Veamos...
Tengo que llevarme algo para desayunar en el trabajo. Realmente, lo que me apetece en esta época prerreglosa es algo rico y poco saludable como alguna galletilla de chocolate, por ejemplo, un croasant relleno, una napolitana, o similar. En definitiva: una concentración insana de grasas saturadas (¿o son insaturadas? Nunca he sabido aclararme con eso...). O una mousse de chocolate...
Mmmmmmmmmmmm...
Pero no.
No, no, no, no, nooooooooooooooo.
Agarro un melocotón del frigorífico y lo cierro de golpe para no ver ninguna de las apetecibles cosas chocolateadas que hay en la nevera. Miro el melocotón que tengo en la mano, mientras intento que se me haga la boca agua viéndolo tan redondo, tan fresquito, tan sanote... Pero no ocurre. Sigo pensando en chocolate.
Del melocotón paseo mi vista a mi tripilla (lo del diminutivo no se corresponde a la realidad), que se ha visto reforzada este fin de semana. No hemos parado de comer. Un pueblo en feria es lo que tiene. No es fácil resistirse a pinchito moruno más cerveza -o bebida- a dos euros. Ni a una jarra de rebujito fresquita con su jamoncillo. Ni a una ración de lomo de orza. Ni a un helado artesano. Ni al arroz del Domingo de la abuela (y por supuesto, a sus famosas patatas fritas, las mejores del mundo). Ni a un larguísimo etcétera.
Vuelvo al melocotón. Él y sus colegas las frutas van a ser mis compañeros inseparables durante esta semana de desintoxicación...
Si quiero volver a abrocharme un vaquero en condiciones, claro.
Que sí, que quiero.
Quiero chocolaaaaaaaaaaaaaaaaateeeeeeeeeeeeeee...
Tengo que llevarme algo para desayunar en el trabajo. Realmente, lo que me apetece en esta época prerreglosa es algo rico y poco saludable como alguna galletilla de chocolate, por ejemplo, un croasant relleno, una napolitana, o similar. En definitiva: una concentración insana de grasas saturadas (¿o son insaturadas? Nunca he sabido aclararme con eso...). O una mousse de chocolate...
Mmmmmmmmmmmm...
Pero no.
No, no, no, no, nooooooooooooooo.
Agarro un melocotón del frigorífico y lo cierro de golpe para no ver ninguna de las apetecibles cosas chocolateadas que hay en la nevera. Miro el melocotón que tengo en la mano, mientras intento que se me haga la boca agua viéndolo tan redondo, tan fresquito, tan sanote... Pero no ocurre. Sigo pensando en chocolate.
Del melocotón paseo mi vista a mi tripilla (lo del diminutivo no se corresponde a la realidad), que se ha visto reforzada este fin de semana. No hemos parado de comer. Un pueblo en feria es lo que tiene. No es fácil resistirse a pinchito moruno más cerveza -o bebida- a dos euros. Ni a una jarra de rebujito fresquita con su jamoncillo. Ni a una ración de lomo de orza. Ni a un helado artesano. Ni al arroz del Domingo de la abuela (y por supuesto, a sus famosas patatas fritas, las mejores del mundo). Ni a un larguísimo etcétera.
Vuelvo al melocotón. Él y sus colegas las frutas van a ser mis compañeros inseparables durante esta semana de desintoxicación...
Si quiero volver a abrocharme un vaquero en condiciones, claro.
Que sí, que quiero.
Quiero chocolaaaaaaaaaaaaaaaaateeeeeeeeeeeeeee...
jajajajajaja, yo debería seguir tu ejemplo, y comer más melocotones y menos chocolate, pero no tengo tu fuerza de voluntad, y menos con la ansiedad que tengo.
ResponderSuprimirun beso.
Lo que más echo de menos después de las vacaciones es el cero remordimiento con el que he comido chocolate en estas tres semanas.
ResponderSuprimirPero come las dos cosas!
ResponderSuprimirYo tengo entendido que si comes un dulce y luego una pieza de fruta lo compensas y no engordas nada.Pero ojo,primero el dulce,si te comes primero la fruta y luego el dulce se jode el invento.
