29 octubre 2008

Visita...

Sigo plof a cuenta del trabajo, me noto cansada y desganada. Y ahora, un poco nerviosa porque vienen mis suegros a pasar una semana con nosotros.

La idea en sí está bien, no me importa en absoluto. De hecho, me alegra mucho poder pasar tiempo con ellos, PERO... estoy agobiada. ¿Por qué? Pues no soy capaz de explicarlo bien, pero me sieto como si fuera a pasar un examen: cómo está el piso, cómo vivimos, cómo nos organizamos...

Y no es porque sean ellos los que van a venir, me pasa también incluso cuando tenemos visita de amigos que vienen a cenar o lo que sea. Y en mayor medida, me pasa cuando viene mi madre. No puedo dejar de pensar que allí donde miran hay un fallo, porque no vivimos en una "casa de madre". Un rincón sucio. Un armario desordenado. Una nevera poco sana o semivacía. Un caos alimentario. Una pila de ropa sin planchar... No me parece que viva aceptablemente según la opinión de los demás aunque yo viva a gusto, y claro que todo es mejorable, sobre todo si llegara antes a casa o cuando llegara me pusiera a hacer más cosas de las que hago. Pero NO lo hago.

Tengo la sensación de que todo es criticable -bueno, en realidad, no es una sensación-, y me agobia sentir que estoy a punto de pasar un examen para el que no he estudiado. Mi chico me ha repetido una y mil veces que eso no es así, pero me da igual lo que diga: yo lo veo así y no puedo evitarlo. No soy capaz de dejar de pensar en eso y me agobia mucho. Estoy tensa y malhumorada, aunque no exclusivamente por este tema pero no ayuda...

28 octubre 2008

Mi Primera Denuncia

El Sábado por la mañana, cosa así de las nueve, estaba en un estado de semi-conciencia en la cama, pendiente de escuchar cómo se cerraba la puerta de la calle. Ésa era la señal. Mi chico se había ido a trabajar y yo podía tomar prestada una de las propiedades de los gases: extenderme en la cama ocupando todo el espacio posible. Aaaaaaaaaaaaaah...

La expansión duró varios minutos. De repente escuché la puerta otra vez, y un cawentóloquesemenea o algo parecido que salía de la garganta de mi cabreado chico. Me replegué en mi misma y salté de la cama. En mi estado de semi-conciencia, ya imaginaba qué había pasado, más que nada porque no había dado tiempo de que pasara nada más: a su coche le habían hecho algo.

Exacto.

La única noche en toda su vida que no lo había metido en el garaje, se lo joden. Ya es mala suerte...

Pero no sólo atacaron SU coche, sino también a MI su-coche. De hecho, a todos los coches que habían osado aparcar en el lado izquierdo de nuestra calle, oh-pecado. A algunos josdeputa individuos debió de resultarle tremendamente divertido dedicarse a romper retrovisores, un fantástico plan de Viernes por la noche. ¡Eh! ¿Nos vamos al cine? No, mejor vamos a cargarnos unos coches, que es más barato.

Así que ahora tenemos los dos coches con los retrovisores obligatorios rotos; y uno de ellos es de los electrónicos, así que va a costar una pasta. Menos mal que el seguro de ese coche es a todo riesgo... Pero el otro hay que pagarlo. Estupendo.

Así que en lugar de remolonear el Sábado por la mañana, que era lo suyo, me vestí en un santiamén y me fui a poner mi primera denuncia (que no irá a ningún sitio, no me pareció que la Policía estuviera muy entusiasmada ni motivada a investigar qué había pasado), para luego ir llamando al seguro, al taller... Todo eso. A pesar de todo, fue instructivo, para cuando pase otra vez ya sabré hacerlo (en el supuesto de que no me atragante la rabia y sepa reaccionar, esta vez no sé por qué no estaba muy recocida).

Lo que más rabia me da de todo este asunto es que seguramente no les pase nada a los responsables de esto. Ahora mismo estarán tan tranquilos, mientras que los demás tenemos que pasar este disgusto sólo por su capricho...

27 octubre 2008

Cansada y algo angustiada...

Esta mañana, cuando buscaba las llaves del coche antes de irme a trabajar, se me ha instalado en la garganta un malestar familiar.

El Viernes dejé el trabajo una hora antes de que acabara mi jornada. Se me hizo un mundo pensar que todavía me quedaban 60 minutos allí. Sentí que si me quedaba unos segundo más, me echaría a llorar, o gritaría, o diría algo inapropiado a alguien o todo a la vez. Así que me fui a casa. Me metí en la ducha y bajo el chorro de agua muy caliente, lloré un poquito. Después de media hora larga en la ducha, me sentí bastante mejor. Desahogada. Me vestí, incluso me maquillé y aproveché la tarde, sin pensar en el trabajo.

El fin de semana ha intentado ser de desconexión total, pero no he podido. Alguna vez me sorprendí haciendo una lista mental de las cosas que tenía pendientes (miles), pero salvo esos pensamientos puntuales y una llamada al móvil del Domingo, intenté relajarme. Disfruté de mi tiempo y estuve tranquila.

Pero esta mañana, el nudo en la garganta que casi me ahoga el Viernes ha vuelto a aparecer. Me he arrastrado al trabajo y me he puesto a hacer las tareas de forma mecánica y desganada. Nerviosa. Preocupada. Triste.

Sigo pensando que todo esto me vine grande. Me desespera ver que estando aquí sólo me vienen problemas que no soy capaz de resolver. La lista de temas pendientes ya tiene 74 ítems, y el número va creciendo. Me veo desbordada. Me siento poco satisfecha con las soluciones que puedo dar. Me encuentro limitada en mi capacidad de decisión porque aún no he cogido un ritmo aceptable.

Por otro lado, he heredado un sistema de trabajo, con sus limitaciones, que después de dos meses intento paliar como puedo a la vez que me adapto. Pero mientras, el sistema (es decir, yo, que soy su responsable) recibe ataques que me fastidian muchísimo porque el que los lanza es precisamente quien me dejó ese sistema, JdP. Entiendo perfectamente que desde su posición actual, debe intentar hacer que mejore, pero no me gusta la forma que tiene de recriminar cómo se hacen las cosas, como si fuera nuevo en esto y ahora estuviera conociendo cómo funcionamos, desde cero. Por eso, el Viernes, antes de irme a casa, bastante irritada le espeté: ¿y si tan mal funciona todo, por qué no lo arreglaste cuando tú eras el responsable?

Desde luego, a él el cambio le vino como agua de Mayo.

A mí, como tifón tropical reconvertido en huracán.

Por supuesto, no ayuda nada que haya un poco de tensión en las relaciones con otro departamento, que yo esté recocida y no tenga NINGUNA gana de hacerme la simpática para recuperar la armonía interdepartamental. Me cansé de hacerme la tonta y ser la única que pone de su parte, para luego encima llevarme un hachazo. Consiguieron hartarme; por las buenas todo genial, pero por las malas, yo también tengo mala hostia. Mucha, de hecho.

Dentro de dos semanas me voy de vacaciones; hoy las he solicitado de forma oficial. Parece ser que las necesito más de lo que yo pensaba. De verdad espero venir con las pilas cargadas y sin mi nudo en la garganta...

26 octubre 2008

El melón de la discordia...

- Cariño, ¿por qué no me compras una colonia?

- ¡Vale! ¿Pero un perfume, eau de toilette...?

- No, un perfume no, algo más ligero para todos los días.

- Estupendo. ¿Te gustaría una muy fresquita, con olor a melón?

- ¿Con olor a melón? No me gusta. Prefiero... ¿Cómo se llama? No-se-qué Sport, un bote azul...

- Esa no me gusta. ¿Y qué tienes en contra del olorcillo a melón? ¡Si es delicioso!

- No me gusta.

- Vale, vale, no te gusta, lo capto.

