Después de arrastrar todo el día mi pie primero-espachurrado-luego-hinchado para acá y para allá, me dejé caer pesadamente en el sofá. Estaba solita y decidí que NECESITABA unos mimitos, así que llamé a mi Señora Madre para que me diera una tetica, aunque fuera telefónica (algo es algo).
Cuando contestó mi madre, puse mi voz más seria, la voz de una mujer de treinta años, adulta e independiente que no se deja vencer por las adversidades.
- Mamáaaaaaaa... Me he hecho mucha pupaaaaa... ¡Buaaaaaaaaaaa!
Luego me explayé en los escalofriantes detalles del incidente: la puerta, la fuerza de la gravedad, mi pie espachurrado, la oleada de dolor, la hinchazón posterior, las tonalidades de morado del pie que no hacen juego con ninguna prenda de mi armario...
Mi madre escuchaba atentamente y reportaba a mi abuela los hechos acaecidos. En realidad, me sentí un poco como Lost In Translation: donde yo decía "gran dolor insoportable cuando muchísimos kilos de puerta cayeron con toda su fuerza sobre mi indefenso pie hasta dejarlo del grosor de una hoja de papel de Biblia y yo creo que lo voy a perder" (yo y mi realismo), ella le dijo a mi abuela "ná, se le ha caído algo en el pie, nada importante".
No obstante, en su favor he de decir que me dieron sensatos consejos inmediatamente (a mi madre la oía en un primer plano y a mi abuela de lejos, metiendo baza en la conversación):
- Tú ponlo en agua templada con sal...
- Nada templado, lo mejor es el hielo.
- Y luego mantenlo en alto, eso es muy importante...
- Es básico que lo dejes caer en el suelo.
- Te deberías poner una venda...
- Fundamental: ¡no te cubras el pie!
Unanimidad de criterios, lo llaman...
Cuando contestó mi madre, puse mi voz más seria, la voz de una mujer de treinta años, adulta e independiente que no se deja vencer por las adversidades.
- Mamáaaaaaaa... Me he hecho mucha pupaaaaa... ¡Buaaaaaaaaaaa!
Luego me explayé en los escalofriantes detalles del incidente: la puerta, la fuerza de la gravedad, mi pie espachurrado, la oleada de dolor, la hinchazón posterior, las tonalidades de morado del pie que no hacen juego con ninguna prenda de mi armario...
Mi madre escuchaba atentamente y reportaba a mi abuela los hechos acaecidos. En realidad, me sentí un poco como Lost In Translation: donde yo decía "gran dolor insoportable cuando muchísimos kilos de puerta cayeron con toda su fuerza sobre mi indefenso pie hasta dejarlo del grosor de una hoja de papel de Biblia y yo creo que lo voy a perder" (yo y mi realismo), ella le dijo a mi abuela "ná, se le ha caído algo en el pie, nada importante".
No obstante, en su favor he de decir que me dieron sensatos consejos inmediatamente (a mi madre la oía en un primer plano y a mi abuela de lejos, metiendo baza en la conversación):
- Tú ponlo en agua templada con sal...
- Nada templado, lo mejor es el hielo.
- Y luego mantenlo en alto, eso es muy importante...
- Es básico que lo dejes caer en el suelo.
- Te deberías poner una venda...
- Fundamental: ¡no te cubras el pie!
Unanimidad de criterios, lo llaman...
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