesto.

18 septiembre 2008

ROJILLO

Para que Céfiro pueda dormir tranquilo, contaré la historia de la única mascota que he tenido.

Hace ya unos años, cuando vivía en el piso de estudiantes, mi chico de entonces me regaló (no recuerdo el motivo), un pececillo de esos típicos que se ven en cualquier acuario de tiendas de animales. Era un pez común. Como puede ser "un hámster" o "un gato". Se llamaba Rojillo por su color. Le puse ese nombre en un alarde de imaginación sin precedentes.

Rojillo vivía feliz en una pecera redonda con guijarros de colores para que no se aburriera. Cambiaba la pecera de sitio de vez en cuando para que viera mundo: la ponía en el escritorio, en la mesita de noche, lo sacaba al salón mientras veíamos El Tomate... Adoraba a Jorge Javier.

Todos los días le echaba su comida (una especie de confetti de colores) y le compraba su agua especial.

Rojillo era un poco guarrete y el agua había que cambiársela como poco dos veces al día. Entonces yo cerraba el desagüe del fregadero de la cocina, le ponía agua y lo pasaba de su pecera al fregadero, donde nadaba en su piscina de aluminio mientras yo limpiaba su pecera y le ponía agua limpia. Una vez lista su casa, cogía a Rojillo, lo echaba a su pecera y él era feliz otra vez.

Pero un día, Rojillo decidió volverse rebelde, y en el camino del fregadero a la pecera, en lugar de quedarse quietecito entre mis manos como siempre, le dio por moverse, pegó un brinco y sufrió toda la crueldad de la Ley de la Gravedad.

Que se cayó al suelo, vamos.

Sonó un golpe seco y desagradable. Mi amiga, que estaba en el salón, lo escuchó y vino corriendo. Yo lo cogí del suelo rápidamente y lo eché a la pecera otra vez, en plan aquí no ha pasado nada.

Pero un pez, atención, NO ES UN GATO. Ni cae de pie ni tiene siete vidas. Enseguida vimos que a Rojillo le pasaba algo. Sólo movía la aleta izquierda, así que en lugar de desplazarse graciosamente por la pecera, hacía círculos porque sólo se propulsaba por un lado.

Mi amiga y yo montamos un Gabinete de Crisis. No teníamos ni idea de medicina especializada en peces, pero lo que sí teníamos claro es que el golpe le tenía que doler, así que, para aliviarlo, le rayé un poco de aspirina y se la disolví en el agua.

Rojillo parecía feliz de nuevo. Los peces son duros y flexibles. ¡Vamos! ¿No resisten toneladas de agua por encima de ellos? ¿Acaso se ven afectados por la presión? ¿A que no? Bueno, le había quedado una secuela, y era su eterno movimiento circular, pero era tan enternecedor...

Tras este desagradable incidente, observamos que día a día Rojillo parecía perder vitalidad y no hacía círculos con la misma alegría. Nosotras sospechábamos que se había roto la columna vertebral, o la raspa vertebral, y por eso no podía mover su aletita, pero yo pensé que no pasaría nada: como mucho podia marearse de dar vueltas y ya está.

Pero un día (tres o cuatro después del trágico incidente), antes de clase, lo estábamos mirando, muy preocupadas. Algo no iba bien. De hecho, mi amiga decía que no se movía mucho, que estaba "como muerto", pero como era la hora de la siesta, preferí pensar que estaba durmiendo.

Cuando volvimos de clase, Rojillo flotaba en la pecera. Mi chico de entonces decidió, en un tono autoritarimente masculino, que "él se encargaba".

- ¿Lo harás de una forma digna, verdad? - le pregunté con ojos llorosos.
- Sí, ¡por supuesto! - me contestó, seguro y confiado.

Sospecho que lo tiró por el wáter.

No he vuelto a tener mascotas.


17 septiembre 2008

Muy segura, ¿y muy mujer?

Ahora que soy una conductora oficial (ejem), pues he resuelto arreglar el tema del seguro del coche.

Sí, me encanta la idea. No sólo tengo independencia para moverme por donde me dé la gana (y no sea dirección prohibida, claro), sino que seré una mujer independiente que se ocupa de sus asuntos y busca su propio seguro.

