No, no, no.
Yo no tenía NINGUNA intención de comprarme nada.
Ni unos míseros pendientes, fíjate. Ya me había gastado una pasta importante en las rebajas (sí, que yo fuí de las que el día 2 de Enero estaba en la puerta de las tiendas intentando entrar), más las vacaciones, más mi cumpleaños, más los fines de semana fuera... Vamos, que mi economía estaba (ESTÁ) en crisis.
Si fui por el centro la otra tarde, fue simplemente para pasar el rato hasta que mi chico cerrara su tienda y luego fuéramos a hacer la compra semanal en un hipermercado...
¿Qué iba a hacer? Pues hacer tiempo dándome un sano e inocente paseo por el centro de la city...
Yo no tengo culpa de que en el centro de la city haya tiendas. Tampoco soy responsable de que estén de segundas, terceras o incluso cuartas rebajas.
Nadie me puede culpar de que esa tarde de Febrero lloviera e hiciera frío... Lo normal en esos casos (y más si no llevas paraguas como era mi triste caso) es ponerte a cubierto; y si lo único que hay a tu alrededor es comercio, comercio y más comercio... No tuve elección.
Sí, vale: ENTRÉ A UNA TIENDA DE ROPA.
Pero que no cunda el pánico, que sólo quedaban dos estanterías de artículos rebajados: lo demás era de nueva temporada. Prendas encantadoramente primaverales... (Aunque pensándolo bien, era para que cundiera el pánico.)
Pero me controlé. Fui una santa. Sólo miré con indiferencia unas perchitas de nada...
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh... ¡Chaquetas a 12 euros! ¡Si sólo al peso la tela vale más! ¡Y camisetas a 7 euros! Grrrrrr... Me compré una como esa hace un mes y me costó el triple... ¡Camisas con transparencias a 9 euros! ¡Faldas con un 70% de descuento! ¡Pantalones piratas a 10 euros!
En fin... Que salí con dos bolsas. Pero en realidad me ahorré una pasta gansa, que conste...
Yo no tenía NINGUNA intención de comprarme nada.
Ni unos míseros pendientes, fíjate. Ya me había gastado una pasta importante en las rebajas (sí, que yo fuí de las que el día 2 de Enero estaba en la puerta de las tiendas intentando entrar), más las vacaciones, más mi cumpleaños, más los fines de semana fuera... Vamos, que mi economía estaba (ESTÁ) en crisis.
Si fui por el centro la otra tarde, fue simplemente para pasar el rato hasta que mi chico cerrara su tienda y luego fuéramos a hacer la compra semanal en un hipermercado...
¿Qué iba a hacer? Pues hacer tiempo dándome un sano e inocente paseo por el centro de la city...
Yo no tengo culpa de que en el centro de la city haya tiendas. Tampoco soy responsable de que estén de segundas, terceras o incluso cuartas rebajas.
Nadie me puede culpar de que esa tarde de Febrero lloviera e hiciera frío... Lo normal en esos casos (y más si no llevas paraguas como era mi triste caso) es ponerte a cubierto; y si lo único que hay a tu alrededor es comercio, comercio y más comercio... No tuve elección.
Sí, vale: ENTRÉ A UNA TIENDA DE ROPA.
Pero que no cunda el pánico, que sólo quedaban dos estanterías de artículos rebajados: lo demás era de nueva temporada. Prendas encantadoramente primaverales... (Aunque pensándolo bien, era para que cundiera el pánico.)
Pero me controlé. Fui una santa. Sólo miré con indiferencia unas perchitas de nada...
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh... ¡Chaquetas a 12 euros! ¡Si sólo al peso la tela vale más! ¡Y camisetas a 7 euros! Grrrrrr... Me compré una como esa hace un mes y me costó el triple... ¡Camisas con transparencias a 9 euros! ¡Faldas con un 70% de descuento! ¡Pantalones piratas a 10 euros!
En fin... Que salí con dos bolsas. Pero en realidad me ahorré una pasta gansa, que conste...
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