Estoy un poco que me subo por las paredes.
Huyo (sí, ése es el verbo: huir) del trabajo y de los millones de comentarios de los planes que tiene todo el mundo para sus vacaciones.
Todo el mundo menos yo.
Estoy tranquilita en casa, y pongo la tele un rato. Viajes Marsans, Viajes Iberia y similares me bombardean de ofertones, porque este año, con la crisis, los precios están baratos y todo el mundo puede viajar.
Todo el mundo menos yo.
La apago, un poco recocidilla. Y me voy a Internet. Abro mi correo, y varias cadenas de hoteles me presentan sus ofertones para este verano, y me recuerdan que todos sus clientes ya disfrutan de tarifas más baratas.
Todo el mundo menos yo.
Cierro el correo y abro mi listado de blogs para ponerme al día, y el 80% de ellos o están contando los días que les quedan para las vacaciones, o sacando los billetes para sus viajes, o simplemente compartiendo sus próximos destinos. De una forma u otra, todo el mundo está pensando en sus vacaciones.
Todo el mundo menos yo.
Porque sí, estamos ya a Julio y no tengo ni idea de qué va a ser de mí vacacionalmente hablando este verano.
¿Y por qué estoy en esta situación? Por mema.
Huyo (sí, ése es el verbo: huir) del trabajo y de los millones de comentarios de los planes que tiene todo el mundo para sus vacaciones.
Todo el mundo menos yo.
Estoy tranquilita en casa, y pongo la tele un rato. Viajes Marsans, Viajes Iberia y similares me bombardean de ofertones, porque este año, con la crisis, los precios están baratos y todo el mundo puede viajar.
Todo el mundo menos yo.
La apago, un poco recocidilla. Y me voy a Internet. Abro mi correo, y varias cadenas de hoteles me presentan sus ofertones para este verano, y me recuerdan que todos sus clientes ya disfrutan de tarifas más baratas.
Todo el mundo menos yo.
Cierro el correo y abro mi listado de blogs para ponerme al día, y el 80% de ellos o están contando los días que les quedan para las vacaciones, o sacando los billetes para sus viajes, o simplemente compartiendo sus próximos destinos. De una forma u otra, todo el mundo está pensando en sus vacaciones.
Todo el mundo menos yo.
Porque sí, estamos ya a Julio y no tengo ni idea de qué va a ser de mí vacacionalmente hablando este verano.
¿Y por qué estoy en esta situación? Por mema.- Llevo un año sabiendo que la boda de una de mis mejores amigas es el 25 de Julio en la otra punta de España. Lo sé yo y lo saben mis compañeros porque no he parado de hablar del tema. Pero una de ellas al parecer se hizo la sorda y resulta que no se enteró de que tenía intención de pedirme una semana en Julio para ir a la boda tranquilita y ya de paso disfrutar de unos días de relax (por cierto, la primera vez en cuatro años que digo de tomarme una semana en verano). Ella hizo planes con sus amigas para la segunda quincena de Julio, o eso dijo. Así que cuando fuimos a ver cómo nos pedíamos las vacaciones, ni ella estaba dispuesta a renunciar, ni por supuesto yo tampoco.
Nos enzarzamos en una buena discusión en la cual no llegamos a ninguna conclusión, salvo que la una pensara -y dijera- de la otra que era una egoísta.
Después de eso, nada más que por coraje y orgullo no he vuelto a sacar el tema. Claro que podría haber sido una hija de fruta, haber entregado mi solicitud de vacaciones (porque ninguna de las dos lo habíamos hecho) y el que viniera atrás que arreara. Pero no lo hice. Por eso hora estoy a expensas de que mi compañera se decida a pedirse vacaciones de una buena vez. No le presiono más porque ahora resulta que está pasando un momento personal delicado y yo soy así de sumamente considerada
Necesito vacaciones. Y más que vacaciones, necesito la EXPECTATIVA de unas vacaciones. Una cuenta atrás. Una ilusión de elegir destino. Una aventura al planificar cosas. Para que sea todo el mundo, y yo también.
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