Tengo 30 años. Lo dice claramente mi carnet. Ya no soy joven para mi banco. Ni para el gimnasio. Ni para la dependienta de la perfumería donde suelo ir. Haber superado la barrera de los 30 me asustó en un principio, pero ahora tengo que vivir con ello, no me queda otro remedio. Además, en realidad, no es tan malo...
Lo único que me preocupa es... Sí, tengo 30 años. ¿Y por qué me quedé con un xilofón de colores hecho a mano que en un principio iba a ser para la hija de unos amigos nuestros y acabó en la estantería del estudio? Me pareció tan mono... Con esos colores que alegran a cualquiera... Y quedaba genial con el entorno de la estantería...

¿Y cómo es posible que volviera a pasar otra vez? En la cuarta planta de El Corte Inglés, en lugar de UN peluche para otro bebé, compramos DOS. Sí, no fui capaz de permitir que el suave y adorable Pato fuera a parar a manos de un bebé que lo babearía casi seguro. Tuve que quedármelo, y para paliar que íbamos a salir de allí sin el regalo que habíamos ido a buscar, compramos otro. Pero yo ya tenía el mío y me quedaba tranquila. Lo he puesto en el rincón sueco de la estantería, jejejeje... Stieg Larsson e Ikea.

Ésa no fue la última vez. Hacía poco de mi 30 cumpleaños y estábamos en una tienda de muebles con mi madre, escogiendo su nuevo dormitorio. Yo había echado el ojo a mi siguiente adquisición, que estaba en un simulado dormitorio infantil. Cuando ya íbamos a salir, lo busqué disimuladamente, pero una cría ya lo había cazado antes. Me planteé acercarme a ella en plan sicario (ella tendría 5 años y yo seis veces más, no debería ser complicado), pero afortunadamente, mi chico encontró otro y no hubo que montar un espectáculo. Mi madre casi se muere de vergüenza en la caja, pero me daba igual: yo ya tenía a Jojis, y era más feliz que una perdiz.
¿Es esto el famoso Síndrome de Peter Pan?
Lo único que me preocupa es... Sí, tengo 30 años. ¿Y por qué me quedé con un xilofón de colores hecho a mano que en un principio iba a ser para la hija de unos amigos nuestros y acabó en la estantería del estudio? Me pareció tan mono... Con esos colores que alegran a cualquiera... Y quedaba genial con el entorno de la estantería...

¿Y cómo es posible que volviera a pasar otra vez? En la cuarta planta de El Corte Inglés, en lugar de UN peluche para otro bebé, compramos DOS. Sí, no fui capaz de permitir que el suave y adorable Pato fuera a parar a manos de un bebé que lo babearía casi seguro. Tuve que quedármelo, y para paliar que íbamos a salir de allí sin el regalo que habíamos ido a buscar, compramos otro. Pero yo ya tenía el mío y me quedaba tranquila. Lo he puesto en el rincón sueco de la estantería, jejejeje... Stieg Larsson e Ikea.

Ésa no fue la última vez. Hacía poco de mi 30 cumpleaños y estábamos en una tienda de muebles con mi madre, escogiendo su nuevo dormitorio. Yo había echado el ojo a mi siguiente adquisición, que estaba en un simulado dormitorio infantil. Cuando ya íbamos a salir, lo busqué disimuladamente, pero una cría ya lo había cazado antes. Me planteé acercarme a ella en plan sicario (ella tendría 5 años y yo seis veces más, no debería ser complicado), pero afortunadamente, mi chico encontró otro y no hubo que montar un espectáculo. Mi madre casi se muere de vergüenza en la caja, pero me daba igual: yo ya tenía a Jojis, y era más feliz que una perdiz.
¿Es esto el famoso Síndrome de Peter Pan?
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