Procuré tener MUY PRESENTE esa conversación. No le gusta el olor a melón. Así que me lo repetí varias veces delante de del stand de colonias masculinas de la perfumería. La verdad es que había un solo stand, y las colonias femeninas colonizaban todo el espacio que la vista podía alcanzar, estantes profusamente iluminados, coloristas... Demasiado, vamos.

En ese sentido lo tuve fácil: en cuestión de fragancias masculinas no había tanto para escoger, y era muy poco cromático, así que no me dejaría embaucar por colorines o el diseño de algún frasco (todos son tremendamente simples, jo).

Para animarme un poco, volví a probar la colonia con olor a meloncillo que me gusta tanto, por si acaso mi memoria pituitaria no era tan buena como creía. Me puse un poco en la mano y sí, era el mismo aroma que recordaba.

En fin, manos a la obra. Descarté varias fragancias para-muy-machos, probé la que me dijo él y me reafirmé en que no me gustaba nada, huí de botes de alcohol en estado puro y fui quedándome con unas cuantas, guiándome un poco por la publicidad que recordaba. ¿Mejor cuanto más cerca? ¿Busco a Jack? ¡Oh-My-God! ¡No me acordaba de más!

Bueno, pues al final, tenía a los dos finalistas. Torcí el morrillo y me puse a escogerlas a pito-pito (jejejeje... muy oportuno). Agarré a la ganadora, la envolvieron para regalo, pagué y se la llevé a mi chico -previa parada por una zapatería para comprarme algo, por supuesto-.

- Bueno, pues ya estoy aquí. Toma, a ver si te gusta.

- Ummmmmmmm... Esta no la he probado nunca, no me suena. A ver... ¡Me gusta mucho!

- ¿De verdad?

- Sí, me gusta mucho como huele.

- Y eso que no te gustaba el olor a melón...

¡JA!
(En lo de pito-pito hice trampa, evidentemente.)

25 octubre 2008

¿Y yo, qué leo? (X)

Hace bastante que acabé de leerme este libro, pero entre unas cosas y otras no lo he comentado as usual... Pero allá voy

Como siempre, lo primero, la información de la contraportada...
Por una vez en la vida, a Becky Bloomwood las cosas le van bien. Famosa por su afición a comprar sin límites, por fin ha conseguido el trabajo de sus sueños como asesora de compras en una tienda neoyorquina. Además, vive en un fabuloso apartamento en Manhattan con su novio Luke e incluso ha abierto una cuenta conjunta con él.

Pero, de repente, todo se acelera. Luke le pide que se case con él, y acto seguido, como movidas por un automatismo ancestral, entran en acción las... suegras. La madre de Becky quiere que la boda se celebre en el jardín de su casa de Surrey y que su hija lleve el mismo vestido de volantes que vistió ella. Por su parte, la de Luke está empeñada en organizar una fastuosa ceremonia en el Hotel Plaza de Nueva York.

Becky es consciente de que tiene que elegir entre una de las dos, pero ¿cómo tomar semejante decisión? Las semanas pasan hasta que, un buen día, se percata de que ha organizado dos bodas, una a cada lado del Atlántico.
La tercera entrega de las aventuras de Becky no defrauda. Se la ve venir. Con el "problemilla" que tiene con las compras, lo que le faltaba era organizar una boda, y sobre todo, la suya. Elegir un traje de novia, un sitio para la celebración, los regalos, las invitaciones... Y todo esto estando en Nueva York, donde las posibilidades son infinitas y su capacidad de decisión, escasa.

Además, las cosas se complican si se añade una madre emocionada porque se casa su única hija y una suegra que quiere la boda del siglo, ambas separadas por un gran oceano y no sólo físico...

Como es de esperar, la situación se complica porque Becky se deja embrujar por toda la parafernalia que rodea una boda y no es capaz de renunciar a nada ni de parar el cataclismo que se le viene encima. Vuelve a las andadas con su técnica: si no se ve, no existe. Como un avestruz. Esta chica no aprende.

La verdad es que no sé cómo me enfrentaría yo a la organización de una boda. Tampoco creo que fuera capaz de decidir qué quiero, porque seguro que cada opción me parecería atractiva a su manera. Supongo que también sería un peligro...

La historia vuelve a enganchar, como en las anteriores entregas. Te ríes mucho con las peripecias de Becky y su manera de esquivar los problemas, sólo que sus problemas son un boomerang y siempre vuelven. Al final, la chica tiene suerte y un novio/marido paciente que le sigue la corriente y menos mal... También lo recomiendo. Esta saga me tiene fascinada, y no deja de hacerme reir.

24 octubre 2008

Ex - Donut

YO: ¿Sí?


PCcHdP: Inner, ¿puedes enviar tú la petición esa que hay pendiente a Madrid?

YO: Ummmm... ¿Seguro que tengo que mandarla yo? Porque nunca he hecho una petición de ese tipo...

PCcHdP: ¡Ah, vale! No te preocupes. ¡Ya la mando yo!

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Un día más tarde de esa conversación, calificable de jovial, entro en mi despacho y me encuentro cuatro pares de ojos mirándome fijamente y algún que otro carraspeo.

- ¿Qué pasa?

- Nada, nada... Tú mira el correo...

Y lo miro. Y allí está. PCcHdP ha enviado un mensaje de correo electrónico, con importancia alta, dirigido a mi jefe con copia a su jefa y a tooooooodo el mundo de mi cabeza para arriba, diciendo que yo me había negado telefónicamente a hacer la famosa petición porque afirmé que no me correspondía. Rezumando zorrería, vamos.

Excuse me??

Mi sulfuramiento es inmediato una vez puedo digerir que se está refiriendo a la conversación fielmente transcrita más arriba. Ahora entiendo las miraditas y los carraspeos. Ellos sabían que me iba a poner frenética, me conocen como si me hubieran parido.

Con la carótida palpitante, me materializo en microdécimas de nanosegundo en el despacho de JdP, exudando indignación por todos los poros de mi cuerpo.

- ¿¿¿¿¿PERO TÚ HAS LEÍDO EL CORREO DE ESA (insértese así un batiburrillo de calificaciones poco agradables)?????

Me topo con su mirada sonriente y tranquila.

- Sí, lo estaba leyendo ahora tranquilamente...

- Imposible leerlo tranquilamente. Es increíble que permitas esas cosas.

- ¡Pero si no sé ni de qué va el asunto!

- ¿Ah, no? Pues yo te lo cuento ahora mismo...

Se lo cuento. Sigue sonriendo.

- ...así que espero que contestes de forma contundente, porque no pienso tolerar esa sarta de gilipolleces escritas a mala ostia. Porque va dirigido a tí, que si no, me iba a leer...

- Vale, vale. Pero no te sulfures y siéntate.

- ¿¿¿¿PERO CÓMO QUIERES QUE NO ME SULFURE????

Me siento, pero sigo murmurando por lo bajini como una loca. Sólo me faltaba balancearme adelante y atrás en el asiento para parecer de psiquiátrico, soy consciente de ello. Me centro en el sonido de sus dedos tecleando una respuesta, y yo mientras le azuzo porque sé que será blandito y dulce como un donut glaseado y eso no calmará mi sed de venganza. La carótida la tengo a punto de estallar. Pienso que si en ese momento la chica en cuestión entrara en el despacho se armaría buena. De hecho, mi imaginación vuela pensando en qué le diría y me tranquilizo un poco (pero sólo un poco).

- Bueno, te leo el correo, a ver qué te parece.

Me lo lee. Tuerzo un poco el morrillo pero me vale porque soy consciente del esfuerzo de mi jefe. Me levanto y me hago la remolona hasta que le veo pulsar la tecla de envío, no fuera que hubiera escrito esa respuesta para tranquilizarme y luego mandara otra distinta más blandurria. Soy muy mal pensada, sí, pero es que él tiene un talante demasiado conciliador...

