Las comparaciones son tan inevitables como odiosas. O tan odiosas como inevitables. Da igual. Lo cierto es que, aunque no sea sano compararse con nadie, muchas veces no puedes dejar de hacerlo, y casi siempre sales perdiendo.
No sé dónde nos dejamos la objetividad en esos casos, pero desde luego creo que siempre tendemos a magnificar lo de los demás y hacernos de menos a nosotros mismos. El gran logro de una persona (ese que desencadena la cadena de pensamientos y la consabida comparación), es tan enorme que ensombrece otras circunstancias suyas y por supuesto, eclipsa toda nuestra existencia.
A mí me gusta mi vida. No niego que podría ser mejor (y peor, por supuesto), pero soy razonablemente feliz. Estoy muy enamorada de mi pareja, y cada día le quiero más. Tengo una familia pequeña, y nos llevamos bastante bien. Tengo amigos a los que aprecio mucho, y aunque a muchos de ellos no los veo todo lo que me gustaría, lo cierto es que no me quejo en ese aspecto. Estoy contenta por la parte de las relaciones personales.
En cuanto a lo meramente material, a lo mejor no tengo el mejor trabajo del mundo -es obvio-, pero lo cierto es que me gusta pensar que por méritos propios he escalado en una empresa grande. El sueldo no es para tirar cohetes, claro, pero me permite pagar la hipoteca de mi casa y vivir con cierta holgura. Sin lujazos, pero tengo lo que quiero. Me puedo ir de vacaciones, me puedo permitir mis caprichos, me puedo comprar un coche a tocateja... Y tengo mi propia casa, no vivo de alquiler. El sofá donde me tumbo es mío, la cama donde duermo también... Quizá es una tontería, pero a mí me realiza, porque sobre todo, me produce cierta sensación de estabilidad, que no me hace pensar dónde estaré mañana.
¿Que podrían mejorarse esos u otros aspectos de mi vida? Pues sí, pero ahora mismo no me hace falta, estoy contenta con lo que tengo. No echo de menos nada, y aunque, como digo, hay cosas mejorables y quizá me gustaría poder hacer o tener alguna que otra cosa en concreto (por ejemplo, me gustaría viajar más), la verdad es que, pensándolo fríamente, no lo necesito.
Entonces, ¿por qué cuando saltan las comparaciones, me da la sensación de que no tengo nada en la vida?
No sé dónde nos dejamos la objetividad en esos casos, pero desde luego creo que siempre tendemos a magnificar lo de los demás y hacernos de menos a nosotros mismos. El gran logro de una persona (ese que desencadena la cadena de pensamientos y la consabida comparación), es tan enorme que ensombrece otras circunstancias suyas y por supuesto, eclipsa toda nuestra existencia.
A mí me gusta mi vida. No niego que podría ser mejor (y peor, por supuesto), pero soy razonablemente feliz. Estoy muy enamorada de mi pareja, y cada día le quiero más. Tengo una familia pequeña, y nos llevamos bastante bien. Tengo amigos a los que aprecio mucho, y aunque a muchos de ellos no los veo todo lo que me gustaría, lo cierto es que no me quejo en ese aspecto. Estoy contenta por la parte de las relaciones personales.
En cuanto a lo meramente material, a lo mejor no tengo el mejor trabajo del mundo -es obvio-, pero lo cierto es que me gusta pensar que por méritos propios he escalado en una empresa grande. El sueldo no es para tirar cohetes, claro, pero me permite pagar la hipoteca de mi casa y vivir con cierta holgura. Sin lujazos, pero tengo lo que quiero. Me puedo ir de vacaciones, me puedo permitir mis caprichos, me puedo comprar un coche a tocateja... Y tengo mi propia casa, no vivo de alquiler. El sofá donde me tumbo es mío, la cama donde duermo también... Quizá es una tontería, pero a mí me realiza, porque sobre todo, me produce cierta sensación de estabilidad, que no me hace pensar dónde estaré mañana.
¿Que podrían mejorarse esos u otros aspectos de mi vida? Pues sí, pero ahora mismo no me hace falta, estoy contenta con lo que tengo. No echo de menos nada, y aunque, como digo, hay cosas mejorables y quizá me gustaría poder hacer o tener alguna que otra cosa en concreto (por ejemplo, me gustaría viajar más), la verdad es que, pensándolo fríamente, no lo necesito.
Entonces, ¿por qué cuando saltan las comparaciones, me da la sensación de que no tengo nada en la vida?
7 comentarios: