Me queda menos de una semana para los 30.
De hecho, sólo días (pocos).
HORROR.
Sí, horror.
¿Y por qué? Pues no lo sé muy bien. La verdad es que pensé que no sería para tanto... Pero eso lo pensé cuando la fecha fatídica aún quedaba lejos en el horizonte.
Vale, los treinta es sólo un número. De hecho, bueno, es un cambio... 10 años empezando la cifra de tu edad con un 2 ya empezaba a cansar. Los treinta es sólo un número... Los treinta es sólo un número...
No eres vieja con treinta. Sólo eres lo viejo que te sientes... Y a los treinta sigues siendo joven, ¿no? A los treinta sigues siendo joven... A los treinta sigues siendo joven...
¿De verdad? No lo sé. Cuando era una adolescente (hace siglos... no, borra esa idea de la cabeza) y me imaginaba cómo sería yo a esta edad -no me lo imaginaba muy a menudo, que conste-, me veía de una manera distinta a como realmente soy ahora. Pensé que tendría el camino casi andado, pero la verdad es que estoy en medio del camino hacia no se sabe dónde...
Después del Día D (de desastre), ya no seré veinteañera nunca más. Habré pasado de un grupo demográfico a otro. Habré empezado la carrera hacia los cuarenta. Será demasiado tarde para ciertas cosas: ganar una medalla olímpica, salir en Operación Triunfo... No es que quiera hacerlo, ojo, pero lo importante es que, si quisiera, ya sería demasiado tarde. He ahí la cuestión.
Habrá llegado la hora de ser madre (y mi instinto maternal sigue missing). Mis amigas empiezan (han empezado, de hecho, e incluso con muchos menos años que yo) a ser madres. Ya son ellas y su descendencia. Alguna parte de la conversación que puedas tener casi seguro que tendrá que ver con los pequeños. O la duración de la charla, porque se tengan que ir a recogerlos. A esos pequeños que te miran con desconfianza porque saben que TÚ no eres una madre ni siquiera en potencia y encima, no tienes ganas de serlo. Sí, bueno, ves a un bebé y te enterneces, pero sólo unos minutos... Y eso era aceptable en la veintena, pero en la treintena no tanto.
Quedará fatal que me gaste mis ahorros en caprichillos ropiles y zapatiles, porque ahora seré una mujer responsable, y tendré que pensar que una prenda es ponible y me debe durar más de una temporada en lugar de pensar: ¡lo quiero aquí y ahora porque en este momento me parece divino! Se acabó la frase el fondo de armario es para los cobardes, así que ya puedo ir espabilando...
Igual con el maquillaje. Supongo que el look cara lavada ya no va a funcionar. Así que eso querrá decir madrugar más para maquillarme un poquito (pero SÓLO un poquito), y quitarme de enmedio la pereza del proceso contrario al llegar a casa...
Y taaaaaaaaaaantas cosas más...
O a lo mejor cuando cumpla los treinta seré exactamente como soy ahora.
Pero no lo creo.
Para nada.
Así que si alguien me busca, estaré en una esquina en plena crisis de los 30.
De hecho, sólo días (pocos).
HORROR.
Sí, horror.
¿Y por qué? Pues no lo sé muy bien. La verdad es que pensé que no sería para tanto... Pero eso lo pensé cuando la fecha fatídica aún quedaba lejos en el horizonte.
Vale, los treinta es sólo un número. De hecho, bueno, es un cambio... 10 años empezando la cifra de tu edad con un 2 ya empezaba a cansar. Los treinta es sólo un número... Los treinta es sólo un número...
No eres vieja con treinta. Sólo eres lo viejo que te sientes... Y a los treinta sigues siendo joven, ¿no? A los treinta sigues siendo joven... A los treinta sigues siendo joven...
¿De verdad? No lo sé. Cuando era una adolescente (hace siglos... no, borra esa idea de la cabeza) y me imaginaba cómo sería yo a esta edad -no me lo imaginaba muy a menudo, que conste-, me veía de una manera distinta a como realmente soy ahora. Pensé que tendría el camino casi andado, pero la verdad es que estoy en medio del camino hacia no se sabe dónde...
Después del Día D (de desastre), ya no seré veinteañera nunca más. Habré pasado de un grupo demográfico a otro. Habré empezado la carrera hacia los cuarenta. Será demasiado tarde para ciertas cosas: ganar una medalla olímpica, salir en Operación Triunfo... No es que quiera hacerlo, ojo, pero lo importante es que, si quisiera, ya sería demasiado tarde. He ahí la cuestión.
Habrá llegado la hora de ser madre (y mi instinto maternal sigue missing). Mis amigas empiezan (han empezado, de hecho, e incluso con muchos menos años que yo) a ser madres. Ya son ellas y su descendencia. Alguna parte de la conversación que puedas tener casi seguro que tendrá que ver con los pequeños. O la duración de la charla, porque se tengan que ir a recogerlos. A esos pequeños que te miran con desconfianza porque saben que TÚ no eres una madre ni siquiera en potencia y encima, no tienes ganas de serlo. Sí, bueno, ves a un bebé y te enterneces, pero sólo unos minutos... Y eso era aceptable en la veintena, pero en la treintena no tanto.
Quedará fatal que me gaste mis ahorros en caprichillos ropiles y zapatiles, porque ahora seré una mujer responsable, y tendré que pensar que una prenda es ponible y me debe durar más de una temporada en lugar de pensar: ¡lo quiero aquí y ahora porque en este momento me parece divino! Se acabó la frase el fondo de armario es para los cobardes, así que ya puedo ir espabilando...
Igual con el maquillaje. Supongo que el look cara lavada ya no va a funcionar. Así que eso querrá decir madrugar más para maquillarme un poquito (pero SÓLO un poquito), y quitarme de enmedio la pereza del proceso contrario al llegar a casa...
Y taaaaaaaaaaantas cosas más...
O a lo mejor cuando cumpla los treinta seré exactamente como soy ahora.
Pero no lo creo.
Para nada.
Así que si alguien me busca, estaré en una esquina en plena crisis de los 30.
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