Me siento afortunada porque tengo un coche a mi disposición desde el mismo día que aprobé el carnet de conducir. Sé que no todo el mundo puede decir lo mismo, pero mi chico me ha legado su Opel Corsa para mi uso y destroce disfrute. Es un coche de segunda mano, con lo cual, si se diera el caso -que no se va a dar, sin contar con el episodio del espejo, que EN REALIDAD no fue culpa mía- de que le hiciera un rayajito, pues no pasaría nada; seguro que si tuviera un coche nuevo conduciría tensa, más preocupada del coche que de conducir bien...

Así me dispongo a buscar un seguro para el coche. Visito varias páginas web de aseguradoras y simultáneamente pido presupuestos para comparar. Alucino porque piden de todo: que si año de la primera matriculación, si lo he comprado hace menos de 60 días, que si marca, modelo, cilindrada, potencia, color, extras, además de mi nombre, DNI, fecha de expedición del permiso de conducir (¿?, pero si no lo tengo aún, pondré la fecha que viene en el papelito ese) y cosas así.

Ejecutando petición. Por favor, espere...

Vale.

Sorbo de Coca-Cola.

Procesando. Por favor, espere...

Jo, tardan una eternidad. Mientras, intento recordar de qué compañía era aquel anuncio que decía que si eras mujer (eso seguro) y tenías menos de 30 años (por poco), tendría un descuento. Pero en realidad es igual, porque creo que tengo abiertas todas las páginas de compañías aseguradoras de España y alrededores así que la que fuera la tengo delante y me hará un precio estupendo...

Ummmmm... ¡Ya está el primer presupuesto!

Qué raro, ha dado un error...

Bueno, pues al siguiente. Abro otra ventana y una muñeca señorita vestida de azul me comunica con una sonrisa falsa que lo siente mucho (¡ya, claro, y yo me lo creo!), pero que "no se encuentra disponible un seguro para las características del vehículo y/o perfil del conductor". Pero si tengo un perfil estupendo...

Sorprendida, veo que compañía tras compañía me dice lo mismo pero con distintos mensajes. Siempre es el mismo motivo, que si el coche y/o conductor, pero finalmente me doy cuenta que lo del coche lo ponen como excusa, pero que la realidad es que quieren decir: "¿Te crees que te vamos a asegurar, novata de mierda? ¡Tú estás loca!"

Como última alternativa pruebo en una compañía que me resulta bastante poco seria: un gusanito feliz me mira desde un MicroMachine y me dice que ellos me aseguran por el módico precio de unos 500 euros. Perico Delgado me sonríe satisfecho.

Luego, como requeteúltima alternativa, sin saber cómo, aterrizo en una página web que ofrece seguros para mujeres. No me fío de una compañía de la que jamás he oído hablar, y tampoco me gusta recurrir a un ClubSóloChicas, pero estoy bastante enfurruñada y al menos solicito un presupuesto para consolarme. Ellas me entienden. Ellas me ofrecerán un seguro a un precio razonable. ¡Ellas me piden 800 euros para el paquete básico!

¿¿ESTAMOS LOCOS O QUÉ??

Cierro todas las ventanas. Me rindo. Los novatos (¿o quizás las novatAs?) no tenemos derecho a estar asegurados sin invertir un riñón. Vamos, pero si yo tengo el mismo número de siniestros que mi chico: NINGUNO. Sólo porque él tiene unos pocos años de carnet, todo son ventajas. Yo soy una paria. No es justo. Todos hemos empezado alguna vez. Si no te lo ponen fácil al principio, ¿a dónde vamos a ir a parar? ¿Eh? ¿Eh? ¿ADÓNDE?

A llamar a mi chico para que busque un seguro para él que me ampare a mí. Snif. A la porra la independencia.

16 septiembre 2008

Lógica de Boole

De los más de doscientos correos que me llegan al día (después de irme a casa, se entiende), hay algunas perlas que tengo que leer dos veces para ver si realmente estoy leyendo lo que me ha parecido.

Llevo cosa de un mes funcionando al 100% en mi nuevo servicio, y en realidad todavía (pero cada vez menos) necesito un poco de tiempo para situarme cuando me llega algún tema que tenga que resolver.

Pero hay cosas que ni con un millón de días puedo asimilar...

El Lunes me llegó un correo de un interlocutor del grupo de trabajo, en teoría el que más capacidad de decisión tiene. Seguía el hilo de un debate por cómo realizar una tarea, que tiene sólo dos posibles soluciones mutuamente excluyentes. En resumen:

- O se hace al Estilo A.
- O se hace al Estilo B.

No hay término medio.

