El otro día me dió una súperparanoia.
Resulta que la otra tarde nos dió por tomarnos un descanso (la historia de mi empresa a partir de ese día se divide entre el antes y el después de que saliera a descansar), y nos fuimos al office. Allí había otros dos chicos y nos sentamos en la mesa de al lado.
Y yo, que no puedo evitarlo, puse media orejilla a ver de qué estaban hablando...
Resultó que estaban hablando de blogs.
Pensé: ¿habrán descubierto que tengo un blog?
Sí, vale, yo no soy el ombligo del mundo. Lo sé. Pero soy una paranoica.
Por eso puse discretamente la otra media orejilla porque además habían bajado la voz y ese hecho alimentó mi paranoia. Pero no, estaban hablando de un blog temático de viajes o algo así me pareció entender.
Aún así, empecé a rallarme un poco (¿o rayarme?). A ver, no pongo nada malo en el blog, cuando hablo de trabajo sólo me desahogo -salvo una vez que puse a caldo a una chica pero no le pillaría de sorpresa porque sabe que no la trago- y no digo nada comprometido... No obstante, no me gustaría que nadie de mi trabajo lo leyera. Me gusta la relativa intimidad que tengo en este blog.
Luego para tranquilizarme, pensé en qué opciones habría de que me encontraran. Muy pocas, la verdad. La dirección de GMail con la que tengo este blog no se la he dado a nadie de mi entorno (tienen la del Messenger y otra más "seria y oficial"). No menciono nunca el nombre de mi empresa, y ni siquiera la ciudad donde vivo. Mis datos de perfil de Blogger no dicen nada que pueda conectarse con mi realidad diaria.
Y luego... ¿Cuántos blogs hay? A patadas, con lo cual la posibilidad de que aterricen en el mío, PRECISAMENTE en el mío, es bastante escasa, ¿no?
¿No?
¿No?
¿No?
Eso espero...
Resulta que la otra tarde nos dió por tomarnos un descanso (la historia de mi empresa a partir de ese día se divide entre el antes y el después de que saliera a descansar), y nos fuimos al office. Allí había otros dos chicos y nos sentamos en la mesa de al lado.
Y yo, que no puedo evitarlo, puse media orejilla a ver de qué estaban hablando...
Resultó que estaban hablando de blogs.
Pensé: ¿habrán descubierto que tengo un blog?
Sí, vale, yo no soy el ombligo del mundo. Lo sé. Pero soy una paranoica.
Por eso puse discretamente la otra media orejilla porque además habían bajado la voz y ese hecho alimentó mi paranoia. Pero no, estaban hablando de un blog temático de viajes o algo así me pareció entender.
Aún así, empecé a rallarme un poco (¿o rayarme?). A ver, no pongo nada malo en el blog, cuando hablo de trabajo sólo me desahogo -salvo una vez que puse a caldo a una chica pero no le pillaría de sorpresa porque sabe que no la trago- y no digo nada comprometido... No obstante, no me gustaría que nadie de mi trabajo lo leyera. Me gusta la relativa intimidad que tengo en este blog.
Luego para tranquilizarme, pensé en qué opciones habría de que me encontraran. Muy pocas, la verdad. La dirección de GMail con la que tengo este blog no se la he dado a nadie de mi entorno (tienen la del Messenger y otra más "seria y oficial"). No menciono nunca el nombre de mi empresa, y ni siquiera la ciudad donde vivo. Mis datos de perfil de Blogger no dicen nada que pueda conectarse con mi realidad diaria.
Y luego... ¿Cuántos blogs hay? A patadas, con lo cual la posibilidad de que aterricen en el mío, PRECISAMENTE en el mío, es bastante escasa, ¿no?
¿No?
¿No?
¿No?
Eso espero...
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