31 diciembre 2008

Hace un año...

Hace un año, la mesa de la casa de mis abuelos estaba preparada. Esa, y la otra mesa auxiliar que casi nunca se usa. Nos habíamos juntado casi toda la familia. Somos pocos de familia, siempre decía mi abuelo. Y es verdad. Mi familia no es muy numerosa, para bien o para mal.

Para "compensar" ausencias como la de mi padre, el año pasado se añadió mi chico y la novia de mi primo pequeño (bueno, mi primo pequeño... que me saca dos cabezas y que sólo tiene tres años menos que yo, pero siempre será mi primo pequeño). La novia de mi primo mayor no había podido venir, pero aún así, mi abuelo irradiaba orgullo de tener a los nietos políticos en la cena de NocheVieja. Creo que secretamente ha estado satisfecho de comprobar que ninguno hemos salido gay... Aunque también estoy segura de que no hubiera pasado nada si así hubiera sido. A pesar de lo gruñón que era, el corazón no le cabía en el pecho.

Mi abuela también estaba contenta, y prueba de ello eran las dos mesas llenas de comida que había preparadas. Las abuelas son así, parece ser.

Mi madre había tenido un percance el día anterior, así que estaba bastante agobiada de ver que no podía colaborar a cocinar semejante festín. No hacía más tocar su mano derecha en cabestrillo. Cada vez que la miraba y la veía así de triste, el alma se me caía a los pies.

Mi chico también estaba herido. Se había hecho un corte hacía unos días, y también estaba un poco plof. Intentamos quitarle hierro al asunto sentándolo junto a mi madre: los lisiados. Sí que pareció funcionar...

Mi primo pequeño tenía la mirada sombría. Hacía menos de un mes, su mejor amigo se había matado en un absurdo accidente de moto. Él estaba pasando unos momentos muy duros, y se notaba. Normalmente es el alma de cualquier fiesta, pero hace un año, estaba taciturno y triste.

No recuerdo el estado anímico de mis tíos o de mi otro primo. Imagino que estarían como siempre; de lo contrario, bien me acordaría. Seguramente mi primo mayor estaría tranquilamente ensayando algún truco de magia, mi tío organizando todo en la cocina (y mi abuela sin hacerle caso, claro), y mi tía revoloteando por la casa.

Lo que sí recuerdo con total claridad fue cuando todos nos levantamos a brindar y a decir unas palabras al final de la cena. Las de mi primo pequeño fueron especialmente emotivas, porque nunca lo había visto así. Vino a confesarnos que con lo de su amigo, su mundo se había convertido en algo incomprensible donde no cabía explicación posible para lo que había pasado. Se me hizo un nudo en la garganta.

Las palabras de los demás también fueron sentidas, pero no tanto... Hablamos de lo bueno que es compartir momentos como aquellos, de lo importante que es pasar tiempo con la familia, recordamos a los que no estaban, nos alegramos de tener poco a poco a más miembros...

El último fue el brindis de mi abuelo. Se levantó con dificultad: sus piernas no le sostenían muy bien. Aunque intentó disimularlo, le temblaba la voz y me pareció ver sus ojos húmedos. Nos agradeció que estuviéramos allí (no es fácil juntarnos, por las distancias y los trabajos), dió la bienvenida a la familia a los "nuevos fichajes", y mencionó algo así como que se quedaba tranquilo de haber vivido ya ese día, por si era el último año.

Recuerdo que me pareció completamente ridícula esa última apostilla.

Hoy, 365 días después de ese discurso, me duele mucho, muchísimo, reconocer que tuvo razón. Este año no estaremos todos. Estoy segura de que la cena será muy emotiva y no podré evitar las lágrimas cuando vea que su asiento no lo ocupa él.

Hoy, tengo muy claro que mi primer deseo para el 2009 será no perder a nadie más.

¿Y el vuestro?

30 diciembre 2008

Ponerse en lo peor...

- ¿Y has pensado en lo peor?

Me lo preguntó mi chico tranquilamente, tomando un sorbo de cerveza. Por fin habíamos salido, el Domingo pasado, a dar una vuelta. Últimamente salimos poco, más que nada porque entre semana llegamos tan tarde que cuando tenemos ocasión de quedarnos en el sofá, no queremos abandonarlo. También porque yo no tengo apenas ganas de salir: llevo meses de bajón, del cual la culpa al 90% es del trabajo. Precisamente de eso estábamos hablando.

Lo miré a los ojos, un poco sorprendida. Pues la verdad es que no. No lo había pensado. Es decir: tengo muy claro que siempre hay que ponerse en el peor de los casos. Es el principio de la Ingeniería: diseña un sistema que funcione bajo las peores condiciones posibles, y funcionará siempre. Lo sé, lo sé... Pero no lo había pensado ni por un momento.

Llevo meses, ¡meses!, volcada en el trabajo, obsesionada con todos los problemas, luchando contra todos los frentes que tengo abiertos. Ahora es una época difícil y me esfuerzo mucho en paliar un poco la tensión y sacar el trabajo adelante a pesar de la escasez de recursos que hay... y seguramente más que habrá. Lo más probable es que haya un recorte drástico de personal, y siempre he estado pensando en cómo hacerlo (y esperando secretamente que no tenga que pasar). Pero no me había parado a pensar en si yo sería parte del personal recortado.

Realmente, consuela un poco pensar que soy una de las tres personas más caras de despedir de la planta ahora mismo, así que imagino que sería de las últimas. Pero aún así...

No podría pagar la hipoteca. Aunque tenga un pequeño "seguro" económico, no me imagino la angustia de tener semejante gasto todos los meses sin un sueldo. Estaría la indemnización (si la hubiera) e incluso el paro (tengo que enterarme de cómo va eso), pero sería un parche temporal que no me tranquilizaría nada en absoluto. De hecho, estoy segura de que apenas dormiría. Aparte de la preocupación de buscar otro trabajo en las circunstancias actuales. Habría que recortar gastos, que no es que tengamos muchos, pero cualquier cosa sería un lujo, y...

...y claro, me agobié mucho, muchísimo. Tantos pensamientos de golpe, ¡y tan negativos! No había tenido tiempo de valorarlo y en el minuto que me paré a pensarlo, me vino todo tan grande...

Luego, pensándolo un poco mejor (ya controlando las lagrimillas que se me había asomado al borde del abismo), en realidad tendría que pasar lo peor de lo peor: que absolutamente todo el mundo fuera a la calle. Son demasiadas personas, y no creo que la empresa permitiera un desastre de semejante embergadura. Me consta que hay bastante preocupación por la situación actual y si todo pasara por cerrar, no habría el ambiente que hay.

Vamos, eso es lo que quiero creer.

Así que volví a mi Shandy de limón, intentando enterrar los pensamientos. O mejor: borrarlos, ser tan inconsciente como hacía unos minutos, antes de que mi niño despertara a la bestia de la preocupación en mi ya preocupada cabecita. ¿Podré? En ese momento no pude, y prueba de ello es este post...

