Desde ayer a las seis de la tarde sabía yo que este día iba a ser MALO.
La culpa la tuvieron los platos sucios. Mientras los estaba fregando, hacía un repaso mental de las cosas que tenía pendientes para hoy y de los marrones que me había dejado en el trabajo.
Entonces se me empezaron a hinchar las narices.
Porque empecé a darle vueltas a los temas que no dependían de mí pero al final eran responsabilidad mía. (Chorreón de lavavajillas.) Enumeré los casos en los que de rebote me había tenido que ocupar, y eran unos cuantos. (Chorreón de lavavajillas.) Luego pensé en el mucho tiempo que perdía en ellos. (Chorreón de lavavajillas.) Después me acordé en las contestaciones que yo recibía pero que me tenía que callar una respuesta mordaz. (Chorreón de lavavajillas.) A continuación, me vino la imagen de que mi departamento es una gran y enooooorme alfombra que los demás departamentos levantan con más o menos disimulo para dejar la mierda debajo. (Chorreón INMENSO de lavavajillas.)
Así que entre una creciente espuma antigrasa con olor a limón lo decidí: ALGUIEN ME IBA A OIR.
No tenía muy claro quién, pero iba a ser mi Día Internacional de la Queja.
El quién ha sido mi jefe, claro (que por otra parte, es el único al que realmente me puedo quejar).
Aprovechando que me había llamado al despacho, empecé a decirle que había que ver, que no estaba de acuerdo con esto, que me parecía fatal aquello, que blablabla, porque no se podía aguntar otra cosa, porque para arriba, porque para abajo, porque la situación era insostenible, porque blablabla, porque todos estábamos muy tensos, porque aquello iba a estallar tarde o temprano, porque todos tenemos un límite, porque blablabla...
Y el pobre, escuchando.
...porque, claro, él no lo veía pero ya se lo decía yo que las cosas estaban regular, porque me parecía muy mal esto, porque estábamos todos para el arrastre, porque blablabla, porque hay que ver cuánta presión, porque esto no estaba bien ni aquello tampoco, porque blablabla...
Y el pobre, dándome la razón (encima).
Y cuando ya había soltado todo lo que tenía dentro, va él y me suelta otra bomba que me dejó muda, seguida de un ¡y no se lo cuentes a nadie! (Y no lo voy a hacer, claro, que me continúa la paranoia...)
Así que: SÍ, mi día ha sido MALO.
Lo único que me consuela es el regalo de mi chico, que sin saberlo acertó de lleno en lo que hoy necesito...

La culpa la tuvieron los platos sucios. Mientras los estaba fregando, hacía un repaso mental de las cosas que tenía pendientes para hoy y de los marrones que me había dejado en el trabajo.
Entonces se me empezaron a hinchar las narices.
Porque empecé a darle vueltas a los temas que no dependían de mí pero al final eran responsabilidad mía. (Chorreón de lavavajillas.) Enumeré los casos en los que de rebote me había tenido que ocupar, y eran unos cuantos. (Chorreón de lavavajillas.) Luego pensé en el mucho tiempo que perdía en ellos. (Chorreón de lavavajillas.) Después me acordé en las contestaciones que yo recibía pero que me tenía que callar una respuesta mordaz. (Chorreón de lavavajillas.) A continuación, me vino la imagen de que mi departamento es una gran y enooooorme alfombra que los demás departamentos levantan con más o menos disimulo para dejar la mierda debajo. (Chorreón INMENSO de lavavajillas.)
Así que entre una creciente espuma antigrasa con olor a limón lo decidí: ALGUIEN ME IBA A OIR.
No tenía muy claro quién, pero iba a ser mi Día Internacional de la Queja.
El quién ha sido mi jefe, claro (que por otra parte, es el único al que realmente me puedo quejar).
Aprovechando que me había llamado al despacho, empecé a decirle que había que ver, que no estaba de acuerdo con esto, que me parecía fatal aquello, que blablabla, porque no se podía aguntar otra cosa, porque para arriba, porque para abajo, porque la situación era insostenible, porque blablabla, porque todos estábamos muy tensos, porque aquello iba a estallar tarde o temprano, porque todos tenemos un límite, porque blablabla...
Y el pobre, escuchando.
...porque, claro, él no lo veía pero ya se lo decía yo que las cosas estaban regular, porque me parecía muy mal esto, porque estábamos todos para el arrastre, porque blablabla, porque hay que ver cuánta presión, porque esto no estaba bien ni aquello tampoco, porque blablabla...
Y el pobre, dándome la razón (encima).
Y cuando ya había soltado todo lo que tenía dentro, va él y me suelta otra bomba que me dejó muda, seguida de un ¡y no se lo cuentes a nadie! (Y no lo voy a hacer, claro, que me continúa la paranoia...)
Así que: SÍ, mi día ha sido MALO.
Lo único que me consuela es el regalo de mi chico, que sin saberlo acertó de lleno en lo que hoy necesito...

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