Vuelvo a mi despacho. Los cuatro pares de ojos ahora me miran con curiosidad y yo finjo indiferencia.

- ¿Qué ha pasado?

- ¿Cómo? Ah, sí, eso... Pues nada, que JdP ya ha contestado...

- ¿Y?

- ¡Como si le hubiera dictado yo el correo! ¡Directo a la yugular! ¡Ja!

De donut glaseado a un misil teledirigido. ¿Habré creado un monstruo? Espero que sí...

P.D.: PCcHdP quiere decir "Posteriormente Conocida como Hija de Puta".

23 octubre 2008

Carta de la DGT

De: Pere Navarro Olivella, Director General de la DGT.
Para: The Driving Inner Girl, flamante pero ligeramente acojonada conductora.

Me complace remitirle su nuevo permiso de conducción en soporte plástico, que sustituye a todos los efectos al que pudiera tener anteriormente.

Ruego proceda a la destrucción del permiso anterior, para evitar posibles problemas.

Puede obtener más información en nuestra página web www.dgt.es.

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De: The Inner Girl, entusiasmada poseedora de un carnet de conducir de verdad.
Para: La DGT en general y Pere en particular.
A mí me complace mucho, MUCHÍSIMO más haber recibido el carnet, más cuco que esa absurda sábana rosa que mandaban antes, dónde va a parar. Aunque podían mejorar un poco el digitalizado de las fotos, que he salido horrible cuando mi foto era bastante aceptable y en su carnet parezco un espectro. ¿Lo hacen por algún motivo en particular?

Ni de coña voy a destruir el papelito que me mandaron antes, porque con la ilusión que me hizo y sobre todo lo que me costó conseguirlo, casi debería enmarcarlo. No se preocupen que lo guardaré en casita como recuerdo, pero olvídense de que lo rompa. Faltaba más.

Puede obtener más información de mis experiencias al volante en mi página web www.theunwrittenblog.com, yo también tengo una y más chachi que la suya, que es un poco aburrida, dicho sea de paso.

Reciban un cordial saludo de mi parte (ustedes no me lo mandaron pero se lo perdono dadas las felices circunstancias por las cuales se dirigen a mí).

22 octubre 2008

...como una raspa de pescado en la garganta...

Tengo una asignatura atravesada. Atravesadísima. Que me ahoga, vamos. Un horror, mi pesadilla particular.

Se llama Estadística (para abreviar, el nombre oficial es Métodos Estadísticos Aplicados a Bla Bla Bla Bla Bla ZzzzzZZZZZzzzz).

Pero no sé por qué se me ha atravesado de semejante manera.

Aunque al principio pueda sonar increíble, la realidad es que me gustan las Matemáticas. O al menos, me gustaban. Soy una mujer de Ciencias, siempre lo he dicho, y a mí me encantaba ponerme a hacer los deberes, tener un problema que consistiera en despejar la X y allí estaba la solución. Una sola y razonable solución. La velocidad de un cuerpo al caer. El punto exacto donde un proyectil haría impacto. El peso de un cuerpo en una barca. Todo lo físico tenía una base matemática. Me parecía lógico y maravilloso a la vez.

Luego las Matemáticas se fueron haciendo etéreas e intangibles y me dediqué a calcular derivadas, integrales, bases vectoriales y cosas así. Cosas poco prácticas, pero bueno, al fin y al cabo era un método mecanizado y no se me daba mal. Ya había cosas que no comprendía mucho, pero me seguía gustando.

Hasta que pareció la maldita Estadística.

Es una rama de las Matemáticas que no me gusta porque eso de "puede que sí, puede que no, tal vez sí, tal vez no" no ha ido nunca conmigo, en ningún ámbito de mi vida, así que imagino que será una proyección de lo que no me gusta, así, en general. Por eso, ya la asignatura no entraba con buen pie.

Y el profesor que la impartía / imparte / impartirá FOREVER & EVER era-es-y-será como el pisotón de un elefante en tu juanete (o similar).

Este hombrecillo es un señor relativamente joven, con cara de hombre tranquilo y compensivo.

MENTIRAAAAAAAAAAAAAAAA. Tranquilo puede que sí sea, pero compensivo...

Mi profesor tiene la extraña teoría de que todo aquel que se matricula de su asignatura no tiene otra cosa que hacer en esta vida más que dedicarle las 24 horas del día a su maravilloso libro escrito por él mismo, a hacer ejercicios de su fantástico material, a filosofar sobre su asignatura y a ver probabilidades en todos los aspectos de la vida. ¿Que tienes más asignaturas? A él le da igual. ¿Que trabajas en turno partido, sales a las tantas, no puedes asistir a sus clases? A él le da igual. Tu vida es su asignatura, olvídate del resto de cosas.

Si encima no le caes bien (como es mi caso), estás muerta.

Y como no te caiga bien, estás más muerta todavía.

Una vez más, otro año, vuelve la burra al trigo: me he matriculado. Otra vez. Ahora tendré que ir a verlo de nuevo, me mirará con desaprobación, le contaré que no puedo asistir a sus clases por mi trabajo, afirmará que le da igual, le pediré que me ayude y me asigne algún trabajo que pueda llevar adelante desde casa, me dirá que no, se lo pediré de nuevo, me repetirá que no es su problema, intentaré hacerle entrar en razón, se irritará un poco más, querré llorar y él se sentirá genial al ver que me tiene en sus manos.

Como siempre. Cada vez que pienso en ir a hablar con él, me pongo malísima.

La prueba de que ese hombre no quiere facilitarle la vida a nadie está ahí. A través de Internet puedes acceder a las asignaturas, previa matrícula y solicitud que en todas las asignaturas es automática MENOS EN LA SUYA, que necesitas una contraseña. ¿Por qué él es el único que hace eso? ¿Tiene miedo de que alguien de más tenga acceso a sus documentos? Uuuuuuuuuuuuuuu... Miedito.

Pero por mucho que raje, que diga y repita que no lo soporto, la cruel realidad es que mi aprobado pasa por él. Bueno, mi aprobado se chocará con él, más bien. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

21 octubre 2008

Una soleada mañana de Domingo...

El Domingo por la mañana mi chico me propuso salir a dar un paseo en bicicleta.

Yo pensé durante unos segundos en los aspectos técnicos de esa proposición. Veamos: estaba depilada así que podría ponerme las mallas cortas y tenía gomina así que podría controlar los rizos más o menos decentemente antes de salir a la calle. Por eso contesté: ¡Vale!

No se me ocurrió pararme en ínfimos detalles como que mi bici tenía las ruedas desinfladas y el manillar un poco torcido, pero para eso estaba el experto en ciclismo, así que yo fui a vestirme mientras él arreglaba las bicicletas.

Salimos a la calle. Al ver la soleada mañana, respiré aire puro y pensé que era una idea estupenda: una pareja compartiendo un bonito y saludable paseo en bicicleta por unas calles semidesiertas.

Dejando volar mi imaginación, pensé que si tuviéramos un lago cerca, la estampa sería perfecta. La viva imagen del romanticismo. Ejercicio saludable, tiempo libre compartido, preciosos paisajes...


Bueno, en este caso no iba a ser así porque no tenemos ningún lago cerca. Ni siquiera un prado verde. Ni un riachuelillo. En fin, daba igual. Lo importante era que allí estábamos, compartiendo ratos de sano ocio...

Esta segunda vez tampoco reparé en unos minúsculos detalles que pudieran estropear el ideal y romántico plan. Como por ejemplo:
Las mallas ciclistas con almohadilla son tremendamente incómodas porque es como llevar tres compresas de las antiguas (nada de finas y seguras) superpuestas. Un horror.