Desde luego, la culpa es del fútbol: si esta semana hubiera habido liga o lo que sea, hubiéramos estado en casa viendo los resúmenes o escuchando la radio, no habríamos hablado de esto, a él no se le habría ocurrido la preguntita de marras y yo sería tan ajena al desastre que podría venirme encima que dormiría mejor... Jo.

29 diciembre 2008

Amigo Invisible Bloguero

La semana pasada recibí mi regalo del Amigo Invisible Bloguero. A mí todas estas inciativas me parecen geniales (aunque siempre hay alguna mala experiencia), sobre todo porque es una buena manera de conocer gente, ¿verdad?

Así conocí a una chica de Marte, y descubrí que allí tienen un increíble habilidad para hacer manualidades (lo cual me fascina, a mí, que soy una zarpas). Así que ahora tengo una cubierta para mi agenda totalmente personalizada, conmigo detrás de un gran oso... Muy LOST, claro. ¡¡Gracias!! Además, de unos lápices muy de mi estilo, unos figuritas que uso en mi escritorio como pisapapeles, y unas barritas de incienso.


Pero lo que más me gustó de todo fue la Inner Girl que me envió...

Sencillamente me encanta. Es muy yo misma, sí. Aunque ya me gustaría a mí tener el pelo tan largo, es una muñequita preciosa. Lo que más me ha gustado ha sido el detalle de las gafas... ¿A que es cuca?

Aunque ya se lo dije... ¡Mil gracias por estos detalles!

28 diciembre 2008

La Espuma Asesina

Mientras sigo un pelín pochis, medio dormida en el sofá, me acordé de esto...

Aunque te hayas ido a la otra punta de España, lo cierto es que tu gafe te persigue. No sabes si es que se te cuela en la maleta o qué, pero el caso es que estés donde estés, la puedes liar parda...

Una de las noches que pasamos en la casa rural (ay... Vacaciones... ¡Justo lo que vuelvo a necesitar!), después de perrear un poco repantingada en un sofá al lado del fuego, decidí hacer el esfuerzo sobrehumano de levantarme e ir al jakuzzi que había en el cuarto de baño de nuestra habitación. De mal en peor, ¿verdad?

Pues sí, entré descalza en la habitación y me dispuse a preparar un largo y relajante baño de espuma. Abrí el grifo de la bañera, regulé la temperatura del agua y puse un poquito, un poquito de gel Dove en el agua. Todavía había poca agua en la bañera, así que pensé que se disolvería mientras se llenaba.

Efectivamente, cuando se llenó la bañera el gel estaba disuelto, había una ligerísima capa de espuma sobre el agua (cerca del grifo había un montículo), olía genial todo el cuarto de baño, se estaba de lujo allí y la bañera parecía llamarme. Me metí en el agua calentita, dispuesta a disfrutar de un laaaaaargo y relajante baño.

Pulsé el botoncillo y el hidromasaje empezó a funcionar. Cerré los ojos intentando ignorar el run-run del motor y respiré relajadamente (cual Julia Roberts pero sin disc-man).

Estuve así un tiempo intederminado hasta que algo me hizo cosquillitas en la nariz. Abrí primero un ojo... Y luego el otro, ya espantada: había un mar de espuma delante de mí, que desbordaba la bañera. Los chorros de la felicidad habían desencadenado un desaste.

Apagué el motor, pero no sirvió de mucho. Intenté arrebujar la espuma en la esquina, pero cada vez que me movía, la espuma se me colaba por algún lado, se desbordaba y no arreglaba nada. Así que busqué el tapón de la bañera a tientas entre el mar de espuma y no pude quitarlo. Palpé la rueda esa para abrir el desagüe. La espuma adivinó mis planes y me atacó el ojo derecho. Intenté encontrar la maldita ruedecita con un ojo cerrado y lloroso. Respiré al oir el agua escapándose tubería abajo.

Por fin había nada de agua y una bañera enterita de espuma. Pero hasta arriba. ¿Se reproduce o qué? Sólo faltaba allí un DJ para montar una fffiefta... (Lo siento, no puedo evitarlo.)

Así que me puse a exterminar la espuma con la alcachofa de la ducha en modo destrucción (que por cierto, esa alcachofa no era tal, sino una paellera: allí no te duchabas, te llovía encima) y por fin la espuma fue desapareciendo y yo respirando. Así que cuando pude recoger aquel desastre, ni estaba relajada ni nada que se le pareciera... Estaba en cuclillas en una bañera vacía de mal humor, me escocía un ojillo y empezaba a tener frío. Jo.

Toc, toc.

- Cariño, ¿qué tal tu baño de espuma?

- Erm... Pues genial, sí. Estoy relajadísima.

Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... ¿Quién me mandaría a mí dejar un comodísimo sofá por una terrorífica bañera? Creo que a partir de ahora la única espuma que toleraré es la Pantene. Ni siquiera la de mi Cola-Cao. Snif.

27 diciembre 2008

¿Y yo, qué leo? (XIII)

Hace un par de fines de semana me terminé de leer este libro. He tardado más de lo que me gustaría, porque la verdad es que me ha enganchado bastante.

Como siempre, la contraportada...
Esta es la historia de Rachel, una joven abogada que vive y trabaja en Manhattan. Rachel nunca se ha salido del camino establecido, como corresponde a una buena chica: siempre buenas notas en el instituto, licenciada con honores en Derecho y después directa a un gran bufete... hasta el día en que cumple treinta años, cuando Darcy, su mejor amiga, le organiza una fiesta para celebrarlo. Esa noche, después de tomar demasiadas copas, Rachel termina en la cama con el prometido de Darcy.

Pese a que el día siguiente toma la determinación de dejar atrás el desliz y no volver a pensar en ello, Rachel se horroriza al descubrir que siente algo más que un deseo fugaz por el único tipo del mundo del que debería alejarse. Mientras se acerca la fecha de la boda, Rachel descubre que los límites entre lo que está bien y lo que está mal son más borrosos de lo que creía, y que a veces hay que arriesgarlo todo para lograr la felicidad verdadera.
Este libro es la primera parte de una historia, pero yo no lo sabía y me leí primero la segunda parte: o sea, sabía cómo acababa todo. Pero aún así, me ha gustado mucho conocer "la otra parte", cómo se sentía la chica que le robó el novio a su mejor amiga. Además, por haberlo hecho al revés, ya Darcy me caía mal, así que no me daba tanta pena aunque en este libro no parece tan repelente como en el siguiente que protagoniza ella sola.

Como muchos, soy de las que pienso que una relación es sagrada y no debería meterse nadie, pero aún así, esta historia ha de leerse. Todo va más allá de una simple traición: es un repaso a los sentimientos de una chica que podría ser cualquiera, incluso con tan firmes convicciones como las mías. Es algo que podría pasarnos a todos, ¿por qué no?

