Ya que pasábamos cerca en nuestra ruta por el Norte, después de
una estupenda comida, hicimos una visita a Bilbao.
La verdad es que el día no acompañaba nada. Hacía un poco de frío, pero lo peor de todo es que estaba lloviendo sin parar. Mientras entrábamos en la ciudad (pendientes del Tom-Tom, claro), decidí casi unilateralmente que lo que pegaba era visitar el
Guggenheim -que en ese momento no sabía ni cómo se escribía-.
Sí, me entusiasmaba la idea. El Guggenheim es una de las muestras más vanguardistas del arte (creo que lo leí en una revista, semejante afirmación no puede nacer de mí), así que nada más que por eso, había que ir, claro. Me apetecía visitar algo cultural, no todo iba a ser relax y SPA y mimos y descanso... Podría presumir de haber estado en el mismo sitio donde James Bond escapaba de un malo, claro que sí. Pero sobre todo, iba a quedar tope
cool en mis conversaciones:
sí, porque cuando yo estuve en el Guggenheimmmmmmmm...
Así que bajo una cortina de agua, aparcamos el coche en un seco centro comercial cercano, donde tuve mi momento stripp-tease dentro del coche, porque me cambié de ropa en medio minuto (preferí ir cómoda, ya que iba a dar saltitos entre charcos), retorciéndome en el asiento del coche y esperando que ninguna cámara de seguridad enfocara precisamente nuestra plaza...
Al final, rodeamos calles en obras, saltamos charcos, pasamos un poco del paraguas, nos mojamos medio cuerpo y los bajos de los pantalones, se me encrespó el pelo un poco más, y llegamos al Guggenheim empapados pero entusiasmados.
Claro que la imagen que yo recordaba del museo la había visto en Internet, y era algo tal que así:

Pero entre que nosotros entramos por otro lado, estábamos más cerca que en esa fotografía, llovía, las calles de alrededor estaban levantadas por las obras, no soy fotógrafa profesional, hacía viento... Etcétera... La imagen que tuvimos fue menos atractiva, pero impresionante no obstante...

Lo que no conocía yo era el perro, y me gustó mucho. Se llama Puppy, está en la entrada principal y es un Terrier. Mide como unos 12 metros, y al parecer está hecho de acero inoxidable, substrato y plantas. El resultado es como un enorme seto en forma de perro que es muy original. Según he averiguado después, aunque nosotros lo vimos verde, florece y es de colores. Un espectáculo sin duda digno de ver.

Entramos en el museo, y una vez nos deshicimos de nuestros abrigos empapados, la cosa fue distinta. Nos dieron unos teléfonos-guía que iban explicando las distintas obras de arte del museo...
...y fue entonces cuando me dí cuenta de que soy una cateta.
Absolutamente.
Sí, me gustaron las
Tres Venus Españolas. Me gustó el panel electrónico,
Instalación para Bilbao. Pero entramos en algunas salas donde no entendí nada. Como por qué llaman arte a unas "esculturas" de hierro oxidado pintadas de blanco. O dos tuberías también pintadas de blanco. O unas estructuras enormes que hacían como un laberinto: una espiral, un pasillo...
La Materia del Tiempo. Impresionante esto último, pero no lo veo como arte.
Los cuadros abstractos me gustan. Me gustan las mezclas de colores, me resultan fascinantes estéticamente. Pero me pierdo cuando quieren darle un significado...

Sobre todo aluciné cuando estuve viendo los
Nueve Discursos sobre Comodo. Los nueve cuadros la verdad es que me gustaron bastante. Así que cometí el error de pulsar en el teléfono-guía la explicación sobre la obra. En resumen, vino a decir lo siguiente...
...el emperador romano Comodo, hijo de Marco Aurelio, que fue asesinado en el año 192 de Nuestra Era. Juntas, estas pinturas relatan la degeneración y el delirio del emperador. Durante los 12 años de su reinado, Comodo permitió que la estabilidad y la prosperidad reinantes en el Imperio entraran en declive. Fue un gobernante inestable y tiránico, amante de la violencia sangrienta de las luchas de gladiadores. En la última etapa de su vida cayó en la locura y se convenció a sí mismo de que era la reencarnación del gran Hércules. Tras su muerte, Roma entró en una guerra civil.
Las pinturas de Twombly apuntan a una ruptura del orden social, físico y psicológico. El tema de la muerte se evoca en las manchas que parecen de sangre y en los brochazos de pintura carmesí. Su caos visceral contrasta con el orden de las estructuras cuadriculadas superpuestas sobre las frías superficies grises. Al revisar esta obra, el artista explicó que eligió la superficie gris para que actuara como una especie de espacio negativo, según sus propias palabras, para contrarrestar los aspectos más pictóricos de la obra...
No, perdona. La primera parte me parece bien, al fin y al cabo es Historia. Pero no me digas que esos nueve manchurrones de pintura, estéticamente bonitos pero manchurrones al fin y al cabo, describen cómo una mente sana y equilibrada al principio (cuadro de la izquierda, dos hemisferios cerebrales blancos) van dejando paso a la locura y a la sed de sangre poco a poco (siguientes cuadros, con más pintura roja mezclada). No me lo creo. Lo mismo podrían representar cómo un capullo de flor va floreciendo y luego perdiendo los pétalos. O lo que sea. Por imaginación que no quede. Pero me cuesta pensar que cada obra abstracta tiene un significado tan profundo y místico. A mí me parece una mezcla de colores bonita. ¿De verdad hace falta que tenga una esencia mucho más rimbombante?
Salí un poco molesta después de escuchar la "explicación". Las demás salas no fueron distintas. Me preguntaba constantemente si los demás que vieran los cuadros y escucharan las interpretaciones lo verían así de forma natural, o realmente todo es una mentira tolerada por la gente que nos sentimos estúpidos por no ver así el arte y que no lo decimos en voz alta por miedo a que cuatro gafapastas nos miren por encima del hombro. Cuatro gafapastas y un montón de azafatas del museo (mínimo una por sala), que no sólo no te dejaban fotografiar nada (que no dejen fotografiar la obra lo entiendo, pero, ¿y el edificio en sí, por qué no? ¿Cómo vamos a presumir entonces?), sino que te miran con desprecio si no estás un mínimo de tiempo en la sala contemplando las obras. Yo creo que tenían hasta cronómetros...
La pregunta es: ¿sólo alcanza la categoría de arte una obra abstracta si tiene una interpretación mística?
Sí, me sentí cateta, lo reconozco.
Y pequeña. Pequeña en aquella gran estructura que funciona como un corazón (al menos, esa descripción dió la irritante voz del teléfono-guía), y un poco indigna de estar allí, sin apreciar en toda su magnitud las obras que estaba contemplando, sin entender el significado de unas esculturas que me parecían ridículas (me refiero principalmente a las de desechos pintados de blanco), sin asimilar las representaciones profundas de los cuadros que simplemente me gustaban por la mezcla de colores...
Sí, he estado en el Guggenheim, y está claro que no entiendo de arte. Que nadie me invite a tertulias sobre este tema, no estaré a la altura.
Ahora, creo que aún así, la visita es obligada, para quien entienda y para quien no.