12 octubre 2009

Desde un pequeño sofá...

Estoy en casa, sentada en el sofá. Mirando a la nada. Tranquila.

Miro sin ver los muebles del salón. Son unos muebles sencillos, nada originales, de madera, en tonos avellana y wengué (es decir: marrón claro y marrón muy oscuro, pero eso suena poco chic). Unos muebles que quizá ahora no elegiría, pero que en su momento lo hice por no alargar más la agonía de visitar tiendas de muebles, ver diversos estilos, imaginar la habitación vacía con esos muebles, gustarme, decidirme si comprarlos o no... Escogí esos porque estaban allí, en el sitio justo en el momento preciso. Y ahora están aquí. Llevan cinco años aquí.

Paseo la vista a la dispar colección de películas que hay encima de una balda color wengué. Están ordenados sin ton ni son. Yo sólo tenía cuatro o cinco títulos sueltos, luego vinieron los de mi chico y la colección se ha ido ampliando desde entonces. Hay películas de las que me gustan a mí y también de las que le gustan a él, puestas las unas junto a las otras sin ningún orden. O a lo mejor sí lo tiene pero yo no lo veo. Recuerdo personajes de ficción que ordenaban sus discos o libros según un orden sólo lógico para ellos: la fecha de compra, por ejemplo, o el orden alfabético de las tiendas de donde proceden. Pero creo que nosotros tenemos los DVDs desordenados, sin más.

Luego me fijo en las series. Yo antes sólo veía las series que ponían por televisión, pero ahora soy una adicta a un montón de producciones que ni siquiera se han estrenado en España. Las que más nos gustan las tenemos ahí. Algunas están finalizadas, y tenemos la colección completa. Otras, las hemos empezado. Series que antes simplemente veía, o sólo las conocía, y ahora me encantan, las he visto enteras y me sé los diálogos.

Lo siguiente en lo que me detengo es en la televisión. Philips, no cabía otra opción según mi padre. Y ahí está, grande y voluminosa. A veces fantaseamos con comprarnos una plana (más que nada porque yo en secreto tengo miedo de que se rompa el soporte por el peso de nuestra televisión), pero no deja de ser un proyecto a largo plazo y en realidad, yo me siento cómoda con "el mastodonte" en su sitio. Y su peluche encima. Fue de lo primero que tuve en este piso.

También reparo en el mantel de cuadros blancos y rojos de la mesita baja. Me lo hizo mi madre. Ése y otros dos más, porque yo se lo pedí. Cansada de buscar manteles que vinieran bien con el tamaño de la mesa, se lo comenté a mi madre y compró unos retales por dos euros y ahora tenemos unos preciosos manteles de madre que me encantan. Sonrío para mí. También gracias a mi madre tenemos un porta-mandos-a-distancia que cuelga del brazo de un sillón. Aunque reniega mucho, sé que en el fondo le gusta hacerme esas cosillas. La adoro.

Sí, adoro que este salón sea una mezcla de objetos importantes para mí...

6 comentarios:

  1. Es increíble como vas adquiriendo cosas, unas más personales y otras menos, pero al final acabas llenando tu casa y tu vida de cosas importantes, de montones de objetos que te recuerdan miles de cosas.

    Por cierto que mi pareja ordena los DVD según la productora de las películas..y yo los tengo a granel..

    Besos

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  2. Me encantan las casas que son hogares, pequeños retales de cada uno de los que viven en ellas, y no muestrarios de lo último en decoración.
    Gracias por tu comentario.
    Musus

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  3. Eso es lo más acojedor, rodearte de cosas importantes, con significado.

    (Yo tengo los dvd's ordenados por el color de la caja. No tiene ningun sentido, pero que bonito)

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  4. Cada ciertto tiempo siempre hago "limpieza" con lo que ya no me gusta y voy cambiando. Soy muy inquieta, me gusta cambiar todo de sítio,jejeje

    Y me encantan los libros, ya tengo una L de estanterías.

    Besitos

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  5. por un momento he estado sentado en ese sofá contigo .... qué fuerte.

    un besoooooooooooooo muyyyyy gordo, que hacía mucho que no te daba uno ... venga... dos que hoy estoy que me salgo!

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  6. yo creo que eso le da personalidad y hace único el espacio, porque a veces entras en alguna casa y notas que la decoración es fría, calculada, repetitiva, poco personal...

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