Lo que más me impactó de este libro fue la presentación de la propia protagonista, cómo se describió, cómo se miró a sí misma repasando su vida durante treinta años, cómo se definió a través de las cosas que vivió y de los detalles que recordaba... Era una historia tan tremendamente real, una confesión tan cruda, que se me pusieron los pelos de punta. Sin duda, lo mejor, esa parte: las primeras páginas del libro. De nuevo, un libro que merece la pena.

26 diciembre 2008

Buaaaaaaaaaaaa...

Estoy muy malita, o pochis, vamos. Que ya es mala suerte. La verdad es que lo veía venir, porque este año, con el frío que ha hecho, he salido bastante bien parada. Hasta ahora, claro. Ya estaba tardando...

Me encuentro fatal, me siento como un saquito de virus. El hecho de viajar estos días en el fondo sabía yo que no era buena idea, pero estas fechas son para estar con la familia y un picorcillo de garganta no me iba a detener...

Pero sí que me ha detenido. El picorcillo de garganta se ha convertido en un DOLOR de garganta y de todo el cuerpo, mocos, fiebrecilla, ojos llorosos... Un cuadro, vamos. Aunque he ido a trabajar como una campeona esta mañana después de pasar una noche horrenda, he estado medio ida (normal...), sólo he hecho lo básico y a las 15:00 estaba saliendo por la puerta para que a las 15:15 tuviera ya el pijama puesto y mis pañuelos de papel rodeándome. Del sofá no me muevo en toda la tarde.

Jo, cuando estás así de pochis sólo puedes pensar en lo bien que se está cuando no se está enferma.

Bueno, esto será cuestión de tres o cuatro días (este se puede decir que es el segundo fuerte), que a mí me parecerán siglos. Hoy no me moveré de debajo de mi mantita...


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(Tengo pendiente un meme, presumir de un premio, poner las fotos de mi regalo del Amigo Invisible Bloguero que organizó Missmole...)

24 diciembre 2008

Cansancio & Frustración

Mi jefe entró ayer por la tarde en mi despacho. El primer adjetivo que me vino a la mente fue "derrotado". El primero, el único, y el que lo describía perfectamente.

Se dejó caer encima de una mesa enfrente de las nuestras. Pasaban 45 minutos de nuestra hora de salida (que yo personalmente había estado esperando como Agua de Mayo), y allí estábamos, esperando a que nos dijera qué tal había ido la reunión virtual.

Claro que nosotras ya lo sabíamos: habíamos pegado nuestras orejitas a la endeble pared que separa nuestro despacho del suyo. No habíamos entendido ni media palabra, pero lo que sí estaba claro es que el ambiente era tensísimo. Las voces que nos llegaban, distorsionadas, eran claramente secas. Las cosas no iban bien.

- Las cosas no van bien...

...empezó a decirnos con los ojos tristes. Realmente parecía cansado. Y como siempre, me invadió una especie de ternura. Es un crío. No soy capaz de verlo de otra forma, no sé por qué. Tampoco ayuda a cambiar esa apreciación que siempre intente protegernos. Aún no me ha regañado ni una sola vez por nada (y mira que ha habido cosas); sé que si en su lugar siguiera S.J., yo había emigrado ya a Sri Lanka, por lo menos. Desapareció el miedo a las equivocaciones, supongo que también eso ayuda a que no lo vea como "mi jefe": se aleja mucho de lo que ese concepto lleva asociado en la empresa donde trabajo.

Siguió contándonos que no había ni un sólo aspecto que fuera bien en el proyecto. Por lo visto, la reunión virtual estuvo plagada de amenazas y ultimátums. Volvió a listar todos los indicadores negativos por los cuales nuestros clientes nos están presionando. No había ni una sola nota de reproche en su voz, que arrastraba cansancio en cada sílaba pronunciada.

Cuando acabó su resumen con un encogimiento de hombros, me sentí obligada a contarle una vez más que hago todo lo que puedo... y eso él ya lo sabe. Sabe que estoy preocupada. Que a veces me despierto en mitad de la noche y apunto mentalmente algo que se me ha ocurrido en sueños para mejorar los resultados. Que voy al trabajo con un nudo en la garganta y que me tiembla la mano al abrir el resumen del día anterior, imaginando lo que me voy a encontrar.

Trabajo todos los aspectos que se me ocurren, pero no consigo sacar nada en claro. Analizo datos, investigo, intento encontrar una línea lógica sobre la que actuar, pero llevo varios meses y no la encuentro. Siento que estoy dando palos de ciego que no van a ninguna parte... Salvo a esta situación de derrota.

A esos ojos cansados de mi jefe ayer.

A mí misma, cada día más frustrada que el anterior.

23 diciembre 2008

AÑO NUEVO: Primer Propósito

Lo que más me gusta de estas fechas son las listas.

Porque sí, soy una fanática de las listas. Me encanta hacerlas. Listas de cosas por hacer, de libros que leer, de cosas que comprar...

Ahora lo que pinta es hacer la archiconocida lista de Buenos Propósitos para el Año Nuevo. Esos que te autoprometes megaconvencida y que para finales de Enero ya ni recuerdas.

Pues en mi lista, el primer propósito va a ser aprender a cocinar. No porque lo quiera yo, sino porque fue una señal del Universo. Últimamente es que nos comunicamos mucho.

El libro de recetas más popular, el de la mujer que querrías adoptar como abuelilla (descanse en paz), ese que te da 1080 soluciones cuando no sabes qué comer mañana (es la segunda incógnita más importante de la Humanidad: la primera es: ¿qué me pongo?)... Ese libro me asaltó en el Alcampo el otro día, al módico precio de 16,50 euros. No a 39,95 euros, como estaba acostumbrada a ver, más que nada porque es una edición más modesta y menos colorida que otra que había visto, pero igual de eficaz y sobre todo más asequible.

Por supuesto, ahora descansa en mi poder.


Así que está decidido. Incorporaré a mi vocabulario palabras como cilantro, escalfar, sofrito, gratinado, aliñar... También intentaré mentalizarme del concepto fuego lento, en contraposición a mi ecuación habitual de fuego fuerte = menos tiempo en la cocina. Me concienciaré de que no es aceptable el hecho de mezclar varios ingredientes en una batidora, cocer en el horno la mezcla y que la cena se haga sola sin más complicaciones. Dejaré de apreciar todo el esplendor de un huevo frito. No me conformaré con un sandwich de sólo dos ingredientes.

En fin, que seré una mujer nueva y mucho más apañá, claro. Que ya es hora.

22 diciembre 2008

¿Y si esta vez...?

No soy nada supersticiosa (jo, no sabía ni cómo se escribía). Pero nada. En esto de la Lotería soy más estadística que creyente. Tengo claro que es prácticamente imposible que entre tanta gente que compra tantos décimos, entre tantas bolitas pequeñas que hay en ese bombo tan enorme, salga una que encima tenga los cinco números de mi décimo, ¡y además en el mismo orden! No puede ser...

