Este fin de semana hemos estado en Madrid. Creo que ya se puede decir que es una tradición el pasar unos días allí para mi cumpleaños (normalmente, unos días después).
Me gusta. Me gusta esa ciudad, la recuerdo a trocitos. Me gusta andar por sus calles y pensar que cuando yo era pequeña correteaba por ahí. Mi abuela (y a veces también mi madre) cuentan con orgullo que la gente se daba la vuelta para ver cómo corría con toda mi alma entre las piernas de los que iban por la calle para luego pararme en seco y soltar una carcajada de pura felicidad.
Ahora, claro, todo es distinto, pero me sigue encantando estar allí.
Este viaje ha sido cortito. Buscamos una buena oferta en unpijihotel que está genial (me encanta desde que lo descubrí hace ya unos cuantos años) y nos dedicamos a disfrutar de la estancia y de nosotros mismos...
Para mí la semana anterior había sido agotadora y acusé el cansancio. Lo habitual es que llegue a Madrid como un toro al que le abren las puertas, que sale ciego de libertad y no sábe dónde ir porque quiere estar en todos sitios. Pues esta vez no. Entre el cansancio que llevaba yo y el frío que ya hacía allí, esta vez nos dedicamos a pasear por el centro, tomar un frapuccino (eso no lo perdono, y además, ¡tenía unas ganas!), perdernos en la FNAC (y arrasar, esta vez sí). Sobre todo, estar allí y no estar aquí.
Me gusta. Me gusta esa ciudad, la recuerdo a trocitos. Me gusta andar por sus calles y pensar que cuando yo era pequeña correteaba por ahí. Mi abuela (y a veces también mi madre) cuentan con orgullo que la gente se daba la vuelta para ver cómo corría con toda mi alma entre las piernas de los que iban por la calle para luego pararme en seco y soltar una carcajada de pura felicidad.
Ahora, claro, todo es distinto, pero me sigue encantando estar allí.
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Para mí la semana anterior había sido agotadora y acusé el cansancio. Lo habitual es que llegue a Madrid como un toro al que le abren las puertas, que sale ciego de libertad y no sábe dónde ir porque quiere estar en todos sitios. Pues esta vez no. Entre el cansancio que llevaba yo y el frío que ya hacía allí, esta vez nos dedicamos a pasear por el centro, tomar un frapuccino (eso no lo perdono, y además, ¡tenía unas ganas!), perdernos en la FNAC (y arrasar, esta vez sí). Sobre todo, estar allí y no estar aquí.
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