Es como un valor binario: o es un 0 o es un 1.

O como un valor lógico: o es verdadero o es falso.

Y claro, cada Estilo tiene sus pros y sus contras, y la lógica me dice que lo suyo es escoger lo que más pros tenga, a pesar de que haya contras.

Pues bien, el interlocutor me plantea en un extenso correo las ventajas e inconvenientes de cada Estilo, y me hace saber que ha hecho un exhaustivo sondeo a los integrantes del grupo de trabajo y unos están a favor del Estilo A y otros a favor del Estilo B. Lo que no es nada extraño, pienso para mí. Nunca llueve a gusto de todos, dice un refrán.

Y luego vino LA PREGUNTA: ¿nos puedes indicar una manera de hacerlo con la que estemos todos de acuerdo?

Ejem.

Releo el correo electrónico.

Y sí, efectivamente...

Me lo preguntan a mí.

Me piden el 0.5 de un sistema binario.

Me piden el verdalso de la lógica booleana.

Me piden... UNA GILIPOLLEZ.

Por tanto, respiro hondo tres veces, y tecleo frenética una respuesta donde indico que dado que no es posible un término medio entre los estilos, considero que la lógica debe imponerse y escoger el que más pros tenga y punto. Luego subrayo que me da exactamente igual cómo lo hagan siempre y cuando lo hagan bien, mientras pienso que me parece increíble que todos estemos perdiendo el tiempo en un debate tan absurdo en un tema tan poco trascendente...

Tras hacerle un seguimiento al asunto, por lo visto aún seguían debatiendo cómo hacerlo para que todos estuvieran contentos. Todos son un mínimo de 40 personas, haciendo un cálculo rápido... Debe ser que les sobra el tiempo para andar con sondeos y tal. En fin, que me cuenten cuando den con una solución 100% satisfactoria (y de paso que patenten el verdalso y le hagan la competencia a Boole).

15 septiembre 2008

Monday & MeMeS

¡MandaWebos! Me voy de vacaciones y entretanto, me mandan un meme... Y me entero de casualidad unos días después de mi vuelta. Pero es que no sólo eso: tengo preparado otro, a falta de uno...

Pues para empezar este Lunes, qué mejor que unos cuantos datillos sobre mí (es el primer meme, luego sigo con el otro)...
¿PELO? Castaño oscuro y rizado, casi siempre despeinado en una melena desfilada, osssea, jajajaja... Ahora mismo lo tengo en ese estado en el que necesito cambiar, pero no quiero cortármelo y el jodío no crece. Un desastre, en resumen.

¿OJOS? Dos. Ah, sí, el color: castaños, como mi pelo. Muy normalitos.

¿TU MEJOR RASGO? ¿Físico? Pues destacaría mis labios, supongo, por salvar algo dentro de lo insalvable...

¿ALTURA? Ufff... Creo que rondo los 1.64, siendo optimista o exagerada, según se mire. Pero hace millones de años que no me he medido.

¿LENTES? Pues sí, sin ellas no veo ná. Pero no me molestan nada, me dan un aire de intelectual, jajajaja... No puedo con las lentillas.

¿NÚMERO DE PIE? También dos, jajaja... No, en serio, a ver. Entre 39 y 40, depende del zapato.

¿EDAD? 29, en plena crisis de los 30 que se acercan peligrosísimamente.

¿PIERCINGS? Ni loca. ¿Por qué iba a autotaladrarme voluntariamente?

¿TATUAJES? Nada, nada, nada... Le tengo alergia a las agujas, que todo hay que decirlo, hombre. Y me vuelvo un poco agresiva si se mencionan o están cerca de mí. ¿Qué? ¿Pasa algo? ¿Ehhhhhhhhhhhhh?

¿FRASE FAVORITA? Ummmmm... No tengo ninguna frase favorita, van y vienen. Adopto alguna que otra cuando la escucho y me hace gracia, pero más que frase es alguna palabreja o expresión.

¿DIESTRA O ZURDA? Diestra.

¿UN DESEO? Pues ya es raro, pero ahora mismo ninguno... Así, en general, no sé... ¿Que me toque la lotería? Oh-My-God, estoy perdiendo la capacidad de pedir, esto ya es lo último...

¿ECHAS DE MENOS A ALGUIEN? Sí, rotundamente. A demasiada gente.