Así que cada año me digo lo mismo: este año no compro lotería.

Pero luego, resulta que aquel a quien le tocó la lotería te ofrece un número... Y compras. Luego, la empresa reserva un número... y compras, claro, no sea que vayas a ser tú la pringada con cara de panoli que no pilla un euro mientras el resto del personal celebra su suerte en la puerta de tu empresa. Después te llega una circular de las altas esferas de tu empresa que te ofrece décimos de las otras delegaciones... Y le das a aceptar, claro, por el mismo motivo que antes, aunque ahora encima te sientes culpable porque son siete delegaciones (al menos, compartes gastos con la demás gente del despacho).

Así que el día del sorteo tienes en tus manos diez décimos y te preguntas cómo ha podido pasar...

...mientras los pones debajo de tu bruja de la suerte (aunque no eres supersticiosa), y te permites soñar un poco con lo que harías si de verdad, esta vez, te tocara...

¡¡Buena suerte!!

20 diciembre 2008

Ataque de la Patata

El gran y enorme Ataque de la Patata se gestó una fría tarde-noche de Diciembre, sobre las 20:50 más o menos, mientras mi chico bajaba la persiana de la tienda y supuestamente nos íbamos a casa.

En ese mismo momento, lo supe: el día no se iba a acabar sin tener mi ansiada cámara de fotos nueva.

Así que arrastré a mi chico a El Corte Inglés, sección de Chismes Electrónicos Guays. En la franja horaria que fuimos, no quedaban muchos de esos dependientes que en hora punta revolotean a tu alrededor ¿en qué pueden ayudarte?. Sólo unos poquitos con escasas ganas de trabajar (la Historia siempre se repite). Es típico que sean escurridizos justo cuando los necesitas.

Al final, conseguimos que nos atendiera una chica, a mi entusiasmada persona y a mi ligeramente-menos-entusiasmado chico.

YO: ¡Queremos una cámara ROSA!

ÉL: Sí, bueno, y con 8 megapíxeles mínimo...

YO: ¡Y que sea muy mona!

ÉL: ...con un buen zoom digital...

YO: Aunque pueder ser lila, no pasaría nada...

ÉL: ...claro que debería tener un buen estabilizador...

YO: Y pequeñita, tiene que ser cuca.

ÉL: ...por supuesto, la batería debe ser buena...

YO: No, en realidad la quiero ROSA.

ÉL: ...y el procesador debe ser bueno, faltaba más...

YO: Y ligerita y suave, pero sobre todo, ROSA.

Quedó claro que lo importante aquí era el aspecto técnico.

Y más importante aún: mi pequeñita rosa durmió en casa aquella fría noche de Diciembre...

19 diciembre 2008

La confianza de una madre...

Mi madre me hizo un recetario hace un par de años, supongo que es algo normal.

Normal sí, pero nada sencillo. De hecho, me costó un mundo conseguirlo. Le propuse a mi madre que me fuera escribiendo recetas tranquilamente, pero le daba pereza. Luego compré una libretita muy cuca especial para recetas, a ver si se conmovía, pero siguió sin hacerme el recetario. Mis siguientes tácticas fueron: lloriquear, presionar, involucrar a mi abuela, insistir, hacerme la indiferente, insistir otra vez, ponerle un boli en la mano en plan encerrona, insistir otra vez y presionar a mi abuela para que metiera baza también. Al final lo conseguí: una libreta fashion con recetas de madre y abuela.

El problema es que las recetas están escritas como las piensan: del tirón, sin un punto, y según se van acordando de lo que hay que hacer.

Un poco caóticas las recetas, en definitiva (aunque de comidas muy ricas).

De hecho, hay que leerlas como poco un par de veces. Una para sacar los ingredientes, otra para las cantidades, y otra para ordenar los pasos. Porque una es de Ciencias y necesita las cosas muy cuadriculadas.

Por eso tuve que hacer una primera llamada:

- Oye, mamá, en la receta del flan, ¿exactamente cuántas son "unas cuantas cucharaditas" de azúcar? ¿Cucharadas soperas o de postre?

(Carcajadas al otro lado de la línea): Pues ocho, y de las de sopa. ¿Y me llamas para eso? Jajajaja...

Por supuesto, hubo una SEGUNDA llamada:

- Mamá, ya está esto medio encaminado, perooooo... ¿Cuántos minutos debo dejarlo cociendo? Porque tú has puesto "un ratito hasta que tú veas", pero no tengo muy claro qué tengo que ver.

(Más carcajadas al otro lado de la línea): Unos cuarenta y cinco, hasta que cuaje. Jajajaja... ¡No me digas que me llamas para eso!

Y sí, naturalmente, hubo una TERCERA llamada:

- Mamá, ¿estás segura de que eran cuarenta y cinco minutos? Es que creo que aún está un poco líquido. ¿Lo aparto ya o qué?

(Casi la oigo llorar de risa): Niña, ¿pero no te das cuenta que luego tiene que cuajar cuando se enfríe? ¡Está claro! Jajajajaja... ¡Y me llamas para eso!

En fin, que esto de cocinar es un lío.

Cuando todo parecía bien, y el flan ya estaba casi listo, sonó el teléfono.

Sí, la CUARTA llamada (pero esta vez llamó ella).

- Oye, que se me ha olvidado decirte que no lo metas en el frigorífico hasta que esté frío...

- Mamá... ¿Y me llamas para eso?

Vamos, que de no saber cuánto tiempo tengo que dejar cocer una mezcla que no he hecho en mi vida mi madre deduce que no sé qué hacer para no cargarme un frigorífico. Amor de madre, lo llaman...

18 diciembre 2008

El Buen Albañil

- ¡¡Andevaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!! ¡¡Quevahlreveeeeeeeeeeeeees!!

Semejante berrido, que podía haber salido perfectamente de la garganta de un cabrero pastando en alta montaña (con todos mis respetos a los Señores Cabreros), en realidad venía de un trabajador de la construcción, Ingeniero del Ladrillo... De un albañil, vamos (y que conste que también respeto a los Señores Albañiles).

¿Y a quién se lo decía? Se lo decía a una chica que, metida en su coche rojo con todas las luces del emergencia encendidas, iba en sentido contrario por mi calle.

El buen albañil, supongo que sólo quiso informar a la chica de que se había confundido de sentido, porque imaginó que si era tan tonta de haberse metido por dirección contraria, seguramente no se daría cuenta de eso de no ser por él, un macho ibérico por excelencia, salvador de damas en apuros. Igual ella sola no habría visto que la calle era tan estrecha que sólo cabía la posibilidad de que fuera de sentido único, ni se habría fijado en los coches aparcados a ambos lados de la calle, y sobre todo, no se habría dado cuenta de que estaba morro con morro con una furgoneta blanca.

El buen albañil quiso indicar con esta delicadeza a la chica de que tendría que apartarse para dejar pasar a los coches que iban bien.

