Increíble pero cierto: sigo aquí.
Esta semana ha sido horrorosa (qué novedad). Lo supe el Lunes bien tempranito: cuando llegué al trabajo y encendí el ordenador, sentí por primera vez una angustia indefinible que no había experimentado nunca. Supongo que es el resultado de días y días y días de tensión laboral a los que no se le ve el fin...
Bueno, y trabajo para aburrir, claro. Mis jornadas de ocho horas aumentaban como quien no quiere la cosa en un mínimo de dos más, hasta que me iba a casa harta ya de todo y dándome igual lo que pudieran decirme si dejaba esto o lo otro sin hacer. Llegó un momento que la "amenaza" de la visita de los jefes me resbalaba con asombrosa facilidad. Pasaba el día pensando en el momento que llegara a casa, me pusiera el pijama y durmiera hasta el día siguiente que sería todo igual.
El cansancio psíquico se convirtió en físico y me ha pasado factura estos días, pero se acabó.
Sí, sí, sí...
Porque me la suda.
Ya me da igual todo. Haré lo que pueda y lo que no, ahí se queda, y si me quieren "reducir", que lo hagan. Pfffffffff. No obstante y por si acaso, delegaré más. Intentaré (no puedo prometer más) tomarme las cosas con más calma. Mi vida no estará dominada por el trabajo. Disfrutaré del sol. Me iré a dar paseos. O de compras (ropita primaveral y mona). Disfrutaré de las próximas escapadas. Planearé otras. Desempolvaré la bicicleta. Me cuidaré más. Me mimaré. Caeré en las tentaciones...
...y que me libre del mal (laboral).
Esta semana ha sido horrorosa (qué novedad). Lo supe el Lunes bien tempranito: cuando llegué al trabajo y encendí el ordenador, sentí por primera vez una angustia indefinible que no había experimentado nunca. Supongo que es el resultado de días y días y días de tensión laboral a los que no se le ve el fin...
Bueno, y trabajo para aburrir, claro. Mis jornadas de ocho horas aumentaban como quien no quiere la cosa en un mínimo de dos más, hasta que me iba a casa harta ya de todo y dándome igual lo que pudieran decirme si dejaba esto o lo otro sin hacer. Llegó un momento que la "amenaza" de la visita de los jefes me resbalaba con asombrosa facilidad. Pasaba el día pensando en el momento que llegara a casa, me pusiera el pijama y durmiera hasta el día siguiente que sería todo igual.
El cansancio psíquico se convirtió en físico y me ha pasado factura estos días, pero se acabó.
Sí, sí, sí...
Porque me la suda.
Ya me da igual todo. Haré lo que pueda y lo que no, ahí se queda, y si me quieren "reducir", que lo hagan. Pfffffffff. No obstante y por si acaso, delegaré más. Intentaré (no puedo prometer más) tomarme las cosas con más calma. Mi vida no estará dominada por el trabajo. Disfrutaré del sol. Me iré a dar paseos. O de compras (ropita primaveral y mona). Disfrutaré de las próximas escapadas. Planearé otras. Desempolvaré la bicicleta. Me cuidaré más. Me mimaré. Caeré en las tentaciones...
...y que me libre del mal (laboral).
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