¿TU MAYOR VICIO? ¿El mayor? Joer, no sé... ¿Escribir en este blog? No sé, no creo que nada de lo que me gusta y hago habitualmente pueda calificarse como vicio.

¿ESTÁS ENAMORADA?: Sí.

¿CON CUÁNTA GENTE TE HAS LIADO?: Con poca, la verdad. Los líos de una noche no son para mí.

¿NOVI@ EN ESTOS MOMENTOS?: Sí.

¿AMOR A PRIMERA VISTA?: Nunca. No creo en el amor a primera vista, eso se llama atracción o calentón. El amor tiene que nacer poco a poco.

¿AMAR O QUE TE AMEN?: Lo más cómodo es ser amado, claro. Pero lo suyo es amar a una persona y que esa te ame, claro. Amor correspondido, lo llaman. Lo demás es un asco.

¿TE ROMPIERON EL CORAZÓN?: Sí, en trocitos muy pequeños. No lo pude reconstruir, y tuve que comprarme otro.

¿Y TÚ LO ROMPISTE?: Sí, y la verdad es que no fue fácil.

¿LOCURA MÁS GRANDE POR AMOR? Creo que nunca he hecho ninguna locura porque todo lo que he hecho me ha parecido totalmente lógico. Si se le pregunta a mi madre o a mis amigos, seguro que tienen alguna que otra historia, pero yo no estaría de acuerdo en calificarla de locura...

¿UNA CITA IDEAL?: Pues no sé, desde una cena en un buen restaurante, hasta una tarde en el parque de atracciones, o unas tapas y un cine, o un paseo por la playa... Lo importante es la compañía para que sea ideal.

¿UN LUGAR? Depende, como todo en esta vida. Ahora mismo mi sofá me parece estupendo.

¿ROMÁNTICA O ESPONTÁNEA? ¿Y desde cuándo son dos calificativos excluyentes? Se puede ser las dos cosas a la vez... Pero si hay que elegir: espontánea.

¿PELÍCULAS?: Hay de todo, pero sobre todo las romanticonas, en plan Love Actually y similares. Una buena comedia también me gusta (pero tiene que ser buena). Las de misterio también me gustan... Nada de terror, por favor.

¿BANDAS SONORAS?: Ni me entero de la música en las películas. Luego escucho la música y me parece fuera de contexto, sobre todo si son temas instrumentales. Así que la respuesta es: no, no me gustan.

¿CANCIÓN?: Varias. Por destacar alguna, IRIS, de Goo Goo Dolls.

¿DULCES?: Ummmmm... Pues sólo si me da un ataque. Me gusta la Nutella. Pero por lo general no me entusiasman demasiado.

¿DEPORTES?: Tumbing y zapping, jajajaja... Para practicar, me gusta el voleibol y el tenis, además de la natación. Para ver, la natación sincronizada y poquísimo más.

¿BEBIDA SIN ALCOHOL?: Agua. Coca-Cola. Zumo de naranja natural.

¿BEBIDA CON ALCOHOL?: Lambrusco rosado.

¿COMIDA FAVORITA?: Muuuuuchas de mi madre.

¿MARCA FAVORITA DE VESTIR?: H&M, Zara, Mango... lo típico, vamos. Estilo infomal, sobre todo aprovechando que sigo en la veintena, jajajaja... Para los zapatos soy un poco más pijis, lo reconozco.

¿MATERIA DE LA ESCUELA?: La Física, que al menos le encontraba el sentido.

¿ANIMALES?: No tengo, y no creo que me gustara, seguramente acabaría cansándome. Una vez tuve un pececillo que murió de forma trágica... pero eso es otra historia.

¿LIBROS?: A patadas. Chick-Lit sobre todo.

¿ALGUNA VEZ HAS...

...besado a un extraño? No.

...bebido alcohol? Sí.

...fumado? No.

...escapado de casa? Sí, pero yo era pequeña. De hecho, me he escapado varias veces...
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El segundo meme consiste en elegir un grupo (en mi caso The Cranberries, creo que es el único grupo del cual tengo toooooooooda su discografía), y contestar con títulos de sus canciones a estas preguntas (el meme es bastante chungo, ¿eh?):

¿Eres hombre o mujer? ZOMBIE, un Lunes por la mañana no se puede ser otra cosa...
Descríbete: PRETTY, momento modestia total, jejejeje...
¿Qué sienten las personas acerca de ti? GO YOUR OWN WAY
¿Cómo te sientes? RIDICULOUS THOUGHTS
¿Cómo describiría su anterior relación sentimental? I CAN'T BE WITH YOU
Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente: YOU AND ME
¿Dónde quisieras estar ahora? DREAMING MY DREAMS
¿Cómo eres respecto al amor? ANIMAL INSTINCT
¿Cómo es tu vida? LOUD AND CLEAR
¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo? SALVATION
Escribe una cita o frase famosa: I JUST SHOT JOHN LENNON, no es que sea una cita ni nada, pero al menos el chico este es famoso...
Ahora despídete: WILL YOU REMEMBER?