El buen albañil pensó que la chica, además de tonta, era sorda, porque repitió el berrido, y otros semejantes, durante varios minutos.

El buen albañil siguió mirando la escena, que al parecer era divertidísima.

La chica, informada gracias al buen albañil, no me cabe duda, consiguió apartarse un poco, y entonces la furgoneta blanca pudo pasar.

La furgoneta blanca, conducida por un señor, se paró al lado del coche rojo de la chica, bajó la ventanilla y le dijo a la conductora: Tú no hagas ni caso. A lo tuyo. Cuando puedas, te apartas, pero tranquila, porque esto le puede pasar a cualquiera.

Sonrió, subió la ventanilla y se marchó.

Y me apeteció aplaudirle.

A la par que me apeteció patearle el culo al buen albañil.

17 diciembre 2008

¡Gracias, Universo!

Ayer Martes volví a clase de prácticas, con la cabeza un poquito gacha. La semana pasada realmente no me apetecía NADA ir a clase, porque tenía otros temas en la cabeza y la perspectiva de coger el coche para estar una hora torturada en una clase donde no me iba a enterar de nada era superior a mí. Así que le escribí un e-mail a mi profesor para decirle que estaba malita (me dolía la cabeza, así que...), que no me atrevía a coger el coche (había placas de hielo en la carretera y no era plan...) y que no iría a clase.

El hombre me dijo que no pasaba nada, que ya la recuperaría esta semana.

Así que ayer volví a clase como una campeona. El profesor me preguntó cómo estaba... Le dije que un poco mejor y me callé que un poco avergonzada por haberle engañado. Me dijo que no me había puesto falta, y me conmovió un poco. Por eso me autoprometí no volverle a engañar... Como un propósito de Año Nuevo, pero adelantado al tiempo real.

Y después empezó a preguntar a la clase que cómo íbamos con la práctica. Me entró el pánico. Ni me acordaba de cuántas partes tenía. Lo que sí tenía MUY presente es que ni la había empezado.

El ordenador estaba arrancando y no podía abrir el guión para echarle al menos un vistazo. Maldita tecnología, ahora tener todos los apuntes en PDF resuelta que no es tan guay como puede parecer...

Los corderillos a los que preguntó antes que a mí fueron sinceros. Por el ejercicio 2, dijeron. El profesor se mosqueó un poco y su enfado iba en aumento fila a fila...

Por fin llegó a mí. Me miró con esos ojos comprensivos que me gritaban: ¡no me defraudes!, a la par que insinuaban que como fuera muy atrasada me iba a caer una buena.

Así que mis angelicales propósitos se fueron a tomar por cool cuando afirmé: ¡Por el ejercicio 4!

Me dije que si era como la anterior, que tenía ocho ejercicios, si realmente fuera por el cuarto no estaría destacablemente bien, pero pasaría el mal trago.

Entonces el profesor cabeceó gratamente sorprendido, no dijo nada y siguió su ronda.

Y yo me puse a trabajar, para ver por dónde iba supuestamente según mi rotunda afirmación, y cuánto me costaría cambiar mi pequeña mentirijilla por una verdad como un piano. Había 5 ejercicios en total. Vaya. Se supone que ya debería estar casi terminando. Quizá había exagerado un poquito.

Rezando para que no quisiera ver mis fabulosos progresos, abrí quince programas y finjí estar muy concentrada en lo que estaba haciendo...

...que no era otra cosa que descubrir en el disco duro los cuatro ejercicios anteriores que supuestamente había hecho yo. Y encima, bien hechos.

No me lo podía creer. ¿Desde cuando el Universo premia a los mentirosos?

Pues no lo sé, pero por esta vez, ¡muchas gracias!

Vuelvo a prometer no mentirle más.

13 diciembre 2008

Bienvenidos de nuevo...

Bueno, pues ya lo he hecho.

Me he cambiado.

Al final hemos decidido dar de lado el hosting (y ahorrarnos 90 euros al año), y continuar en Blogger aunque no me hiciera mucha gracia al principio... Pero luego he pensado: ¿por qué no, qué más da?

Así que sigo en www.theunwrittenblog.com, ya que el dominio es propio, pero alojada en Blogger. Ahora tengo un problema, y es que los enlaces a mis propias entradas no funcionan ni las imágenes tampoco, cosa que iré arreglando poco a poco. Pero al menos he conseguido mantener más o menos el diseño original y poder meter chominaícas varias como el gadget de los seguidores (me gusta la palabra gadget), y más cosas que iré añadiendo más adelante. Me he planteado cambiar radicalmente de plantilla, aprovechando el cambio, para dar un toque fresco al blog, pero estoy demasiado perezosa...

Así que si os encontráis algo extraños, ya sabéis que es que estamos en otro sitio aunque con una decoración parecida. Espero que no os molesten los cambios y que sigáis conmigo como hasta ahora.

11 diciembre 2008

La Cruel Realidad

Cuando yo estaba en mi antiguo puesto, el que tengo ahora me parecía que era una especie de chollo. En la distancia, se veía taaaaaaaan ideal...

Antes yo tenía unas tareas diarias, semanales y mensuales, aparte de los pequeños contratiempos de todos los días (escasos, para qué voy a decir otra cosa). Cuando llegaba a trabajar, tenía muy claro qué tendría que hacer ese día: tal y cual tarea, esta antes que la otra, esta es más rápida y esta más coñazo, así que hago aquella primero y luego ya me pongo con otra cosa.

Fácil y muy cuadriculado.

Si me lo montaba bien, y con el tiempo ya era cuestión de hacer las tareas rápida y mecánicamente, a lo mejor a media mañana ya tenía todo hecho, y podía dedicarme a la vida contemplativa (pero finjiendo que estaba haciendo algo súperimportante, claro). Es verdad que a veces había mucho trabajo, pero no era complicado. Cuando llegaba algún marrón que no podía / no quería / no debía resolver (pero sobre todo: no me apetecía), lo pasaba hacia arriba... Ya se ocuparía el jefe...

Se hacía un poco pesada tanta monotonía, sí. Aburrimiento, lo llaman. Por eso yo pensaba que el puesto que ocupo ahora era fascinante, porque sólo había una tarea fija a la semana (los Lunes, cómo no), y luego un par más a principio de mes. El resto del trabajo diario consistía en ir resolviendo lo que iba llegando.

Inocente de mí, pensaba que no llegaba tanto y que habría días sin nada que hacer...

Mentira cochina.

Ahora, en ese puesto que me parecía taaaaaaaan ideal, resulta que estoy hasta arriba. Que me tengo que quedar hasta las tantas (antes a mi hora en punto me iba, porque raro era el día en que no había acabado un par de horas antes). Que cada tarea me lleva más tiempo del que puede parecer. Que me llegan peticiones desde las más altas esferas que antes no veía, claro, pero que ahora se quedan en mí. Que no puedo tirar para arriba ningún marrón porque ahora soy YO quien tiene que bregar con ellos. Que no puedo sacudirme una decisión desagradable porque ahora me corresponde a mí tomarla y ejecutarla. Que las encerronas me las hacen a mí. Que tengo que morderme la lengua para no dar más información de la cuenta para explicar mis decisiones más controvertidas. Que no era tan fantástico como creía.

