Me repito como el ajo, lo sé.
Soy consciente de ello.
Pero es que mi vida se reduce a eso y ya está.
Es decir: otra vez es Miércoles y estoy para el arrastre. Otra vez tengo las mismas circuntancias laborales, que me dejan físicamente agotada y mentalmente desquiciada.
Tengo un pellizco en el estómago permanente y constante.
La comunicación con la que ahora es mi jefa directa es, cuando menos, calificable de muy deficiente: me siento como si no supiera explicarme, como si tuviera una redacción pésima en mis correos e informes... Y verbalmente es peor: me hace sentir bastante ridícula en nuestras escasas conversaciones con unos silencios incómodos que me minan la moral, como si le estuviera hablando de otra cosa distinta al negocio que ella debería conocer a la perfección.
Así que cuando salgo de trabajar, normalmente después de regalarle a la empresa como poco una hora más y un rugido de estómago porque no me da tiempo ni de comer, caigo a plomo en el asiento del coche y sólo pienso en llegar a casa y quedarme allí, lo cual sé que no es sano.
Por eso, ayer por ejemplo, decidí que no podía ser y me fuí a la city, a tirar de tarjeta y comprarme ropa o algo que me hicera sentir mejor (GRAN terapia femenina, me dan igual los tópicos, ¿pasa algo?).
Pero nada.
Salí tarde, hacía un bochornazo importante, en el coche pasé un calor tremendo, había un montón de gente apiñada en los aires acondicionados de las tiendas, nada me quedaba bien... Ni siquiera el descuento del 30% que me hicieron en un par de prendas me animó. Luego fuimos a cenar algo y al cine, a la última sesión. Para entonces yo estaba con unas ganas locas de irme a casa a acostarme en lugar de entrar en una sala de cine las siguientes dos horas y media. Al menos la película me gustó, no fue un tostón, pero llegamos casi a las dos a casa y claro, esta mañana sigo cansada.
Me planteo seriamente pedirme un día suelto el Viernes, por ejemplo, sólo para levantarme una mañana "laboral" sin el familiar dolor de tripa que me asalta cada mañana al abrir los ojos...
Soy consciente de ello.
Pero es que mi vida se reduce a eso y ya está.
Es decir: otra vez es Miércoles y estoy para el arrastre. Otra vez tengo las mismas circuntancias laborales, que me dejan físicamente agotada y mentalmente desquiciada.
Tengo un pellizco en el estómago permanente y constante.
La comunicación con la que ahora es mi jefa directa es, cuando menos, calificable de muy deficiente: me siento como si no supiera explicarme, como si tuviera una redacción pésima en mis correos e informes... Y verbalmente es peor: me hace sentir bastante ridícula en nuestras escasas conversaciones con unos silencios incómodos que me minan la moral, como si le estuviera hablando de otra cosa distinta al negocio que ella debería conocer a la perfección.
Así que cuando salgo de trabajar, normalmente después de regalarle a la empresa como poco una hora más y un rugido de estómago porque no me da tiempo ni de comer, caigo a plomo en el asiento del coche y sólo pienso en llegar a casa y quedarme allí, lo cual sé que no es sano.
Por eso, ayer por ejemplo, decidí que no podía ser y me fuí a la city, a tirar de tarjeta y comprarme ropa o algo que me hicera sentir mejor (GRAN terapia femenina, me dan igual los tópicos, ¿pasa algo?).
Pero nada.
Salí tarde, hacía un bochornazo importante, en el coche pasé un calor tremendo, había un montón de gente apiñada en los aires acondicionados de las tiendas, nada me quedaba bien... Ni siquiera el descuento del 30% que me hicieron en un par de prendas me animó. Luego fuimos a cenar algo y al cine, a la última sesión. Para entonces yo estaba con unas ganas locas de irme a casa a acostarme en lugar de entrar en una sala de cine las siguientes dos horas y media. Al menos la película me gustó, no fue un tostón, pero llegamos casi a las dos a casa y claro, esta mañana sigo cansada.
Me planteo seriamente pedirme un día suelto el Viernes, por ejemplo, sólo para levantarme una mañana "laboral" sin el familiar dolor de tripa que me asalta cada mañana al abrir los ojos...
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