Hacía añísimos que no montaba en bicicleta. De hecho, creo que yo estaba en E.G.B. cuando iba montada en mi súper BH (no las paraba ningún bache), y desde entonces no me había subido a una bicicleta que no fuera las estáticas del gimnasio y no se puede decir que con asiduidad, precisamente.

El sillín de mi bicicleta, que conseguimos gracias a contratar el ADSL, resultó ser un bloque de cemento absolutamente torturador para mi poco acostumbrado culo, por lo que realmente era un suplicio seguir encima de él (y la almohadilla que me regaló mi chico para minimizar el efecto se nos había olvidado).

Para decirlo elegantemente, mi visitas al gimnasio no son demasiado frecuentes, por lo que no estoy en forma. En absoluto. Así que cuatro calles más allá, pensaba que el corazón se me iba a salir por la boca.
Así que, claro, con semejante panorama, el paseo romántico y saludable se redujo a: veinte minutos de pedaleo por cuatro o cinco calles, diez de ida y otros diez de vuelta, y terminó conmigo en la puerta de casa, jadeante, con las piernas temblando y manchadas de grasa. En un estado lamentable en general, vaya.

Mi chico me dio un beso (es un santo) y dijo que volvería más o menos en una hora, y se fué pedaleando alegremente, de un modo casi insultante, y yo subí como pude mi persona y la bicicleta hasta casa, me dejé caer en el sofá sin torturarme mucho sobre lo poco en forma que estoy y tecleé este post.

Bueno, explorar mi lado literario también es un buen plan para una soleada mañana de Domingo, ¿no?

20 octubre 2008

Madre puede más que una (misma).

Este fin de semana pasado, mi madre hizo la mudanza a su nuevo piso.

Unos días antes, la llamé para preguntarle si hacía falta que fuéramos a echar una mano. Ella me contestó que no hacía falta, porque había contratado una empresa cuyo lema era algo así como que la-que-pone-la-pasta-no-mueve-un-dedo, y en este caso, la pasta puesta era bastante así que mi madre no debería ni tener que parpadear.

De todas formas, unos días más tarde, el Viernes por la mañana, le volví a preguntar si quería que fuéramos a ayudar a algo. En fin: dos jóvenes dispuestos deberían ser un ofrecimiento atractivo, ¿no?

- Ah, hija, no hace falta. De la empresa vienen el Sábado por la mañana cinco hombres, y además, están aquí tus tíos y tu primo para lo que haga falta. De todas formas, no creo que hagamos mucho, porque luego tenemos una comida con unos amigos, por la tarde iremos al centro a comprar unas cosas que le hacen falta a tu tía y por la noche han dicho de ir al cine. El Domingo seguramente nos iremos a una casa de campo con otros amigos, para comer allí, haremos un arroz y carne a la barbacoa me imagino, y tiene pinta de que el plan se va a alargar, así que estaremos liados. Tú no te preocupes. ¿Qué vais a hacer vosotros?

Ummmmm... Pues nos quedaremos en casa, vegetando, y pensando que mi madre, que me dobla la edad, tiene más planes que nosotros y sobre todo, más energía. Hay que fastidiarse...

19 octubre 2008

Mi Primer Susto

Bueno, pues ya he tenido mi primer susto al volante. Fue el pasado Viernes, cuando a media tarde cogí el coche para ir a la city. Iba yo tan tranquilamente por la autovía, cuando divisé un camión por delante en mi carril. Como obviamente lo iba a alcanzar en breve, pues miré el retrovisor, puse el intermitente y fui a pasarme al carril de la izquierda para adelantar.

Entoces sonó un pitido y a mi izquierda se materializó lo que creo que era un todoterreno. En esas circunstancias, el sonido de un claxon suena terrible, no sólo porque sientes la cercanía de un coche el doble de grande que el tuyo, sino porque el efecto Doppler no ayuda nada...

Pensando que ése iba a ser mi primer castañazo, giré el volante todo lo rápido que pude a la derecha, sin acordarme de que a altas velocidades, un volantazo te desplaza más de lo que crees, y efectivamente: salí disparada hacia la derecha.

Cuando ví que no me estrellaba contra el todoterreno fantasma y que iba directa al arcén derecho, contravolanteé con algo más de mesura para volverme a mi carril, y las bandas rugosas de las líneas del suelo ayudaron a disminuir un poco la velocidad y un segundo después de mi intento de adelantamiento ya estaba otra vez bien situada en mi carril, pero con el corazón desbocado y las sienes latiéndome con fuerza.

Tuve que respirar unas cuantas veces para calmarme y seguí detrás del camión a 70 por hora hasta que recuperé confianza y pude seguir mi camino con normalidad.

Todavía no me explico qué pasó. Miré el retrovisor interior dos veces y el exterior izquierdo otras dos como siempre hago, pero no ví el todoterreno. Imagino que estaría en el ángulo muerto y que por la velocidad que llevara se quedó allí unos segundos... No lo sé. Imagino que fue eso porque la explicación de que se materializó de la nada no es muy realista (aunque encaja a la perfección con lo que pasó).

Lo que quedó patente y me preocupa es que aún no controlo el coche, más bien es el coche el que me controla a mí. Creo que aún no sé reaccionar correctamente, me da miedo pensar que llegado el caso mi cerebro no sea capaz de decirle a mi pierna derecha que cambie de pedal y frene mientras la izquierda maneja el embrague para conseguir la maniobra adecuada. No creo que yo fuera capaz de hacer lo que hizo mi chico el año pasado (hace ya un año, cómo pasa el tiempo, y qué ironía, por otro lado) con lo del caballo. Ahí sí que pensé que no lo contábamos. De hecho, no pude ni escribir sobre eso en este blog, me temblaban las manos cada vez que me sentaba a contar lo poco que me acuerdo de esos segundos...

No puedo evitar pensar eso, aunque lo mejor, ya lo sé, es no darle más vueltas, centrarme en que no pase nada nunca y darme tiempo para controlar el coche y aprender a conducir de verdad (y no a sacarme el carnet que fue lo que aprendí en la autoescuela). Pero ya tuve mi primer susto, y oye, de eso también se aprende, ¿verdad?

18 octubre 2008

Viernes de Cine

Ayer fuimos al cine. Cada vez ese plan es menos frecuente por varias razones. Una de ellas es que no tenemos tiempo ni ganas después de acabar a las tantas de trabajar; sólo de pensar en que después del cine hay que cojer un coche para volver a casa y me metería en la cama a la una de la mañana teniendo que trabajar al día siguiente me agota. Así que plan vetado de Lunes a Jueves. El Viernes ya es más aceptable, porque el Sábado no hay que madrugar (al menos, no todos). Otra razón son las pelis y series que tenemos en casa pendientes de ver, pero tiene menos peso que la anterior...

Tras tirarnos unos minutos delante de la cartelera descartando títulos, nos quedamos con QUEMAR DESPUÉS DE LEER. No sé dónde vi que tenía buena crítica (porque es una película de los hermanos Coen, al parecer ya está todo dicho con ese dato) y las pocas veces que me topé el tráiler por la tele, me fijé en Brad Pitt haciendo el idiota y sólo por eso merecía la pena. Así que mi chico, las palomitas, las Coca-Colas y yo entramos en la sala a ver qué tal.

La historia es un poco liosa: un agente de la CIA se despide porque le iban a relegar de sus funciones, y al quedarse en el paro, se pone a escribir sus memorias. De forma accidental, las memorias acaban en un CD tirado en un gimnasio, y los empleados que las encuentran, que no son muy listos precisamente, creen que es un secreto de estado y piensan en chantajear a su autor. Como no les sale bien el plan, acaban en la embajada rusa. Además, la mujer del ex-agente y su amante también están metidos en la historia, que se complica por momentos cuando la CIA les sigue la pista a todos por si de verdad hay algún secreto de estado en peligro...

Yo sólo le pondría un adjetivo a la historia: absurda. ¡Es una historia completamente absurda! No tiene ni pies ni cabeza, imposible seguirla con lógica, y ése es precisamente su encanto: de tan loca es imprevisible, y ni te imaginas qué va a pasar después.

Lo mejor es el papel de Brad Pitt (con menos neuronas de las básicas, yo creo que por intoxicación de Gatorade o algo así), el invento de George Clooney (inesperado, como casi todo en la película) y, sobre todo, las explicaciones de un agente de la CIA a su jefe de cómo va la investigación.

A mi chico le gustó mucho. A mí también, aunque no tanto, pero tengo que reconocer que es muy adecuada para echarse unas risas y alucinar con una historia absurda que resulta dar para mucho.

17 octubre 2008

Hot Up!

Un día laboral cualquiera, a media mañana. Nuestro despacho, que lo ocupamos cinco personas, está ligado climáticamente hablando al despacho de al lado, el de JdP.

Es un atraso, como siempre digo, pero hasta que no lo arreglen, la consola la tiene JdP en sus dominios. Así que es a él al que le pedimos que modifique la temperatura global de los despachos.

Y ese día laboral cualquiera, teníamos frío.

Así que cogí el teléfono, marqué la extensión de JdP y me contestó su jovial voz.

- Oye, tenemos un poquito de frío...

- ¿Sí? No te preocupes, ahora os pongo yo calentitas...

¿?

Creo que ni se escuchó a sí mismo...

16 octubre 2008

Y para el 2009...

Pues sí, como siempre, de un libro superventas, sale una película (o una serie). En el 2009 se estrenará CONFESSIONS OF A SHOPAHOLIC, que no sabemos qué traducción tendrá, pero lo lógico es que sea LOCA POR LAS COMPRAS.

Aquí está el tráiler...

Me parece que aquí van a aglutinar los dos primeros libros, al menos por las imágenes que he visto eso parece (aunque me ha parecido ver un par de escenas del tercer y cuarto libro). No me ha gustado demasiado la elección de la actriz, yo me imaginaba a Becky un poco distinta (y a Luke también), pero seguramente el disgusto me dure unos minutos: luego seguro que me quedo embobada viendo la película...

Espero no llevarme un chasco, las adaptaciones al cine nunca son fáciles, ¿verdad?

Y por cierto, buena idea lo del bloque de hielo. Mi escondite de mi TdE (Tarjeta de Emergencia) no es tan bueno, ummmmmmmm...

15 octubre 2008

TeleDiario Primera Edición

...la bajada del precio del petróleo hace que disminuya la inflación...

En nuestra hora de comer, a veces escuchamos las noticias, y otras veces sucumbimos a un Padre de Familia o algo así. Ayer, nos dió por escuchar las noticias, fíjate.

...las viviendas costaban casi un 5% menos a finales de Septiembre...

Nos apeteción cambiar al pequeño Stewie por Ana Blanco; son cosas que pasan a ciertas edades, por desgracia.

...un hombre ha muerto después de una explosión en su vivienda en Pozoblanco, Córdoba...

Así que teníamos el run-run de las noticias de fondo mientras poníamos la mesa y acababan de calentarse unas lentejas (sin una pimienta, por supuesto).

...arranca en Murcia el nuevo sistema informático que puede evitar casos como el de la niña MariLuz...

Así que como siempre, nos sentamos en el sofá, subimos la mesa y nos pusimos a comer, mientras Ana Blanco nos ofrecía la actualidad.

...la droga de diseño más consumida en España, no sólo daña el cerebro sino también el sistema inmunitario...

Y seguimos comiendo lentejas, con un ojo puesto en la tele y otro en el plato, por si se me había colado alguna pimienta, que todo puede ser.

...los conservadores ganan las elecciones en Canadá...

Yo apartaba las pimientillas de mi plato y mi chico comía tranquilamente porque su plato había sido convenientemente revisado. De todas formas, miraba de reojo su plato porque no me creía que no se me hubiera escapado ninguna.

...finalmente, el SIMO TCI no se celebrará este año, según han confirmado fuentes de IFEMA...

Ahí estaba. Mi chico con las manos tapándole la cara. Pues vaya. Había debido de morder la madre de todas las pimientas, seguramente oculta tras una legión de lentejas malintencionadas...

- Cariño, ¿has masticado una pimienta, verdad?

Negación con la cabeza.

- ¿Te has mordido?

Negación con la cabeza.

- ¿Entonces...?

(Mi imaginación no daba para más.)

Me contesta: ¿Has oído lo que han dicho en las noticias?

Me encojo de hombros: Sí... Que el SIMO de este año...

No veía la relación del IFEMA con las pimientas, la verdad.

Y entonces lo ví en sus ojillos: me estaba preparando una sorpresa y se le acababa de estropear, ahí, en directo. Ana Blanco acababa de fastidiarle su Plan Maestro.

Había conseguido de casualidad dos pases de profesionales y estaba planeando llevarme, porque sabía que me gustaba. Había tenido la suerte de conseguir esas invitaciones para ir un día tranquilamente, y encima, coincidía en que era la semana que nos vamos a coger de vacaciones...

Pero lo han suspendido. Jo.

De todas formas, era un detallazo añadido al hecho de que está organizando él solito un viaje y yo no tengo ni idea de nada... y no le puedo sonsacar, porque en realidad estoy encantada con la sorpresa (y eso que por norma general no suelen gustarme nada las sorpresas)

Mira que digo yo siempre que ver las noticias deprime un montón...

14 octubre 2008

Lecturas Anti-Crisis

Ahora con la crisis, la verdad es que deprime un poco ver las noticias. Estás tú comiendo tranquilamente y te da hasta cargo de conciencia mordisquear algo que no sea pan duro...

Para contrarrestar tanta preocupación por la crisis, decidí meterme entre pecho y espalda una dosis de frivolidad para desconectar un poco de tanta inflación, subida de las hipotecas, bajada del poder adquisitivo, etcétera. Así que cuando pasé por un kiosco me gasté la escandalosa cantidad de 1,70 euros en una revista, ¡oh, sacrilegio!

La revista en cuestión fue InStyle.

Y creo que sufrí una sobredosis de frivolidad extrema.

En la sección Correo Urgente, la mejor carta, atención-atención, que recibirá un bolso de Lacoste que al parecer se anunciaba en el número anterior, decía esto de los vaqueros: Me encanta esta prenda y vuestros consejos me han parecido muy oportunos para saber cómo combinarla según la actitud que queramos adoptar (clásica, rockera...) Gracias por vuestra ayuda. Como yo no busco consejos para combinar vaqueros porque nunca sé qué actitud quiero adoptar, nunca iré bien combinada ni ganaré un bolso Lacoste. Jo.

Luego, hay cartas de otras lectoras desesperadas por encontrar el maquillaje de Marta Sánchez (¿por qué?, pregunta más bien por su cirujano plástico, ¿no?), el anillo maxi que lleva Rihanna o el bolso con tachuelas de Ashlee Simpson. Me siento excluída en esta sección, porque no me interesa lo más mínimo qué bolso lleva esa chica que, entre otras cosas, no sé quién es (y además el bolso es horroroso, vamos).

Así que busqué otra sección donde me sintiera más integrada...

Más adelante me encontré con el Diario de Estilo, donde te dan unas ideas estupendas para, por ejemplo, mejorar tu estilo para ir a trabajar (otras veces es para pasear por el campo, para tomar un café con las amigas, o para mirar detenidamente una pared; una sección muy útil, sí).

Convencida de que me hace falta porque últimamente me pongo lo primero que pillo sin ton ni son, tomé buena nota de un par de modelitos que me gustaron y que resultaron ser bastante ponibles según las fotos...

MODELITO NÚMERO UNO:
Consiste en unas horquillas (15 euros), camisa H&M (15 euros), pantalón de Stella Forest (175 euros), reloj de Just Cavalli (210 euros), bolso de Caramelo (180 euros) y zapatos de Hazel (90 euros). Total: 685 euros. Aproximadamente, una mensualidad de mi hipoteca.

MODELITO NÚMERO DOS:
Este era un poco más serio que anterior, en plan jefa severa o algo así, e incluía unas gafas de Blinde (230 euros), pulsera de Massimo Dutti (20 euros), broche de Ev4 (59 euros), chaqueta de Nolita (ni ponen el precio), jersey de Trucco (40 euros), pantalón Levi's (125 euros), bolso Longchamp (750 euros) y botines de Salvador Sapena (212 euros). Total: 1436 euros sin contar la chaqueta. Para pagar el gasto de luz y gas de casa de todo el año, más o menos.

MODELITO NÚMERO TRES:
El siguiente look es más juvenil, y tiene sólo unos pendientes de Pedro Durán (no pone el precio pero no creo que los regalen), pulsera metálica de Massimo Dutti (12 euros), chaqueta de Hoss Intropia (260 euros), camiseta 2Ten (157 euros), falda de Henry Cottons (150 euros), bolso de Cortefiel (90 euros) y bailarinas de Pretty Ballerinas (132 euros). Total: 801 euros sin contar con los pendientes. La matrícula de la Universidad de un curso.

MODELITO NÚMERO CUATRO:
Todo un clásico para la lluvia, básico en este tiempo... Con pendientes de Joid'art (130 euros), un collar de Laga (45 euros), funda para iPod de Fornarina (54 euros), abrigo de Tribune (70 euros), jersey sin marca pero no creo que sea del Alcampo (45 euros), un pantalón Levi's (105 euros), un bolso de Francesco Biasia (580 euros) y unos botines Guess (185 euros). Total: 1214 euros. Con eso tendríamos para tener las vacaciones que nos merecemos...

Mmmmmmmmmm...

No conozco a la mitad de las marcas que se mencionan aquí...

El precio total de uno de esos modelitos es casi mi sueldo de un mes...

Empiezo a sospechar que no soy el público objetivo de esta revista, no sé por qué...

13 octubre 2008

Podría haberme quedado en la cama...

Cada vez que en el horizonte asoma un festivo local o autonómico que hay que cubrir en el trabajo, me presto voluntaria, pensando que es una idea fantástica. ¿Y por qué creo eso? Por dos razones y media...

La primera es que pagan algo más (aunque no mucho, pero algo es algo) por trabajar exactamente igual que otro día, y en ocasiones incluso menos.

La segunda es que luego me puedo pedir el día que yo quiero o necesito, y no el que dice el calendario.

La media (que es media porque a veces pasa pero a veces no) es que los jefes no suelen dar mucho el tostón.

Así que apoyada en mis dos razones y media, me pedí trabajar este festivo, toda convencida.

Pero llegado el día me he dado cuenta que no era una idea tan fantástica. Ya lo sospeché ayer (viendo que era la única pringada que trabajaba hoy), pero hoy esa sospecha se ha visto confirmada según avanzaba el día...
...cuando ha sonado el despertador cruelmente a las ocho de la mañana y yo era la única que se tenía que levantar para ir a trabajar en un día de ffffiefta (lo siento, no he podido evitarlo, es culpa del anuncio de Ausonia).

...cuando he asomado un piececillo desnudo a la frialdad del mundo y he tenido que abandonar el calorcillo de la cama con todo el dolor de mi corazón.

...cuando he ido a tientas y me he vestido a oscuras para no despertar a mi niño que estaba plácidamente dormidito a mi lado y así se iba a quedar.

...cuando me he asomado a la calle mientras desayunaba y parecía que yo era el único ser vivo sobre la faz de la Tierra.

...cuando le he dado un besito a mi niño que estaba felizmente dormidito y allí se quedaba mientras yo me iba (lo repito porque creo que ha sido lo que más me ha fastidiado con diferencia).

...cuando ha sido evidente que yo era la única persona que trabajaba en cinco kilómetros a la redonda porque no me he cruzado a NADIE (ni un triste pajarillo) en mi trayecto al trabajo.

...cuando he llegado a la oficina y me he encontrado dos caras desganadas que claramente reflejaban que habían pensado lo mismo que yo unas quince veces.
A ver si para la próxima no soy tan bocazas y me quedo en casita, disfrutando de un día festivo... Aunque supongo que volvería a caer, sólo por el placer de pedirse después un Lunes en el que tooooooooooodo el mundo trabaje y sea yo la que se quede en la cama remoloneando... Mi venganza será terrible...

12 octubre 2008

Vanilla Ice

Jo, me muero por un frapucchino de vainilla con nata montada del StarBucks. Cuando entré por primera vez en uno, me dije: ¿qué hago yo en la macromultinacional americana del café, si no me gusta? Pues descubrir un nuevo placer que se guarda en vaso de papel, está frío y sabe a vainilla... Ummmmm...

Me encanta saborearlo en el StarBucks de Callao, en los sillones de arriba, escuchando conversaciones cruzadas, oliendo a café (que me encanta, aunque no el sabor), viendo por el ventanal a toda la gente que pasa por la plaza, el tráfico, las carteleras del cine, el bullicio, las luces de los semáforos... Y yo tranquila, sin prisa, disfrutando del momento, del olor, del sabor, de las vistas. No sé cuándo podré tomarme otro. Lo echo de menos.

10 octubre 2008

Una tarde...

Todos los Viernes por la tarde me prometo lo mismo: aprovechando que salgo pronto del trabajo (vamos, a mi hora) y que es la única tarde a la semana en la que estoy en casa, después de comer, mientras me puedo permitir el lujo de quedarme en el sofá tranquilamente, pienso en toooooooodo lo que voy a hacer por la tarde...

Fregaré los platos... Iré a comprar... Pondré una lavadora... Ordenaré el dormitorio... Haré un bizcocho... Plancharé algo de ropa... ZZZZZzzzzZZZZZzzzz...

Oh-Oh.

Once again me he quedado totalmente sopy en el sofá. La verdad es que he acabado agotada de esta semana, sigo teniendo el nudo en el estómago aunque me tira algo menos. Lo que tengo es sueño, estoy cansada, tengo la espalda tan tensa que se podrían partir nueces en ella que ni me enteraría, y, siendo sincera: no me apetece otra cosa más que vegetar en el sofá. Nada de housewifing (la palabra marujeo no me gusta nada).

Me levanto del sofá un pelín avergonzada -pero sólo un poco- porque aunque no apetezca las cosas hay que hacerlas (me parece oir a mi madre dentro de mi cabeza decir eso con el ceño fruncido y cara de reproche) y me pongo a ordenar al buen tun-tún para calmar mi conciencia (y a mi madre).

Y de repente veo el montoncito de libros que mi chico me trajo de su destierro laboral. Se me empañan un poco los ojos. Me doy cuenta de que estaré hecha una piltrafilla, cansada, de mal humor, no ordenaré nada, perderé el tiempo en el sofá y todo eso, pero él, antes y ahora y espero que siempre, piensa siempre en mí, rebusca en los montoncitos de libros que intuyen que me gustan y me los trae para que pase tardes como ésta, vencida en el sofá pero disfrutando de un libro que me guste y me ayude a desconectar...

Se merece que le haga una tarta, ¿a que sí?

09 octubre 2008

Demasiado Grande

Estoy un poco depre.

Llevo varios días así. En principio lo achaqué al cambio del tiempo, no sé, parece que el Otoño ha entrado definitivamente (aunque Google ya lo dijo), y muchas personas se ven afectadas por aquello de los biorritmos y esas cosas. No sé si tendrá que ver, yo nunca he sentido ese cambio, pero siempre puede haber una primera vez. ¿Será esta?