De hecho, ya lo he dicho alguna vez, es muy difícil. Desde la feliz ignorancia creía que cuanto más alto, menos trabajo, pero eso es lo que parece y está muy lejos de la cruel realidad.

Esta vez el Universo me la ha metido doblada, tengo que admitirlo.

10 diciembre 2008

Miércoles KK

Mi día ha empezado media hora antes de lo habitual porque un técnico se iba a pasar por casa bien temprano (al menos, lo ha hecho).

Ha seguido con el informe de resultados de Noviembre: todo mal.

A continuación, larga reunión para comentar dichos resultados, que como no podía ser de otra manera, fue un desastre.

Luego, para terminarlo de arreglar, otra reunión (con lo cual no pude hacer otra cosa en toda la mañana). Encima, el tema era delicado, así que el ambiente estaba muy tenso.

Acabamos a las 15:50, sospecho que porque mi jefe se asustó de los sonidos que emitía mi estómago a esas horas.

Así que fui a mi mesa a coger mi bolso, eché un vistazo a la bandeja de entrada y como era para ponerse a gritar y mis ánimos no estaban en su mejor momento, apagué la pantalla y me fui a casa.

Por supuesto, me costó un mundo aparcar, porque no sabía ni dónde tenía la mano derecha.

Cuando por fin conseguí bajarme del coche y estar ante mi portal, me dí cuenta de que me había dejado las llaves de casa al lado del ordenador del trabajo...

Así que tenía dos opciones:

1. Subir otra vez a por las llaves.
2. Ir a casa de una amiga a por la copia que les dejé.

Por supuesto, opté por la opción más razonable: coger el coche e irme a comer por ahí. Me daba igual ir sola, pero lo necesitaba porque mi equilibrio emocional estaba en un estado precario. Tanto, que casi se me saltan las lágrimas al ver que el camarero habitual había doblado la ración de jamón serrano de mi salmorejo.

Hay días en los que no habría que levantarse...

08 diciembre 2008

Mis Cinco

Es por todos sabido que yo los MeMes los hago con un poco de retraso pero al final caen, que es en realidad lo importante...

La semana pasada, mi mandador de MeMes oficial me desafió (que no me enteraba mucho, pero al final sí que estaba nominada) a poner cinco imágenes de objetos que me definieran. ¿No era eso? Algo así. Se supone que son objetos que si alguien los viera, le deberían recordar a mí... Ummmmm...

Parecía fácil en un principio, pero en realidad, no lo ha sido.

Mis gafas...
Llevo gafas desde que era pequeñita: una profesora de la guardería o preescolar (no lo sé muy bien) le dijo a mis padres que tenía un ojo vago -yo creo que la vaga entera soy yo, pero bueno-, y con ese anuncio empezó una vida de visitas anuales a oculistas y oftalmólogos para ver qué tal iban mis ojos. Al principio era divertido: sólo tenía que decir unas letras, coger las alas de una mosca y me daban un caramelo. Luego no hubo alas de moscas ni caramelos, jo. Así que se convirtió en una rutina más. No me recuerdo sin gafas, han formado parte de mí desde siempre. No me he planteado ni un sólo segundo operarme porque me da mucho miedo, y el tema de las lentillas me da un poco de grima: nada más pensar en que algo toque mis ojos siento un repelús. Así que tengo una relación tranquila con mis gafas. Algo curioso es que me molesta sobremanera que la gente me pregunte: "¿y si te quitas las gafas no ves?", como si mis ojos se volvieran ciegos sin dos cristales graduados delante. Ya no contesto esa estúpida pregunta (que, afortunadamente, cada vez es menos frecuente, señal de que me estoy haciendo vieja). Paso de compartir con alguien más que mi visión del mundo es como si todo fuera borroso, menos lo que tengo a pocos centímetros de mí. Así que sonrío, me coloco las gafas y ya está. Las de diario son las de color rosa/violetas. Las otras me las pongo cuando quiero cambiar. Y las de repuesto están en la guantera del coche.

Mis libros...
Me gusta leer. Me ha gustado desde siempre. Desde que era pequeñita. Desde el día en que mi madre me llevó de la mano a hacerme socia de la biblioteca del pueblo: me hicieron mi carnet, era la socia 0957, y me sentí feliz. A partir de ahí, en mi casa siempre había algún libro catalogado y manoseado a medio leer. Pero siempre por voluntad propia: creo que siempre me acordaré de "Industrias y Andanzas de Alfanhuí" que nos obligaron a leer en el colegio. Fue una tortura. Desde entonces, me prometí no leer nada que no quisiera (y entonces empezó la manipulación de profesores para que mandaran leer libros que medio tragase). Para mí la lectura siempre ha sido una vía de escape, una forma de entrar en otro mundo que no fuera el mío, conocer a gente ficticia (como la canción de Manolo García). Ahora busco historias ligeras y que me hagan sentir bien, por eso me decanto por el género chick-lit. Seguramente más adelante me dé por otro tipo de literatura, pero por ahora me sumergo en estos libros. Los de la foto son una parte de una colección de este género que completé hace dos años. No los he leído todos aún, tengo bastantes más de los que salen ahí y no tengo demasiado tiempo, pero me gusta verlos esperándome en la estantería. Los colores de la encuadernación me alegran. Y pensar en las historias que encierran, también.

Mis cosméticos...
Soy una coqueta. Qué le vamos a hacer. No me gusta maquillarme, eso es verdad, pero más que nada porque me da una pereza increíble desmaquillarme después. Soy más de cuidarme la piel, para que esté bonita sin necesidad de ningún maquillaje. Tengo una piel un poco sensible y me costó mucho encontrar productos que no la irritaran, que me dejaran la piel como me gusta, que tuvieran una textura perfecta y que en general me agradaran. Por supuesto, los descubrí cuando me puse a trabajar y no me daba cargo de conciencia gastarme más de 25 euros en un potingue. Antes, de estudiante, no me lo permitía. Pero en cuanto pude, entré en el mundo Clinique, y en él sigo. Me gustan sus productos, y soy una persona fiel. No he encontrado todavía una razón para cambiar de marca o probar otras líneas de cuidado. Además, busco la comodidad (ya he dicho que soy una vaga) y con esta línea la he encontrado. De momento, soy una Chica Clinique y me va bien. Parece que tengo un stand en mi cuarto de baño y las dependientas a veces tiemblan cuando me ven entrar, jejeje...

