Señoras, señores, les presento a InnerCar:
A pesar de lo que ha parecido en los últimos días, aquello de que estaba insegura y tal, fue un flechazo. Amor a primera vista. Cuando entramos en la Citröen y allí estaba, tan inmaculado, tan tranquilo, con su cutre cartulina naranja con el precio, supe que iba a ser mío. Bueno, si no él, un primo hermano. Tenía la cabeza llena de modelos, de precios, de pros de entregar la Olivita y contras (bastantes), y estaba ya un poco cansada del tema, la verdad. Además, tenía relativa prisa: queríamos un aire acondicionado con ruedas a la mayor brevedad, y el asunto amenazaba con extenderse hasta el Infinito y más allá.
Que sí, que vimos coches, y ofertas, y hablamos con particulares, y lidiamos con vendedores, y pedimos presupuestos de coches nuevos. Pero cuanto más ves, más dudas. Aún así, el pequeño C3 con su cartulina naranja ahí estaba, como esperándome.
Y yo me resistía... Porque me tentaba la idea de un coche nuevo. Pero una mañana, tuve una revelación: era más que probable que no estuviera nada tranquila conduciendo un coche flamante y nuevecito, y que mi seguridad aumentara unos cuantos enteros conduciendo uno de ocasión aunque estuviera bien, pero sería de segunda mano y eso le bastaba a mi conciencia para no atenazarme los músculos. El pequeño C3 con su cartulina naranja, en realidad, cumplía todos los requisitos.
Así que hace tres días fuimos, vimos, probamos y compramos. Ayer lo recogimos a última hora de la tarde, y ya duerme en el garaje... Sin la horrible cartulina naranja.
Como valor añadido a la situación: la Olivita sigue con nosotros, porque, en realidad, no tenía corazón para entregar el coche, por mucho que tentara la ayuda del Gobierno... Pero como al final no ha sido coche nuevo, pues nos la quedamos (además, era insultante la cifra que nos ofrecían por ella). Y sí, ahora tenemos 1,5 coches por cabeza, y aunque eso suene a poderío económico (¡!), nada más lejos de la realidad. Teniendo en cuenta que los dos necesitamos coche y que les pegamos unos señores tutes, no está mal la opción de tener un comodín tan adorable como la Olivita.
Estoy contentísima. Me gusta mucho el InnerCar. Me va a costar acostumbrarme a conducirlo, pero se deja mimar. No encuentro la marcha atrás, pero no importa. Mi mano se habituará a buscarla en la otra punta de donde solía estar. Huele a nuevo. Se me cala a veces. Está esperando que lo llene con mis cositas, mis papeles, mis chismes, mis chominaícas. Me regala fresquito casi inmediatamente. No importará que sea un desastre, porque con el cierre centralizado ya no tendré que probar que sí están cerradas todas las puertas y el maletero. En definitiva, voy a disfrutarlo a tope, con muuuuuuuuuucha ilusión...
En fin, ¿qué os parece?
A pesar de lo que ha parecido en los últimos días, aquello de que estaba insegura y tal, fue un flechazo. Amor a primera vista. Cuando entramos en la Citröen y allí estaba, tan inmaculado, tan tranquilo, con su cutre cartulina naranja con el precio, supe que iba a ser mío. Bueno, si no él, un primo hermano. Tenía la cabeza llena de modelos, de precios, de pros de entregar la Olivita y contras (bastantes), y estaba ya un poco cansada del tema, la verdad. Además, tenía relativa prisa: queríamos un aire acondicionado con ruedas a la mayor brevedad, y el asunto amenazaba con extenderse hasta el Infinito y más allá.Que sí, que vimos coches, y ofertas, y hablamos con particulares, y lidiamos con vendedores, y pedimos presupuestos de coches nuevos. Pero cuanto más ves, más dudas. Aún así, el pequeño C3 con su cartulina naranja ahí estaba, como esperándome.
Y yo me resistía... Porque me tentaba la idea de un coche nuevo. Pero una mañana, tuve una revelación: era más que probable que no estuviera nada tranquila conduciendo un coche flamante y nuevecito, y que mi seguridad aumentara unos cuantos enteros conduciendo uno de ocasión aunque estuviera bien, pero sería de segunda mano y eso le bastaba a mi conciencia para no atenazarme los músculos. El pequeño C3 con su cartulina naranja, en realidad, cumplía todos los requisitos.
Así que hace tres días fuimos, vimos, probamos y compramos. Ayer lo recogimos a última hora de la tarde, y ya duerme en el garaje... Sin la horrible cartulina naranja.
Como valor añadido a la situación: la Olivita sigue con nosotros, porque, en realidad, no tenía corazón para entregar el coche, por mucho que tentara la ayuda del Gobierno... Pero como al final no ha sido coche nuevo, pues nos la quedamos (además, era insultante la cifra que nos ofrecían por ella). Y sí, ahora tenemos 1,5 coches por cabeza, y aunque eso suene a poderío económico (¡!), nada más lejos de la realidad. Teniendo en cuenta que los dos necesitamos coche y que les pegamos unos señores tutes, no está mal la opción de tener un comodín tan adorable como la Olivita.
Estoy contentísima. Me gusta mucho el InnerCar. Me va a costar acostumbrarme a conducirlo, pero se deja mimar. No encuentro la marcha atrás, pero no importa. Mi mano se habituará a buscarla en la otra punta de donde solía estar. Huele a nuevo. Se me cala a veces. Está esperando que lo llene con mis cositas, mis papeles, mis chismes, mis chominaícas. Me regala fresquito casi inmediatamente. No importará que sea un desastre, porque con el cierre centralizado ya no tendré que probar que sí están cerradas todas las puertas y el maletero. En definitiva, voy a disfrutarlo a tope, con muuuuuuuuuucha ilusión...
En fin, ¿qué os parece?
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