...y porque es Lunes y este meme es chungo, nomino a HACKETT4LIFE, que adora los memes, a ALBERTO, para ver por dónde me sale (música rarísima, seguro), y MARIAN, que nunca le mando deberes. ¡Pero si alguien más quiere hacerlo, yo encantada!

14 septiembre 2008

Una serie de catastróficas desdichas...

Jamás pensé que diría esto (de hecho, no lo pronunciaré en voz alta por si mi madre me oye), pero... Pero... Ejem... Jo, es que cuesta mucho, pero... Emmmmm... Vamos, allá va: ESTA CASA NECESITA UN HOMBRE.

Siguiendo con el gafe profundo que me caracteriza (cómo olvidar el episodio del coche estropeado), desde que mi niño se marchó por cuestiones laborales, misteriosamente diversas cosas han dejado de funcionar / se han roto y no he sido capaz de arreglarlas (a quien se le cuente no me cree, ni yo misma lo asimilo, vamos).
  • Desde que me arreglaron el coche, resulta que el (¿o es "la"?) radioCD o como se diga ha dejado de funcionar. Lo he conectado miles de veces, le he dado a todos los botones que tiene, lo he revisado por todas partes y no he dado con el problema. Coloco el frontal, le doy al contacto, la pantalla se ilumina como si hubiera tenido una idea y luego se queda muerta (después de hacerme la ilusión de que funciona al dar una leve señal de vida). Al quitar el contacto, suena el ruido característico, pero la radio no funciona. No he sido capaz de dilucidar qué coño le pasa.

  • El otro día, mientras me duchaba, la luz del baño dejó se apagó lentamente y me quedé sumida en la penumbra a medio enjabonar. En este caso el problema está claro, pero la solución no es tan fácil: no he podido sacar la bombilla fundida, que es una especie de minifluorescente que no es un fluorescente, no sé si me explico, y está metido a presión tras un protector agarrado y bien agarrado. Una modernidad que se me ocurrió poner hace tres años y que queda muy cuca, pero que es una pesadilla para quitar y lo he descubierto ahora. De hecho, aún no he podido cambiar la puta bombilla. Y sí, es la primera vez en tres años que se funde. Precisamente ahora.

  • El ordenador de sobremesa, o sea, SU ordenador de sobremesa, que en circunstancias normales está encendido perpetuamente, ahora que estoy sola ha decidido declararse en huelga. Lo enciendes, hace un intento de arrancar, y en la pantalla con el logotipo de Windows el sistema se queda congelado y no tira ni para atrás ni para adelante. He desatornillado la torre y me encuentro un manojo de cables que no me atrevo a tocar porque como no es mi ordenador, no sé cómo lo tiene puesto, y con mi buena suerte seguro que tiro del cable azul y explota toda la CPU. Así que el jodido ordenador tampoco funciona. Muy bien.

  • El portátil ahora no quiere reconocer el dispositivo Bluetooth que le he puesto de toda la vida. Es decir, y por si cabía duda: sólo ha dejado de funcionar cuando mi chico NO está. Me pasé un buen rato descargando los drivers, configurándolo, revisándolo, hablando con él, aplicando psicología inversa... De todo, vamos. Y no hubo narices a conectarlo. Al final desistí, claro. Creo que sólo atiende a órdenes masculinas.
No me puedo creer que todo esto esté pasando simultáneamente. Ummmmm... Es posible que el Universo quiera decirme algo, ¿verdad?

13 septiembre 2008

Toooooooodo me pasa a mí...

Pues si no quiere, la DGT que no me mande mi carnet. Total, no lo voy a utilizar nunca... Sí, eso mismo: no pienso coger un coche jamás-nunca-en-la-vida. Está decidido.

Ayer me decidí a ir a la city sola, porque me apetecía, porque me lo merecía, porque me sentía preparada y porque alguna vez tenía que ser la primera.