Mis chismes...
Igual que soy fiel a una marca de cosméticos, lo soy para los móviles. Me gustan los Nokia. He tenido otros teléfonos, sí, pero me sigo quedando con mi pequeño Nokia. Cuando me canso, le cambio la carcasa y punto (viene una roja de camino). Mis exigencias a la telefonía han cambiado. Antes buscaba un chisme que hicera de todo, por eso probé uno de la Serie N, pero tenía tantas chominás que iba lentísimo y me deshice de él. Ahora prefiero un teléfono para llamar y enviar mensajes, que tenga una buena cámara por si acaso tengo que inmortalizar algún momento estelar, que sea fácil y rápido de usar y poco más. Mi 6288 hace todo eso sin rechistar. Llevo ya un año y medio con él, y si lo cambio, será por uno de características similares (y algo más pequeño, me gustaría uno tipo concha). Como uso el móvil como teléfono, tengo mi iPod para la música. Mi adorado caprichillo, el Nano 3G en color rojo, grabado especialmente para mí. Repleto de la música que me hace vibrar, guardado en su fundita. Impecable. Estoy muy contenta con él, jejeje...

Mis detalles...
Sé que es una tontería, pero me gustan los diseños de Jordi Labanda. Me parecen femeninos y muy estilosos. Me los descubrió una amiga en la Universidad, supongo que eso también influye para que les tenga tanto cariño. ¿Que necesito comprarme un bolígrafo? Será uno de Jordi Labanda, porque me gusta. ¿Que quiero una libretita pequeña para llevarla en el bolso y apuntar mis cosas? Lo mismo. ¿Que debería tener un estuche para que mis bolis no fueran dando tumbos dentro del bolso? Pues ya sé dónde acudir. Son parte de mis caprichillos. Creo que de cada colección que ha sacado el diseñador, ha caído o un bolígrafo, o un portaminas, o un cubilete, o una alfombrilla para el ratón... Algo. Siempre llevo encima algún detalle de éstos.

Bueno, y esto es todo. Ha sido un poco complicado escoger cinco imágenes, cinco ítems que digan algo de mí, porque hay muuuuuuuuuchas cosas y a lo mejor debían estar aquí en lugar de éstas... Pero estas cinco no dejan de ser mías y forman parte de mí. Espero que este MeMe sirva para conocerme un poco más.

06 diciembre 2008

Cositas que me gustan...

Oye, hay cosas que te gustan, aunque sepas que no deberían.

Como cuando te chifla el chocolate, pero observas con preocupación que tus caderas van aumentando poco a poco. Piensas: ojalá no me gustara el chocolate, y lo piensas porque no puedes decirlo en voz alta ya que tienes la boca llena de Milka o Nestlé o similares.

Pues siguiendo un poco la línea musical de días atrás, confieso que me gusta una de las últimas cancioncillas de Britney Spears.

Aunque no debería, ya lo sé, porque en estos momentos oigo como mi reputación ha caído por los suelos y se ha roto en mil pedazos.

Pero yo la cabeza bien alta, hasta me atrevo a poner el vídeo de WOMANIZER:

Y sigo con la cabeza bien alta para no perderme NI UN DETALLE de Brandon Stoughton (que es un chico Spears como aquí hay chicas Almodóvar, muy atractivo, pero con apellido de carraspera o tos), que hace una fantástica primera aparición en un espejo lleno de vaho...

Aunque es un vídeo para lucimiento personal de Britney, el caso es que al menos se puede observar del matratado chico su cuerpo serrano en la ducha (02:59), un primer plano de una boquita sumamente apetecible (03:06) y sobre todo lo que más me gusta es ese movimiento de párpados absolutamente sexy (03:07).

En fin...
¿La canción? Ah, sí, bueno... Pegadiza y poco más.

05 diciembre 2008

Extrañas Coincidencias

No vuelvo a montarme con mi amiga LGdC en el coche.

Es definitivo: la chica es gafe cuando se monta conmigo.

Vale que yo soy novata con el coche y todo eso, pero es que sólo me pasa cuando la llevo de copiloto.

¿Casualidad?

¿Coincidencia?

Más bien evidencia.

La primera vez que fuimos juntas conduciendo yo fue una aventura. Fuimos a la gran city a ver a una amiga común que acababa de dar a luz. Dejamos el coche en las afueras y fuimos al hospital en taxi porque no me atrevía a adentrarme en la jungla, así que por eso la cosa fue más o menos bien.

El problema vino cuando nos volvimos a casa. En teoría, todo era muy fácil: tomar la salida y en un plis aparecías en la autovía directa a nuestro destino. Pero en algún momento algo se torció, no vimos ningún cartel (ni ella ni yo, pero es que yo iba como los burros sólo mirando al frente y en teoría su misión era la de sustituir al GPS y decirme por dónde salir) y el caso es que cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en una carretera desconocida camino de no se sabe dónde. De noche y metidas hasta las trancas en un pueblo levantado por las obras, sin ningún indicador de qué dirección debíamos tomar...

Baste decir que llegué cerca de las once a casa (con una ataque de risa-llanto histérico), cuando para las nueve debería haber estado cenando tranquilamente.

Creí que sería una circunstancia negativa puntual, peeeeeeeero...

NO

El Miércoles, después de quedar con mis amigas, la llevé de vuelta a casa porque no se había traído el coche. ¿Y qué pasó, con ella de nuevo de copiloto, de noche y bajo una lluvia bastante molesta?

Que las marchas no entraron bien, se me atrancaron unas cuantas veces.

Que me metí en dirección prohibida (y el día de antes esa señal NO ESTABA AHÍ, lo prometo y lo reprometo, ¡si es el camino que siempre cojo para ir a la Universidad!).

Que entorpecí el tráfico, claro, intentando salir del atolladero y sin ver nada por el agua que caía.

Que intenté adelantar a un coche que parecía parado en medio de la nada y era una fila de coches larguísima y me quedé ahí, parada.

Un horror.

Así que está claro, el Universo ha sido rotundo y contundente en sus señales: LGdC no se vuelve a montar en mi coche por nada del mundo. El 100% de las veces que lo ha hecho, he acabado metiendo una gran y enorme pezuña automovilística.

Decidido: tiene un veto mientras yo conduzca. Mi autoestima al volante depende de ello...

P.D.: LGdC quiere decir "La Gafe del Coche", por razones obvias.

04 diciembre 2008

Besé un Banquete

Compartir un ordenador de sobremesa es lo que tiene. El contenido del disco duro es un batiburrillo de cosas que son tuyas y cosas que no.

A veces, churreteo la aportación de bytes de mi chico, sobre todo en cuestión de música. Es verdad que en algunas ocasiones me ha descubierto algún tema o algún grupo, así que miro sus últimas "adquisiciones" para ver si son dignas de ser pasadas a mi iPod.

Así que por curiosa, voy y me encuentro con esto (aunque aparezca como vídeo, sólo hay sonido):

Resulta que sí, es lo que parece: han cogido la canción de Kate Perry y la de Bloc Party y han hecho este batiburrillo indefinido llamado I KISSED A BANQUET. Qué me narras, tú. Fifty-Fifty en el título.

