Hoy presento una nueva entrega de...
...que se inauguró hace un tiempo porque estaba un poco de uñas... Este va a ser el logo oficial, así que si un post empieza con la siguiente imagen, es que siguen palabras de ofujkamiento en toda regla.
El tema de hoy no es otro que las cajeras de supermercado que pasan de ti mientras metes toda tu compra (un carrito lleno hasta los topes) tú solita en bolsas, te miran mientras lo haces o en su defecto a sus uñas y encima te ponen mala cara si tardas en efectuar el pago o firmar el recibo de la tarjeta.
Por lo visto hay más ejemplares de los que yo creía y de los que la Humanidad debería permitir.
Porque además, no entiendo su Justicia Divina, es decir, ¿cómo deciden a quién ayudan a meter artículos en bolsas? ¿Sólo a las buenas personas? ¿Realmente siguen un patrón? ¿O es una elección totalmente azarosa?
En mi momento de observación, no llegué a comprobar qué tiene que tener la persona que se vea agracidada por su gesto de magnanidad y vea como es ayudada a meter su compra en bolsas.
Pero situémonos. Eran las 18:14 de un Viernes por la tarde, 26 de Junio de 2009 para más señas, en la caja número dos en un supermercado de una importante cadena nacional. En el interior, la temperatura ambiente rondaría los 26º (las cajas están cerca de la zona de refrigerados), en el exterior hacía un día despejado, aproximadamente 36º, humedad relativa del 29%. A la cajera, llamémosle Manoli por poner un ejemplo totalmente al azar, se la veía un pelín harta de estar en la caja anteriormente mencionada, en lugar de en una terracita con sus amigas y un café con hielo.
En la cola había cuatro tipos de clientes:
LO QUE ME SACA DE MIS CASILLAS
...que se inauguró hace un tiempo porque estaba un poco de uñas... Este va a ser el logo oficial, así que si un post empieza con la siguiente imagen, es que siguen palabras de ofujkamiento en toda regla.
El tema de hoy no es otro que las cajeras de supermercado que pasan de ti mientras metes toda tu compra (un carrito lleno hasta los topes) tú solita en bolsas, te miran mientras lo haces o en su defecto a sus uñas y encima te ponen mala cara si tardas en efectuar el pago o firmar el recibo de la tarjeta.Por lo visto hay más ejemplares de los que yo creía y de los que la Humanidad debería permitir.
Porque además, no entiendo su Justicia Divina, es decir, ¿cómo deciden a quién ayudan a meter artículos en bolsas? ¿Sólo a las buenas personas? ¿Realmente siguen un patrón? ¿O es una elección totalmente azarosa?
En mi momento de observación, no llegué a comprobar qué tiene que tener la persona que se vea agracidada por su gesto de magnanidad y vea como es ayudada a meter su compra en bolsas.
Pero situémonos. Eran las 18:14 de un Viernes por la tarde, 26 de Junio de 2009 para más señas, en la caja número dos en un supermercado de una importante cadena nacional. En el interior, la temperatura ambiente rondaría los 26º (las cajas están cerca de la zona de refrigerados), en el exterior hacía un día despejado, aproximadamente 36º, humedad relativa del 29%. A la cajera, llamémosle Manoli por poner un ejemplo totalmente al azar, se la veía un pelín harta de estar en la caja anteriormente mencionada, en lugar de en una terracita con sus amigas y un café con hielo.
En la cola había cuatro tipos de clientes:
- Mujer rondando los 40 años aproximadamente, con un atuendo veraniego y práctico, discreto a la par que sencillo, con un ligero maquillaje y peinado moderno. Su compra rondaba los 32 euros, y la composición mayoritaria de dicha compra era lácteos y zumos.
- Grupo de cuatro jovenzuelos (dos chicos y dos chicas), con un marcado look hiphopero de ropas oscuras, pelo tendente a la grasa, gomillas de la ropa interior a la vista, chicle más fuera que dentro de la boca. Su compra no superaba los 20 euros, y consistía exclusivamente en pizza y cervezas, supuestamente para la cena.
- Hombre cuya edad oscilaría entre los 60 y 65 años, callado, correcto y educado, con pantalón de raya marcada y camisa perfectamente planchada por, seguramente, su esposa. Su compra era inferior a 2 euros: lechuga tipo iceberg y paquete de sal.
- Mujer joven, atractiva, simpática, majérrima, radiante, bloggera para más señas, que además no necesita abuela, a la que se le iba hinchando la carótida según observaba a la tal Manoli. El importe de su compra superaba los 40 euros, y predominaba el caos total.
La pregunta que surge a continuación es: ¿a quién ayudó la cajera a meter sus enseres en las bolsas de plástico?
La respuesta es (seleccionar para ver): a los cuatro chicos.
(Qué tontería lo de seleccionar para ver porque a continuación queda claro...)
O sea, no lo entiendo. ¿Ayuda a los cuatro, a los que iban juntos y sumaban ocho brazos para meter un pack de cervezas y dos pizzas en dos bolsas? ¿Porque es poco, aunque más que la lechuga y la sal del señor? ¿Por las pintas, por si le rayan el coche? ¿Porque les recuerda a su juventud? ¿Porque sus 20 euros valen más que los 30 de la primera mujer o de la cuarta fabulosa chica? ¿Porque llevan pizza? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?
Así que yo y mi vena palpitante (ups, ¡me he descubierto!) metíamos con bastante mala leche la compra en las bolsas, con deliberada parsimornia mientras veía de reojo cómo me miraba Manoli, que ya había hecho la cuenta un plis -por supuesto- y estaba esperando a que le pagara.
Pues sí, ahora te esperas un poquito, guapa. Un pack de yogures a la bolsa. Manoli carraspea. Un paquete de pan de molde a la bolsa. Manoli tose. Un bote de aceitunas a la bolsa. Manoli tamborilea los dedos. Un kilo de tomates a la bolsa. Manoli suspira ruidosamente. Un paquete de cereales a la bolsa. Y así hasta cinco bolsas de cosas.
Lo siento, pero es que no puedoooooooooooo...
La respuesta es (seleccionar para ver): a los cuatro chicos.
(Qué tontería lo de seleccionar para ver porque a continuación queda claro...)
O sea, no lo entiendo. ¿Ayuda a los cuatro, a los que iban juntos y sumaban ocho brazos para meter un pack de cervezas y dos pizzas en dos bolsas? ¿Porque es poco, aunque más que la lechuga y la sal del señor? ¿Por las pintas, por si le rayan el coche? ¿Porque les recuerda a su juventud? ¿Porque sus 20 euros valen más que los 30 de la primera mujer o de la cuarta fabulosa chica? ¿Porque llevan pizza? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?
Así que yo y mi vena palpitante (ups, ¡me he descubierto!) metíamos con bastante mala leche la compra en las bolsas, con deliberada parsimornia mientras veía de reojo cómo me miraba Manoli, que ya había hecho la cuenta un plis -por supuesto- y estaba esperando a que le pagara.
Pues sí, ahora te esperas un poquito, guapa. Un pack de yogures a la bolsa. Manoli carraspea. Un paquete de pan de molde a la bolsa. Manoli tose. Un bote de aceitunas a la bolsa. Manoli tamborilea los dedos. Un kilo de tomates a la bolsa. Manoli suspira ruidosamente. Un paquete de cereales a la bolsa. Y así hasta cinco bolsas de cosas.
Lo siento, pero es que no puedoooooooooooo...
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