Me empecé a notar el bajón el Lunes. Me levanté deliberadamente tarde, ignorando por completo tres veces el despertador, me duché rápidamente y me puse lo primero que encontré en el montón de ropa que ahora tengo como armario. Todo sin ganas, con el piloto automático. Me fui a trabajar arrastrando los pies -bueno, eso no es una novedad-, y desde que encendí el ordenador me acompañó un pellizquito en el estómago. Conecté el OutLook y se empezaron a descargar los mensajes de correo electrónico, y cada uno de ellos era o un problema o una dificultad o una metedura de pata que tenía que solventar o superar o arreglar. Me sentí psicológicamente agotada diez minutos después de empezar siquiera a trabajar realmente. Después de eso, todo fue un cúmulo de circunstancias adversas.

No fui capaz de concentrarme porque parecía que había cuarenta personas generando problemas y sólo una (yo) intentando solucionarlos. No me veía con fuerzas, porque además, todas las acciones que pretendía poner en marcha eran criticadas sin que nadie hiciera un esfuerzo por hacer una simple apreciación constructiva o plantear una alternativa menos mala a la que daba yo.

Toda la semana está siendo igual...

Por eso he empezado a pensar que quizá no sirvo para esto y que el puesto me viene grande. Enorme. Como una talla XXXL o así. Me siento absolutamente abrumada y no entiendo cómo JdP podía parecer tan feliz, relajado y despreocupado en mi puesto. Es imposible. Sabía que no iba a ser fácil, pero es que ha resultado ser complejo y agotador. Por ahora intento desconectar cuando salgo de aquí, pero no creo que pueda hacerlo mucho más tiempo: yo es que soy así. En lugar de mejorar, voy a peor. A veces noto como las lágrimas suben de repente, parpadeo con rabia y se esconden otra vez, pero están ahí, y en el momento menos pensado, ¡zas! Suben otra vez. Encima tengo que luchar contra eso...

No sé si es que debiera darme un poco más de tiempo, quizá es que no estoy acostumbrada a este ritmo y puede que más adelante todo me resbale (aunque lo dudo, la verdad). No le he dicho nada a mi jefe. No creo que deba hacerlo todavía, pero la realidad es que estoy bastante chof y cada día el pellizco en el estómago se acentúa un poco más y empiezo a sentirme mal físicamente...

08 octubre 2008

La Suerte

En mi empresa trabaja un chico al que le tocaron 15 millones de las antiguas pesetas en una BonoLoto o algo similar, no sé muy bien en qué pero sí que ganó ese dinero, y no hace mucho.

Ese mismo chico ganó después un televisor de plasma en otro sorteo.

Y sí, él también fue agraciado en un concurso de radio y se llevó un cheque-regalo de no sé cuántos euros (no muchos, pero ya se llevó más que los demás).

Si ese chico te manda un correo electrónico diciendo que tiene un pálpito con un número para el Sorteo de Navidad, y que si queremos participaciones o directamente un décimo completo, ¿qué se le puede contestar?

...

...

...

...

...

Sí, ya tengo un décimo para la Lotería de Navidad. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Ah, sí, pasárselo por la chepa al chico en cuestión por si acaso, claro. Esta vez pillo un pellizquito, seguro.

Querido Universo: así me gusta, que me mandes las señales claras y concisas.

06 octubre 2008

Oooops, I did it again!

Lo he vuelto a hacer.

No tengo remedio.

Es cobrar la nómina y entrarme la locura consumista (bueno, más bien, el verbo correcto sería "incrementarse"). Así que, como soy pasto de esa esencia materialista y encima, no tengo fuerza de voluntad, a principios de mes mi cuenta bancaria se ve ligeramente mermada a la par que mi armario guarda más ropita nueva...

(Y más bolsos, y más complementos...)

El Sábado llevé a mi chico al trabajo -oooooooooh, cuánto me apetecía poder decir eso-, para ver la tienda (que aún no la había visto: muy bonita, muy mona, llena de cachivaches y de aburrimiento). Así que ví la tienda, le dí un besito y allí le dejé, ganándose el sueldo mientras yo lapidaba el mío cuatro tiendas más allá.

Volví un par de horas más tarde, sólo con dos bolsitas (en realidad, eran cuatro, pero varios metros antes de la tienda metí dos de ellas hechas un higo en las otras, no sé por qué, creo que es instinto de supervivencia).

Con ese entusiasmo fruto del subidón de adrenalina que tenemos las chicas después de agenciarnos un par de modelitos nuevos, me puse a hacer un minipase privado en la misma tienda...

- ¿Qué, te gusta esta camiseta?

- ¡Sí! ¿Cuánto te ha costado?

A la porra el subidón de adrenalina. Jo.

P.D.: Esa pregunta, como la de ¿cuántos años tienes?, nunca, JAMÁS, debe hacerse a una chica. ¿Es que NADIE les enseña eso, eh?

05 octubre 2008

It's not usual...

Sí, a veces me descubro haciendo cosas altamente impropias de mí misma.

A veces, de repente, pienso: ¿cómo es que estoy haciendo algo así?

Y no es que sea malo, es simplemente... inusual.

Tampoco son grandes cosas, más bien son detalles cotidianos para otros, pero poco habituales en mí. Por lo menos, hasta ahora.

Son esas cosas que te hacen pensar... No estás acostumbrada a verte a ti misma hacerlas, sí, las estás haciendo, por primera vez, y no porque te hayas visto obligada, sino porque te apetece, así, sin más.

Sí, yo, una vaga redomada, me descubrí quitando una a una las pimientas de unas lentejas (una olla entera) porque a mi niño no le gusta encontrárselas en el plato. Estuve un buen rato buscando bolitas negras entre las lentejas, y ya que estaba, quité todo lo que no le gustaba, hasta que dejé totalmente "descontaminadas" las lentejas. No fue porque me lo pidiera, sino porque quise.

Sí, yo, la que pierde un brazo antes de levantarse del sofá un Domingo por la tarde, me empeñé en meterme en la cocina a preparar, por primera vez en mi vida, unos frisuelos para merendar, porque obviamente me volví majara de repente se lo propuse a mi niño y le encantó la idea. Con una receta un poco patatera y mi nula habilidad culinaria, me pringué de harina y por extensión toda la cocina hasta hacer un plato de frisuelos calentitos y azucarados. También porque quise, no porque me lo pidiera.

Supongo que eso es amor, ¿no? Quizá una manifestación poco poética, pero a veces, más cargada de significado que las típicas muestras en las que todos pensamos cuando hablamos de querer a alguien...

04 octubre 2008

¡Tierra, trágame!

Mi chico y yo tenemos una broma que es un tanto difícil de describir en palabras. No sé cómo empezó, pero el caso es que cuando hablábamos por teléfono y yo tenía prisa y teníamos que colgar antes de lo previsto, me despedía con un: "¡Hala! ¡Clock, clock, clock!".

El clock es en realidad un sonido gutural como el que emplean los pastores para llamar al ganado. Vamos, un cloqueo de cabreros. Lo sé, muy-muy-muy-pero-que-muy poco glamouroso, cierto, pero en mi defensa tengo que decir que en vivo y en directo tiene hasta su gracia. Que levante la mano quien no hace nunca tonterías así.

El caso es que la broma luego se expandió a cada vez que nos mandábamos hacer algo, como por ejemplo:

- ¡Hala, a fregar los platos! ¡Clock, clock, clock!

O:

- ¡Venga, a bajar la basura! ¡Clock, clock, clock!

O:

- ¡Vamos, hay que recoger la cocina! ¡Clock, clock, clock!

...acompañado, por supuesto, de un suave y cariñoso manotazo en el culo para darle más énfasis a la cosa.

Vale.

Concepto introducido...

