Estuve tooooooooooooooooda la tarde pensando en qué iba a merendar.
Sólo tenía cabecita para eso.
Cuando por fin salí del trabajo, mi mente pensaba en esos minibracitos de gitano que habíamos comprado hacía dos días. Estaban en promoción, así que compré un paquete de esos pastelillos rellenos de crema de leche (se llaman RollMilk, venían seis en una bolsa) y luego otro brazo de gitano más grande para mi chico relleno de chocolate (con el relleno de chocolate no me molan demasiado).
Así es el amor: 1.5 cosas para él, 0.5 cosas para mí.
Llegué a casa soñando con los RollMilk de marras. Dejé el bolso, me quité el abrigo y fui a colgarlo en el perchero cuando mis ojos se fijaron en la papelera que había al lado del escritorio.
No podía ser.
Era la bolsa de los RollMilk.
En concreto, una como ésta pero un pelín más arrugada...
Me dije, tonta ingenua de mí: seguro que se habrá comido uno o dos y habrá dejado los otros en la estantería, en sus correspondientes bolsitas.
No hizo falta ir a la cocina para verificar si mi teoría era cierta, bastó echar un mínimo vistazo a la papelera. Un envoltorio individual de RollMilk.
Dos envoltorios individuales de RollMilk.
Tres envoltorios individuales de RollMilk.
Cuatro envoltorios individuales de RollMilk.
Cinco envoltorios individuales de RollMilk.
Seis envoltorios individuales de RollMilk.
Eso dejaba CERO RollMilks para mí.

Así es el hambre: 6 RollMilks para él, 0 RollMilks para mí.
Sinceramente, prefiero el amor. Es menos cruel.
Sólo tenía cabecita para eso.
Cuando por fin salí del trabajo, mi mente pensaba en esos minibracitos de gitano que habíamos comprado hacía dos días. Estaban en promoción, así que compré un paquete de esos pastelillos rellenos de crema de leche (se llaman RollMilk, venían seis en una bolsa) y luego otro brazo de gitano más grande para mi chico relleno de chocolate (con el relleno de chocolate no me molan demasiado).
Así es el amor: 1.5 cosas para él, 0.5 cosas para mí.
Llegué a casa soñando con los RollMilk de marras. Dejé el bolso, me quité el abrigo y fui a colgarlo en el perchero cuando mis ojos se fijaron en la papelera que había al lado del escritorio.
No podía ser.
Era la bolsa de los RollMilk.
En concreto, una como ésta pero un pelín más arrugada...
Me dije, No hizo falta ir a la cocina para verificar si mi teoría era cierta, bastó echar un mínimo vistazo a la papelera. Un envoltorio individual de RollMilk.
Dos envoltorios individuales de RollMilk.
Tres envoltorios individuales de RollMilk.
Cuatro envoltorios individuales de RollMilk.
Cinco envoltorios individuales de RollMilk.
Seis envoltorios individuales de RollMilk.
Eso dejaba CERO RollMilks para mí.

Así es el hambre: 6 RollMilks para él, 0 RollMilks para mí.
Sinceramente, prefiero el amor. Es menos cruel.
20 comentarios: