Una medida para ver cómo me ha ido durante un tiempo determinado es contar cuántas braguitas nuevas hay en el cajón. Como ya he dicho alguna vez, cuando estoy de bajón, me da por comprarme braguitas de colores (si la crisis es más grave, cae un pack de tres). Esta semana hay nueve nuevas inquilinas en diversos tonos en el cajón, perfectamente dobladas al lado de las de la semana pasada.
No sé por qué me da por ahí. Al menos es algo productivo: siempre es bueno tener ropa interior nueva y mona. Y no es tan inusual como yo pensaba. Comentando el tema con alguna amiga, me ha confirmado que no soy una loca aislada, sino que la industria braguera nacional se nutre principalmente de los bajones femeninos.
De hecho, creo que nunca me he comprado braguitas en buen estado de ánimo. Siempre ha sido cuando me he encontrado un poco triste, he ido a dar un paseo y he acabado en una tienda de ropa interior. Personalmente, no me valen las tiendas de ropa, porque no me veo guapa en esos momentos y nada me queda bien. Tampoco me sirven las perfumerías, porque es francamente peligroso: cuando las dependientashuelen la depresión ven a alguien con signos de estar de bajón, cogen a la interfecta y la sientan en un taburete, la maquillan estupendamente y luego les hablan de las maravillas de los productos que ahora tiene sobre la cara (al fin y al cabo es su trabajo). En mi caso, como soy de espíritu débil en esos momentos, es más que probable que acabe con una bolsa llena de cosméticos carísimos que luego nunca usaré. Ahí está el peligro.
Así que al final entro en alguna tienda de ropa interior, perfectamente iluminada y radiante. Me paseo entre camisones, sujetadores, zapatillas de estar por casa y braguitas, al ritmo de música disco. Paso desde la sección de Snoopy hasta la de HelloKitty, pasando por Mafalda y personajes así (incluídos algunos pollitos indeterminados que se supone que son tiernos a los que no tengo el gusto de conocer). Al final me quedo embobada delante de las braguitas colgadas de diminutas perchas y acabo seleccionando unas cuantas de colores alegres que me gusten. Cuando acabo de pagar y salgo de la tienda con la bolsa colgando y bastante mejor.
Es una terapia altamente recomendada, muy eficaz.
¿Y cuál es tu terapia anti-bajones?
No sé por qué me da por ahí. Al menos es algo productivo: siempre es bueno tener ropa interior nueva y mona. Y no es tan inusual como yo pensaba. Comentando el tema con alguna amiga, me ha confirmado que no soy una loca aislada, sino que la industria braguera nacional se nutre principalmente de los bajones femeninos.
De hecho, creo que nunca me he comprado braguitas en buen estado de ánimo. Siempre ha sido cuando me he encontrado un poco triste, he ido a dar un paseo y he acabado en una tienda de ropa interior. Personalmente, no me valen las tiendas de ropa, porque no me veo guapa en esos momentos y nada me queda bien. Tampoco me sirven las perfumerías, porque es francamente peligroso: cuando las dependientas
Así que al final entro en alguna tienda de ropa interior, perfectamente iluminada y radiante. Me paseo entre camisones, sujetadores, zapatillas de estar por casa y braguitas, al ritmo de música disco. Paso desde la sección de Snoopy hasta la de HelloKitty, pasando por Mafalda y personajes así (incluídos algunos pollitos indeterminados que se supone que son tiernos a los que no tengo el gusto de conocer). Al final me quedo embobada delante de las braguitas colgadas de diminutas perchas y acabo seleccionando unas cuantas de colores alegres que me gusten. Cuando acabo de pagar y salgo de la tienda con la bolsa colgando y bastante mejor.
Es una terapia altamente recomendada, muy eficaz.
¿Y cuál es tu terapia anti-bajones?
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