Me pasé casi toda la tarde-noche de aquel Miércoles decidiendo qué narices meter en la maleta.
Aunque no era una maleta como tal, sino una bolsa que uso para mis desplazamientos de fin de semana. Al fin y al cabo, a Cádiz íbamos sólo tres días, casi un fin de semana.
Como dije, todo se complicó desde el www.inm.es, que lo llevaba consultando tres días y cada vez daba un tiempo distinto. Resolví que a las 20:17 sería la ULTIMÍSIMA vez que lo mirara. Y resulta que daba sol, nublado y lluvia en los tres días que íbamos a estar. Vamos, faltaba un huracán y una sequía en el clima de la zona...
Así que cuando en una maleta ya de por sí no muy amplia metes una toalla (porque a saber el estado de las toallas del sitio, y tuve razón), ropa interior, pijama estándar y bolsa de aseo en formato reducido, no te queda mucho margen de maniobra. Por tanto, no podría meter ni una cuarta parte de la ropa que había desperdigado sobre la cama, pensando en todas las situaciones posibles que se puedan dar en 72 horas.
Preferí tantear el terreno y llamé a mi amiga. Así, de pasada, como quien no quiere la cosa, le pregunté la capacidad en metros cúbicos o litros del maletero del coche que íbamos a llevar, y me dijo que POCOS. Ocupados también con su maleta, la del dueño del coche (claro), un equipo de música de por si acaso, además de que luego tendríamos que llevar la comida a la casa... Como si me adivinara el pensamiento, me dijo que mi amigo -el dueño del coche- NO pensaba ir desbordado y que bajo amenaza, debíamos tener cabecita.
Y la tuve, claro, sin más remedio, so pena de que me dejara en tierra. Así que descarté unos veinte modelitos y llené mi bolsa de viaje con prendas que cubrían todas las posibilidades meteorológicas, pero sin posibilidad de elegir prendas. Años de Tetris me valieron para meter bastantes cosas sin desperdiciar ni un poquito de espacio.
Por eso, a la mañana siguiente, estaba henchida de orgullo por mi proeza: no había llenado un maletón, había sido tremendamente prudente y comedida, adecuada a las circunstancias. Una chica que aprovechaba el tiempo y el espacio con eficiencia. Una chica Cosmopolitan total (y Vogue, Telva, InStyle, Woman y Glamour).
Cuando saqué de mi maletero mi equipaje para pasarlo al coche del chico (insisto: henchida de satisfacción), mi amiga soltó un grito un grito espeluznante:
- ¿No será ESA TU MALETA?
Miré mi maleta, confundida. Imposible, y digo: IM-PO-SI-BLE llevar menos cosas. Vale que mi talla es mayor a la suya, pero no es para tanto... Así me acerqué al maletero del chico para ver si es que en lugar de maleta había llevado algún artilugio comprimidor de prendas o algo.
Pero no. Llevaba una maleta que cuatriplica la mía en tamaño. Su Samsonite rígida que podría albergar tranquilamente una familia de inmigrantes chinos.
- ¿¿¿Pero no me habíais dicho que llevara lo mínimo???
- Y lo llevo. Pero, ¿y si llueve? ¿Y si hace bueno? ¿Y si vamos a la playa? ¿Y si salimos de excursión por unas marismas? ¿Y si alquilamos unas bicicletas? ¿Y si me mancho? ¿Y si vamos a algún sitio pijo? ¿Y si...?
- ¿Y si te estrangulo?
MORALEJA: JAMÁS-NUNCA-EN-LA-VIDA hagáis caso a nadie a la hora de hacer una maleta, meted lo que os venga en gana sin importar el tamaño que ya habrá apaño para llevarla donde sea, aunque sea atándola al techo de un coche o alquilando un burro. Ea.
Aunque no era una maleta como tal, sino una bolsa que uso para mis desplazamientos de fin de semana. Al fin y al cabo, a Cádiz íbamos sólo tres días, casi un fin de semana.
Como dije, todo se complicó desde el www.inm.es, que lo llevaba consultando tres días y cada vez daba un tiempo distinto. Resolví que a las 20:17 sería la ULTIMÍSIMA vez que lo mirara. Y resulta que daba sol, nublado y lluvia en los tres días que íbamos a estar. Vamos, faltaba un huracán y una sequía en el clima de la zona...
Así que cuando en una maleta ya de por sí no muy amplia metes una toalla (porque a saber el estado de las toallas del sitio, y tuve razón), ropa interior, pijama estándar y bolsa de aseo en formato reducido, no te queda mucho margen de maniobra. Por tanto, no podría meter ni una cuarta parte de la ropa que había desperdigado sobre la cama, pensando en todas las situaciones posibles que se puedan dar en 72 horas.Preferí tantear el terreno y llamé a mi amiga. Así, de pasada, como quien no quiere la cosa, le pregunté la capacidad en metros cúbicos o litros del maletero del coche que íbamos a llevar, y me dijo que POCOS. Ocupados también con su maleta, la del dueño del coche (claro), un equipo de música de por si acaso, además de que luego tendríamos que llevar la comida a la casa... Como si me adivinara el pensamiento, me dijo que mi amigo -el dueño del coche- NO pensaba ir desbordado y que bajo amenaza, debíamos tener cabecita.
Y la tuve, claro, sin más remedio, so pena de que me dejara en tierra. Así que descarté unos veinte modelitos y llené mi bolsa de viaje con prendas que cubrían todas las posibilidades meteorológicas, pero sin posibilidad de elegir prendas. Años de Tetris me valieron para meter bastantes cosas sin desperdiciar ni un poquito de espacio.Por eso, a la mañana siguiente, estaba henchida de orgullo por mi proeza: no había llenado un maletón, había sido tremendamente prudente y comedida, adecuada a las circunstancias. Una chica que aprovechaba el tiempo y el espacio con eficiencia. Una chica Cosmopolitan total (y Vogue, Telva, InStyle, Woman y Glamour).
Cuando saqué de mi maletero mi equipaje para pasarlo al coche del chico (insisto: henchida de satisfacción), mi amiga soltó un grito un grito espeluznante:
- ¿No será ESA TU MALETA?
Miré mi maleta, confundida. Imposible, y digo: IM-PO-SI-BLE llevar menos cosas. Vale que mi talla es mayor a la suya, pero no es para tanto... Así me acerqué al maletero del chico para ver si es que en lugar de maleta había llevado algún artilugio comprimidor de prendas o algo.
Pero no. Llevaba una maleta que cuatriplica la mía en tamaño. Su Samsonite rígida que podría albergar tranquilamente una familia de inmigrantes chinos.
- ¿¿¿Pero no me habíais dicho que llevara lo mínimo???
- Y lo llevo. Pero, ¿y si llueve? ¿Y si hace bueno? ¿Y si vamos a la playa? ¿Y si salimos de excursión por unas marismas? ¿Y si alquilamos unas bicicletas? ¿Y si me mancho? ¿Y si vamos a algún sitio pijo? ¿Y si...?
- ¿Y si te estrangulo?
MORALEJA: JAMÁS-NUNCA-EN-LA-VIDA hagáis caso a nadie a la hora de hacer una maleta, meted lo que os venga en gana sin importar el tamaño que ya habrá apaño para llevarla donde sea, aunque sea atándola al techo de un coche o alquilando un burro. Ea.
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