El Martes pasado me dió un arrechucho, derivado de mi actual situación de antisocialidad.
Todo fue un cúmulo de circunstancias adversas...
Y me fui a mi casa, claro.
Bueno, primero al Centro de Salud a por un papel blanco y azul que les dijera a mis superiores que no estaba en condiciones de seguir trabajado al menos ese día y probablemente también el siguiente. No hubo problemas en conseguirlo, claro, dada mi cara de funeral y mis lamentables ojos (hinchados y llorosos).
Así que me quedé en casa toda la tarde, tranquilizándome por momentos, con mi hemisferio cerebral derecho convenciéndome de que debo dejar de ser tan gilipollas, contraatacado por mi hemisferio cerebral izquierdo que afirmaba que no lo hacía por gusto, sino que yo es que soy asín.
Tengo que vivir con eso, no lo he remediado en 30 años, dudo que a estas alturas cambie.
También les pregunté a sendos hemisferios cerebrales que cómo no te agobias sin posibilidad de unas vacaciones compartidas con tu chico en el horizonte, a lo que no supieron qué responderme (claro, como ellos SIEMPRE se van juntos de vacaciones...).
En fin, venga, toca tomarme las cosas con un poco de filosofía: estoy intentando empezar otra vez el ciclo de optimismo antes de caer en una situación semejante. El humor es como una función sinusoidal, así que creo que empiezo un tramo ascendende.
Veremos.
Todo fue un cúmulo de circunstancias adversas...
- Llevo muy mal esto de volver al turno partido: estar encerrada en la oficina desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, con una hora para comer que te sabe a poco y menos, es horrendo y no me acostumbro. Por la mañana no puedes hacer nada, y por la tarde, cuando tienes más tiempo, lo que no tienes son ganas de nada. Hasta parpadear es un esfuerzo titánico.
- No hay vacaciones en el horizonte. Con la nueva situación laboral de mi chico (es decir, se queda solo en la tienda), no sólo no se puede coger una semana de vacaciones, sino que encima estará todos los Sábados del mes pringando. Toma ya. Antes por lo menos se turnaban entre él y el compañero, pero si no hay compañero, el turno es entre él y él y el resultado es que nos quedamos sin fines de semana libres. Es decir, ninguna escapada. Saliendo a las dos de la tarde un Sábado, sólo queda día y medio de fin de semana, así que casi no te puedes ir a ningún sitio.
- En el trabajo toooooooooooodo son problemas. Todo. Absolutamente todo. Problemas que hay que resolver aquí y ahora, y cada vez que te entra algún brown tienes que dejarlo todo para ponerte con el nuevo, y así sucesivamente hasta el Infinito... Que no es ni más ni menos que Windows quedándose colgado porque tienes abiertas más ventanas que... que... no se me ocurre ninguna comparación graciosa. Porque esa comparación es lo ÚNICO gracioso en la situación.
Y me fui a mi casa, claro.
Bueno, primero al Centro de Salud a por un papel blanco y azul que les dijera a mis superiores que no estaba en condiciones de seguir trabajado al menos ese día y probablemente también el siguiente. No hubo problemas en conseguirlo, claro, dada mi cara de funeral y mis lamentables ojos (hinchados y llorosos).
Así que me quedé en casa toda la tarde, tranquilizándome por momentos, con mi hemisferio cerebral derecho convenciéndome de que debo dejar de ser tan gilipollas, contraatacado por mi hemisferio cerebral izquierdo que afirmaba que no lo hacía por gusto, sino que yo es que soy asín.
Tengo que vivir con eso, no lo he remediado en 30 años, dudo que a estas alturas cambie.
También les pregunté a sendos hemisferios cerebrales que cómo no te agobias sin posibilidad de unas vacaciones compartidas con tu chico en el horizonte, a lo que no supieron qué responderme (claro, como ellos SIEMPRE se van juntos de vacaciones...).
En fin, venga, toca tomarme las cosas con un poco de filosofía: estoy intentando empezar otra vez el ciclo de optimismo antes de caer en una situación semejante. El humor es como una función sinusoidal, así que creo que empiezo un tramo ascendende.
Veremos.
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