Yo tambien quiero chocolate! por que me lo recuerdas...?
ResponderSuprimirPerò tengo la suerte de que me encantan los melocotones.
Claro que no se puede decir que no a esos pequeños placeres chocolateados... pero la pregunta correcta es: se debe?
Cielo santo no sabes cómo te comprendo jaja. Yo también estoy en feria y me estoy metiendo más m**** en el cuerpo... Temblando estoy de saber lo que me espera en cuanto acabe (este jueves) porque llevo comiendo malsanamente desde el lunes 7. De aquí a nada tú y yo acabaremos con las existencias frutales del planeta.
ResponderSuprimirLo que no consigo entender es quién fue el imbécil que nos adjudicó a las mujeres esa adicción casi orgásmica hacia el chocolate y al mismo tiempo esa obsesión casi enfermiza hacia la delgadez. Bueno, directamente me pregunto quién fue el imbécil que le metió tantas calorías al chocolate. Nos toca sufrir, ea.
Mundo dulcemente cruel T.T
chocolaaaaaaaaaaaaate!!! ese gran placer/adiccion/perdicion ^^
ResponderSuprimirquiero!!!!
Jajajajajaja, ainssss, cómotentiendotoaaaaaaaaaaaaaaa, jajajaja :P
ResponderSuprimirAy, ay, ay, qué mal he hecho leyendo este post. Bueno no lo he leído, sólo he visto la palabra chocolate y vengo del gimnasio, y me acabo de comer un yoghurt y... AGHHHHHHHHHHH!!!!
ResponderSuprimirbahhh mujé! un caprichito no hace daño!
ResponderSuprimirjejej ya habrá tiempo para la operación post-bikini
Y además de ser mas sano, seguro que nadie te lo quita para desayunárselo, porque le parecerá tan apetecible como a ti.
ResponderSuprimirJuas...
Kss.
Mmmmmm cho-co-la-teeeeeeeee
ResponderSuprimirMadre mía!! Tú y yo somos iguales!!! Yo también quiero hacerme amiga de los melocotones, lechugas y todas esas cosas que salen de la tierra (o de los árboles)... pero cuesta mucho!!
ResponderSuprimirÁnimo guapaaa, estamos contigo!!
Besotesss
resisteeeee... el melocotón es tu amigo y tu barriguita agradecerá las vacaciones!
ResponderSuprimirMAEVA, pues hay que intentarlo, hay que intentarlo. Al menos un día, para que puedas explotarlo tooooooda una semana, jajajaja...
ResponderSuprimirBICHEJO, sí. La felicidad consiste en no tener remordimientos de nada de lo que zampes con auténtica gula. ;)
DOCTORA, ummmmmm... Eso no me suena naaaaaaaaada fiable, fíjate lo que te digo... Aunque lo probaré, no se pierde nada.
CORALINE, si no lo hubiera hecho yo, el Universo te lo recordaría de alguna otra manera. Creo que no podemos escapar...
NEEZE, ése, ÉSE es el problema. El chocolate NO DEBERÍA tener calorías. Es más: el chocolate debería adelgazar. ;)
MEEEL, pues lo siento, pero ya no me queda, jajajaja... Soy horrible. :(
SIL, snif, snif... ;)
ADA, este post es un canto a la fuerza de voluntad, jajajaja... Debería inspirarte, jejeje...
RAQUEL, si sólo fuera un caprichito tendría un pase, pero créeme: no lo es. La operación post-bikini luego se topa de bruces con el turrón y ya la hemos liado otra vez... ;)
CRISS, tú lo has dicho. La galletas volaron, pero el melocotón podría criar verdín en la nevera comunitaria que nadie se lo zamparía...
MANDARINA, ummmmmm... Síiiiiiiiiigggaggggaaa...
ACOOLGIRL, si hicieran una acelga con sabor a natillas, por ejemplo, otro gallo cantaría. ¿Por qué no se le ha ocurido eso a nadie?
BLACKBETTY, chica, es que tengo muy poquita fuerza de voluntad, jo.
BESOS (chocolateados, claro).