Horror.
Un buen día, en plenas Navidad, te sientas en el sofá y te das cuenta de que el botón de tus vaqueros favoritos, esos que prácticamente son tu epidermis, se te clava en la barriguilla. Miras hacia abajo y compruebas que la barriguilla ya no se merece ese diminutivo. Es un grito. Es una revelación.
Hay que ponerse a dieta.
La verdad es que la Navidad no es una buena época. Sobre todo cuando entras a cualquier supermercado y te recibe una enorme, colorista y apetitosa selección de dulces navideños. Roscos de vino, alfajores, mantecados de almendra...
Consigues esquivar semejante disposición de pecados porque al menos tienes la suerte de que no te llaman mucho la atención, pero cuando todo parece quedar atrás, asoma el TURRÓN DE CHOCOLATE SUCHARD. Ante eso no hay nada que hacer, y lo sabes.
Pero logras pasar también este escollo sin saber qué fuerza suprema te ha guiado. Llegas a la sección de frutería y te haces con un buen surtido de fruta y verdura. Tu carrito haría llorar a tu madre de emoción.
Vuelves a la caja, bordeando otra vez el peligro e intentando no mirar unos bombones rellenos de almendra que parece que te estén llamando...
Pagas y por fin logras llegar a casa, con la determinación renovada (sobre todo porque el tramo de escaleras te ha dejado sin aliento y vives en un primero).
Así que al día siguiente, el plan alimentario es ejemplar: un tupper de fruta para el trabajo, una crema de calabacín para comer... Magnífico. Y lo mejor de todo es que te apetece, esta vez no es un suplicio. Metes la fruta en la bolsa con alegría.
Además, te inflas de satisfacción cuando sacas tu sanísimo almuerzo y tus amigas te alaban. Eres una santa, ya no cabe la menor duda.
Todo va estupendamente.
...
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Hasta que por la tarde, en un ataque de hambre sin precedentes (bueno, sí: todos los meses, aproximadamente cada 28 días sucede algo parecido) te zampas sin pestañear unos cuantos bizcochos con chocolate.
Malditas hormonas.
Y este es el motivo por el cual estreno dieta a la par que año... Aunque en principio pueda sonar contradictorio con el otro propósito para el 2009, pero encontraré la manera de compatibilizarlo, faltaba más.
Un buen día, en plenas Navidad, te sientas en el sofá y te das cuenta de que el botón de tus vaqueros favoritos, esos que prácticamente son tu epidermis, se te clava en la barriguilla. Miras hacia abajo y compruebas que la barriguilla ya no se merece ese diminutivo. Es un grito. Es una revelación.
Hay que ponerse a dieta.
La verdad es que la Navidad no es una buena época. Sobre todo cuando entras a cualquier supermercado y te recibe una enorme, colorista y apetitosa selección de dulces navideños. Roscos de vino, alfajores, mantecados de almendra...
Consigues esquivar semejante disposición de pecados porque al menos tienes la suerte de que no te llaman mucho la atención, pero cuando todo parece quedar atrás, asoma el TURRÓN DE CHOCOLATE SUCHARD. Ante eso no hay nada que hacer, y lo sabes.
Pero logras pasar también este escollo sin saber qué fuerza suprema te ha guiado. Llegas a la sección de frutería y te haces con un buen surtido de fruta y verdura. Tu carrito haría llorar a tu madre de emoción.
Vuelves a la caja, bordeando otra vez el peligro e intentando no mirar unos bombones rellenos de almendra que parece que te estén llamando...
Pagas y por fin logras llegar a casa, con la determinación renovada (sobre todo porque el tramo de escaleras te ha dejado sin aliento y vives en un primero).
Así que al día siguiente, el plan alimentario es ejemplar: un tupper de fruta para el trabajo, una crema de calabacín para comer... Magnífico. Y lo mejor de todo es que te apetece, esta vez no es un suplicio. Metes la fruta en la bolsa con alegría.
Además, te inflas de satisfacción cuando sacas tu sanísimo almuerzo y tus amigas te alaban. Eres una santa, ya no cabe la menor duda.
Todo va estupendamente.
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Hasta que por la tarde, en un ataque de hambre sin precedentes (bueno, sí: todos los meses, aproximadamente cada 28 días sucede algo parecido) te zampas sin pestañear unos cuantos bizcochos con chocolate.
Malditas hormonas.
Y este es el motivo por el cual estreno dieta a la par que año... Aunque en principio pueda sonar contradictorio con el otro propósito para el 2009, pero encontraré la manera de compatibilizarlo, faltaba más.
Te ofrezco mi ayuda. Quiero decir, para la dieta... apoyo moral... consejos... lo que necesites. Que de esto sé un rato largo.
ResponderSuprimirAsí que si quieres, mándame un mail.
Besos y a por ello, guapa.
Pues está claro, aprendiendo a cocinar cosas sanas que además son riquisimas. Yo cuando como fuera de casa adoro los pescados y las verduras, y en casa se me da fatal cocinarlos :/
ResponderSuprimirYo también estoy en el club ... A ver si entre todas lo conseguimos,jeje.
ResponderSuprimirte acompaño en el sentimiento ...
ResponderSuprimirahora miro la nevera con nervios, estoy en pleno sindrome de abstinencia ....... que mal se pasa. diosssssssssssssssss
Ánimo!! yo debería seguirte. Pero vienen los exámenes así que paso de empezar una batalla ya perdida...
ResponderSuprimirUn besazo!
Dentro de mis metas para este año está como en 5to. lugar ponerme a dieta y no es que sea una persona muy gorda pero tengo unas libras de más que comienzan a molestarme cuando me quiero poner mis jeans (vaqueros) para salir.
ResponderSuprimirSaludos
Yo también necesito perder algunos kilos. No me vendría nada mal :)
ResponderSuprimir
ResponderSuprimirVAN HESSA, pues cuando quieras, nena, que de todo eso me va a hacer falta. :) Muchas gracias por tu ayuda. :D
PARAÍSOS, no creas que se ven demasiadas cosas sanas en un libro de recetas que no sea especializado en el tema... Encima te sacan unas fotos queeeeeeeeee...
MISSMOLE, a ver, a ver... Debemos ser preseverantes (o como se diga) y no pensar en que aún nos quedan dos barras de Suchard en el estante de la cocina. No están. No están. Son un espejismo.
YNOSÉ, todos unidos en la tragedia, jejeje... Creo que lo peor de las dietas es cuando llevas unos días teniendo un comportamiento intachable y de repente: ¡zas! ¡Algo supercalórico en toda la boca! Y lo peor es que no sabes cómo ha llegado ahí... ;)
NEBULINA, con exámenes es imposible. Bueno, no te preocupes, si te decides a seguirnos, cuando sea seguro que seguiremos en ello... :)
ROMAYRIS, ya nos has dejado intrigados a todos. ¿Y cuáles son los otras cuatro metas? ¡Y bienvenida!
HACKETT, ¿entonces te unes (y por tanto hay que darte el pésame) o no? ;)
Son las hormonas, guapísima, tú lo has dicho. Sabes a mí lo que me funciona muy bien para estos ataques de hambre? Las tortitas estas de arroz de biocentury. Apenas tienen calorías, y llenan un montón!!! En serio, están genial como método para llenar el estómago entre horas, o solucionar cenas.
ResponderSuprimirPero esta época es muy muy difícil.
Lo dice uno que hoy se ha comprado como celebración de principio de año en una tienda especial dos tabletas de chocolate casero.
Por si las moscas.
Me están mirando y dicen: cómeme, cariño, cómeme.
Pero no lo haré. Soy más fuerte que ellas.
Soy más fuerte que ellas.
Soy más...
Me paso rapidísimo para desearte un feliz año!! y en unos días me pongo al día con tus entradas, que siempre me lo paso bien leyéndolas :)
ResponderSuprimirun besazo
ULYANOV, ay, ay, ay... Que vas perdiendo... :)
ResponderSuprimirMARIAN, ¡igualmente! ¿Ya no estás dormida en el tren?