Pues estaba yo el otro día en el trabajo, tecleando frenéticamente para acabar mis tareas antes de que vinieran unos mega-súper-jefazos, cuando me acordé de una cosa. Cojo el teléfono, marco dos números y contesta mi adorado jefecillo, JdP, desde su otro despacho. Y voy y le digo:

- Oye, ¿has publicado el comunicado que nos mandaron la semana pasada?

Le oigo dudar, suena un mmmmmmmmmm pensativo y al final contesta lo que yo sospechaba.

- Pues no...

Ya me lo esperaba. Cómo no. Este chico sigue siendo un despiste con corbata (aunque ahora tenga la estupenda excusa de que se ahoga en trabajo pero en realidad no es para tanto).

- ¿Y no crees, vamos, digo yo... que debieras publicarlo?

Esta vez la respuesta es fácil e inmediata: POR SUPUESTO, porque los mega-súper-jefazos siempre nos están diciendo que todos los comunicados deben llegar a todos los trabajadores y si se enteran de que no es así te saltan a la yugular (ventajas de cuatro años conociéndolos). Así que como oigo un asentimiento al otro lado de la línea (y simultáneamente a cuatro metros de mí), voy Y LE SALTO:

- ¡Hala! ¡Clock, clock, clock!

A mi jefe.

A mi superior jerárquico le he hablado como si yo fuera un cabrero (y él una cabra, por extensión, cuando en realidad está claro que la cabra loca soy yo).

Soy un desastre, jo.

Menos mal que es muy despistado y no me oyó. Espero.

03 octubre 2008

Las Chicas SOMOS Blogueras

PIMKIE ha decidido compartir con el mundo en general una idea estupendérrima que consiste en aglomerar en un portal blogs de chicas.

Chick-Lit Blogs.

Me mola el término (es como muy yo, osssea).

La página web es www.laschicassonblogueras.com y ahí se pueden ver, ordenaditos, un montón de blogs de chicas con actualizaciones recientes y un poquito de post para engancharte...

Me parece una idea genial porque así es fácil encontrar blogs de chicas que cuentan sus cosas, como yo hago, y bueno, ese tipo de blog me gusta mucho, así que espero hacer algún descubrimiento...

¿Qué, lo visitáis?

02 octubre 2008

Guardia Civil, ¿dígame?

En la HORA TRES (no, no es un programa de radio) del atasco que me tuvo cuatro horas parada in the middle of the nowhere, se me ocurrió llamar, fíjate qué cosas, al 062, para que me informaran de si pensaban hacer algo, en fin, no sé, ¿para que las personas que estábamos atrapadas en la carretera saliéramos de allí?

062

Está llamando a la Guardia Civil.

Bien, gracias, vamos por buen camino.

Si su consulta está relacionada con Tráfico, pulse 1.

Bueno, más bien era por la "ausencia de tráfico", porque, en fin, hay que decirlo: llevábamos tres horas parados, teníamos la inundación tres coches por delante, era de noche, llovía, no se veía ninguna luz de la Guardia Civil (de hecho, no se veía NADA), no habíamos visto ningún vehículo oficial acercarse por allí, teníamos hambre, empezaba a hacer frío, no sabíamos si esa situación se alargaría hasta la noche, era probable que nadie pudiera venir a buscarnos... En fin, que yo ya estaba un poco de los nervios, por decirlo de una manera suave y educada; supongo que era algo comprensible. Pulso 1.

- Tráfico, ¿dígame?

- Sí, ¿oiga? Mire, estamos aquí en la autovía, y la han cortado...

- Sí, ya lo sé.

- Claro, me imagino que lo sabe, por supuesto. El caso es que me preguntaba si podían informarme sobre lo que piensan hacer, y sobre todo, cuándo.

- Señorita, ESTAMOS haciendo algo.

- Estupendo. ¿Y el qué, exactamente?

- Limpiando la inundación, claro.

- Perfecto. ¿Y no van a abrir una mediana para que podamos pasar o algo mientras limpian? Porque llevamos aquí ya tres horas y es que no vemos movimiento de ninguna clase...

- Oiga, no podemos abrir el otro lado porque EL OTRO LADO está igual.

- ¿Cómo igual?

- Cortado.

- Ummmm... Perdone que le contradiga, pero no puede ser porque llevamos viendo pasar coches y camiones continuamente por el otro sentido de la autovía...

- Será por una vía de servicio.

- Er... No. Estamos en el carril de la izquierda, tenemos una mediana a la izquierda, y lo siguiente es la autovía y resulta que es por ahí por donde están pasando los camiones y los coches ininterrumpidamente...

- Usted lo que estará viendo son vehículos ocasionales...

- ¿Ocasionales?

- ...

- Mire, de verdad, le prometo que por la autovía están pasando vehículos en sentido contrario.

- Pues a lo mejor es que en donde están ustedes está abierta, pero donde está la inundación está cortado...

- Disculpe, pero es que está cortada la autovía tres coches por delante de nosotros, y el sentido contrario no está cortado porque vemos pasar coches y camiones y...

- Bueno, que lo que estamos haciendo es limpiar la autovía. Y se acabó.

- Vale, vale... Gracias por la información. ¿Y no sabrá usted el tiempo estimado hasta que...?

Tuuuu. Tuuuu. Tuuuu.

Jo.

01 octubre 2008

¿Votos a favor?

A finales del mes pasado (pero vamos, a todos los efectos era Septiembre cuando le eché la zarpa al dinero fresquito), se cobró la nómina de Agosto y comprobé con disgusto que no había percibido la subida que me prometieron por el "ascenso" llevado a cabo ese mes. Lo reclamé por si me lo iban a pagar a mes vencido, como suplencias o algo similar, pero al final resultó que con tantas vacaciones en Agosto (las mías no eran, claro), a alguien se le olvidó decir o a alguien se le olvidó meter en el programa la subida; así que me quedé igual que estaba.

Así que ahora he cobrado la nómina de Septiembre con mi subida y además ese extra que me debían (aunque por los cálculos que he hecho, parece que todavía me falta un pellizquito, lo tendré que mirar con calma más adelante). De todas formas, para que no se me suba a la cabeza, este mes me he hecho mi composición de lugar y me he adaptado al mismo presupuesto "reducido" de siempre para aprovechar la subida para ahorrar algo. Soy una santa, está claro.

Peeeeeeeeeeero... Ahora tengo un pellizquito de más, me lo grita el extracto del banco...

...que ha despertado un caprichín, claro.

No he podido evitarlo...

Y es que llevo tiempo queriendo una cámara digital nueva (ya se me pasó la perra del móvil, bueno, mentira, estoy esperando un lanzamiento del modelo que me gusta en España, pero eso no cuenta). Mi actual cámara de fotos está impecabilísima (soy así de cuidada para mis chismes electrónicos, qué le voy a hacer), pero es demasiado voluminosa y algo pesada para mi gusto. Así que le he echado el ojo a algunas más delgadas -aunque no mucho más ligeras, pero al menos ocupan menos espacio-, y sobre todo: ROSAS. ¡Son taaaaaan cucas! Que me tienen boba.

Ahora la verdad es que las cámaras no son muy caras, pero como llevo meses inmersa en una ligera crisis (el carnet no me ha ayudado nada, que es la manera fina de decir que tiene la culpa), pues me he cortado bastante de comprarme cosas así, sobre todo cuando YA tengo una cámara que está estupenda. Pero ahora que me ha llegado este empujoncillo (y no tengo el peso de la autoescuela), pues me vuelve a picar.

¿Me la compro?

¿No me la compro?

La otra cámara la puedo vender en eBay, no voy a sacar mucho pero algo es algo, ¿no?

¿Me la compro?

¿No me la compro?

Esta vida es para concederse caprichillos, digo yo, y si ahora puedo, debería aprovecharme, ¿no?

¿Me la compro?

¿No me la compro?

Qué dilema, oyes... Y esta vez el Universo no me manda señales. Cachis...

 
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