Ahora mismo, el estado de casa sólo se puede calificar de CAÓTICO.
El dormitorio de invitados ahora está lleno de cajas con cosas como cartones de leche, paquetes de arroz, bricks de tomate frito, latas de atún, botes de Cola-Cao, bolsas de macarrones... Es decir, si alquien se quedara a dormir allí podría sobrevivir dos meses sin salir de esas cuatro paredes. E incluso hacer fiestas: también hay refrescos, vino, cerveza y cosas varias para picar.
En el cuarto de baño anexo (que no se utiliza), hay una bañera llena con pequeños electrodomésticos tales como tostadora, cafetera, exprimidor... Ah, y también toda clase de artículos de limpieza. Y agua. Muuuuuuucha agua. Varias garrafas de ocho litros.
En el salón hay un horno, una vitrocerámica, toda la vajilla puesta primorosamente sobre la mesa grande y un microondas en el sofá.
En lo que antes era la cocina, hay un frigorífico. Sólo. En el centro.
También hay cantidades industriales de mmmmrda que quitar antes de que mañana vengan a poner la nueva cocina, así que después de escribir esto mientras descanso un poco, me pondré manos a la obra. No sé si ponerme música, porque suena un extraño eco en la habitación vacía, pero lo necesitaré, habida cuenta del estado de algunas baldosas ¿blancas? que han quedado al descubierto cuatro años después.
Ah, y también hay... UN MUEBLE MENOS. Debería haber dicho mejor que no hay.
Porque sí, por incrédibol que parezca (a mí me lo parece), un vecino de esta, nuestra comunidad, ha visto uno de mis módulos de la cocina vieja -lo de "vieja" es un decir porque sólo tiene cuatro años-, un mueble de tamaño medio, entero de madera, color avellana, y con una cuca persiana. Ha decidido que le ha gustado y se lo ha llevado.
Tócate los huitis con la punta de la nariz.
Los señores desmontadores han venido esta tarde, han desmantelado la cocina, y han ido sacando los muebles a un enorme patio comunitario mientras acababan. La puerta de casa estaba abierta porque estábamos entrando y saliendo. El destino de los muebles de cocina ha sido el trastero de 14 metros cuadrados, que bien hacen el apaño para ir guardando ahí cosas. Así que quien sea (pero del edificio seguro) ha pasado por ahí cuando estaban ya casi todos lo muebles fuera y ha sustraído (más bien, se ha susllevado, un chiste malísimo, lo sé, pero con la mala milk que tengo en el cuerpo qué menos que un chascarrillo tan horrible) el módulo más chulo de todos.
Tengo clarísimo que ha sido un vecino. Nadie va a venir de la calle, subir al primero, entrar al patio, ver unos muebles, cogerlos e irse. Mi teoría es que alguien ha bajado a su trastero (para llegar a ellos hay que atravesar el patio donde se ha cometido el hurto), ha visto los muebles, ha pensado que los íbamos a tirar (por ser bien pensada) y se lo ha metido en su trastero. Porque dudo mucho que se atreviera a llevar a su casa el mueble porque tendría que haber pasado por delante de la puerta de nuestro piso que estaba abierta, con el peligro de que alguno de nosotros se asomara en ese momento y lo cazara. O a lo mejor la ida al trastero no ha sido tan fortuita: como el patio y por ende los muebles se ven desde cualquier punto de los pasillos comunitarios, han podido ir expresamente a coger su botín.
Realmente espero que el mueble de marras se le caiga de las manos, le machaque un pie, se rompa, y alguna astilla se le clave donde sea -bajo las uñas mejor que mejor-.
Qué gente hay por el mundo... Y lo peor: en el edificio donde vivimos.
De todas formas, pese al berrinche, la cocina vieja ha quedado muy bien en el trastero, y espero con ilusión que mañana traigan la nueva (a pesar de todo el trabajo que conlleva y lo harta que estoy ya).
El dormitorio de invitados ahora está lleno de cajas con cosas como cartones de leche, paquetes de arroz, bricks de tomate frito, latas de atún, botes de Cola-Cao, bolsas de macarrones... Es decir, si alquien se quedara a dormir allí podría sobrevivir dos meses sin salir de esas cuatro paredes. E incluso hacer fiestas: también hay refrescos, vino, cerveza y cosas varias para picar.
En el cuarto de baño anexo (que no se utiliza), hay una bañera llena con pequeños electrodomésticos tales como tostadora, cafetera, exprimidor... Ah, y también toda clase de artículos de limpieza. Y agua. Muuuuuuucha agua. Varias garrafas de ocho litros.
En el salón hay un horno, una vitrocerámica, toda la vajilla puesta primorosamente sobre la mesa grande y un microondas en el sofá.
En lo que antes era la cocina, hay un frigorífico. Sólo. En el centro.
También hay cantidades industriales de mmmmrda que quitar antes de que mañana vengan a poner la nueva cocina, así que después de escribir esto mientras descanso un poco, me pondré manos a la obra. No sé si ponerme música, porque suena un extraño eco en la habitación vacía, pero lo necesitaré, habida cuenta del estado de algunas baldosas ¿blancas? que han quedado al descubierto cuatro años después.
Ah, y también hay... UN MUEBLE MENOS. Debería haber dicho mejor que no hay.
Porque sí, por incrédibol que parezca (a mí me lo parece), un vecino de esta, nuestra comunidad, ha visto uno de mis módulos de la cocina vieja -lo de "vieja" es un decir porque sólo tiene cuatro años-, un mueble de tamaño medio, entero de madera, color avellana, y con una cuca persiana. Ha decidido que le ha gustado y se lo ha llevado.
Tócate los huitis con la punta de la nariz.
Los señores desmontadores han venido esta tarde, han desmantelado la cocina, y han ido sacando los muebles a un enorme patio comunitario mientras acababan. La puerta de casa estaba abierta porque estábamos entrando y saliendo. El destino de los muebles de cocina ha sido el trastero de 14 metros cuadrados, que bien hacen el apaño para ir guardando ahí cosas. Así que quien sea (pero del edificio seguro) ha pasado por ahí cuando estaban ya casi todos lo muebles fuera y ha sustraído (más bien, se ha susllevado, un chiste malísimo, lo sé, pero con la mala milk que tengo en el cuerpo qué menos que un chascarrillo tan horrible) el módulo más chulo de todos.
Tengo clarísimo que ha sido un vecino. Nadie va a venir de la calle, subir al primero, entrar al patio, ver unos muebles, cogerlos e irse. Mi teoría es que alguien ha bajado a su trastero (para llegar a ellos hay que atravesar el patio donde se ha cometido el hurto), ha visto los muebles, ha pensado que los íbamos a tirar (por ser bien pensada) y se lo ha metido en su trastero. Porque dudo mucho que se atreviera a llevar a su casa el mueble porque tendría que haber pasado por delante de la puerta de nuestro piso que estaba abierta, con el peligro de que alguno de nosotros se asomara en ese momento y lo cazara. O a lo mejor la ida al trastero no ha sido tan fortuita: como el patio y por ende los muebles se ven desde cualquier punto de los pasillos comunitarios, han podido ir expresamente a coger su botín.
Realmente espero que el mueble de marras se le caiga de las manos, le machaque un pie, se rompa, y alguna astilla se le clave donde sea -bajo las uñas mejor que mejor-.
Qué gente hay por el mundo... Y lo peor: en el edificio donde vivimos.
De todas formas, pese al berrinche, la cocina vieja ha quedado muy bien en el trastero, y espero con ilusión que mañana traigan la nueva (a pesar de todo el trabajo que conlleva y lo harta que estoy ya).
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