- ¿Qué tal ha ido?
- ¡Me han puesto de RdP! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa!
Y me pasé la siguiente media hora sollozando, hipando y moqueando en el pecho de mi chico, mojándole la camiseta y manchándosela con churretones de rimmel.
Sí, por regla general, la palabra ascenso es positiva. De hecho, cuando por Agosto "heredé" mi actual puesto, en el fondo me alegré porque es un puesto que conocía (porque lo había asumido en periodos vacacionales) y que más o menos manejaba. De hecho, estaba bastante contenta.
Pero ya está. El puesto me gusta y no quiero ir más allá. No tengo una ambición desmedida y, sobre todo, conozco mis limitaciones (para algo llevo 30 años conociéndome). Sé lo que puedo hacer y lo que no. Lo que puedo asumir y lo que no. E ir más arriba de donde estoy ahora en esta empresa, no es algo para lo que me sienta capacitada. Ni siquiera mínimamente.
Traducido: que no quiero, c*ñ*, que no, que NOOOOOOOOOOOOO.
De ahí mi inconsolable llorera.
Además, como soy así deingenua tonta, pensé que como para esos huecos que deja mi jefe no se haría promoción pública: sondearían a los posibles candidatos. En caso de que me preguntaran (no por nada, sino porque estoy justo debajo de él jerárquicamente hablando y sería lógico), tenía bien aprendida mi respuesta: no, muchas gracias por pensar en mí pero no desempeñaría un buen papel, ya que no tengo el perfil adecuado para ese puesto tan crítico de la organización. Punto.
Pero obviamente, NO. Las cosas no iban a ser así. Es decir, no ha habido promoción pública como ya imaginé, eso está claro, aquí el dedo que apunta es el dedo que domina el mundo. Hasta ahí ha sido como esperaba. Pero la otra parte no. Más bien la cosa ha sido de esta forma: vas a ser la nueva RdP hasta que las cosas vuelvan a su cauce, así que tienes cinco días para formarte. Punto.
No hay opción a decir que no.
Es decir: la persona que desempeña a la vez dos puestos y que paralelamente está preparando su partida (por lo que casi todas las mañanas tiene que salir a arreglar algún papel o ponerse alguna vacuna o simplemente organizar un traslado), me va a formar en un puesto completamente nuevo para mí, del que actualmente tengo sólo un 10% de visibilidad, por lo que la mayoría de cosas serán nuevas. Pero además, aparte de no decir nada a nadie porque a saber cuándo se hará oficial (no puedo desahogarme como debiera, ni explicar a mi gente de confianza las cosas raras que ven), no puedo dejar de realizar mis tareas diarias, ya que la producción no se puede ver afectada ni un ápice. Sin olvidar, claro está, que también hay que ir cubriendo las vacaciones del personal que me apoya (o sea: sus tareas también las tengo que hacer yo; repartidas, sí, pero a la postre es más trabajo).
Fantástico.
En definitiva: no vuelvo a ponerme rimmel para ir a trabajar, porque me da la sensación de que esto va a ser una llorera constante. En teoría el INFIERNO va a durar 365 días, y pienso ponerme un recordatorio de cuenta atrás.
Aggggggggggggggggg...
- ¡Me han puesto de RdP! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa!
Y me pasé la siguiente media hora sollozando, hipando y moqueando en el pecho de mi chico, mojándole la camiseta y manchándosela con churretones de rimmel.
Sí, por regla general, la palabra ascenso es positiva. De hecho, cuando por Agosto "heredé" mi actual puesto, en el fondo me alegré porque es un puesto que conocía (porque lo había asumido en periodos vacacionales) y que más o menos manejaba. De hecho, estaba bastante contenta.Pero ya está. El puesto me gusta y no quiero ir más allá. No tengo una ambición desmedida y, sobre todo, conozco mis limitaciones (para algo llevo 30 años conociéndome). Sé lo que puedo hacer y lo que no. Lo que puedo asumir y lo que no. E ir más arriba de donde estoy ahora en esta empresa, no es algo para lo que me sienta capacitada. Ni siquiera mínimamente.
Traducido: que no quiero, c*ñ*, que no, que NOOOOOOOOOOOOO.
De ahí mi inconsolable llorera.
Además, como soy así de
Pero obviamente, NO. Las cosas no iban a ser así. Es decir, no ha habido promoción pública como ya imaginé, eso está claro, aquí el dedo que apunta es el dedo que domina el mundo. Hasta ahí ha sido como esperaba. Pero la otra parte no. Más bien la cosa ha sido de esta forma: vas a ser la nueva RdP hasta que las cosas vuelvan a su cauce, así que tienes cinco días para formarte. Punto.
No hay opción a decir que no.
Es decir: la persona que desempeña a la vez dos puestos y que paralelamente está preparando su partida (por lo que casi todas las mañanas tiene que salir a arreglar algún papel o ponerse alguna vacuna o simplemente organizar un traslado), me va a formar en un puesto completamente nuevo para mí, del que actualmente tengo sólo un 10% de visibilidad, por lo que la mayoría de cosas serán nuevas. Pero además, aparte de no decir nada a nadie porque a saber cuándo se hará oficial (no puedo desahogarme como debiera, ni explicar a mi gente de confianza las cosas raras que ven), no puedo dejar de realizar mis tareas diarias, ya que la producción no se puede ver afectada ni un ápice. Sin olvidar, claro está, que también hay que ir cubriendo las vacaciones del personal que me apoya (o sea: sus tareas también las tengo que hacer yo; repartidas, sí, pero a la postre es más trabajo).
Fantástico.
En definitiva: no vuelvo a ponerme rimmel para ir a trabajar, porque me da la sensación de que esto va a ser una llorera constante. En teoría el INFIERNO va a durar 365 días, y pienso ponerme un recordatorio de cuenta atrás.
Aggggggggggggggggg...
19 comentarios: