Durante mi escaso tiempo de conductora (más de cuatro meses), ya he sido consciente de LA REALIDAD.
¿Y en qué consiste exactamente LA REALIDAD?
O sea, que no sabemos conducir, y que hacemos lo que nos da la gana y luego nos lamentamos de los sustos. Ahí fuera hay una auténtica jungla, cada día lo tengo más claro...

¿Y en qué consiste exactamente LA REALIDAD?
- En que los que hace poco nos sacamos el carnet (mejor dicho: los que llevamos la L) NO VAMOS a 80 kilómetros por hora por las autovías como habría que hacer. Ignoramos completamente esa norma que nos ha salido en absolutamente todos los tests que hemos hecho. Sí, puede que los primeros días respetáramos dicho límite, pero una vez te das cuenta de que es absurda porque lo único que haces es entorpecer el tráfico (aproximadamente a los dos días de entrar en autovía / autopista), ya te olvidas de ese 80 y te sientes un poco más integrado en el loco mundo de la conducción.
- Al hilo de esta primera verdad como un piano, ahí va la segunda: los novatos (once again: los que llevamos la L) somos los únicos que vamos a 120 kilómetros por hora en autovías. Sí, los únicos. Como vamos tan alucinados porque sobrepasamos nuestro límite en un 50% (¡que se dice pronto!), no pisamos más, y aún así somos los más lentos de las autovías. Vas con la aguja en el 120 y no paran de pasarte coches por el carril de la izquierda sin parar, sólo pasas a camiones y furgonetas (suponiendo que no sean de alguna empresa de mensajería como NACEX, SEUR o similares, porque a ésas no las vez: sólo su estela a tu izquierda). Y punto.
- Utilizar el intermitente es muy caro: cada vez que le das te sube dos euros el precio del seguro y ya me enteraré el año que viene. O eso, o los coches nuevos directamente ya no los llevan porque para qué los van a integrar en los nuevos modelos... Esas son las únicas explicaciones que encuentro al hecho de que NADIE señala con los intermitentes lo que va a hacer. Tú vas tan tranquilamente detrás de un coche, a una velocidad adecuada, y de repente el coche de delante pisa el freno y gira, sin avisar. Así que tú incrustas tu pie en el freno para no estamparte su matrícula en la frente y te acuerdas de tooooooooda su familia mientras te preguntas qué trabajo cuesta darle a la palanquita que encima luego vuelve sola a su sitio.
- Las calles de doble sentido lo son sólo en casos claramente excepcionales. Si tú entras en una calle de doble sentido, ves el típico coche al fondo de la calle (o a mitad) que va por medio, como si la calle fuera suya. Piensas: se apartará, claro. ¡No, amigos míos! Jamás. Sólo en el caso de que ya os separen diez centímetros y no haya salida posible, el otro coche te perdonará la vida y se apartará un poco (e insisto: UN POCO), más que nada para que alguien tan indigno como tú que se dedica a pasar por esa calle justo cuando él está circulando a sus anchas no le roce el coche.
- No existen los CEDAS y los STOPS, sino que todos son CEDAS. Aún no he visto a nadie que haga un STOP propiamente dicho sin que venga nadie. Cuando está claro que no viene ningún coche o el que viene está "lejos" (y cuando digo "lejos", quiero decir a más de dos metros), nadie para. Ni siquiera baja de velocidad. Es más: suena un acelerón para quitarse de enmedio lo antes posible. ¿Por qué? ¿Tanta prisa hay siempre?
- A la gente le da absolutamente igual el resto de los conductores. Tengo que aprender que si a mí me viene bien parar ahí mismo, en medio de donde sea, pues lo hago y punto. Bueno, pongo las luces de emergencia en un alarde de consideración sin precedentes sólo para que no me casquen el coche (pero sólo en casos extremos: no debo perder el tiempo en nimiedades como pulsar el botón del triángulo rojo, ¿para qué?). Me debe refanfinflar que haya un hueco para parar correctamente sólo dos metros más adelante. También puedo pararme en medio de la calle para saludar a mi colega que me lo estoy cruzando. Si tengo coches detrás y estoy parando el tráfico, ¿qué más da? Que se aguanten y se esperen que yo estoy hablando tranquilamente: los demás, que se jodan.
O sea, que no sabemos conducir, y que hacemos lo que nos da la gana y luego nos lamentamos de los sustos. Ahí fuera hay una auténtica jungla, cada día lo tengo más claro...

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