Craso error.

NUNCA tiene que ser la primera vez.

El viaje de ida fue bien. Lo hice temprano, para no pillar mucho tráfico. El tramo de autovía no estuvo mal, salvo que yo iba a la máxima velocidad permitida para una novata y el resto de los coches y camiones me adelantaban con una facilidad pasmosa, como si yo estuviera parada. El resto del camino (carretera convencional), bien. Entrar en la city bien también, y la atrevesé hasta llegar al centro y dejar el coche metido en el párking de El Corte Inglés.

Ni loca iba a bajar a la segunda planta del párking, porque está francamente mal la curva y la cuestecita para bajar a la otra planta, así que busqué hueco en la primera planta para no complicarme. Metí como pude el coche en una plaza libre (la única de esa planta): pequeña, minúscula, diferencial casi. Para colmo, un trolebús aparcado en la plaza de la derecha estaba metido atravesado y se comía parte de mi plaza. Pero bueno, no estuvo mal.

Después de una tarde de compras, volví a por el coche. El que estaba bien aparcado, el de la izquierda, se había ido, y en su puesto había otro coche, uno enorme, negro y nuevecito, que también había aparcado con la punta de la nariz y había encajonado aún más el culo de mi adorada Olivita.

Con el ticket del párking en la boca, empecé a maniobrar con cuidado. Conseguí, no sé ni cómo, sacar medio coche hacia atrás, pero ese medio coche liberado resulta que taponaba la entrada de coches al párking y me empezaron a pitar. Escuchar los pitidos y saber, tener la certeza de que eran por mí no me ayudó nada: me puse muy nerviosa y ya no fui capaz de pensar con la cabeza. Manejaba el volante y las marchas intentando salir, obsesionada con no rozar al coche de la izquierda...

...y se me olvidó fijarme en el de la derecha. Un CRASH me recordó que el maldito coche estaba ahí, quitándome sitio de la plaza. El sonido que me congeló las venas era el retrovisor exterior derecho rompiéndose.

Recuerdo el susto de ver lo que estaba haciendo y ya no sé cómo salí de ahí. Cuando conseguí subir la rampa del párking y vi la calle, me di cuenta de lo nerviosa que estaba. Me temblaban las manos y estaba a punto de llorar. Fui a una gran superficie para parar tranquilamente en una explanada y evaluar los daños (con un poco de suerte, lo habría soñado todo). Pero sí, el retrovisor estaba roto (al menos el espejo no, sólo el soporte), así que lo ajusté como pude y sólo deseé volver a casa.

Lo malo es que ya se me había hecho tarde y estaba histérica. Para volver por un camino "seguro" tenía que atravesar el centro de la city en hora punta. Vamos, lo más ideal en esos momentos. Para no contarlo. En varias ocasiones me dieron ganas de parar en medio de la calle, apagar el motor, tirar del freno de mano y dejar el coche y todo allí que yo me volvería en taxi...

Cuando aparqué el coche ya por fin en la puerta de mi edificio, salí temblando. Llamé a mi chico, quien ya se espera cualquier cosa cuando lo llamo...


Tenía que contárselo, claro: el 100% de las veces que he cogido el coche para ir a algún sitio que no fuera el trabajo he tenido algún percance (vale, sí, sólo ha sido una vez, pero sigue siendo el 100%, ¿no?). Me sentí estúpida y torpe, por mucho que intentara pensar que eso le puede pasar a cualquiera. Pero me pasa a mí. Toooooooodo me pasa a mí.

Snif...

12 septiembre 2008

Time for me!

La verdad es que esta semana está siendo agotadora. Lo suyo hubiera sido llegar de las vacaciones y empezar poco a poco a coger el ritmo, pero LA REALIDAD es que desde el Lunes a primera hora llevo sin parar, incluso conectándome desde casa, y no veo la luz al final del tunel. Más que nada porque sospecho que no la hay.

Cada vez me doy más cuenta de que hay miles de frentes abiertos. Ayer entré en el despacho de JdP a charlar un poco. Le dije que estaba saturada, que tenía miles de cosas en el tintero y que no sabía por dónde empezar. Quería saber si él, cuando estaba en mi puesto, se había sentido así. Me hubiera gustado que me dijera que al principio sí pero luego mejoró, pero no fue eso lo que escuché, claro. La vida no es fácil... Me sonrió y me dijo: "ay, niña, ¡qué esperabas!", y yo solté un suspiro. Me aconsejó que no intentara abarcarlo todo porque no es posible, y dijo que lo mejor era que me marcara metas y que trabajara en sólo una cosa en concreto porque si no me iba a ahogar. Pero con tantos problemas, no sé por dónde empezar.

