Este Sábado sucedió un hito en la Historia de la Humanidad. De hecho, la Historia se dividirá a partir de ahora en el antes y el después del Sábado, 14 de Marzo de 2009.
El Sábado me levanté a las ocho de la mañana.
Sí. Increíble pero cierto. Y lo más curioso de todo es que me levanté sin esfuerzo, sin rogar quedarme cinco minutos más en la cama. Supongo que el motivo es que no iba a trabajar, claro.
A las diez de una preciosa y soleada mañana, estaba despejada y contenta dando un paseo por la city. Había dejado a mi chico en su trabajo y yo tenía la mañana para comprar un regalo para un amigo, pero como tenía muy claro qué iba a regalarle, estuve dando vueltas por ahí. Tranquilamente. Disfrutando de las cales poco atestadas y de tiempo libre.
Luego pensé que no me hacía ningún mal dejarme caer por una tiendecilla de las mías. A esas horas los comercios acababan de abrir, no había gente aún pululando salvo yo, y pude pasearme por entre las perchas a placer. Ohhhhhhhh... Me probé sólo por gusto un par de prendas, y era uno de ésos días en los que todo te sienta bien. Así que me llevé tres camisetillas nuevas y primaverales muy chulas.
Después entré en otra tiendecilla donde me gusta comprar pendientes (me encantan), y encontré unos que había fichado hace un mes en otra tienda pero que no me los compré en aquel momento y aún no sé por qué. Los daba por perdidos pero ahí estaban, esperándome.
Lo siguiente fue que por fin encontré las zapatillas que esaba buscando hace meses.
Esos tres hechos puramente consumitas me pusieron de buen humor (aunque no tanto a mi tarjeta). Parece que cuando decides estar contenta, el Universo te ayuda, y sospecho que esta ley también funciona al revés...
Después comimos de tapeo. Las terracitas estaban hasta arriba: con los primeros rayos de sol, la gente de por aquí asaltamos las calles. Me gusta eso -vale, no me gusta no tener sitio, pero sí todo el ambientillo jovial de las terracitas-, es como si la luz nos volviera más positivos.
Después de un Sábado por la mañana sólo calificable de estupendo, todo el fin de semana ha ido genial... Incluyendo el hecho de que para compensar el Equilibrio del Universo, hoy me he levantado bien tarde, que no me he vuelto loca. Los Domingos por la mañana siguen siendo un misterio para mí.
Me está gustando mucho el resultado de querer cambiar el chip. He conseguido desconectar bastante, he tomado el sol, he paseado... Ahora sólo me falta extrapolar esto a los restantes días de la semana. Veremos cómo manejo el asunto, pero vaya como vaya, este fin de semana que me lo he pasado muy bien no me lo quita nadie.
El Sábado me levanté a las ocho de la mañana.
Sí. Increíble pero cierto. Y lo más curioso de todo es que me levanté sin esfuerzo, sin rogar quedarme cinco minutos más en la cama. Supongo que el motivo es que no iba a trabajar, claro.
A las diez de una preciosa y soleada mañana, estaba despejada y contenta dando un paseo por la city. Había dejado a mi chico en su trabajo y yo tenía la mañana para comprar un regalo para un amigo, pero como tenía muy claro qué iba a regalarle, estuve dando vueltas por ahí. Tranquilamente. Disfrutando de las cales poco atestadas y de tiempo libre.
Luego pensé que no me hacía ningún mal dejarme caer por una tiendecilla de las mías. A esas horas los comercios acababan de abrir, no había gente aún pululando salvo yo, y pude pasearme por entre las perchas a placer. Ohhhhhhhh... Me probé sólo por gusto un par de prendas, y era uno de ésos días en los que todo te sienta bien. Así que me llevé tres camisetillas nuevas y primaverales muy chulas.
Después entré en otra tiendecilla donde me gusta comprar pendientes (me encantan), y encontré unos que había fichado hace un mes en otra tienda pero que no me los compré en aquel momento y aún no sé por qué. Los daba por perdidos pero ahí estaban, esperándome.
Lo siguiente fue que por fin encontré las zapatillas que esaba buscando hace meses.
Esos tres hechos puramente consumitas me pusieron de buen humor (aunque no tanto a mi tarjeta). Parece que cuando decides estar contenta, el Universo te ayuda, y sospecho que esta ley también funciona al revés...
Después comimos de tapeo. Las terracitas estaban hasta arriba: con los primeros rayos de sol, la gente de por aquí asaltamos las calles. Me gusta eso -vale, no me gusta no tener sitio, pero sí todo el ambientillo jovial de las terracitas-, es como si la luz nos volviera más positivos.
Después de un Sábado por la mañana sólo calificable de estupendo, todo el fin de semana ha ido genial... Incluyendo el hecho de que para compensar el Equilibrio del Universo, hoy me he levantado bien tarde, que no me he vuelto loca. Los Domingos por la mañana siguen siendo un misterio para mí.
Me está gustando mucho el resultado de querer cambiar el chip. He conseguido desconectar bastante, he tomado el sol, he paseado... Ahora sólo me falta extrapolar esto a los restantes días de la semana. Veremos cómo manejo el asunto, pero vaya como vaya, este fin de semana que me lo he pasado muy bien no me lo quita nadie.
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