Llevo desde que me preocupo por esto del cuidado de la piel leyendo en todas partes que la crema milagrosa que es la caña, la que todas las celebridades de Hollywood usan, la que es lo más de lo más se llama Eight Hour (8 Horas para los amigos), de Elizabeth Arden.
No había entrevista a actriz / cantante / modelo que no dijera que su crema fetiche era ésta.
No había recomendación de revista femenina que no la mencionara.
O sea, que se convirtió en mi primer pensamiento infiel a Clinique...
No podía ser de otra manera: una crema con fórmula semisecreta, ultra-hidratante, que combate las rojeces, la irritación, reduce espinillas, cierra y cura heridas y estrías, es también antiarrugas, calma el stress de la piel en los aviones, repara los labios, suaviza la piel... No le falta detalle.
En las perfumerías a las que voy (incluso en El Corte Inglés) no la tienen en stock, debían pedirla... Y nunca la encargué por si acaso.
Pero ayer por la tarde, dando una vuelta, la encontré: en un bonito neceser rojo (me pirran los estuches promocionales) ofertaban la crema milagrosa, su versión para manos y su versión labial por 30 euros.
Y eso que me esperaba que me costara medio sueldo...
Así que mientras la dependienta me contaba las dieciochomil maravillas de la crema mientras me enseñaba el estuche, cogí distraídamente la muestra y me probé un poquito del milagro en el dorso de la mano.
Primera alarma: yo me esperaba un líquido blanquecino y seductor, y me encontré con un pegote naranja que me recordó a esos bronceadores de zanahoria de antes que no tenían protección solar...
Segunda alarma: yo me esperaba una textura maravillosa que se absorbiera inmediatamente, y me encontré con una textura grasa y brillante que costó que se introdujera en la piel, así que recordé que originalmente esa crema era para los caballos...
Y tras estas alarmas, llegó la GRAN DECEPCIÓN.
La crema milagrosa HUELE MUY MAL.
Bueno, siendo rigurosos: a mí no me gusta cómo huele, y me horrorizaba la idea de que mi piel oliera así. No sabría describir el olor, era como si la crema estuviera pasada, muy raro... Así que discretamente le pregunté a la dependienta si ése era el olor de la crema, y me lo confirmó: sí. Entonces yo ya abiertamente arrugué la nariz, le dije que el olor me resultaba desagradable y que no me llevaba la crema.
Menos mal que la probé antes de llevármela...
Ahora, eso sí: en el dorso de mi mano están los dos centímetros cuadrados de piel más suaves de todo mi cuerpo.
No obstante, me he enterado que hay un clon de esta crema (que hace más o menos lo mismo, al parecer) que se vende en farmacias por algo menos de cinco euros. Se llama BIOPEL y quizá la pruebe sobre todo para los labios, suponiendo que los que la hayan formulado hayan hecho algo con el olor...
No había entrevista a actriz / cantante / modelo que no dijera que su crema fetiche era ésta.
No había recomendación de revista femenina que no la mencionara.
O sea, que se convirtió en mi primer pensamiento infiel a Clinique...
No podía ser de otra manera: una crema con fórmula semisecreta, ultra-hidratante, que combate las rojeces, la irritación, reduce espinillas, cierra y cura heridas y estrías, es también antiarrugas, calma el stress de la piel en los aviones, repara los labios, suaviza la piel... No le falta detalle.
En las perfumerías a las que voy (incluso en El Corte Inglés) no la tienen en stock, debían pedirla... Y nunca la encargué por si acaso.
Pero ayer por la tarde, dando una vuelta, la encontré: en un bonito neceser rojo (me pirran los estuches promocionales) ofertaban la crema milagrosa, su versión para manos y su versión labial por 30 euros.
Y eso que me esperaba que me costara medio sueldo...
Así que mientras la dependienta me contaba las dieciochomil maravillas de la crema mientras me enseñaba el estuche, cogí distraídamente la muestra y me probé un poquito del milagro en el dorso de la mano.
Primera alarma: yo me esperaba un líquido blanquecino y seductor, y me encontré con un pegote naranja que me recordó a esos bronceadores de zanahoria de antes que no tenían protección solar...
Segunda alarma: yo me esperaba una textura maravillosa que se absorbiera inmediatamente, y me encontré con una textura grasa y brillante que costó que se introdujera en la piel, así que recordé que originalmente esa crema era para los caballos...
Y tras estas alarmas, llegó la GRAN DECEPCIÓN.
La crema milagrosa HUELE MUY MAL.
Bueno, siendo rigurosos: a mí no me gusta cómo huele, y me horrorizaba la idea de que mi piel oliera así. No sabría describir el olor, era como si la crema estuviera pasada, muy raro... Así que discretamente le pregunté a la dependienta si ése era el olor de la crema, y me lo confirmó: sí. Entonces yo ya abiertamente arrugué la nariz, le dije que el olor me resultaba desagradable y que no me llevaba la crema.
Menos mal que la probé antes de llevármela...
Ahora, eso sí: en el dorso de mi mano están los dos centímetros cuadrados de piel más suaves de todo mi cuerpo.
No obstante, me he enterado que hay un clon de esta crema (que hace más o menos lo mismo, al parecer) que se vende en farmacias por algo menos de cinco euros. Se llama BIOPEL y quizá la pruebe sobre todo para los labios, suponiendo que los que la hayan formulado hayan hecho algo con el olor...
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