No estaría de más empezar por salir a mi hora, que ayer volví a salir tarde (por cuarto día consecutivo). Creo que estaba mejor antes porque como sabía que había alguien esperando fuera para llevarme a casa, no me retrasaba; ahora, como me autobajo a casa en el coche, pues mira, al final acabo no cumpliendo mi hora de salida. Además, salgo cansada y enfadada conmigo misma porque no soy capaz de apagar el ordenador cuando debo.

Por eso ayer, para autocompensarme y autoperdonarme (dos estupendos conceptos/excusa), me dí un caprichillo en forma de masaje cráneo-facial que me sentó a las mil maravillas. Tumbada en la camilla de la esteticienne volví a darme cuenta de que no soy capaz de poner la mente en blanco (¿eso cómo se hará? ¿Pensando en una pared en blanco, por ejemplo? Ah, no, que no se puede pensar... ¡Pues vaya!), así que al menos intenté concentrarme en la música y en las manos de la chica sobre mi cara, evitando pensar en qué iba a hacer hoy en el trabajo...

...y esta tarde pienso salir pronto -a mi hora, vamos- e irme yo sola a la city en mi coche. Voy documentada, estoy resuelta porque puedo hacerlo y me voy a dar el gustazo de irme a pasar la tarde de tiendas (incluso puede que DE COMPRAS), sin prisas, sin aburrir a nadie, sin estar preocupada por nada. Ayer sobre la camilla lo ví claro (me refiero a que lo pensé, porque tenía los ojos cerrados): o empiezo a desconectar totalmente cuando salgo o el trabajo me va a comer la vida ahora que encima tengo más responsabilidad. No, no, no, no. Voy a pensar un poco en lo que realmente importa, que creo que se me olvida demasiado a menudo...

11 septiembre 2008

Mi tesoooooro...

Por fin lo tengo... (Esta es una foto provisional y malísima, que sustituiré por una buena foto correctamente enfocada en cuanto tenga mi cámara, pero es que no podía resistirme a compartir este gustazo.)


Mi adorado permiso de conducir... Lo he recogido de la autoescuela (porque he pasado por allí a pagar unas clases que me quedaban, claro, ni pensar que me hubiesen llamado para avisarme, por favor, seamos serios), y ya estoy más tranquila. No me gustaba nada ir por ahí indocumentada, me parecía ir provocando a la suerte (la mala, claro). Aunque según la fecha de expedición, algunos días he estado conduciendo ilegalmente; al menos han sido pocos gracias a que el coche estuvo una semana averiado... No, si al final lo tendré que agradecer y todo.

Ahora toca esperar el carnet definitivo, que menos mal que se ha modernizado y ya no es una cutre cartulina rosa, lo que me parecía increíble y muy poco cool. Me llegará por correo en una fecha indeterminada entre hoy y el 2063, porque la DGT es asín. Lo que no recuerdo es qué foto dí yo cuando arreglé los papeles y que imagino que serán la que utilicen para el carnet... Una en la que saldré horrenda, por supuesto. Pero no importará, porque quedará en un segundo plano eclipsada por el éxtasis y la felicidad de tener el ansiado carnet en mi poder, incluso legalmente.

Con lo que me ha costado...

10 septiembre 2008

Enchufes Públicos

De lo peor que te puede pasar metida en un autobús y con un viaje de varias horas a la vista es que la pantalla de tu iPod (o del MP3 de turno, vamos) se apague y aparezca el horrible-horrible-horrible mensaje: ¡Cargue la batería!

Normalmente, confío en que el icono me esté engañando. Bah, está en rojo, PERO la realidad es que todavía le quedan muuuuuchas canciones... Eso es lo que piensas cuando de repente los auriculares dejan de berrear y la cruda realidad está ahí: eres una INGENUA y te has quedado sin batería.

Pues ya me dirás dónde la cargas, encajonada en un autobús hasta los topes. Miras a derecha y a izquierda, rechazas la idea de que en un autobús que tiene radio y DVD no haya posibilidad de recargar tu aparatito. Te molesta que esté sonando la radio: ¡qué disparate, derrochar energía sintonizando la Cadena Dial! En tu ofuscamiento, ni siquiera recuerdas que el cargador está en la maleta...

