Ayer me levanté temprano (bueno, mucha gente diría que TARDE sería el término correcto, pero no para mí: le levanté temprano para ser Domingo). Como siempre que me levanto temprano, voy con el piloto automático por casa, y en esos momentos, el destino era comer algo porque tenía hambre.
Creo que encontré por ahí una galleta un poco destrozada metida en su bolsita de plástico...
Cuando le dí el primer mordisquillo, volví de mi ensoñación y me fijé en que era un pie de chocolate. Sí, un pie. Era el pie de un novio. De una galleta en forma de novio que era uno de los recuerdos de la boda de mi mejor amiga. Una galleta que guardé como oro en paño para que no se rompiera pero que al final acabé destrozando cuando la metí en el bolso, en un supuesto entorno seguro.
Mientras seguía comiendo la galleta (from lost to the river), recordé... Jo. Hace ya dos semanas de LA BODA. Así, con mayúsculas y en negrita.
La expresión que me viene a la cabeza cuando pienso en ella es de ensueño. Nunca había estado en una boda igual. El entorno era maravilloso, simple y llanamente perfecto.
Me emocioné mucho. Me quedé clavada en el sitio al entrar en la explanada de césped y encontrarme con las inmaculadas sillas blancas al sol, ver ese camino hecho con pétalos de rosas... Estar en la boda de mi mejor amiga, que quisiera que participara en su enlace con la primera lectura, que estuviéramos en un sitio tan bonito... Todo contribuyó a que se me saltaran las lágrimas, claro. En mi defensa diré que no fui la única.
Y después de esto, he pensado mucho en las bodas, los enlaces matrimoniales... No he podido evitarlo. Me he dado cuenta de que cuando asisto a una boda, en el momento en que la novia hace su aparición, yo no la miro a ella. Mi cabeza es la única que está girada para ver al novio. Quiero ser testigo de la cara que pone cuando aparace su futura mujer. Ese momento, ver la emoción en su cara, me encanta. Ya tendré tiempo de ver qué tal va la novia (si no la he visto antes), pero la expresión del novio en el instante en que aparece la novia en su campo de visión es inigualable.
Lo sé, lo sé. Ni yo misma me reconozco...
Creo que encontré por ahí una galleta un poco destrozada metida en su bolsita de plástico...
Cuando le dí el primer mordisquillo, volví de mi ensoñación y me fijé en que era un pie de chocolate. Sí, un pie. Era el pie de un novio. De una galleta en forma de novio que era uno de los recuerdos de la boda de mi mejor amiga. Una galleta que guardé como oro en paño para que no se rompiera pero que al final acabé destrozando cuando la metí en el bolso, en un supuesto entorno seguro.
Mientras seguía comiendo la galleta (from lost to the river), recordé... Jo. Hace ya dos semanas de LA BODA. Así, con mayúsculas y en negrita.
La expresión que me viene a la cabeza cuando pienso en ella es de ensueño. Nunca había estado en una boda igual. El entorno era maravilloso, simple y llanamente perfecto.
Me emocioné mucho. Me quedé clavada en el sitio al entrar en la explanada de césped y encontrarme con las inmaculadas sillas blancas al sol, ver ese camino hecho con pétalos de rosas... Estar en la boda de mi mejor amiga, que quisiera que participara en su enlace con la primera lectura, que estuviéramos en un sitio tan bonito... Todo contribuyó a que se me saltaran las lágrimas, claro. En mi defensa diré que no fui la única.Y después de esto, he pensado mucho en las bodas, los enlaces matrimoniales... No he podido evitarlo. Me he dado cuenta de que cuando asisto a una boda, en el momento en que la novia hace su aparición, yo no la miro a ella. Mi cabeza es la única que está girada para ver al novio. Quiero ser testigo de la cara que pone cuando aparace su futura mujer. Ese momento, ver la emoción en su cara, me encanta. Ya tendré tiempo de ver qué tal va la novia (si no la he visto antes), pero la expresión del novio en el instante en que aparece la novia en su campo de visión es inigualable.
Lo sé, lo sé. Ni yo misma me reconozco...
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