No deja de parecerme que haya dos reproductores distintos abiertos, cada uno de su padre y de su madre, con dos canciones distintas y a destiempo.

Cuando estoy a punto de arrancarme con un sonorísimo ...turning away from the light... va y suena bien fuerte ...I kissed a girl and I liked it...

Completamente antinatural (lo de las canciones, digo, no lo de besar a una chica).

De hecho, me resulta hasta molesto (aunque admito que no es del todo desagradable, podría haber sido muuuuuuuucho peor, creo yo). No entiendo qué necesidad hay de joder estropear dos canciones que por separado e independientemente estaban bien. Que alguien me lo explique, por favor.

03 diciembre 2008

Perdida...

Ayer volví a tener clase de prácticas. El profesor me pidió disculpas por lo de la semana pasada, se le veía un poco avergonzado. El mohín que hizo me pareció hasta tierno. No es un mal tipo (como se diría en una película).

Luego, como siempre, encendimos cada uno el ordenador y en teoría, nos pusimos a hacer la práctica. Cada uno a lo suyo. Bueno, yo a lo mío y el resto en grupillos, con sus compañeros. Como siempre, pero el caso es que ayer me sentí un poco aislada, cosa que no me ha pasado otras veces.

Intenté centrarme pero estaba perdida. No voy a clase porque coincide con mi horario laboral y llevo un retraso considerable con la materia. Ellos van dos temas por delante de mí, así que la hora me la pasé intentando descifrar qué había que hacer. Si el guión hubiera estado escrito en sánscrito, habría entendido lo mismo. No adelanté nada en absoluto, simplemente veía código de programación sin comprender nada.

No pude evitar sentirme un poco desubicada. Hasta ridícula. Pero no sé por qué. Llevar una asignatura al ritmo que llevo es complicado, y no sólo porque me pierdo las explicaciones de clase, sino porque no interacciono con los compañeros y casi no me atrevo a preguntarles nada, qué se ha dado en clase o si se han hecho algunos ejercicios, por ejemplo. Siento como una barrera entre ellos y yo. Suena estúpido, pero es mi percepción. Además, tener unos años más que la media de clase tampoco ayuda en ese sentido...

Al final el profesor debió verme la cara de desesperación y se acercó a ver qué tal iba. Le confesé que me había atascado y conseguí parecer que sabía de lo que le estaba hablando al preguntarle un par de cosas. No sé si soné convincente, intenté disimular un poco mi inseguridad.

No pude evitar preguntarme si yo sería la única que se sentía perdida en aquella clase. Los demás parecían que controlaban tanto... Creo que por eso me desinflé un poco. Ahora afronto los apuntes con menos esperanzas, y la realidad es que me haría falta un empujón que no soy capaz de darme. ¿Qué me está pasando?

02 diciembre 2008

Blogger Malo

Enfadadísima estoy con Blogger.

Me gusta mi plantilla. Me gusta porque es sencilla, y es mía. Me costó bastante hacerla, y la hice tecleando con mis manitas. Nada de descargar plantillas o ir personalizando una Minima Black. No. La hice yo solita tirando de recursos de programación, apuntes de HTML (prehistóricos, lo sé) y con el método de ensayo-y-error.

Lo que ocurre es que como soy un culo-veo-culo-quiero, me empezaron a gustar chominaícas varias como las nubes de tags, las personalizaciones de comentarios y pijaditas así. Cuando ví que eso sólo lo podía hacer fácilmente con una plantilla CSS, pues me puse, muy a mi pesar, a traducir mi plantilla a CSS.

¿Y cómo? Pues modificando como pude una plantilla básica para que fuera igual que la que tengo ahora. No me resultó fácil, la verdad, porque mis conocimientos son los justos, pero al final conseguí una plantilla muy aceptable (prácticamente idéntica a la que tengo ahora) con widgets de ésos y todo.

Entonces, alegremente, pensé que podía cambiar mi código HTML básico y patatero por la súperplantilla clónica CSS que tanto trabajo me había costado.

Ingenua de mí.

Blogger me dedicó una sonora pedorreta.

Me dijo que como yo estaba alojada en un hosting propio, que me fuera olvidando del temita. No lo entiendo. ¡Encima que le ahorro espacio! Vamos...

Así que ahora tengo tres opciones:
  • Quedarme como estoy, estancada en una plantilla que me da una pereza horrorosa trastear y/o cambiar para ir adaptándola (o sea, básicamente quedarme con este diseño porque hacer otro me va a llevar bastante tiempo) y sin poder añadirle chominaícas varias.
  • Volver al hosting de Blogger malomalísimo, lo cual es un poco aburrido e incluso absurdo, porque si tengo un dominio es para ser transparente y molona, todo a la vez.
  • Pasarme a WordPress, que sí me dejaría hacer algo así, lo cual no me resulta nada atractivo, porque creo además que no podría exportar todo el contenido del blog y no pienso perderlo.
Encima me da mucha rabia haber perdido el tiempo modificando una plantilla para luego hacer un gran y enorme NADA con ella, porque Blogger malomalísimo es así de caprichoso y no sabe agradecer que le aliviemos un poco de espacio en sus saturados servidores. Grrrrrrrrrrrrr...

01 diciembre 2008

Resumen de un día...

Hoy volví a pedirme el día libre. Otro Lunes. Realmente no me hacía falta, simplemente quería descansar. Librarme de las tareas de los Lunes y descansar. Sólo quedarme en casa. No hubo inconvenientes: aún me quedan días por pedirme.

Me dije a mí misma que aprovecharía el día, porque siempre ando renegando de que no tengo tiempo: iría al gimnasio (que lo tengo muy abandonado), me pasaría por el banco a arreglar unos temas, también saldría a hacer algunas cosillas que tengo pendientes desde nisesabe...

Al final, obviamente, no he hecho nada de nada. Claro. Me quedé en la cama ignorando el despertador y mirando la luz grisácea que se colaba por la ventana. A pesar del sueño reparador y del hecho de no tener que madrugar, seguía un poquito triste por lo que pasó anoche... Sentí la resaca emocional, el regusto amargo que te queda después del llanto. Aunque poco a poco me sentí mejor, aspirando su olor que se había quedado impregnado en las sábanas. Y en mis mejillas. Salí de la cama con una sonrisa, aunque sin demasiadas energías. Por lo menos, ya estaba tranquila.

Después pasé el resto del día en pijama, sin salir de casa, echando por tierra mis buenísimas intenciones que una vez más se quedaron en una lista mental. Estuve cacharreando por Internet, estudiando un rato por la tarde (lo único productivo), y poco más. Descansando y disfrutando de estar en casa. Me dije a mí misma que salir de casa eran ganas de comprar papeletas para un resfriado o un dolor de garganta, así mi conciencia no me torturó mucho más. Al final, creo que yo misma me convencí de que me lo había merecido... Aunque no fuera cierto.