Así que al final te dejas caer en tu asiento, enfurruñada, y guardas el iPod en el bolso, pensando en las dos mil canciones que tienes metidas (sin tener en cuenta los juegos recién pirateados adquiridos) que NO puedes escuchar en todo lo que te queda de viaje. Miras a tu alrededor y ves a otros que sí tienen sus auriculares puestos y parecen felices, así que te enfurruñas más y decides mirar por la ventanilla y viajar como antiguamente: sin depender de ningún chisme electrónico. ¿Cómo era posible semejante cosa?

El viaje (esa parte al menos) acaba. Saltas como una loca del autobus, recuperas tu maleta a trompicones y te vas directamente (previo atropello de insensatos que se cruzan en tu camino) a la sala de espera de la estación de autobuses. Menos mal que fuiste previsora y compraste los billetes por Internet... ¡Buena chica! Así tienes todavía 30 minutos hasta que salga el próximo autobús para lograr LA HAZAÑA.

Miras a derecha e izquierda, con ojos entrecerrados e inquisidores. El momento tiene hasta banda sonora. Casi te parece oir a Félix Rodríguez de la Fuente narrando el momento: "...la lince ibérica busca desesperadamente su presa..."

¡¡AHÍ ESTÁ!! Es el muy ansiado...

...ENCHUFE PÚBLICO.

Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...

Pues sí. Reivindico mis derechos. España merece una red de enchufes públicos que no estén escondidos, ni estropeados, ni tapados ni nada. Enchufes donde puedas cargar tu móvil, tu iPod, tu lo-que-sea, y que ningún empleado te mire mal porque le coges unos pocos vatios al ayuntamiento que corresponda. Enchufes visibles, accesibles, pensados para el público en general y no sólo para las máquinas de vending o de limpieza. Enchufes públicos que te permitan ver el icono de tu salvación a diez minutos de la salida de tu siguente autobús...


09 septiembre 2008

Bofetadas de Realidad

Pues sí, he vuelto.

Ya estoy otra vez aquí, en casa, a la batalla diaria. Hoy es mi segundo día de vuelta a la realidad, y ya estoy echa polvo. Menos de 48 horas me ha durado el "frescor" de las vacaciones... Ha sido como ponerse un jersey que huele a suavizante por la mañana y a la hora del desayuno enterrar la nariz para oler otra vez ese agradable aroma y descubrir que ya no está.

Las vacaciones han estado bien. Sorprendentemente no se me han hecho cortas, yo creo que es porque como siempre me pido días sueltos, nueve seguidos sin trabajar para mí han sido un mundo. He viajado, he aprovechado el tiempo, he estado con gente que me quiere / a la que quiero, he ido a sitios geniales... Admito que se han quedado cosas por hacer en el tintero, pero dadas las circunstancias, no me puedo quejar.

Ahora, estoy en casa. El piso sigue vacío y un poco triste, y no lo llevo mejor -aunque tener la cama para mí sola consuela un poco-. La situación sigue igual: él lejos, por trabajo, y yo aquí. Tenía la vaga esperanza de que después de estar tres días con él me lo tomara con más positivismo, pero no. De hecho, ha habido momentos en los que me he desesperado (aunque tengo excusa: las hormonas hablaban por mí), lo cual no me ha servido de nada porque sigo abriendo la puerta y él no está para recibirme...

En el trabajo, el hecho de haber decidido irme casi de un día para otro tiene consecuencias: que el trabajo me ha esperado. De nuevo albergaba la vaga esperanza de que los que se quedaban se pusieran un poco las pilas y no me dejaran los marrones a mí, pero de nuevo mi gozo en un pozo. Los problemas me los han ido amontonando muy ordenaditos a la espera de que llegara y los abordara. Así que llevo una media de un berrinche cada 40 minutos, aproximadamente.

Total: bofetadas de realidad.

Como nota mental: debo dejar de tener vagas esperanzas...
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P.D.: Pensaba hacer un post especial para el aniversario del blog, y publicarlo con fecha del 1 de Septiembre (sí, haciendo un poco de trampilla, pero dentro de unos meses nadie se iba a acordar y en el histórico quedaría muy mono). Pero me he dado cuenta de que mi inspiración todavía no ha vuelto de vacaciones y no se me ha ocurrido nada que me guste, así que lo dejo como tarea pendiente posiblemente inconclusa...